Felipe Aizpun 
Jerry Coyne es uno de los más conspicuos defensores de la ortodoxia darwinista. Debo confesar que es uno de mis autores favoritos, leer sus escritos es para mí una de las formas más tranquilizadoras de sentirme reafirmado en mis convicciones. Me refiero por supuesto a mis convicciones anti-darwinistas. Si todo lo que el darwinismo tiene que ofrecer a estas alturas del avance en el conocimiento científico es lo que Coyne repite cansinamente en sus artículos, entonces no hay duda de que un cambio de paradigma es la única vía de escape para el callejón sin salida en que se encuentra la biología evolutiva, y por añadidura, el debate sobre los orígenes. Al menos por lo que a la biología evolutiva se refiere, no hay duda de que eso mismo es lo que viene predicando James A. Shapiro desde hace tiempo, y de forma más decidida desde la reciente publicación de su polémico libro “Evolution; A View from the 21st Century”.
En un artículo reciente Shapiro vuelve a cargar contra la ortodoxia dominante y pone de manifiesto los puntos esenciales de la doctrina que sustenta la Teoría Sintética moderna y que él considera que no se acomodan al conocimiento científico actual.
1. El gradualismo darwiniano, heredero del uniformitarianismo de la geología de Lyell, exige que todas las especies se hayan formado por la acumulación de pequeñas modificaciones casi imperceptibles
2. La generalización de las variaciones en una población se ha producido como consecuencia de su correspondiente ventaja adaptativa (selección natural)
3. El proceso es estrictamente fortuito; las variaciones surgen por azar sin suponer una respuesta específica al ambiente y no están orientadas a obtener concretas ventajas adaptativas. Continúe leyendo »


