Un trabajo de Mario A. López: “Design as a Criterion of Demarcation”

ml_am-nat_2016Mario A. López es fundador y Presidente de la OIACDI y nos presenta en un artículo reciente (escrito en inglés) una perspectiva de gran interés sobre la forma en que el Diseño Inteligente puede jugar un papel relevante en la epistemología contemporánea. El artículo forma parte de las ponencias participantes en la conferencia (aquí hiperlink conferencia) sobre biología de 2016 dedicada a explorar alternativas al naturalismo metodológico y puede ser descargado por los lectores que se interesen por el tema en este enlace (aquí hiperlink).

El título del artículo es “Design as a Criterion of Demarcation” (“El Diseño como Criterio de Demarcación”) y en su resumen inicial López nos anuncia una toma de posición que bien podemos calificar de osada, al menos en lo que representa de desafío a la forma en que el método científico es considerado en la actualidad como marco de aceptación para la construcción del conocimiento de la realidad.

El autor nos propone dejar de lado, al menos en cuanto corsé de obligado acatamiento, el naturalismo metodológico imperante para abrir la puerta a intuiciones que considera pueden enriquecer y ensanchar nuestra visión del mundo real y del valor y significación que el mismo puede encerrar.

Tiene razón López al recordarnos que definir adecuadamente el trabajo de la ciencia, su significación y el alcance e interpretación de los datos obtenidos y en definitiva, asumir una correcta epistemología, no es en sí mismo una tarea científica. Por eso, la propuesta de superar el naturalismo metodológico y sus inevitables ligaduras con el naturalismo ontológico no puede ser rechazada en nombre de la ciencia, como los partidarios del cientificismo imperante por doquier podrían pretender.

El problema de la demarcación de la actividad científica, nos dice López, está inextricablemente ligado al problema epistemológico de la forma de adquisición del conocimiento, entendido este como el conjunto de convicciones (“justified beliefs”) que asumimos acerca de la realidad. De esta forma, el trabajo de López se concreta en dos propuestas fundamentales. La primera es que el mundo físico presenta rasgos inequívocos de diseño, es decir, de orden estructural como elemento constitutivo y por tanto como fundamento de la realidad. La segunda, que podemos captar el orden, en cuanto seres racionales, de forma intuitiva o directa, sin necesidad de mediar en ello un proceso inferencial. Es por eso, nos dice, que desde los albores de la ciencia esta se ha centrado en desarrollar formulaciones racionalmente estructuradas (esencialmente matemáticas) de dicho orden.

Se hace necesaria aquí una precisión. El concepto de “diseño” recibe, según el contexto, significados diferentes. Behe emplea el concepto de diseño para referirse a una característica constitutiva de los objetos materiales como es el caso del flagelo bacteriano: una disposición orientada a fines (funcionalidad) de un entramado de 40 proteínas diferentes. Dembski, en su teoría del filtro explicativo opone el concepto de diseño a la idea de azar o necesidad; nos habla por tanto en términos de causalidad. Pues bien, López deja claro que su reivindicación del diseño como elemento de orden presente en la Naturaleza se restringe estrictamente al concepto de elemento constitutivo del mundo físico y que deja totalmente abierto por tanto el problema de la causación. Quiere de esta manera reivindicar el diseño como criterio de demarcación para el quehacer científico, como intuición inspiradora para el progreso de la ciencia, liberando así a esta de una constricción atenazadora como es el naturalismo metodológico en su expresión mecanicista y reduccionista habitual. Si el trabajo de la ciencia consiste, nos dice López, en encontrar y describir propiedades estructurales del mundo físico que nos ayuden a predecir los efectos previsibles a partir de condiciones iniciales determinadas, entonces el reconocimiento del diseño (orden, estructuras, patrones, complejidad en los procesos funcionales etc.) se convierte en un sine qua non para la ciencia.

Resulta interesante hacer alguna consideración sobre el encaje de la propuesta de López en el seno de las teorías del Diseño Inteligente. Las dos acepciones que veíamos antes podría encerrar el concepto de diseño (la de Behe y la de Dembski) se corresponden lógicamente con los dos pasos en los que se conforma tradicionalmente el argumento teleológico o de diseño. El primer paso es la afirmación de la existencia de orden (diseño o finalidad) en la Naturaleza como un dato objetivo e inherente a los objetos naturales. El segundo es la inferencia de que toda forma de orden requiere una causa inteligente en el origen. López se sitúa de manera explícita y rotunda en la primera parte del argumento dejando abierta la consideración de la segunda parte, como inferencia fundamentalmente filosófica.

Esta estrategia concuerda con la tendencia cada vez más amplia entre muchos de nuestros intelectuales a reconsiderar las explicaciones mecanicistas imperantes en el último siglo como insuficientes o inadecuadas y a reconocer lo inevitable: la existencia en los procesos de la vida (especialmente) de una teleología y un diseño inherentes que se intentan encuadrar en todo caso en una visión, si no materialista sí al menos estrictamente naturalista, rechazando en todo caso la necesidad de recurrir a una inteligencia personal como referencia última de la realidad. No me extenderé al respecto, basta con recordar los trabajos del biólogo de la Universidad de Chicago James Shapiro en torno al estatus cognitivo y sintiente de las células y los procesos de ingeniería genética natural (que oportunamente nos a**** López en su artículo) o a las aportaciones del filósofo Thomas Nagel y del científico Stephen Talbott. Teleología, sí, pero entendida como un dato fundamental de la realidad que no exige una explicación trascendente. Naturalizar la teleología y el diseño, es sin duda una empresa problemática, pero esta es una disputa de la que López decide mantenerse, al menos de momento, totalmente al margen.

Creo que vale la pena mencionar que el trabajo de Mario A. López conecta en todo caso de forma evidente con dos importantes trabajos publicados este último año en el seno del movimiento del Diseño Inteligente. Por una parte con el libro de Michael Denton “Evolution: Still a Theory in Crisis”. Denton recoge de la tradición estructuralista anglosajona la idea de que las formas vivas responden a patrones o esquemas ideales que se repiten fuera del alcance de los procesos darwinistas de formación gradualista y fortuita de fenotipos por adaptación al medio. Formas, por tanto, patrones y estructuras funcionales que se nos hacen presentes de manera evidente e intuitiva. Por otra parte, con el libro recientemente publicado del profesor Douglas Axe “Undeniable: How Biology Confirms our Intuition that Life is Designed”, que reinvindica la intuición universal de diseño como manifestación de lo que él denomina “common science”, algo así como la ciencia del sentido común al alcance ce cualquier ciudadano de a pie.

En definitiva, un ejercicio muy interesante el que nos propone Mario A. López de reivindicación de la existencia de rasgos en la Naturaleza que ponen de relieve la existencia de una significación (cualquiera que sean sus implicaciones) o valor detectable en la Naturaleza y de la necesidad de asumir su existencia en el ejercicio de la actividad científica.

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