Los Indicadores de Diseño. Parte 6.4 Complejidad Irreductible

MecanismoUno de los argumentos usados para refutar la complejidad irreductible es aquel que propone que complejos funcionales menores pueden dar lugar a uno mayor. Para analizar la factibilidad de esta propuesta vamos a utilizar una crítica al desafortunado ejemplo de la ratonera propuesto por Behe como ilustración de la CI. En dicho ejemplo se muestra que no hay forma más simple de conseguir una trampa para cazar a un ratón dado que, si a su complejidad mínima funcional le quitamos tan solo un componente, ya no habrá ninguna capacidad para cazar un ratón. A este ejemplo y al concepto que ilustra, se lo ha refutado mediante el argumento del gradualismo funcional, según el cual, si bien es verdad que los componentes por si solos no pueden funcionar como una ratonera, si son funcionales para otros propósitos, es decir, tienen funcionalidad singular (funciona por sí mismo sin necesidad de estar conectado a otros componentes) o ya han sido usados en otros contextos y, por lo tanto, una vez cooptados sí podrían ser fijados por la selección natural para participar en una nueva sociedad estructural.

Estos críticos dicen que la palanquita de la ratonera puede tener distintas funciones de uso ya que, si bien tiene una única función de diseño, puede funcionar como clip, el resorte sirve como muelle para cualquier otro uso y así con el resto de los componentes. Dada esta circunstancia, por extrapolación, también organismos más complejos tendrían componentes funcionales fijables por la selección natural. Entonces el argumento de la complejidad irreductible como obstáculo para la evolución darwiniana sería rebatido para regocijo de sus críticos.

Sin embargo, las matemáticas nos mostrarán por qué es desafortunado el ejemplo de la ratonera y si es verdad que dicha refutación realmente funciona.

Si abrimos cualquier artefacto veremos que muchos de sus elementos son multicontextuales. Un tornillo, por ejemplo, puedo usarlo en muchos artefactos aunque no en todos ya que no todos los agujeros roscados tendrán el mismo diámetro y grosor de torque. Una resistencia determinada también puede ser parte de muchos contextos electrónicos aunque no de todos de acuerdo al diseño. Ahora bien, como lo vimos en el capítulo 4, si progresamos en la complejidad del componente notaremos que conforme es más complejo resulta ser menos multicontextual. Si comparo una resistencia con un microprocesador notaremos enseguida que el primero es mucho más multicontextual que el segundo que solo puede ser ensamblado en determinadas placas base que sean coherentes no solo con su conector físico, sino también con su contexto operativo.

De este modo la asociación afortunada de componentes bioquímicos en un nuevo contexto desde otros contextos en los cuales ya son funcionales solo nos dice que algunos componentes bioquímicos son reutilizados más de una vez, más no que su sola existencia posibilite que integren contextos funcionales más complejos.

Primeramente deben poder conectarse entre sí para formar el nuevo contexto de un modo específico y, como ya hemos visto, a más complejos menos posibilidades tienen de ser coherentes funcionalmente y por ende de poder conectarse. Si en el ratón de Behe eso parecía plausible en la bioquímica real ello ya no lo es.

Letra TEl ejemplo del rompecabezas que forma una letra T visto en el capítulo 4 es, no obstante, bochornosamente pobre para ilustrar una idea más relevante aún. La coherencia de contexto que tiene cada pieza de la T significa, no solo que la misma pertenece y además puede completar un contexto estructural funcional, también implica que el resto de componentes deben de estar “adaptados o ajustados” al mismo de tal manera que un cambio de magnitud en el mismo no sea soportado por el resto más allá de cierto umbral de tolerancia.
Imaginemos que tenemos un edificio y necesitamos calcular que resistencia a la compresión debe tener el hormigón de las columnas de la base de un alto edificio. Un ingeniero deberá especificar de acuerdo a la altura del mismo y por consecuencia a la carga que recibirán dichas columnas dicha resistencia. Él no puede prescribir esta propiedad de modo caprichoso, sino de un modo específico que sea funcionalmente coherente con el contexto que le toca participar. De este modo es posible que dicha resistividad se restrinja a un estrecho rango de valores posibles, pero más allá de cierto valor límite mínimo, pondrá en serio riesgo la integridad del edificio al punto de ponerlo en situación de posible colapso.

Del mismo modo yo puedo cambiar los neumáticos de mi automóvil con otros más pequeños o más grandes, pero hay límites al cambio. Si es demasiado pequeño el automóvil no podrá andar y si es demasiado grande el mismo ni siquiera se podrá conectar al mismo. Pero, aún puedo usar un neumático muy grande si en este caso cambio el contexto al cual se asocia. O dicho en otras palabras adapto el contexto al cambio de escala del componente. Entonces para el caso del ejemplo aludido dicho neumático grande ya no lo conectaría a un vehículo pequeño, sino más bien a una camioneta o incluso un camión que son contextos más adecuados para recibir un neumático de dichas dimensiones.

Tal como acabamos de ver, el efecto de los cambios de escala sobre un contexto implica que este último debe adaptarse o modificarse para que ciertos cambios de escala sean viables. Por ejemplo, si quisiéramos hacer el cambio de escala para las dimensiones de una mosca en un factor de 100, es decir, resultando una mosca gigantesca como las típicas de las antiguas películas de ciencia ficción de la serie B. Sin lugar a dudas la monstruosa mosca no podría subirse por las paredes ni revolotear como lo hacía cuando era 100 veces más pequeña. Si tuviéramos que diseñar de nuevo a la mosca para que hiciera algo parecido a lo que hacen las moscas comunes con un tamaño 100 veces mayor sin lugar a dudas habrá que realizar toda una reingeniería completa de sus sistemas vitales y motores.

En la biología, ya sea por la variabilidad genética o por cambios o mutaciones epigenéticas, se producen muchos cambios de escala, y de hecho muchos son viables cuando se dan dentro de un rango viable de cambio de escala. No obstante, no se pueden ignorar los efectos perjudiciales de cambios de escala en determinadas variables biológicas, sean estas morfológicas, metabólicas o de cualquier otro tipo cuando exceden ciertos valores y cuando el contexto no es capaz de asimilar dicha tasa de cambio. Esto no solo produce muchas enfermedades y trastornos físicos, sino incluso la muerte.

En este sentido los cambios de escala no pueden usarse alegremente como factores evolutivos, tal como lo pretende la visión darwiniana, y como lo propone Richard Dawkins es su apreciación de que un cambio de escala en el cuello de la Jirafa puede presentarse sin que el contexto no sufra una adaptación necesaria para admitir dicho cambio. De este modo este factor, que evidentemente podría presentarse por una sola mutación (que haga las vertebras más largas), no puede invocarse alegremente como cambio morfológico viable dado que deberá estar acompañado por toda una batería de cambios estructurales que soporten adecuadamente dicho cambio de escala ya que, como acabamos de ver los cambios de escala más allá de cierto límite precisan de una adaptación del contexto que los contiene.

Como bien lo señaló el El Dr. Wolf-Ekkehard Loennig, un alargamiento del cuello de la jirafa no puede ser viable al margen de otros complejos cambios adaptativos tales como cambios en la musculatura del esófago, cambios en el sistema vascular (corazón, arterias, capilares), sistema nervioso y otros. Pretender que un cambio de escala importante no implica numerosos reajustes del diseño biológico es un común error en la visión darwiniana de la evolución.

Después de todo lo visto y volviendo a la pregunta: ¿Pueden complejos funcionales menores dar lugar a uno mayor? Podemos responder lo siguiente:

Para que complejos menores funcionales den lugar a un complejo mayor que también sea funcional sin la participación de ninguna dirección inteligente y sólo por el influjo del azar, debemos esperar que se produzcan las siguientes situaciones:

1. Si los complejos menores son bastante complejos tendrán ínfimas posibilidades, por efecto de la multicontextualidad, de enlazarse fortuitamente con un complejo mayor. Sin son muy básicos siendo tan solo moléculas simples o incluso átomos, entonces si tendrán más posibilidades de enlazarse, pero al ser menos funcionales dependerán más de una organización específica para ser funcionales en el complejo mayor.

2. Siendo dicha organización específica de naturaleza algorítmica, la selección natural no tiene poder alguno para organizar exitosamente un complejo mayor de la unión de complejos menores de modo fortuito dado que tan solo seleccionando el output no tiene poder para organizarlos.

3. El complejo menor debe tener coherencia de contexto con el complejo mayor de tal modo que el primero complete funcionalmente al segundo.

4. Debemos esperar también que de modo totalmente fortuito el complejo mayor deba estar adecuadamente ajustado al valor de escala del complejo menor asimilado.

De estos 4 puntos no todos tienen el mismo poder para refutar la factibilidad de que por casualidad se pueda producir que un complejo mayor funcional pueda formarse de la conexión feliz de complejos menores ya funcionales en otros contextos. Personalmente puedo decir que los puntos 1,3 y 4 son altamente improbables, pero aún posibles. No obstante, el punto 2 es definitivamente imposible.

Cuando el fallido viaje del Apolo XIII retornaba a la tierra con sus tres tripulantes en penosas condiciones de supervivencia, se presentó un nuevo problema; el nivel de CO2 estaba elevándose peligrosamente en el módulo de mando Odisea. Desde Houston se convoco a un grupo de ingenieros para que idearan cómo construir con los objetos que se encontraban en la nave un nuevo reductor de CO2. Finalmente lo hicieron. Con tubos, bolsas de plástico, cinta adhesiva, un calcetín y otros objetos propusieron un eficaz reductor que, reproducido por los astronautas, pudo salvarles la vida. Es este un claro ejemplo de un complejo mayor resultado de la conexión de varios complejos menores ya funcionales por si mismos o en otros contextos, pero hay que destacar enfáticamente que el mismo no lo resolvió la naturaleza, sino la inteligencia humana.
La visión darwiniana de la evolución biológica nos dice que estas asociaciones no solo son posibles en la bioquímica, sino que además se han producido afortunadamente innumerables veces en la historia biológica.

Sin embargo, se basan más en una exacerbada fe en el poder organizador de la naturaleza que en su factibilidad matemática real. Y esta factibilidad nos dice que no es tan solo improbable, sino, por el punto 2, definitivamente imposible sin el concurso de la inteligencia.

Fuente: Cristian Aguirre. Los Indicadores de Diseño. Capítulo 6. OIACDI 2013

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