La Forma Biológica como Causa Formal (4)

Felipe Aizpun

Esta idea rectora de que la forma biológica es la resultante de las interacciones celulares con el entorno viene, en el trabajo de Francis, adornada de algunos conceptos tradicionales ya en el lenguaje evolucionista y que sirven habitualmente para enmascarar la falta de explicaciones satisfactorias con sucedáneos retóricos destinados a deslumbrar al lector no especialista (p. 125 y 137):

… la complejidad puede resultar de condiciones iniciales relativamente simples… este orden (de los complejos organismos vivientes) puede resultar de interacciones locales a nivel celular… anticipando los conceptos esenciales de retroalimentación, causación recíproca y auto-organización…

La diferenciación celular, por ejemplo, es un proceso ordenado que resulta de interacciones locales célula a célula. El que una particular célula madre de lugar a células de la pupila o células del músculo cardíaco depende de la historia de tales interacciones.

Pigliucci lo dice también de forma expresa en su artículo (Pigliucci 2011) en el que descarta de manera expresa también la metáfora del genoma como “receta”:

… la imagen de la receta para un pastel tiene poco de recomendable. Por ejemplo, evocar recetas puede llevar a la gente a pensar en el genoma en un manual que describe “paso a paso”, “cómo construir un humano”, de manera que caeríamos en la misma trampa que en el genoma como “blueprint”.

…este no es, definitivamente, el modo como funciona el genoma, con su habilidad para responder a fluctuaciones locales y externas de su entorno.

Pigliucci, nos habla también en Pigliucci 2010 del proceso como del desarrollo de “propiedades emergentes” debido a la interacción de redes genéticas. Y en su más reciente artículo (Pigliucci 2011) nos dice de forma concreta:

Una respuesta que está siendo explorada de forma exitosa es la idea de que la información que hace posible el desarrollo está localizada y es sensible y reactiva a las condiciones del entorno inmediato. En otras palabras, no hay un “blueprint” del organismo sino que cada célula despliega su información genética y ajusta su estatus a señales procedentes de su entorno celular cercano, así como también al entorno más lejano del propio organismo.

Pues bien, estos planteamientos exigen un comentario minucioso. En primer lugar es preciso desenmascarar la excusa de que las influencias del entorno lejano, es decir, los cambios epigenéticos generados como consecuencia de las condiciones exteriores al organismo en desarrollo, cualquiera que sea su capacidad de influir en el proceso, puedan ser exhibidos como una justificación para descartar la hipótesis de la forma biológica como causa formal. Es cierto que tales influencias del entorno pueden condicionar algunas de las características del organismo y determinar algunos parámetros fenotípicos del mismo, como por ejemplo las afecciones experimentadas por efecto de situaciones de hambruna durante el embarazo de la madre, tal como de manera detallada nos justifica Francis en su libro; pero es perfectamente falso que tales constricciones tengan peso alguno en la determinación de la forma biológica del mismo que es lo que buscamos explicar. Descartar la existencia de un programa rector que gobierne el desarrollo en términos de una causación descendente de naturaleza formal alegando que el entorno del organismo en desarrollo puede influir en el mismo es un argumento perfectamente falaz. El entorno exterior al organismo puede condicionar y determinar características accidentales del organismo, pero no las características que determinan su forma esencial.

Pero centrémonos en el argumento principal de la propuesta: básicamente ésta viene a decir que la forma biológica no está determinada por una causación externa de naturaleza formal o lo que es lo mismo, que no debemos buscar en la información prescriptiva que gobierna el proceso de desarrollo un carácter intencional (aboutness) ya que dicho proceso queda suficientemente explicado por el hecho de que las células se comportan en función de su entorno y del lugar y momento específico que ocupan en el proceso de desarrollo embrionario. Es decir, en este discurso, la idea de forma como causa formal viene a ser sustituida de forma directa por la idea de “posición” en el proceso como causa del comportamiento de cada célula. El argumento no es en modo alguno convincente.

Por una parte hay que destacar que la posición de la célula en relación al embrión no puede presentarse como una justificación causal en el sentido estricto del término sino únicamente un condicionamiento o una ocasión para desencadenar el verdadero proceso de causalidad. La diferenciación celular consiste principalmente en el silenciamiento de gran número de genes a menudo consistente en eventos químicos de metilación o añadido de grupos metílicos CH3 a determinadas partes del genoma. Si tales eventos están desencadenados en función de la ubicación de la célula en el embrión lo que procede justificar es el proceso de reconocimiento de la ubicación y la producción de cada respuesta específica así como sus causas; en definitiva, la emergencia de un proceso semiótico de naturaleza formal.

La ubicación espacio-temporal de la célula en el proceso no es la causa sino la circunstancia que desencadena el proceso de causación. Una causa, en relación a un efecto dado, es el evento anterior que produce, de manera necesaria tal efecto. La ubicación no es en sí misma, una circunstancia que determine en términos físico-dinámicos un evento específico de diferenciación celular. Éste es de carácter arbitrario con relación a su ubicación, y se define por las claves formales que gobiernan los procesos de reconocimiento, señalización y producción de respuestas específicas. Esta reflexión es perfectamente consistente con el hecho conocido de que la ubicación condiciona el destino de la célula, demostrado perfectamente en ejemplos de cambio de ubicación provocada en estadios tempranos del proceso de desarrollo.

Resulta notable en qué manera se produce en el discurso de Pigliucci lo que en otro artículo hemos definido como su “discreta inconsistencia”; en este caso, en relación al valor asignado por él a los argumentos y perspectivas empiristas del filósofo británico David Hume. En su artículo Pigliucci 2011, no duda en ampararse en las reflexiones de Hume para considerar que las mismas suponen una crítica “devastadora” para las tradicionales inferencias de diseño en la Naturaleza, anticipándose incluso en el tiempo a las conclusiones de la “Teología Natural” de Paley. No voy a extenderme sobre ello; simplemente mencionar que la incorrecta y obsoleta epistemología de Hume, tal como ha sido explicado hasta la saciedad hace que su crítica al DI participe en definitiva del error esencial que impregna toda su teoría en torno a la causalidad. Dicho error le lleva a no aceptar el principio de causalidad en último extremo por el hecho de que la relación de causalidad entre dos eventos, no es un dato realmente perceptible por la experiencia sensible. Pues bien, adoptar una postura tal para criticar la legitimidad de las inferencias de diseño no es compatible con descartar la inferencia de una causa formal alegando que las interacciones celulares y la ubicación de cada célula en el proceso resultan ser una explicación causal suficiente del evento de diferenciación celular.

Como hemos dicho, no existe una conexión de necesidad físico-dinámica de tipo causa-efecto entre la ubicación de la célula y su específica opción de diferenciación biológica y no la hay ni por el lado de la experiencia ni por el lado de la razón. Como diría Hume, ambas ideas, la de la ubicación de la célula y la de los eventos de diferenciación que ésta experimenta, son perfectamente separables y por lo tanto puede la una ser perfectamente pensada sin la otra. Recordando a Schopenhauer en todo caso, es evidente que si identificamos el proceso de diferenciación celular como una “de esas cosas que son”, no podemos ni mucho menos pretender que la ubicación celular es la respuesta suficiente a la búsqueda del “porqué son”. En términos de la lógica del discurso humeano en definitiva, la posición de Pigliucci más que inconsistente resulta perfectamente contradictoria.

Pero hay más; la solución de la ubicación de la célula en el proceso como justificación de causalidad no tiene valor alguno para resolver el enigma que buscamos explicar, el enigma de la emergencia de la forma biológica en el proceso de ontogenia. Admitamos por un momento, y solo por mor de la argumentación, que hubiésemos descifrado una forma de causación genotipo-fenotipo suficientemente consistente para explicar los eventos de la diferenciación celular, y ello al margen de las inferencias de causalidad última que tal descubrimiento pudiera suscitar. Lo que habríamos desvelado sería el evento particular de diferenciación célula a célula, pero nunca el enigma de la forma biológica entendida como un todo complejo y perfectamente organizado. Podemos establecer la razón de la diferenciación celular de cada una de los miles de millones de células que componen un organismo en función de su ubicación en el proceso de desarrollo, pero cada acto de justificación será siempre un acto aislado de explicación de un concreto evento de diferenciación que nada nos dirá con relación a la producción final en su conjunto del organismo como un todo, lo que implica una superior jerarquía de causalidad que engloba y determina los episodios causales de nivel inferior. Al final, la interpretación kantiana del proceso como una causación recíproca entre el todo y las partes resulta imposible de acomodar en una perspectiva reduccionista como la que aplica el paradigma naturalista tradicional. Explicar o describir el proceso de diferenciación celular es algo perfectamente distinto de justificar la emergencia de la forma biológica como un todo.

Lo que queremos explicar no es cada acto de diferenciación en sí mismo sino la razón de causalidad que permite alcanzar, a través de eventos independientes de diferenciación celular, un todo perfectamente armónico y ordenado. Porque si no, lo que estamos haciendo al pretender que la forma es sólo la resultante de la suma de eventos de diferenciación celular es lo mismo que hacíamos al pretender explicar el David de Miguel Ángel únicamente como el producto exclusivo de la suma de golpes de cincel del escultor sobre la piedra. Lo que queremos explicar es la razón de funcionalidad y dependencia armónica entre los diferentes eventos de crecimiento y diferenciación que llevan a la conformación del organismo como un todo y la manera en que tal proceso es gobernado y orientado a un fin.

Como veíamos anteriormente, Francis se suma a la excéntrica propuesta de Oyama en el sentido de que la información que emana de cada forma biológica no precede a la formación del organismo sino que va surgiendo a medida que tiene lugar el proceso de desarrollo. Una afirmación de esta naturaleza equivale a decir que la información y por tanto el significado de un soneto no precede al acto de escribir sino que va emergiendo a medida que el poeta lo plasma sobre el papel; o que la idea musical recogida en una partitura no es un acto de la inteligencia creadora del compositor que precede y prescribe la transcripción de la melodía sobre el pentagrama sino que es el propio acto de transcripción el que hace nacer el valor y significado de la música.

La inferencia de diseño es una explicación razonable y racionalmente consistente. El diseño implica la existencia de la forma como ideación previa en la mente de un diseñador inteligente que, actuando como referencia para el carácter intencional de la información biológica (genética y epigenética) de carácter prescriptivo se proyecta como finalidad del proceso de formación del organismo, mediante eventos de regulación y controles cibernéticos gobernados por procesos semióticos de reconocimiento de señales y respuestas. Frente a esta propuesta, la negación dogmática y gratuita de la inferencia de diseño no deja de ser una solemne petición de principio que no puede ser admitida en el discurso racional.

2 Respuestas para La Forma Biológica como Causa Formal (4)

  1. Felipe

    Me parece que por el lado “fisicalista” ya se le han dado suficientes vueltas como para saber que no son suficientes sus argumentos para explicar la complejidad de la vida.

    A manera de ejemplo y como posible vía alternativa, deberían considerarse estudios como este y su posible causalidad, de hecho, en todo el universo:

    http://www.massgeneral.org/about/pressrelease.aspx?id=1329

  2. Muy interesante, gracias por el Link, Arturo.
    Lo que resulta relevante es que aceptemos que nuestro desconocimeinto de los seceretos de la vida y de los seres vivos en el ámbito científico es todavía enorme y que sólo a medida de que la investigación vaya avanzando podremos empezar a proponer teorías con garantías sobre el origen y las causas de todo lo que somos.
    También es importante que entendemos que cualquier aproximación científica debe de estar acompañada de una adecuada ontología.

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