Los Indicadores de Diseño. Parte 6.2. Complejidad Irreductible

El puente teleológico

Ahora bien, después de haber examinado qué es la complejidad irreductible y por qué se produce cabe preguntarnos ¿Podría de algún modo la naturaleza producir mecanismos con complejidad irreductible?

Para el naturalismo evolutivo la respuesta a esta interrogante sería afirmativa ya que el mismo tiene la confianza de que la naturaleza dispone de leyes y mecanismos capaces de producirla. La propuesta de Charles Darwin se articuló en base a esta premisa. Pero ¿Esto es verdad?

Para responder a este interrogante es necesario definir con claridad los conceptos implicados. El primer concepto importante que debe ser establecido es definir qué tipo de complejidad está implícita en la complejidad irreductible. Si alguna virtud tiene la forma como he conceptualizado la complejidad irreductible popularizada por Behe llamándola “Complejidad Mínima Funcional” en mi investigación de 1996, es que este segundo término incluye una pista importante para establecer el tipo de complejidad implícita al señalar que esta es “funcional”. Esto es muy importante porque nos señala con claridad que una complejidad irreductible solo tiene sentido para estructuras con complejidad funcional, es decir, que sirven para un propósito. Tienen una finalidad.

Cuando Behe popularizó este concepto como argumento para rebatir la capacidad de la naturaleza de producirla, inmediatamente surgieron voces contestatarias de que la misma es un argumento falaz y que los ejemplos por él expuestos en su libro “La caja negra de Darwin” no tenían en realidad complejidad irreductible y por consecuencia serían posibles de producir naturalmente por los procesos gradualistas de la Teoría Sintética. Se alegaron las siguientes razones:

1. Los casos propuestos por Behe contienden muchos componentes funcionales que ya existen en otros contextos moleculares.

2. Existen muchos componentes que desligados del mecanismo molecular no colapsan la función.

Considerando estas circunstancias la pretendida Complejidad Irreductible puede ser de hecho reductible o incluso inexistente y, por lo tanto, susceptible de origen gradualista.

Para explicarlo de forma sencilla analicemos un ejemplo:

Tenemos a un escéptico de la complejidad irreductible sentado en una silla. Él se pregunta si la silla en la que está sentado tiene o no complejidad irreductible, pero como es un buen experimentador empieza extrayendo uno de los apoya brazos de la silla. Descubre que sigue sentado y la función de la silla por ello no ha colapsado. Luego extrae el otro apoya brazos y comprueba lo mismo. Ya más convencido que la complejidad irreductible es una pifia extrae el respaldar de la silla y, aunque está un poco más incomodo, aún la función de la silla no ha colapsado. Por último como experimentación final decide extraer una de las patas de la silla y ¡Crash! Ya tendido en el suelo admite finalmente que la silla si tiene complejidad irreductible.

¿Qué fue lo que pasó? Nuestro personaje pudo refrendar su escepticismo mientras pudo retirar componentes accesorios, pero cuando atravesó el umbral funcional retirando una de las patas de la silla, sin considerar que para un apoyo cuadrangular se necesitan como mínimo 4 patas, la silla colapsó.

Con esta historia quiero resaltar que la complejidad irreductible, que yo llamo complejidad mínima funcional, es precisamente un punto matemático que marca la frontera entre la función y la no función. No significa que los ejemplos aludidos estén trabajando siempre en dicha frontera. Por lo general la gran mayoría de estructuras funcionales funcionan por encima de este punto incorporando complejidad accesoria qué, de extraerse, no colapsa la función. Y, como hemos visto, ello no significará que las mismas no tengan complejidad irreductible.

En casa hay muchos ejemplos de estructuras funcionales con complejidad irreductible. Por ejemplo, se puede abrir una radio (preferible de baterías, no con conexión a la red eléctrica para evitar el riesgo de shock eléctrico) y extraer aleatoriamente componentes electrónicos de la misma mientras esta encendido para así evaluar cuando colapsa la función. Luego se puede elaborar una estadística de qué porcentaje de componentes compone la complejidad mínima funcional y qué porcentaje compone la complejidad accesoria. Por otra parte muchos de los componentes de la radio, sino absolutamente todos, pueden estar presentes en otros artefactos electrónicos de acuerdo a su grado de multicontextualidad particular.

Ahora bien, el que una radio tenga componentes que no colapsan su función y que los mismos pueden pertenecer a otros contextos estructurales ¿Significa que estas estructuras no tienen complejidad irreductible como aluden con insistencia los críticos del DI? La respuesta es ABSOLUTAMENTE NO.

Entonces si admitimos que la complejidad irreductible existe y las observaciones expuestas no la inhiben, ¿Que podemos decir con respecto a la complejidad irreductible presente en los mecanismos biológicos? ¿En ellos si es un ilusión?

No nos molesta la idea de encontrar complejidad irreductible en los mecanismos artificiales creados por el hombre porque sabemos que la inteligencia humana salva con su ingenio el puente teleológico existente entre la no función y la función.

Pero, ¿Cómo se salva el puente teleológico entre la no función y la función para los mecanismos biológicos con reconocida complejidad irreductible, si se alude que la misma está libre de toda teleología?

He aquí el corazón del problema y el núcleo de la controversia entre el intervencionismo y el naturalismo.

A los biólogos naturalistas les molesta la complejidad irreductible por sus implicancias como puente teleológico. Se sabe que estos puentes son construidos con el concurso de la inteligencia por lo que, alegar que existen en el mundo biológico, sería admitir el asomo de un origen inteligente en el proceso y ello para el naturalismo es inaceptable.

Pero hasta ahora no hemos respondido a la pregunta crucial ¿Podría la naturaleza de algún modo por casualidad o el influjo de la selección natural construir un puente teleológico entre la no función y la función generando complejidad irreductible?

La dificultad que presenta la complejidad irreductible para construir un puente teleológico con los mecanismos de la Teoría Sintética o los de la Teoría de la Evolución Modular consiste en que comporta un número determinado de pasos subfuncionales que la selección natural no puede fijar ya que no representan ventaja alguna para la sobrevivencia.

RAMPAS

El gráfico ilustra este problema. Se muestran tres tipos de evolución de complejidad funcional con respecto al tiempo.

El primero ilustra el ideal darwiniano, la ladera suave del monte improbable de Richard Dawkins donde la resolución de la gradualidad es lo suficientemente pequeña para garantizar que el mecanismo darwiniano funcione.

El segundo gráfico es una visión al detalle de lo que sería esta suave rampa donde cada peldaño funcional está constituido por tan solo un peldaño.

La tercera gráfica es la que corresponde al efecto que comporta la complejidad irreductible y se ilustra mediante escalones que contienen grupos de subfunciones que concurren para cumplir un fin funcional. Dado que en este esquema se rompe el necesario gradualismo para garantizar la eficacia del mecanismo de incremento de funcionalidad darwiniano, es, por lo tanto, sumamente odiado y atacado por los naturalistas quienes trabajan febrilmente para investigar y proponer cualquier subterfugio que permita refutar esta realidad. Pero ello es una tarea inútil porque la tozuda realidad nos muestra que la biología está llena de mecanismos que corresponden a la tercera gráfica, es decir, a la de los escalones abruptos.

Además, para construir un puente teleológico entre la no función y la función de modo natural, debemos explicar que surjan, no solo los componentes necesarios, sino también la sociedad específica u organización necesaria para la consecución del objetivo funcional, y ello mediante mutaciones y el influjo de la selección natural. Pero con estas herramientas no podemos fijar cada componente cuando estos aun no representan ninguna ventaja al organismo que lo comporta y, por lo tanto, la selección natural no puede fijarlas dada su subfuncionalidad. Este problema ya fue conocido en el pasado y en términos similares como el problema de la preadaptación.

Próximo post: Parte 6.3 Cómo construir un puente teleológico.

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