Sir John C. Eccles y el emergentismo

Por Felipe Aizpún

Sir John C. Eccles fue sin duda una personalidad científica imprescindible en el campo de la neurofisiología en el siglo XX. En 1963 recibió el Premio Nobel por sus trabajos sobre el mecanismo iónico de excitación e inhibición de las sinapsis cerebrales. Eccles fue un dualista convencido; calificó su propuesta como “dualismo interaccionista” y defendió con profunda convicción la existencia de realidades o sustancias mentales frente a las puramente físicas en el Universo.   En su obra “The Wonder of Being Human” (New York, The Fee Press, 1984) expone los avances científicos que permiten localizar qué partes del cerebro están implicadas en los movimientos voluntarios, los cuales son irreductibles a explicaciones causales fisiológicas.

Eccles fue siempre un convencido detractor de las teorías emergentistas. El emergentismo referido a la evolución del ser humano implica, en definitiva, la propuesta de que las realidades espirituales, es decir las facultades mentales, la capacidad creativa y artística, la racionalidad, las emociones, el compendio de caracteres que constituyen la esencia diferencial de nuestra condición humana, han aparecido en el curso de la historia de la vida por azar, como efecto y producto de un dinamismo evolutivo no guiado a propósito alguno. Serían meramente fruto de un proceso de auto-organización de la materia que permitiría la aparición de funciones novedosas en los seres vivos de forma gradual y paulatina. El emergentismo, sin caer en el materialismo radical fisicalista, asume la distinta naturaleza de las realidades mentales con relación a lo puramente físico pero las interpreta como propiedades que nacen como consecuencia de la mera organización de la materia por causas estrictamente naturales.

Para Eccles, el emergentismo era puramente un artificio dialéctico, una etiqueta que nada explicaba, un nombre sin contenido real. Hablar de emergencia es simplemente señalar que existe algo y que ese algo, en un momento anterior en el tiempo no existía. Es dar testimonio de una novedad, pura y simplemente. Existen dos tipos de explicación, una explicación puramente descriptiva y una explicación de naturaleza justificativa. El emergentismo forma parte del primer tipo y como tal, no nos sirve para entender y explicar la causa y el origen de la aparición de las facultades específicas del ser humano.

Para Eccles, decir que las características específicamente humanas surgen de la materia por “emergencia” supone un ejercicio de materialismo reduccionista y pseudocientífico inaceptable, ya que, en su opinión, la ciencia no proporciona ninguna base para tal doctrina. Se trata en realidad de una consecuencia necesaria de la asunción del paradigma materialista como un prejuicio. Decía Eccles:

“El materialismo carece de base científica y los científicos que lo defienden están, en realidad, creyendo en una superstición. Lleva a negar la libertad y los valores morales, pues la conducta sería el resultado de los estímulos materiales (…..) niega las experiencias más importantes de la vida humana: nuestro mundo personal sería imposible.”

“Los sentimientos, las emociones, la percepción de la belleza, la creatividad, el amor, la amistad, los valores morales, los pensamientos, las intenciones… Todo «nuestro mundo», en definitiva. Y todo ello se relaciona con la voluntad; es aquí donde cae por su base el materialismo, pues no explica el hecho de que yo quiera hacer algo y lo haga.”

Frente a esta reivindicación de espiritualidad en nuestra naturaleza humana, se ha difundido en las últimas décadas la visión de un profundo reduccionismo biológico que personifica como nadie el famoso divulgador científico Carl Sagan, quien nos dice en su obra “Cosmos” lo siguiente:

“Yo soy un conjunto de agua, de calcio y de moléculas orgánicas llamado Carl Sagan. Tú eres un conjunto de moléculas casi idénticas, con una etiqueta colectiva diferente. Pero ¿es eso todo? ¿No hay nada más aparte de las moléculas? Hay quien encuentra esta idea algo degradante para la dignidad humana. Para mí es sublime que nuestro Universo permita la evolución de maquinarias moleculares tan intrincadas y sutiles como nosotros.”

La cuestión no es si este reduccionismo biológico es “sublime” o “degradante”. Lo que importa es si existe base racional para sustentarlo sobre el conocimiento científico adquirido de la realidad. Veamos lo que dice al respecto el filósofo Carlos Javier Alonso en su excelente libro “La agonía del cientificismo” (Eunsa, 1999).

“Como estas tesis caen fuera del ámbito de la ciencia, Sagan las presenta como si fueran conclusiones científicas, recurriendo a veces a técnicas propagandísticas. No las argumenta; las repite una y otra vez, cantando sus excelencias, como si se tratara de convencer a su público mediante imágenes y eslóganes (…) Sagan intenta reducir toda la realidad a los datos de las ciencias naturales. Pero, como todo reduccionismo, también el de Sagan lleva a un callejón sin salida. En efecto, que el hombre se reduzca a su composición físico-química no es una conclusión de la física ni de la química ni de la biología. Es una afirmación filosófica. Las ciencias proporcionan datos sobre la constitución de la materia, pero no pueden afirmar que todo se reduce a estos datos. Esta afirmación no puede basarse en los métodos ni en los resultados de las ciencias”.

Sir John Eccles era muy contundente a este respecto. En una ocasión, en un debate televisivo Jacques Monod le tildó de “animista”. Eccles no dudó en calificar a Monod de “supersticioso”, según él mismo explicó, “porque presentaba su materialismo como si fuera científico, lo cual no es cierto: es  una creencia, y de tipo supersticioso”.

Para Eccles, los fenómenos del mundo material son causas necesarias pero no suficientes para las experiencias conscientes y para mi «yo» en cuanto sujeto de experiencias conscientes. Creía que en nuestra existencia hay un misterio fundamental que trasciende toda explicación biológica del desarrollo del cuerpo (incluyendo el cerebro) con su herencia genética y su origen evolutivo; y que esta percepción en torno a uno mismo es trasladable a cada uno de los otros y de todos los seres humanos.

4 Respuestas para Sir John C. Eccles y el emergentismo

  1. ¿Cómo puede algo emerger algo no prefigurado si no fue creado? . Si el pluralismo desea hacer creíble la emergencia de novedad, tendrá que vérselas tarde o temprano con la idea de creación, o bien, habrá que limitarse ( como por ejemplo le ocurre a Popper ) a afirmar el plus-devenir, sin poder ofrecer razón suficiente del mismo. [Cito a Raúl Berzosa].

  2. Siempre me pregunto, cuando leo expresiones como las de Rodolfo Llinás, con su libro, “El cerebro y el mito del yo” ¿Quién escribió ese libro?. ¿Fueron un conglomerado de reacciones químicas que llevaron a este autor a escribir ese libro? Si es así, quiere decir que no hay por qué pensar que una reacción química produzca algo que se llame “verdad”, o un razonamiento válido. Por el contrario, no podríamos saber ni siquiera si en el mundo objetivo existe algo como “razonamiento” y mucho menos “válido”, todo se reduciría a procesos que dan productos que objetivamente no son ni falsos ni verdaderos, porque falso y verdadero sería un producto de las recciones químicas que a su vez produjeron sonidos, a los que el cerebro reconoció como tales y les otorgó un significado que objetivamente no existe.

    Una vez le dije a alguien que llegó a mi blog con una tendencia materialista:

    “Entonces nadie escribe mis artículos, porque en realidad cuando me siento a pensar qué escribir, es mi cerebro reaccionando debido a factores físicos y medioambientales, y la química que lleva a toda ésta máquina a funcionar en determinado propósito inexistente porque la palabra propósito también sería derivada de mis reacciones químicas y en la realidad objetiva tal cosa ni siquiera existe. Pero si en la realidad objetiva ese propósito tampoco existe no podría saber si existe o no, y tampoco podría saber si no podría saber si el propósito podría existir o no, y así podriamos seguir hasta llegar a un momento en el que nos tenemos que conformar con que ese que se apasiona por los temas del universo, de la vida, de la familia, de sus seres queridos ni siquiera existe, y en la realidad objetiva no es PARA NADA DIFERENTE a un proton y a un neutrón cumpliendo sus funciones.”

    El emergentismo es un disparate, que se basa en el discurso retórico, tal como Eccles señalo de manera analoga. ¿Como va a nacer la mente como consecuencia de la mera organización de la materia por causas estrictamente naturales sin ser esta misma material?

    El materialismo, el fisicalismo, el emergentismo y el cientificismo son un disparate, dignas algunas de ser rechazadas por reducción al absurdo y otras por autorefutatorias.

  3. Juan Carlos,
    uno de los desafíos de toda teoría emergentista es la necesidad de explicar la “forma” como novedad. Personalmente siempre he creído imprescindible recurrir a intuiciones cercanas al idealismo platónico;supongo que es una tentación inevitable.

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