Otro cuento chino: la evolución recurrente

Cornelius Hunter

Los diseños biológicos no encajan muy bien en el árbol de la evolución. Los evolucionistas esperaban que las especies se hubieran formado, más o menos, según un patrón relacionado con su común origen. Las especies que se suponen comparten un antecesor común reciente serían muy similares con sólo algunas ligeras diferencias. Y por otra parte, especies cuyo último antecesor común fuese antiguo serían mucho más diferentes. Las especies hermanas no podrían tener importantes diferencias, mientras que las especies distantes no podrían compartir diseños improbables que no habrían estado presentes en sus comunes ancestros. Esta predicción evolucionista ha sido contradicha en muchas ocasiones. Y estas anomalías de la teoría evolucionista son mucho mayores que meras distorsiones del modelo. Pero eso no levanta dudas sobre la propia teoría darwinista de la evolución. Ello es porque el evolucionismo darwinista es tenido dogmáticamente como un hecho. No puede ser falso porque está prescrito por creencias metafísicas que son mucho más poderosas que cualquier razonamiento científico. Por ello, los evolucionistas apelan a un variado abanico de historias ad hoc para despachar las muchas contradicciones de la teoría. La última se llama “evolución recurrente”.

Cuando los evolucionistas encuentran el mismo diseño en especies, por otra parte muy diversas, dicen que, como el rayo que cae dos veces en el mismo sitio, el diseño evolucionó independientemente en los dos distantes linajes evolutivos. Así apelarán a una común inducción del entorno, a la plasticidad del desarrollo, y otras explicaciones caricaturescas y afortunadas que en realidad no nos dicen nada sobre cómo tales eventos astronómicamente improbables pueden haber ocurrido. En especial cuando las especies distantes, para empezar, habitan ambientes completamente diferentes.

Por ejemplo, los humanos y los calamares compartimos un sistema de visión misteriosamente similar, increíblemente detallado y complejo. Y ello a pesar de que sus hábitats son muy distintos. (Nota al margen: los evolucionistas eluden esta profunda contradicción alegando que las fotocélulas de los calamares no están invertidas como las de los humanos. Eso es como viajar a un planeta distante y encontrando un automóvil Lexus con el volante en el lado del copiloto descartar la importancia del resto de similitudes).

Estos diseños repetidos en especies por otro lado tan diferentes abundan en biología. No es una mera ocurrencia que puede ser explicada como una excepción. Que las especies no encajan en el modelo del árbol evolutivo es algo bien establecido científicamente. Pero la cosa es peor que esto. Estos diseños repetidos no solamente ocurren dos veces en especies distantes. A menudo ocurren repetidamente en una variedad de especies diferentes. Así, los evolucionistas se ven en la necesidad de creer no sólo que hay muchos eventos milagrosamente repetidos de diseño, sino además que en muchos de los casos se repiten una multiplicidad de veces.

El primer paso para justificar algo así es darle un nombre. Y así los evolucionistas han etiquetado esta incómoda evidencia como “evolución recurrente”. Como explica un artículo reciente:

La reciente explosión de secuencias de genomas en todos los principales grupos filogenéticos ha desvelado una inesperada riqueza de casos de evolución recurrente de rasgos genómicos sorprendentemente similares en distintos linajes. Además, muchos ejemplos de un tercer patrón filogenético todavía más desconcertante han sido observados: rasgos cuya distribución está diseminada por el árbol evolutivo, indicando así la existencia de evoluciones independientes repetidas de rasgos genómicos similares en linajes diferentes.

Y ¿cómo explicar estos patrones inesperados y desconcertantes? Los evolucionistas ofrecen un mareante despliegue de hipótesis especulativas:

Casos de recurrencia genómica causados por cambios mutacionales son fundamentales para entender las canalizaciones y constricciones evolutivas que conforman la manera en que el espacio genómico en cuanto espacio morfogenético es explorado en el proceso evolutivo, subrayando la predictabilidad de mutaciones neutrales en el resultado final, sean o no “constructivas”… Otros cambios quasi-neutrales que han sido utilizados repetidamente como sustrato de innovaciones moleculares sugieren que ciertos rasgos del genoma confieren una flexibilidad evolutiva, abriendo nuevas rutas que pueden ser exploradas durante la evolución. Así, su mera presencia sería indicativa de potencial evolutivo permitiendo hipótesis específicas sobre la ocurrencia de típicos rasgos acompañantes.

Esto, para los que no estén familiarizados con el evolucionismo, es lo que se toma por ciencia. Tal especulación es aceptable porque todos convienen en que la evolución darwinista es un hecho. De una forma u otra, tiene que haber ocurrido.

Creemos que la riqueza de rasgos genómicos recurrentes indican la existencia de fuerzas fundamentales desapercibidamente similares a lo largo de los distintos linajes.

En otras palabras, no hay un nivel de recurrencia evolutiva que pueda poner en peligro la teoría. Simplemente revelaría la existencia de “fuerzas fundamentales” a través de los linajes que habrían realizado la parte dura del trabajo porque, al fin y al cabo, la evolución es un hecho. Es fácil apelar a fuerzas fundamentales a lo largo de los linajes. Pero ¿porqué habrían de producir los mismos diseños una y otra vez? Es como encontrar un avión Boeing 747 en un planeta distante y concluir que “bueno, ellos también tienen gravedad”.

No solo es la evolución recurrente una hipótesis improbable dadas las probabilidades fundamentales involucradas, sino que en muchos casos ni siquiera tendrán los evolucionistas su sólida explicación fundamental, la selección, para apoyarse en ella. Y ello, porque muchas de las recurrencias genómicas no parecen ser estrictamente necesarias:

¿Qué fuerzas pueden explicar la recurrencia en los genomas? En contraste con los caracteres anatómicos o fisiológicos recurrentes que son habitualmente (y razonablemente) un reflejo de la adaptación, a menudo debidas a particularidades compartidas de los nichos del entorno de los organismos, las causas potenciales de los rasgos de genomas observados recurrentemente son más diversas y pueden ser muy diferentes para rasgos recurrentes diferentes, de hecho, en algunos casos, el valor adaptativo de resultados genómicos repetidos es dudoso.

Y así como la evolución convergente resulta estar mucho más extendida que en la peor de las pesadillas darwinistas, así también la evolución recurrente resulta estar muy extendida:

Los ejemplos diversos aquí debatidos representan solo una parte de los casos conocidos de evolución repetida a nivel del genoma que han sido encontrados ampliamente y de forma fortuita, lo que sugiere que los patrones de evolución recurrente están muy extendidos.

Y si necesitáramos más pruebas de que la inconsistencia de la idea de ascendencia común carece de consecuencias para los evolucionistas porque en realidad la idea de un común origen no fue nunca parte central de la teoría de la evolución, aquí la tenemos:

Así como rasgos ancestrales compartidos son el resultado de una historia evolutiva común, rasgos compartidos fruto de la evolución recurrente son a menudo el resultado de fuerzas evolutivas comunes actuando en linajes diferentes.

Si el modelo se ajusta al árbol evolutivo, entonces se explica como historia evolutiva común. Si no, entonces se explica como fuerzas evolutivas comunes. Cara, yo gano, cruz, tú pierdes.

El origen común ha sido siempre una hipótesis auxiliar por la sencilla razón de que lo esencial de la teoría evolutiva no implica tal origen común o algo parecido, al margen de su insistencia en que las especies surgieron de forma natural. Más allá, todo vale.

Los evolucionistas insisten en que las especies surgieron de forma natural, su religión lo requiere.

Fuente: Darwin´s God

Autor: Cornelius Hunter
Traducción: Felipe Aizpún
Link: http://darwins-god.blogspot.com.es/2012/04/heres-latest-just-so-story-recurrent.html

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