Los Indicadores de Diseño. Parte 4. Coherencia de Contexto

Alosterismo

En el siglo XV, en la antigua ciudad de Toledo, existía una importante población judía. Muchas de estas gentes se asentaron en la península Ibérica luego de ser expulsadas de su Judea ancestral por el Imperio Romano en las diásporas del año 70 y 132 de nuestra era. Sin embargo, en dicho siglo tendrían que sufrir nuevamente las amarguras de una expulsión, esta vez patrocinada por los reyes Católicos, que los obligarían a dejar España y emigrar hacia nuevos destinos en el norte de África y en la actual Turquía.

A estos judíos oriundos de España se los conoce como Sefarditas y algunos de sus descendientes no solo conservan una forma del idioma castellano, sino incluso las llaves de las antiguas casas de sus ancestros en la lejana ciudad de Toledo.

Difícilmente será posible hallar al presente alguna puerta del siglo XV que aún quede en uso para ser abierta por estas antiguas llaves. Posiblemente, incluso conservándose las mismas puertas, pueden en muchos casos ser substituidas las cerraduras de tal modo que las antiguas llaves no sean funcionales para abrir estas puertas dado que ya no tendrán el perfil complementario de la cerradura, es decir, ya no serán coherentes con la misma. No siendo así, estas antiguas llaves no podrán ingresar ni girar dentro de las nuevas cerraduras para activar los mecanismos de apertura de ninguna de las actuales puertas. Si se diera el caso de que aún subsistiera alguna puerta cuya cerradura tuviese la forma que fuese coherente con alguna de estas reliquias de llaves, entonces si podrá conectar con ella y, por lo tanto, se podrá abrir la puerta. Aunque, pese a ello, lamentablemente el dueño de la llave no podrá reivindicar la propiedad después de 5 siglos de expropiación.

Notemos, en esta historia que nos introduce sobre lo que es la coherencia, que ésta en sí misma es una restricción. En el ejemplo cualquier llave no abre la cerradura de la puerta, sino aquella que tiene la restricción funcional, es decir, la coherencia que funciona para abrir la cerradura. Por lo tanto, la coherencia es una restricción que puede ser natural como el caso de las valencias atómicas o funcional como las piezas de una maquinaria.

Con este sencillo ejemplo podemos decir que la coherencia es la capacidad de un átomo, molécula, o artefacto de conectarse con otros e incluso con un conjunto estructural producto que llamaremos contexto.
En la naturaleza existen muchos casos que ilustran distintos tipos de coherencia de acuerdo a cuán fácil se realiza la conexión. Los átomos pueden unirse espontáneamente de acuerdo a una coherencia llamada valencia con otros átomos para formar moléculas. En ésta, los átomos son capaces de enlazarse, sea por compartición de electrones o por atracción electrostática de una manera espontánea, por supuesto con el debido concurso de la energía necesaria. En otros casos la unión no es tan sencilla, pues requiere el concurso de un agente externo que haga las veces de casamentero para unir parejas, a este agente se lo conoce como catalizador y estimulara el apareamiento de ciertos átomos o moléculas con otras, éste es por tanto un caso de coherencia forzada.

Por último, existe un tipo más sofisticado de coherencia, es aquella en la cual el agente externo necesita cumplir un convenio para que la conexión sea realizada. No se trata solo del concurso de energía y su sola presencia, en este caso, el agente externo necesita realizar un convenio de conexión sin cuyo desarrollo la conexión es imposible. Este tipo, por su importancia en la inferencia de diseño, lo trataremos aparte en el post siguiente.

Consideremos ahora el caso de una persona un poco despistada que desea incorporar a su automóvil un equipo de música. Se dirige a una tienda y compra una unidad, luego va a su automóvil y lo coloca sobre el salpicadero, luego enciende el equipo pero este se niega a funcionar, toca todos los botones, pero nuestro personaje aún no se percata que tiene que conectar el equipo a su automóvil de tal modo que pueda recibir el suministro eléctrico, la señal de la antena y enviar la señal de audio a los altavoces. Cuando toma conciencia de ello se pregunta: ¿Dónde conecto esto? Mira con detenimiento el interior y observa que en la consola hay un compartimiento que parece encajar con el equipo de música. Finalmente conecta el equipo al automóvil y felizmente, al encender el mismo, funciona.

La historia grafica otro concepto importante a tener en cuenta en este análisis, es decir, manifiesta la presencia de una coherencia potencial por parte de la estructura base con respecto a la estructura accesoria. En el ejemplo el automóvil ya estaba preparado para recibir el equipo de música. Esto es, el automóvil tenía coherencia potencial con respecto a este último y ello facilitó la conexión evitando más adaptaciones técnicas.

En la biología hay destacados ejemplos de este tipo de coherencia en el fenómeno llamado alosterismo. Este es un sistema destinado a regular la producción de proteínas desde el ADN de tal modo que dicha producción se realice cuando la necesidad de hacerlo sea precisada de acuerdo a las condiciones de la dinámica celular y evitar así un defecto o exceso de producción que deterioren su operatividad.

Una célula no va a gastar energía en fabricar proteínas y ARNs de forma caótica y sin realmente necesitarlas por lo que necesita funcionar en un contexto concertado que esta ajustado a condiciones de necesidad operativa y como reacción al ambiente, o más bien, regulado por él.

Entonces podemos decir que un gen que codifica una proteína sólo se usará para fabricarla si algo activa el proceso de síntesis y se detendrá si otra cosa lo inhibe. Esto es la regulación.

Un sistema regulado sabe reaccionar ante una situación externa respondiendo mientras se den ciertas condiciones y desactivándose cuando estas desaparecen. En nuestro entorno cercano estamos rodeados de sistemas regulados que nos pueden servir de ilustración. Un sistema de aire acondicionado, por ejemplo es capaz, mediante el uso de un termostato, de activar la refrigeración si la temperatura ambiente sobrepasa determinado umbral. Luego, cuando la temperatura descienda por debajo de la temperatura óptima, desactivará la refrigeración a fin de regular una temperatura estable y óptima. Los sensores de infrarrojos también son usados para regular un sistema de iluminación de acuerdo a la presencia de personas en los distintos ambientes de un edificio, encendiendo el alumbrado cuando detecta el calor corporal y apagándolo cuando ha transcurrido un tiempo sin detectar su presencia.

En el caso biológico también existen estos sensores. Consisten en unas zonas de ADN que pueden por lo general estar adyacentes, cerca o incluso lejos del gen que controlan. A las mismas se las llama zonas reguladoras. Estas zonas, como cualquier parte del ADN, tienen una determinada forma espacial. Dicha forma es el exacto equivalente a la forma espacial de una cerradura, de tal modo que existirá una llave complementaria que por coherencia funcional abrirá la cerradura, que a efectos biológicos implica activar el proceso de transcripción del gen para producir una proteína específica. Lo interesante del caso es que dicha llave es precisamente una proteína con la forma espacial precisa para acoplarse a dicha zona reguladora y, como es lógico, está codificada por otro gen.

Pero estas proteínas aún no pueden acoplarse a las zonas reguladoras porque para resultar realmente útiles estas proteínas deben ser capaces de activar o inhibir el proceso de transcripción de acuerdo a la existencia en la célula de determinadas sustancias llamadas Operadores o también Operones que se unirán a una parte especial de las proteínas reguladoras llamada sitio alostérico. Cuando esto ocurre es cuando la proteína cambia de forma y consigue con esto que una zona de la misma adquiera esa forma espacial que, como el relieve de una llave, le permita acoplarse a la cerradura, es decir, a la zona reguladora del gen.

Alosterismo

En la figura adjunta se explica este proceso y se muestra que existen dos tipos opuestos de proteínas reguladoras; las activadoras que al acoplarse permiten el inicio de la transcripción y las supresoras que al acoplarse hacen exactamente lo contrario inhibiendo la misma.

Todo esto permite que la abundancia de cierta sustancia, nuestro operador, estimule la fabricación de ciertas proteínas por efecto de una regulación positiva en la cual activará las proteínas activadoras. O por el contrario, dicha abundancia puede estimular una regulación negativa en la cual se inhiba la fabricación de determinadas proteínas actuando también dicha sustancia como operador, pero esta vez a los represores del gen. En cualquier caso, cuando, como efecto de la reacción a este proceso, el operador empiece a escasear en el medio celular, entonces los operadores se desprenderán del activador o represor, según sea el caso, deteniendo así el proceso de regulación.

Esta, por cierto, es una vista rápida sobre cómo funciona la regulación en los sencillos procariotas. En los eucariotas el proceso es, partiendo de lo que ya hemos visto, mucho más complejo. Más aún en los organismos pluricelulares en los cuales los procesos de regulación pueden funcionar en cascada. En esta situación un regulador es regulado por otro y así sucesivamente hasta alcanzar un contexto funcional complejo de varios pasos e interrelaciones que permitan llevar adelante intrincados procesos de desarrollo embrionario, inmunológico, regenerativo, etc.

Ahora pensemos en lo siguiente; el genoma es una cadena de puertas con cerraduras que abren o cierran determinados procesos en determinados contextos espaciales, es decir, que permiten que en el cerebro la célula sea una neurona, en el hígado sea una célula hepática o en los huesos sea ósea. En un proceso de embriogénesis también permitirá que dichas “puertas” se abran en el momento y lugar oportunos en el desarrollo embrionario. Pero ¿De dónde salen las llaves? Es decir, ¿De dónde salen los activadores y los supresores? Pues, como ya hemos visto, son proteínas con esa función que han sido sintetizadas por otros genes.

¿Hemos calculado cual es la probabilidad que en los caldos del hipotético océano primitivo hayan surgido por casualidad un grupo numeroso de genes que codifiquen con información lineal las llaves (reguladores) que precisamente tengan la forma espacial para deformarse alostéricamente en los cuatro niveles típicos de las proteínas y así permitir activar a otros genes funcionales, incluso para el procariota más sencillo que haya existido jamás?

Esto es el equivalente a que por casualidad por medio de procesos de auto-organización de la materia haya surgido, no sólo un libro totalmente coherente, sino que contenga además un índice de materias con palabras clave que referencien la página exacta donde se hable de cada una de ellas.

Realmente, si nos despojamos del prejuicio naturalista, el pensarlo produce verdadero vértigo. Y, sin embargo, este inverosímil ejemplo es de hecho inmensamente más probable que el proceso alostérico descrito antes.

Intensificadores

La anterior figura es una representación bastante burda e incompleta del aparato molecular necesario para la transcripción de una proteína en un eucariota pluricelular, aún así, salta a la vista que es mucho más complejo que los mecanismos reguladores procariotas, pero también ilustra lo que hemos explicado antes; en una disposición enrollada del ADN, los activadores del aparato molecular regulador necesitan tener a los intensificadores, o silenciadores en su caso, lo suficientemente espaciados para poder funcionar dada la estructura compleja que formará con otros actores del proceso tales como los coactivadores, factores de transcripción basal, y otros que ni aparecen en la figura mostrada.

COHERENCIA FUNCIONAL

Si partiéramos una piedra en solo dos pedazos, sin duda ambos serian coherentes entre sí dado que al unirlos encajarán perfectamente, pero si esta piedra no resulta ser una estructura funcional, dicho tipo de coherencia tampoco lo será. Por lo tanto, la coherencia funcional se cumplirá solo cuando permita que la estructura resultante sea funcional. De tal manera qué, si dos estructuras se conectan y la estructura resultante es funcional, entonces este tipo de coherencia se cumple. Veamos un ejemplo comparativo.

coherencia

Tenemos tres casos en los que el funcionamiento consiste en formar un círculo. En el primer caso no hay encaje y por lo tanto no pueden conectarse, no son coherentes entre sí. En el segundo caso, si pueden conectarse, pero la estructura producto no es funcional. Por último, en el tercer caso, hay coherencia funcional por cuanto no solo encajan sino que forman un círculo.

COHERENCIA DE CONTEXTO

Si analizamos el caso 2 podemos preguntarnos ¿Qué impide que añadiendo otras piezas se pueda formar un circulo mayor y cumplir con el objetivo? Hay que reconocer que ello es posible, por tanto, aunque 2 componentes no formen una estructura funcional producto, si pueden en cambio, ser parte del contexto de un mayor número de componentes que juntos si formen una estructura funcional. Los juegos de rompecabezas son un ejemplo bastante claro, algunas piezas son coherentes con unas mas no con otras. No obstante, existe un contexto mediante el cual todas están encajadas formando una estructura funcional. Lo mismo sucede con cualquier pieza de una maquina cualquiera, primeramente tiene coherencia con otra pieza a la cual puede conectarse, pero el resultado es, aparentemente, no funcional. Sin embargo, cuando se juzga la misma a la luz del contexto de la máquina en conjunto completamente conectada, si resulta tener coherencia funcional. A esta propiedad se denomina coherencia de contexto y es la característica fundamental de todas las estructuras funcionales.

Letra T

El siguiente ejemplo muestra el caso de un conjunto de componentes con coherencia de contexto, en el cual las piezas encajan para formar una T que funciona como carácter alfabético, luego la misma es una estructura funcional.

FUNCIONALIDAD CONTEXTUAL

De esto se deduce también la siguiente consecuencia: si se cumple que la estructura es funcional, un componente cualquiera de la estructura tendrá que ser funcionalmente coherente con el resto. Y ello significa que un componente puede ser útil solo en la totalidad del contexto estructural, más no de forma independiente, del mismo modo que un chip microprocesador es solo útil cuanto está conectado a la placa base de un ordenador, de forma independiente no sirve para nada, salvo como curiosidad. A este tipo de funcionalidad, que solo funcionan en un contexto y no de forma aislada, la llamaremos funcionalidad contextual.

Esto también significa que un componente tendrá que ajustarse, no solo por su forma, sino también por una específica magnitud física acotada entre un rango definido de valores que permitan que este sea coherente funcionalmente con el contexto. Esta magnitud física puede consistir en el área, volumen, resistencia física, resistividad eléctrica, capacitancia, o cualquier otra posible.

Si por ejemplo deseamos reemplazar un cilindro de un motor de combustión deberemos respetar su forma y tamaño. Aunque pudiéramos encontrar cualquier otro cuya forma fuera idéntica pero de escala mayor o menor no nos servirá. Su tamaño debe ser también preciso para acoplarse funcionalmente con el contexto funcional del motor. En un circuito electrónico también deberemos reemplazar las resistencias, capacitores, u otros elementos con los valores precisos si deseamos que el circuito funcione adecuadamente. De todo esto podemos concluir que la coherencia de contexto restringe las formas y valores posibles que puede tener un potencial componente a fin de conectarse al contexto funcional.

MULTICONTEXTUALIDAD

A diferencia del caso anterior en el que un componente dado solo es funcional al estar conectado a un solo contexto funcional, existen casos en los cuales un componente puede conectarse funcionalmente a múltiples contextos funcionales, en dichos casos presentará una funcionalidad multicontextual.

Hace algunos años un barco mercante tuvo que detenerse en alta mar por causa del fallo de un importante instrumento de navegación. Cuando se revisó el instrumento se descubrió que una miserable resistencia quemada era la causa del fallo. Sin embargo, no disponían de ninguna resistencia con la específica resistividad en su colección de repuestos. El no poder reparar el instrumento y tener que esperar varios días a que un helicóptero trajera el repuesto suponía varios miles de dólares en pérdidas. En este dilema los técnicos se pusieron a pensar hasta que a uno de ellos se le ocurrió una brillante idea. Era verdad que no tenían una resistencia con esa específica resistividad, pero sí disponían de otras resistencias con las cuales se podría, en una determinada disposición serie y paralelo, obtener un equivalente resistivo a la resistencia quemada. Puestos manos a la obra hicieron dicho equivalente y lo soldaron a la placa del instrumento de navegación logrando, no sólo repararlo, sino también ahorrar muchos miles de dólares a la compañía naviera.

Esta anécdota muestra como la funcionalidad multicontextual de varias resistencias se unieron deliberadamente para conferirles la funcionalidad contextual de la resistencia quemada, pero la moraleja es que, aunque dichas resistencias eran los repuestos de otros contextos, pudieron, en sociedad con otros, funcionar en el contexto del instrumento de navegación dañado.

Esta facultad de los componentes de conectarse a más de un contexto distinto es lo que llamaremos multicontextualidad.

Pero la multicontextualidad para un componente dado presentará un comportamiento que variará en función de cuan compleja sea su forma de conectarse a contexto particular obedeciendo el siguiente principio matemático:

La multicontextualidad de una estructura es inversamente proporcional a su complejidad, es decir, a más complejo menos multicontextual y a menos complejo más multicontextual.

Para ilustrar con claridad este principio consideremos el siguiente ejemplo: Imaginemos que tenemos una máquina que nos puede suministrar tarjetas con un número del 0 al 999999999. Resulta que deseamos construir un número de 9 cifras, por ejemplo el número telefónico 045784512. La máquina nos dará los números de manera aleatoria o sea que si necesito conseguir dicho número con 9 dígitos (complejo) podría tener que solicitar números a la máquina hasta 109 (mil millones) de veces y, claro, no estoy dispuesto a esperar tanto. Otra solución sería extraer números de la máquina con un menor número de dígitos (menos complejos) y unirlos para obtener el número deseado. No obstante, aunque busque números de 4 y 5 dígitos a fin de unirlos y obtener el número deseado será todavía engorroso porque, para tener la esperanza matemática de obtener estos segmentos, tendré que pedirle números a la máquina hasta 104 + 105 (110000) veces lo cual aún es demasiado. La solución más simple, por el principio de multicontextualidad, es pedirle a la máquina números de un solo dígito (muy poco complejos) y unirlos para formar el número telefónico, así a lo mucho tendré que pedirle a la máquina 90 solicitudes de números, algo que ya es bastante razonable. Este ejemplo nos ilustra cómo a más complejidad hay menos multicontextualidad y más en caso inverso.

Otra forma de entender este concepto de manera gráfica es mediante la siguiente imagen. En la misma observaremos a 3 estructuras o contextos llamados A, B y C. Si hemos de ordenarlos en orden de complejidad salta a la vista que B es menos complejo que A y C, y que A es a su vez menos complejo que C.

Multicontextualidad

Cuando queremos conectarlos sus propias morfologías presentaran también complejidades de conexión equivalentes de tal modo que observaremos como B, el menos complejo es capaz de unirse a C en muchas partes mientras que A solo es capaz de unirse a C en solo 2 lugares. Viéndose cómo B es mucho más multicontextual que A en virtud de su menor complejidad.

Esto mismo se aplica no solo a lugares de conexión para un mismo contexto como lo es C, sino también a varios contextos mayores distintos donde se cumplirá que B podrá conectarse en muchos más casos que A, y C en muchos menos aún o quizá a solo uno mayor.

No siempre la multicontextualidad dependerá tan solo de la forma como en el caso anterior. También obedece a otras magnitudes o características que definen el contexto. Veamos ahora el caso de dos rompecabezas. El primero de ellos es el típico mosaico de piezas similares, pero cuya superficie forma una imagen que constituye un contexto específico como el mostrado en el rompecabezas 1.

Rompecabezas 1

Aunque las piezas sean idénticas en forma, salvo las de los bordes. La imagen que contiene las hace únicas y con una funcionalidad contextual que permite que sean encajadas en un solo lugar del rompecabezas. No sirven para encajar en otro lugar porque alterarían el contexto que solo es funcional para una imagen en particular.

Sin embargo, podemos proponer otro rompecabezas más endiabladamente divertido pero difícil. Consiste en un juego de figuras muy simples y sin imagen. Se tratan de polígonos de sólo 3 y 4 caras. La función consiste en conectarlas de tal modo que formen un contexto rectangular como pueden ser, por ejemplo, los contextos A y B:

Rompecabezas 2

Intente el lector realizarlos sin ver cómo pueden estar dispuestos para los contextos finales, ya que eso sería hacer trampa, y se sorprenderá de la enorme dificultad que conlleva alcanzar un contexto rectangular cualquiera. La razón estriba en que las piezas de este rompecabezas, a diferencia del anterior, son muy poco complejos y tienen funcionalidad singular, son fáciles de conectar, pero por lo mismo hacen del rompecabezas más difícil de realizar porque sus piezas se pueden conectar de muchas maneras diferentes y no sólo de una en virtud de una funcionalidad contextual.

Contextos

En el mundo natural los átomos, por ejemplo, son enormemente multicontextuales ya que pueden ser partes de muchos contextos moleculares diferentes. Del mismo modo los aminoácidos son moléculas multicontextuales para una enorme cantidad de contextos proteicos, pero no todos los aminoácidos posibles sirven para las proteínas biológicas (recordemos que el juego es de sólo 20 aminoácidos). Ahora bien, de acuerdo al principio antes señalado, a medida que vamos subiendo en complejidad veremos que la multicontextualidad empieza a disminuir en proporción inversa.

Cuando llegamos al nivel de complejidad de las proteínas veremos que pocas serán multicontextuales y muchas, como las proteínas reguladoras que se conectan por su coherencia espacial con una específica zona reguladora de un gen específico, son de hecho monocontextuales teniendo así una definida funcionalidad contextual, es decir, para un solo contexto y no sirviendo en absoluto para ningún otro como es el caso de las piezas del rompecabezas 1.

Los rompecabezas también ponen en relieve un principio interesante. Cuando comparamos una pieza del rompecabezas 1 con otra del rompecabezas 2 notaremos que salta a la vista de que el primero es más complejo que el segundo. Sin embargo, para el primero resulta más fácil encontrar cómo conectar las piezas entre sí que en el segundo ya que hablamos de módulos menos multicontextuales y, por lo tanto, que solo se podrá conectar con un reducido o único componente y no con múltiples posibilidades de conexión diferentes.
Ahora reflexionemos, si comparamos el ejemplo de los números con el de los rompecabezas, surge una aparente contradicción que nos va a llevar a una conclusión crucial. En el ejemplo de los números vimos que para conseguir el número requerido, es decir, que sabíamos cual es conociendo el contexto final, resultó más sencillo pedirle a la maquina los números menos complejos posibles, es decir, de un solo dígito. Sin embargo, en el caso del rompecabezas fue al contrario. Aquí no conocíamos el contexto final (el rompecabezas armado). Por ello la solución más fácil resultó ser el rompecabezas con las piezas más complejas porque era más sencillo conectar piezas que te dan pistas a través de su imagen para saber con quién pueden conectarse, que piezas sencillas que no aportan información de conexión por su elevada sencillez y, en consecuencia, elevada capacidad multicontextual.

¿Qué diferencia existe en estos casos que resuelva esta paradoja?

La diferencia está en la manera de encarar dichos problemas. En el primer caso conocíamos el contexto final lo que nos proporcionaba un plan para saber que números y en que posiciones deben estar dispuestos. En el segundo caso no conocíamos el contexto final y por ello carecíamos de un plan que nos indique cómo disponer las piezas para llegar a él. No hay ninguna receta que nos guíe para la fabricación o síntesis de un resultado concreto. Lo que hacemos en el rompecabezas, como se hace en la investigación biomolecular, es solo investigar cómo se conectan los componentes para estudiar o llegar al contexto final (ingeniería inversa), y ello, claro está, es más fácil de hacer con módulos complejos que con componentes extremadamente simples.

¿Qué nos enseña esto?

Nos enseña que todo proceso de síntesis incluida la abiogénesis (aparición de la vida desde precursores no biológicos) es más fácil si existe un plan como lo es en gran medida el ADN para todo ser viviente. Pero todos sabemos que, según el naturalismo, para el caso del origen de la vida no existió ningún plan.

¿Podría la vida haber surgido de modo natural sin ningún plan?

Un camino para resolver esta dificultad sería considerar que el primer ser viviente resultó de una conexión de módulos complejos ya funcionales (evolución modular). Dicho organismo, producto de las complejidades de sus módulos componentes, obtendría así, por ventura, una capacidad de metabolizar y replicarse que lo sitúe en la categoría de ser viviente.

Ahora bien, considerando el principio de multicontextualidad, este aparentemente verosímil escenario se nos malogra al reconocer qué, aún admitiendo que dichos módulos hayan podido formarse (algo que analizaremos más adelante), sus propias grandes complejidades les harían tan poco multicontextuales que la posibilidad de que se ensamblen funcionalmente para producir una estructura funcional viviente resultará fantásticamente lejana.

Estas dificultades, particulares a la coherencia de contexto y al principio de multicontextualidad, exigen para la materialización de un contexto funcional de la presencia necesaria de un plan que organice su disposición en formas y magnitudes precisas no admitiendo, por su gran improbabilidad, la presencia física de conexiones fortuitas y, por lo tanto, constituyen otros contundentes indicadores de diseño.

Próximo post: Convenio de Conexión.

Fuente: Cristian Aguirre. Los Indicadores de Diseño. Capítulo 4. OIACDI 2013

2 Respuestas para Los Indicadores de Diseño. Parte 4. Coherencia de Contexto

  1. He leído los artículos de “Los indicadores de diseño” pero no encuentro referencias de la bibliografía o publicaciones que los fundamenten o respalden. Para el caso que sea respaldada por su autor les suplicaría que me comenten su formación, sus títulos, estudios, trabajos y/o publicaciones. Desde ya les adelanto mi agradecimiento.

  2. Estimado lector, si observa otros post por mis escritos en este blog notará que suelo poner una lista de referencias que conciernen a las citas textuales que allí se presentan. En esta serie he hecho algo diferente al colocar la referencia junto a las citas como podrá notar.

    En cuanto al resto de conceptos e ideas presentadas no preciso de citar a nadie ya que son de mi factura propia, en concreto proceden (incluyendo todas las imágenes menos la de color que es más reciente) de un estudio por mi realizado en 1996 que recién en el 2009 se publicó con el título “Elementos de Estructuras Funcionales” por la OIACDI. Adjunto el enlace a un extracto del mismo donde se expresan estos conceptos de manera matemática. Estos conceptos no están respaldados por ningún académico. No obstante, son lo suficientemente axiomáticos y obvios para sustentarse por sí mismos. Precisamente por dicha razón el titulo de la obra se refiere a estos conceptos como “Elementos” y no como “Teoría”. Si digo que 2+2 son 4 no hace falta que esto lo refrende ningún erudito en matemáticas.

    Salvo el análisis de sensibilidad, el resto de conceptos allí tratados no se encuentran en ninguna otra publicación. En cuanto a esta serie de post, los mismos corresponden a un libro del mismo título de la serie que se publicará una vez termine esta serie.

    Por último, en cuanto a mi formación y titulaciones tengo estudios de Ingeniería Electrónica y también de Ingeniería de Sistemas. Hay quienes consideran que lo más idóneo para tocar la temática de esta controversia es la biología, la bioquímica o la paleontología y qué duda cabe que estas son muy convenientes, pero el punto de vista de la ingeniería tiene una muy importante ventaja; proporciona el punto de vista necesario para evaluar el “coste” que implica generar la complejidad funcional, algo que es difícil de percibir desde otras disciplinas que asumen tácitamente que el costo es “barato” (la vida surge de afortunadas conexiones químicas, los programas se hacen solos, etc) . Un ingeniero sabe bastante bien lo que “cuesta” hacer algo complejo que funcione ya sea esto un artefacto mecánico, electrónico o un programa informático. Por estas razones creo que abordar esta discusión desde el punto de vista de la ingeniería es bastante importante.

    Mis publicaciones sobre estos temas son las siguientes:

    Elementos de Estructuras Funcionales
    ¿Diseñó Dios la vida?
    Darwin frente al DI en coautoría con Mario A. Lopez y Felipe Aizpún
    El origen de la Información Cósmica

    Y el pendiente de publicar que titula esta serie.

    Un cordial saludo

Deje una respuesta

Leer entrada anterior
Los Indicadores de Diseño. Parte 3. Información Compleja Especificada

Transportar objetos o personas de modo inmediato a otro lugar cercano o incluso a un lejano lugar en el otro...

Cerrar