mar 032012
 

Felipe Aizpun

Jerry Coyne es uno de los más conspicuos defensores de la ortodoxia darwinista. Debo confesar que es uno de mis autores favoritos, leer sus escritos es para mí una de las formas más tranquilizadoras de sentirme reafirmado en mis convicciones. Me refiero por supuesto a mis convicciones anti-darwinistas. Si todo lo que el darwinismo tiene que ofrecer a estas alturas del avance en el conocimiento científico es lo que Coyne repite cansinamente en sus artículos, entonces no hay duda de que un cambio de paradigma es la única vía de escape para el callejón sin salida en que se encuentra la biología evolutiva, y por añadidura, el debate sobre los orígenes. Al menos por lo que a la biología evolutiva se refiere, no hay duda de que eso mismo es lo que viene predicando James A. Shapiro desde hace tiempo, y de forma más decidida desde la reciente publicación de su polémico libro “Evolution; A View from the 21st Century”.

En un artículo reciente Shapiro vuelve a cargar contra la ortodoxia dominante y pone de manifiesto los puntos esenciales de la doctrina que sustenta la Teoría Sintética moderna y que él considera que no se acomodan al conocimiento científico actual.

1. El gradualismo darwiniano, heredero del uniformitarianismo de la geología de Lyell, exige que todas las especies se hayan formado por la acumulación de pequeñas modificaciones casi imperceptibles

2. La generalización de las variaciones en una población se ha producido como consecuencia de su correspondiente ventaja adaptativa (selección natural)

3. El proceso es estrictamente fortuito; las variaciones surgen por azar sin suponer una respuesta específica al ambiente y no están orientadas a obtener concretas ventajas adaptativas. Continúe leyendo »

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feb 262012
 
ADN

ADN

Felipe Aizpun

Ambos tipos de información presentan características muy diferentes. La información genética está codificada y se representa a través de un sistema simbólico material, mientras que la información analógica dispersa en la maquinaria celular del zigoto heredado se expresa de forma directa, al decir de Noble “se representa a sí misma”. La información genética puede reducirse, al estar codificada, a una secuencia representable perfectamente en un sistema binario digital como los que habitualmente utilizamos en nuestros sistemas informáticos de comunicación lo que hace que nos resulte enormemente familiar, aprehensible, cuantificable, representable y sistematizable. Es una información discreta, fácil de identificar y de verificar su carácter funcional. Por el contrario, la información analógica no es representable ni medible con facilidad; sabemos de su poder prescriptor, por ejemplo del significado crucial en el proceso de desarrollo embrionario de los eventos de señalización en cuanto a la diferenciación celular. Pero dicha información se encuentra dispersa en una multitud de moléculas, muchas de ellas idénticas que no pueden ser sistematizadas o reducidas a un algoritmo capaz de describir su magnitud y relación con un resultado funcional concreto.

Lo que sí resulta evidente es que la relación entre ambos tipos de información es un elemento esencial del proceso de generación del fenotipo. Noble nos ofrece una analogía muy ilustrativa, la información digital se asemeja a la información contenida en una cinta de video grabada, la información analógica contenida en la maquinaria celular viene a ser el aparato lector de la misma. Resulta fácil de entender que es imprescindible que exista una compatibilidad entre ambas como la hay entre los aparatos y cintas pertenecientes a diferentes sistemas de lectura y reproducción de cintas de video. Ahora bien, en qué medida uno y otro acervo de información debe resultar predominante en relación a la construcción del fenotipo es algo que estamos lejos de entender todavía. Muchos experimentos se han llevado a cabo transponiendo la información genética de una especie al interior de la célula de otra especie, pero estos experimentos de clonación interespecífica no han resultado exitosos, como por otra parte no es difícil de entender. Es presumible que entre organismos más cercanamente relacionados las diferencias en sus respectivos depósitos de información analógica sean menores como es esperable que lo sea en las secuencias del genoma, pero la identificación en último extremo de todos los factores de interrelación a distintos niveles sistémicos de jerarquía es algo que queda, hoy por hoy, muy lejos de nuestra capacidad de conocer. Continúe leyendo »

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feb 232012
 
ADN

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Felipe Aizpun

Si la biología evolutiva se ocupa de estudiar los procesos de cambio de los seres vivos y favorecer una teoría explicativa de la emergencia de las formas biológicas a lo largo del tiempo, básicamente deberá de ser capaz de justificar las variaciones en los rasgos constitutivos de los fenotipos de las diferentes especies. Las especies se distinguen en sus rasgos morfológicos y sistemas funcionales, es decir en su particular fenotipo, y éste a su vez se considera la expresión del acervo informacional que denominamos genotipo. Por lo tanto el cambio en el tiempo de los organismos es en definitiva un cambio en el fenotipo que deberemos explicar a partir de los cambios experimentados en la reserva informacional del organismo en cuestión. Pero para ello, resulta imprescindible resolver una cuestión previa que, no muchos parecen comprenderlo, estamos lejos de haber resuelto de manera satisfactoria: el problema de la causación. La relación causal entre genotipo y fenotipo, la forma concreta en que la información prescriptiva de nuestro genoma y demás maquinaria celular provoca la construcción de un fenotipo determinado es, a día de hoy, todavía, y a pesar de todo y de todos, uno de los enigmas pendientes de resolver en biología. Por eso, ninguna teoría científica en torno al proceso de la evolución puede presentarse como una solución definitiva al misterio de la vida y su desarrollo en nuestro planeta si no es capaz de abordar esta cuestión fundamental de manera consistente.

Con objeto de indagar en tan apasionante cuestión nos apoyaremos en el interesantísimo trabajo del profesor Denis Noble del departamento de Fisiología, Anatomía y Genética de la Universidad de Oxford, titulado “Genes and Causation” (2008). Noble es un especialista en fisiología cardiovascular y ha sido uno de los impulsores de una perspectiva sistémica y organísmica de la biología en la línea abierta por el precursor de esta perspectiva el biólogo austriaco Ludwig von Bertalanffy. Autor de gran cantidad de trabajos y libros de carácter científico, ha destacado por su visión crítica del reduccionismo genético inherente al paradigma neo-darwinista. En el mencionado trabajo Noble aborda de forma directa el problema de la causación de los rasgos fisiológicos y pone en evidencia el callejón sin salida al que nos ha abocado el avance de la biología molecular en relación al contenido y alcance de la propia idea de gen. Continúe leyendo »

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ene 242012
 

Felipe Aizpun

Veíamos en días pasados la reivindicación de Lönnig de la autoría de un modelo de adaptación no darwinista y no lamarckista y que en un artículo reciente (Hughes AL, 2011, Evolution of adaptive phenotypic traits without positive Darwinian selection) Austin L. Hughes había bautizado como plasticity-relaxation-mutation (PRM). Vale la pena profundizar en este episodio. El estudio se ha publicado recientemente en la revista Heredity del grupo Nature Publishing Group; Hughes, profesor en la Universidad de South California había ya publicado trabajos en torno a la detección de casos de selección positiva (darwiniana) por métodos estadísticos al nivel molecular junto con Masatoshi Nei allá por 1988. En 2007 sin embargo, no tuvo inconveniente en publicar otro trabajo en el que cuestionaba la mayoría de las inferencias de selección positiva detectadas por su método para concluir en 2011 con este nuevo trabajo que se inclina de manera definitiva en favor de un modelo de evolución no darwinista.

Son muchos los autores que han mostrado en las últimas décadas su escepticismo en relación al carácter altamente especulativo del modelo darwinista y en especial con relación a la capacidad de imponerse en una población una mutación “casi imperceptible” y beneficiosa tal como exige el propio modelo, en una cantidad de tiempo razonable. Nos remitimos a los modelos matemáticos del propio promotor de la genética de poblaciones Sir Ronald Fisher, quien a pesar de haber contribuido de forma protagonista a la consolidación del modelo de la Síntesis Moderno, nos dejó, en sus trabajos, un profundo aroma de escepticismo hacia la capacidad de las mutaciones aisladas para imponerse en el seno de una población, señalando que si las mutaciones positivas habían de generalizarse, serían necesarias un buen número de ellas producidas de manera coincidente. Igualmente nos remitimos a los de su correligionario Haldane o a los trabajos de Kimura cuyo escepticismo desembocó en el planteamiento de su famosa teoría neutralista. Como el propio Hughes comenta al respecto:

El predominio de la selección purificadora ya fue predicho por Kimura y Otha (1974), y el hecho de que su predicción haya resultado verificada es la piedra angular de muchos métodos rutinarios de la moderna bioinformática, en los que la conservación evolutiva de un elemento secuencial (como consecuencia de la selección purificadora) se toma por evidencia de la importancia funcional de dicho elemento. Continúe leyendo »

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