Los Multiversos y el origen de la vida

Por Felipe Aizpún

450

El origen de la vida es el enigma científico por excelencia. Carecemos por completo de una explicación que justifique la emergencia de la vida a partir de la materia inanimada. Durante muchos años, la denuncia de esta falta de justificación y del carácter especulativo de las teorías sobre la abiogénesis se ha sustentado en la altísima improbabilidad de la ocurrencia de un evento tal. A medida que se iba avanzando en el conocimiento científico de la biología se iban desvelando capas inauditas de complejidad en los organismos vivos más elementales y esto hacía que el cálculo probabilístico para la explicación de la vida como un proceso fortuito fuese alcanzando cotas tan elevadas que sobrepasara los recursos probabilísticos existentes en el cosmos dado el tiempo geológico, enorme, pero limitado, en el que nos movemos.

La célula más elemental es de una complejidad inabarcable, consta de una multitud de sistemas y aparatos moleculares que desempeñan una multiplicidad de funciones, perfectamente organizadas entre sí para llevar a cabo su función metabólica y de reproducción. Cada uno de estos sistemas sub-celulares consta de una multiplicidad de proteínas conectadas de forma racionalmente coherente para hacer emerger una función específica. A su vez, cada una de estas proteínas se compone de una cadena de aminoácidos, en el torno de unos 150 aminoácidos para una proteína de tamaño medio, cuya secuencia precisa y exacta es imprescindible para que, al plegarse por efecto de las fuerzas derivadas de sus respectivos enlaces químicos, adquiera la forma necesaria que le otorga su carácter funcional.

Desde hace ya muchos años meticulosos cálculos matemáticos pusieron en evidencia el carácter absolutamente especulativo y carente de rigor de cualquier planteamiento que defiendiera la aparición espontánea de la vida dada su extrema complejidad. Es por eso que, en los últimos años, la comunidad científica ha dado rienda suelta a su imaginación para desactivar la sospecha de diseño en el cosmos que pudiera derivarse de tan inaccesible misterio. Y de ahí ha surgido la idea de los multiversos: supuestamente, en esta hipótesis, nuestro Universo sería sólo uno dentro de una serie infinita de universos existentes en una realidad material sin límites. Se argumenta así, que elevando al rango de infinitud los recursos probabilísticos, cualquier cosa podría suceder y nuestro mundo no sería sino aquel de los mundos posibles en los que, por agotamiento de posibilidades, la vida se ha visto en la “necesidad” de hacerse real. El agotamiento de un número infinito de alternativas convertiría así un evento absolutamente improbable en un suceso inevitable.

El problema es que la hipótesis de los multiversos es una propuesta carente del más mínimo soporte científico, un truco burdo y barato de feriante, que nace como hipótesis ad hoc para desplazar las razonables sospechas de diseño al precio que sea. La idea de los multiversos carece de base alguna de evidencia

empírica que lo justifique. No es una idea que surja de la observación de la Naturaleza, ni tampoco una propuesta realizada para explicar alguna observación que se resista a encajar en el modelo cosmológico vigente. De acuerdo con el método abductivo como fórmula de búsqueda de explicaciones en torno a lo real, cuando algo se nos presenta como un enigma ideamos modelos explicativos que puedan hacer más razonable la observación realizada. Los multiversos como propuesta sin embargo, sólo cumplen una función, servir de puerta trasera de escape al enigma de la complejidad organizativa de los seres vivos. Se trata de una idea que resulta imposible de falsificar, no existen observaciones ni pruebas críticas a las que someter su verosimilitud, está por lo tanto, fuera del ámbito científico. Desafía por completo el principio de prudencia racional conocido como la navaja de Ockham.

No deja de ser llamativo que científicos de la talla del recientemente galardonado con el premio Templeton Martin Rees, declaren cosas como ésta:

“Es muy posible que existan infinitos universos distintos con otras constantes. Algunos serían demasiado estériles para sustentar la vida, otros demasiado efímeros. El nuestro resulta ser el adecuado. Sigue siendo una conjetura, pero se tendía a tomarla cada vez más en serio”

En realidad se tiende a tomarla cada vez más en serio en la medida en que el conocimiento más avanzado de la vida y la biología nos enfrenta a un problema cada vez más insoluble: la abiogénesis. Por lo demás, en efecto, se trata “sólo de una conjetura”, pero no de una conjetura que nace de la observación. Lo que no dice Rees es que se trata de una conjetura profundamente desconectada de observación alguna, que nace de un prejuicio metafísico materialista y que busca devolver algunos visos de racionalidad a un modelo explicativo de la realidad que se tambalea. Su imposible verificabilidad la convierte en una propuesta blindada cuya falsedad no puede ser “demostrada” experimentalmente.

Pero el problema de fondo no queda ni por asomo resuelto con tan temeraria y fantasiosa propuesta. En realidad es completamente falso y profundamente irracional sostener que el enigma de la vida se resuelve mediante la extensión al infinito de recursos probabilísticos en términos de tiempo y de variables en las constantes físico-químicas del Universo. Sencillamente, quien proponga algo así es que todavía no ha entendido qué es la vida. La vida no es una conjunción improbable de elementos materiales. La vida es por encima de todo un sistema organizado de elementos que obedecen a un programa informacional de naturaleza estrictamente formal en el que las instrucciones prescriptivas contenidas en las secuencias genéticas denuncian la supremacía del formalismo sobre la fisicalidad. La vida no es orden sino organización. Nunca las fuerzas ciegas y carentes de orientación o finalidad, que limitan y gobiernan el cosmos, han sido capaces de hacer emerger de manera espontánea un sistema organizado capaz de dar pie a una función y generar utilidad.

El orden que muestran algunas estructuras disipativas nada tiene que ver con la organización funcional de un sistema viviente. No es un problema de recursos probabilísticos; es que, simplemente, no está en la naturaleza de las leyes físicas (menos aún del “azar”) el hacer emerger la información funcional imprescindible para gobernar un sistema organizado. Todo ejemplo de organización responde a una ideación previa, a un soporte formal que precede y prescribe el sistema funcional. El formalismo puede prescribir al mundo físico pero lo contrario es insostenible. Las leyes de la física prescriben únicamente patrones repetitivos que pueden provocar sistemas ordenados pero nunca sistemas organizados mediante decisiones arbitrarias encaminadas a programar una función. No es una cuestión de tiempo, es una imposibilidad lógica racionalmente formulable. La teoría de los multiversos es una patética apuesta por un mundo imaginario (una idea de ciencia ficción) que ni siquiera es capaz de justificar hipotéticamente lo que se pretende y que pone de manifiesto que quienes lo postulan no han llegado ni siquiera a comprender el misterio de la vida en su más íntima expresión.

Deje una respuesta

Leer entrada anterior
Darwin, los darwinistas y el azar

Por Felipe Aizpún El paradigma naturalista nos impone la existencia de únicamente dos opciones de causalidad: el azar y la...

Cerrar