Pigliucci y la Información

 Por Felipe Aizpún

En un artículo reciente, Massimo Pigliucci vuelve a mostrarnos su preocupación por algunas interpretaciones de inevitables reminiscencias antropomórficas que van tomando carta de naturaleza en el seno de la comunidad científica, en relación a los mecanismos y entresijos más íntimos de la biología. Si hace poco lo hiciera en relación al carácter maquinístico de los procesos internos de la célula, ahora se ocupa del carácter y significación de lo que conocemos como información biológica:

What about “information”? EMBO reports VOL 12 | NO 2 | 2011 (c)2011 European Molecular Biology Organization

El desafío de la información como realidad formal es un quebradero de cabeza para los campeones del paradigma naturalista. A estas alturas ya sabemos que Massimo Pigliucci ha sido uno de los promotores de “The Extended Synthesis”, una revisión crítica del neo-darwinismo que nos muestra su incapacidad para dar cuenta de los descubrimientos científicos más actuales y que demanda la incorporación al modelo evolutivo de criterios y formulaciones que traspasan ampliamente los límites estrechos del simplismo originario de la teoría. Pero también sabemos que Pigliucci muestra una preocupación extraordinaria por asegurar que los nuevos derroteros explicativos no traspasen los límites del naturalismo más ortodoxo, es decir, la idea de un mundo explicable en términos materialistas y de las leyes que rigen la dualidad materia-energía, y por añadidura, exento de justificaciones teleológicas.

La información genética supone un desafío colosal para mantener esta tesis. La proliferación de artículos y libros como el editado por Paul Davies  (“Information and the Nature of Reality: From Physics to Metaphysics”) y que recogíamos recientemente en esta página, supone un inconveniente mayor que reclama respuestas y explicaciones, así que Pigliucci no tiene otro remedio que salir a la palestra.

Pigliucci comienza su artículo asociando la reivindicación del carácter significativo de la información a autores del DI como Dembski, que ponen de manifiesto la imposibilidad de explicar la emergencia de información biológica novedosa por causas estrictamente naturales. Lo cual es cierto solo en parte, pues se olvida de indicar que el estudio de la información en los seres vivos y de la semántica (biosemiótica) de la vida es una disciplina que se extiende de forma creciente en el seno de la comunidad científica y en muchos casos desarrollada por autores perfectamente alejados del discurso del DI si no, incluso, abiertamente hostiles a él. Pigliucci se refugia, como ya es habitual, en el concepto tradicional de información popularizado por Claude Shannon, un experto informático que a mediados del pasado siglo desarrollara una teoría puramente formal y asimilada al principio de la reducción de la entropía, del concepto de información. La información para Shannon es, principalmente, una cuestión de limitación de posibilidades y de concreción estadística de alternativas. Cuanto mayor y más complejo sea el dato obtenido, mayor es la eliminación de alternativas y por lo tanto mayor carga de información contiene ese dato. Este enfoque formal se limita al estudio de la información contenida en una secuencia de signos desde el punto de vista de la complejidad, pero no desde el punto de vista de la especificidad, es decir, desde su potencial significado funcional. En definitiva, se trata de un enfoque superficial del problema de la información que permite asumir el hecho de la existencia de información biológica como un brute fact sin necesidad de abordar el problema del carácter funcional (descriptivo-prescriptivo) de dicha carga informacional, evitando así, tanto interpretaciones finalistas, como incómodas cuestiones en torno al origen y principio causal de dicha información.

De esta forma Pigliucci nos propone entender por información “cualquier tipo de patrón materia/energía que causa o contribuye a causar la formación o transformación de otros patrones”: por ejemplo, el ADN contenido en las células madre (materia) “contribuye” a la formación de un nuevo organismo en la siguiente generación (materia). Y de esta forma, el conejito blanco sale limpiamente de la chistera.

Pigliucci nos recuerda que las plantas, los seres vivos elementales o la maquinaria celular, carecen de autoconciencia y de procesos psicológicos de ningún tipo por lo que la confusión que emana de nuestra asimilación racional del concepto de información con la idea de “conocimiento” debe ser desechada. De esta forma, sin negar la existencia de información en los elementos de la Naturaleza, Pigliucci sugiere que las respuestas funcionales encadenadas a dicha información deben ser interpretadas simplemente como el resultado de un proceso de selección natural, el mantra fabuloso que todo lo explica, el elixir intelectual del conocimiento perfecto. Visto así, la idea de información puede ser interpretada como una forma de interacción de la materia y la energía y por lo tanto, en palabras del propio Pigliucci “no hay nada místico en torno a la información y el concepto no puede ser invocado como una forma de derrotar al materialismo”.

El problema es que aquí hay un gazapo y Pigliucci quiere escamotearnos el significado profundo de los hechos que la ciencia nos muestra. La materia, nos dice, Pigliucci, el ADN, se transforma en materia, un organismo nuevo, y por lo tanto no hay nada que explicar. Falso. La causa formal del nuevo organismo no es el ADN en cuanto materia sino la información en él contenida y de la que el ADN es sólo la sede material. El código genético prescribe la formación de las proteínas, y por otro lado el proceso de desarrollo embrionario no puede en absoluto describirse como una simple transformación de materia en materia sino como un evento controlado por un programa informacional que prescribe igualmente la formación del plan corporal primero, su desarrollo posterior, y que incluye la especialización y el determinismo de cada célula a su función final. Si uno quiere ver en ello sólo un evento físico está en su derecho pero si uno pretende convencernos de que lo que ha ocurrido ante nuestros ojos es simplemente un evento físico-químico, es decir, una consecuencia de las interrelaciones de átomos y moléculas actuando bajo el influjo de las cuatro fuerzas físicas que rigen el Universo material nos estará intentando dar gato por liebre.

Es importante resaltar que algunos correligionarios de Pigliucci, es decir, colaboradores estrechos en la elaboración de “The Extended Synthesis”, como es el caso de la prestigiosa bióloga polaca Eva Jablonka, no han dudado en reconocer el carácter semántico es decir, funcional de la información biológica y el hecho de que el concepto de información de Shannon resulta totalmente inadecuado para explicarla (Information: its interpretation, its inheritance and its sharing, 2002).

El carácter prescriptivo de la información genética exige explicaciones mucho más rigurosas, tanto en torno a su origen y emergencia en el tiempo como en cuanto a su capacidad para prescribir la actuación de las complejas maquinarias moleculares que intervienen en el proceso o como para el resultado final organizacional del artefacto biológico que emerge ante nosotros. La información precede y prescribe a la materia, la forma precede y prescribe la fisicalidad del mundo material. Señor Pigliucci, me temo que SÍ hay algo “místico” en todo esto. Al menos eso tendremos que pensar mientras usted no nos proponga explicaciones naturalistas más convincentes en torno a los enigmas de la vida.

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