Felipe Aizpun 
Richard E. Lenski es un conocido científico norteamericano experto en biología evolutiva. Su contribución más popular es el llamado experimento a largo plazo sobre la evolución de la bacteria Escherichia coli. Concebido como un experimento de laboratorio para observar y estudiar la evolución en acción, la E. coli fue escogida para este trabajo por su ciclo vital especialmente corto que permite observar una gran cantidad de eventos reproductivos en un breve espacio de tiempo, además al tratarse de un organismo que se reproduce de forma asexual. Las observaciones se centrarían en la capacidad para la innovación biológica fruto de las mutaciones fortuitas acaecidas a lo largo del tiempo. El experimento se basa en el estudio de la evolución comparada de 12 poblaciones inicialmente idénticas de E. Coli, puesto en marcha en Febrero de 1988 y que en 2010 había superado ya el número nada despreciable de 50.000 generaciones. El objetivo es identificar las variaciones experimentadas por las distintas poblaciones y en particular observar la capacidad para el cambio y la emergencia de novedosas funciones biológicas. De esta manera, podríamos observar en directo y confirmar la validez de los conceptos de la biología evolutiva predominantes en la biología teórica de acuerdo con el paradigma dominante.
Distintos resultados han sido reportados como fruto del devenir del experimento. Por ejemplo, todas las poblaciones parecen haber coincidido en una tendencia al incremento del tamaño de los organismos unicelulares protagonistas y una reducción de la densidad poblacional así como han desarrollado la capacidad para vivir en glucosa. Cuatro de las poblaciones han generado en el tiempo defectos en los mecanismos de reparación del ADN y aunque se calcula que en general han experimentado cientos de millones de mutaciones, apenas entre 10 y 20 mutaciones se habrían extendido y generalizado en las diferentes poblaciones. En 2008, el equipo de investigadores dio cuenta de lo que hasta entonces se consideró la variación más significativa, el desarrollo en una de las poblaciones de la capacidad para la utilización de ácido cítrico como fuente de energía, una sustancia que en las poblaciones salvajes de E. coli no puede ser transportada a través de la membrana celular de la bacteria hasta su interior.
Estos experimentos han podido ser seguidos por los especialistas a lo largo de los años y suponen un interesante material de estudio sobre el que no pocos han ido analizando los resultados y apuntando algunas conclusiones. Uno de los que han seguido de cerca los resultados y ha ido comentando sus impresiones al respecto es el microbiólogo de la Universidad de Lehigh (Pensilvania) Michael Behe, autor como sabemos de dos libros esenciales: “Darwin´s Black Box” y “The Edge of Evolution”. Es precisamente en este segundo libro en el que Behe se refiere de manera expresa al experimento de Lenski. Para Behe las observaciones al cabo de más de 30.000 generaciones y unos 10 trillones (10^13) de organismos generados (el libro está escrito en 2006) permiten afirmar que los cambios observados son irrelevantes desde el punto de vista de la generación de novedades biológicas significativas; no se han observado nuevas interacciones entre proteínas ni menos aún la generación de nuevas maquinarias moleculares. Algunas de las mutaciones que podrían considerarse beneficiosas se deberían a eventos tales como la pérdida de la capacidad de los organismos para producir un azúcar denominada ribosa y al trastorno funcional de un gen regulador llamado spoT que afectó al funcionamiento de otros 59 genes. Los resultados a la fecha invitan a Behe concluir que, en concordancia con la tesis de su libro, los mecanismos darwinistas de evolución sólo permiten aventurar cambios de poco alcance en el seno de límites bien definidos que no pueden ser traspasados. Continúe leyendo »



