Shapiro se explaya en The Huffington Post (células que conocen y que deciden)

Felipe Aizpun

The Huffington Post es un periódico digital norteamericano y un foro de opinión que aglutina a una diversidad de escritores e intelectuales que aportan su visión personal y su criterio sobre los temas de máxima actualidad. Es un blog agregador de noticias y un foro de opinión de que se autodenomina “progresista y liberal” y por tanto de tendencia claramente anti-conservadora.

Entre los columnistas habituales que se ocupan de la parcela científica de la biología, figura un viejo conocido de nuestros lectores, James A. Shapiro. Figura controvertida desde la publicación de su polémico “Evolution; a View from the 21st Century”, su alto prestigio como científico le ha valido la condescendencia para exponer las ideas contenidas en su libro (poco amigables con el discurso oficial) a través de una serie de artículos que han ido apareciendo en los primeros meses de este año en The Huffington Post y en los que ha ido desgranando algunas de sus propuestas y de sus críticas al paradigma darwinista.

Algunos de sus comentarios son dignos de ser meditados pausadamente y nos inducen a una reflexión profunda sobre los misterios y fundamentos de la biología y los enigmas de la vida. Por ejemplo, lo que nos contaba Shapiro en su post del 19 de marzo bajo el título “Cell Cognition and Cell Decision-Making” y que versa por tanto sobre la capacidad cognitiva de las células en relación a su entorno y sobre las respuestas objeto de “elección” a las que el conocimiento del entorno les induce.

Shapiro no se corta a la hora de dejar bien claras sus opiniones al respecto:

Recientes artículos míos han provocado numerosas preguntas sobre mi concepción del término “cognitivo” en los procesos reguladores celulares. Baso la utilización del mismo en la noción de que las acciones cognitivas están sustentadas en el conocimiento e incluyen decisiones apropiadas a la información adquirida. Hoy día es habitual entre los biólogos moleculares, celulares o del desarrollo, hablar de células que “conocen” y “eligen” qué hacer en diferentes circunstancias. Mientras que la mayoría de los científicos que utilizan estos términos insistirán en que se trata simplemente de cómodas metáforas yo sostengo aquí que estas palabras instintivas deben de ser tomadas de forma mucho más literal. “Conocimiento celular” bien puede revelarse como un fructífero concepto científico.

Shapiro traza el origen de esta visión del comportamiento agente de la célula a los trabajos pioneros de Monod en 1942 sobre la respuesta de las bacterias a la presencia de diferentes azúcares en el medio y a cómo aquellas “eligen” indefectiblemente consumir aquellos que les proporcionan un mayor crecimiento. El reconocimiento y el metabolismo de los azúcares menos preferidos es un proceso sofisticado que implica componentes de transporte, enzimas metabólicas y proteínas regulatorias especializadas. El proceso garantiza que las proteínas necesarias para la digestión sólo aparecen cuando son necesarias. Aunque algunos defienden que el sistema de control bacteriano es puramente mecánico Shapiro muestra sus reticencias al respecto y señala que no existen experimentos suficientes que puedan garantizar que las células respondan de manera determinística. Lo que sí sabemos, añade el autor, es que incluso las más pequeñas células se sirven de sofisticados procesos sensoriales y de comunicación intracelular para discriminar entre nutrientes alternativos.

Otro ejemplo que nos trae Shapiro a colación es el proceso de división celular. Se trata de un proceso de enorme complejidad que incluye diferentes fases como el crecimiento celular, la replicación del ADN y la transmisión precisa de copias del genoma a las células descendientes. El tránsito ordenado de unas fases a otras está regulado por sofisticadas reacciones bioquímicas. El sistema de control del proceso garantiza el correcto desarrollo del mismo, cualquier desviación o error experimentado por el organismo, o cualquier daño sufrido por el mismo en la ejecución es detectado por moléculas con funcionalidad sensitiva que activan mecanismos de corrección. Uno de los controles más importantes es asegurarse de que cada una de las nuevas células adquiere una y solo una de las copias de cada cromosoma; si se dejara al azar la distribución de las copias realizadas, menos de una entre mil millones de células serían viables.

Shapiro considera que la existencia y funcionamiento de los diferentes puntos de control en el proceso (“check-points”) difícilmente pueden considerarse procesos determinísticos ya que presentan una gran capacidad enormemente versátil para responder a eventos inesperados e intervenciones experimentales con una fiabilidad que ya quisieran para sí los más sofisticados sistemas funcionales creados por el hombre. Además, añade Shapiro, hay que resaltar que una célula en proceso de división tiene de largo muchos más componentes que cualquier artefacto de producción humana.

Otro ejemplo paradigmático es la apoptosis o muerte programada. Es difícilmente discutible que la muerte programada de una célula consiguiente a un trauma experimentado por el organismo es el resultado de un proceso de “decisión” celular. Cuando una célula eucariota experimenta un daño, (especialmente bien estudiado en el caso de un daño en su ADN) hay al menos dos eventos resultantes posibles; uno, la reparación del daño y continuación del ciclo, y dos, un suicidio celular a través de una cascada de reacciones que llevan a la desintegración ordenada de la célula afectada. La célula “elige” entre uno y otro evento en función de las condiciones del entorno. En el caso del ser humano, la elección depende de factores nutrientes y de la presencia de moléculas de señalización intercelular llamadas citoquinas.

La respuesta celular a una específica fuente de daño como los rayos X, continúa Shapiro, depende decisivamente de las citoquinas presentes en el entorno. La respuesta al trauma, si la célula decide ajustar su actividad y sobrevivir o padecer una muerte ordenada, es una excelente candidatura a ser objeto de investigaciones empíricas como proceso cognitivo. Hay que comprender que la muerte celular adquiere sentido como un mecanismo de preservación de la salud e integridad del organismo (el todo) del que la célula forma parte.

A partir de estos datos sólo nos queda someter a la consideración del lector si la existencia de procesos cognitivos y de respuestas específicas a las condiciones del entorno, encaminadas a proteger la integridad del organismo pueden ser explicadas en términos de causalidad y origen como eventos puramente naturales, es decir, como una organización fortuita sobrevenida de manera no intencional (como el propio Shapiro se empeña en mantener) o por el contrario si tales ejemplos de complejidad funcional y de carácter marcadamente teleológico sólo pueden ser el fruto de un diseño inteligente e intencional. Personalmente, a mí la respuesta me parece bastante obvia.

3 Respuestas para Shapiro se explaya en The Huffington Post (células que conocen y que deciden)

  1. “The Science Delusion”

    El más reciente libro de Rupert Sheldrake (comentarios, referencias y video incluido)

    Regarding skepticism of Morphic resonance:

    Sheldrake has been viciously attacked by fundamentalist materialist colleagues, who were intellectually dishonest in their criticisms. This has been established by Philip Stevens in an Imperial college of London Master’s dissertation: http://www.skeptiko.com/upload/skeptiko-Philip%20Stevens-dissertation-Sheldrake, and also becomes apparent when reading Sheldrake’s responses to his critics: http://www.sheldrake.org/D&C/controversies/

    An example is the case of Richard Wiseman, who, as you will see if you read the above, indirectly admitted to falsifying data in his critique of Sheldrake. Sheldrake discusses that here: http://www.skeptiko.com/134-rupert-sheldrake-on-richard-wiseman-deception/

    Sheldrakes hypothesis of morphic resonance is testable, and in his book “Morphic Resonance”, he provides corroboration after corroboration of it. There has been verification of Sheldrake’s thesis long before Sheldrake formulated it. One example comes from experiments carried out by William McDougal testing Lamarckian (as opposed to Darwinian) inheritance – he trained rats to escape from a particularly difficult maze that he had constructed. The rats were randomly bred to avoid the possibility that rats with inherent adaptations favoring their performance in the maze would breed with others of similar quality. Still, via Lamarckian inheritance, the performance of rats in general increased over the course of generations. McDougal then modified the experiment so that rats who were poor performers bred together and rats that were good performers bred together. Over generations, the performance of ALL these rats increased, and was superior to the original set. So this seemed to imply something beyond Lamarckian inheritance. Critics of McDougal, like Francis Crew, repeated the experiment, but with untrained rats vs. trained rats. The untrained rats STILL performed much better initially then the original set performed initially. Thus, what was occurring was neither Lamarckian inheritance, nor Darwinian inheritance, but something entirely different. Crew’s experiments had defects, but these defects were fixed in a follow up experiment by William Agar – which STILL showed that the new set of untrained rats learned more quickly than the previous sets.

    Rupert Sheldrake postulates (and provides evidence for) the idea that natural attributes arise as habits, rather than immutable laws. These habits are not unmalleable. This became apparent in experiments by the geneticist John Cairns. He placed bacteria that were intolerant to the enzyme lactase in Petri dishes in which the only source of food was that enzyme. The bacteria entered into a period of extreme stress, and then their maladaptation disappeared. For these bacteria, there were no escapes, no forms of “entertainment” to occupy themselves with – there was only pure stress, and when there was nothing but absolute, total stress, suddenly there was no stress. They thrived, as lactase consuming bacteria, in a lactase abundant environment. (for more on this, see “The Origin of Mutants”. John Cairns, J. Overbaugh and S. Miller. Nature 1988, 335:142-145)

    This COMPLETELY REFUTES fundamentalist materialist narratives in biology!

    Also, the following is connected to Sheldrake’s work, and is also connected to Fritz-Albert Popp’s institute for biophysics, and the information explored in their text Integrative Biophysics: Biophotonics

    The information comes from the following article – “The face of a frog: Time-lapse video reveals never-before-seen bioelectric pattern”: http://www.physorg.com/news/2011-07-frog-time-lapse-video-reveals-never-before-seen.html

    The summary is sufficient: “For the first time, Tufts University biologists have reported that bioelectrical signals are necessary for normal head and facial formation in an organism and have captured that process in a time-lapse video that reveals never-before-seen patterns of visible bioelectrical signals outlining where eyes, nose, mouth, and other features will appear in an embryonic tadpole.”

    Thus we can see a physical medium showing how this morphic resonance comes into action. Information is actually stored in the electrical signals in a manner more fundamental than biochemical interactions – it actually causes the biochemical reactions that form the organism. For underlying features beyond even that, see “What are subtle energies?” by Dr. William Tiller: http://www.scientificexploration.org/journal/jse_07_3_tiller.pdf

  2. Shapiro parece que, para su desgracia, se ha convertido en el nuevo Gould. De él sólo se utiliza lo que se considera oportuno, y se desecha todo lo otro, como se puede ver en este artículo (http://www.darwinodi.com/las-recetas-de-shapiro-para-hacer-frente-a-los-supernaturalistas/) dónde para mi sorpresa, se le pone a caer de un burro. Gould hasta escribió un artículo para poner los puntos sobre las íes a los creacionistas que lo utilizaban a su antojo. No seria nada raro que Shapiro hiciera lo mismo.

  3. Oscar

    Sería una contradicción coger unas cosas de Shapiro y desechar otras si el conjunto de lo que se toma y lo que se deja formara una unidad coherente. Shapiro escribe sobre ciencia, pero también nos ofrece sus particulares opiniones “filosóficas” en torno a los descubrimientos científicos que él proclama. Nada tenemos que objetar a sus aportaciones científicas si están, como parece, suficientemente contrastadas. A partir de ahí, el debate sobre la interpretación de los datos que la ciencia nos aporta está abierto. Claro que Shapiro ha rechazado que sus aportaciones científicas deban ser utilizadas para sustentar inferencias de diseño inteligente en los seres vivos, ya lo hemos recogido en diversos comentarios. Pero también he argumentado que sus razones para ese rechazo son altamente inconsistentes.

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