La Evolución vista desde el siglo XXI (7)

Felipe Aizpún

Una de las facetas más decepcionantes del libro de Shapiro es su tratamiento del problema de la información genética, su naturaleza, su origen y las implicaciones filosóficas que lleva consigo. Es cierto que Shapiro, tanto en la presentación de su libro como en su contenido hace mención a la necesidad de incorporar a la biología del siglo XXI una perspectiva, así como herramientas conceptuales propias de la ciencia de la información; sin embargo estos avisos no son adecuadamente desarrollados ni justificados en el texto del mismo. No hay una referencia al carácter y la naturaleza de la información genética. No nos aclara si nos está hablando de la información en el sentido tradicional y falto de contenido semántico propio de la teoría de la información de Shannon o si le adscribe un carácter funcional al estilo de la información prescriptiva de Abel. Y sobre todo no aborda ni de refilón el problema esencial, el del origen de la información biológica (es decir, la generación de las secuencias genéticas con valor semántico) que permite prescribir las nuevas formas biológicas a lo largo de un hipotético proceso de transformación de los organismos vivientes. El problema del origen de la información biológica, y su imposible justificación en términos estrictamente naturalistas, no lo olvidemos, fue exhaustivamente tratado por Stephen Meyer en su monumental “Signature in the Cell”. Shapiro no se da por aludido.

Otra perspectiva que Shapiro declina comentar en absoluto es la de la semiótica de la vida. Sabemos que muchas funciones biológicas son desempeñadas mediante procesos de naturaleza semiótica que implican correspondencias arbitrarias entre mundos inconexos que no están determinadas por relaciones físico-químicas, siendo la más conocida de estas relaciones la que denominamos código genético y establece la conexión entre las secuencias de nucleótidos del ADN y los aminoácidos en la síntesis de las proteínas. Sabemos además que existen una variedad más de funciones que pueden ser descritas igualmente según las características propias de códigos de idéntica naturaleza formal. Marcello Barbieri, en su libro “The Organic Codes” da cuenta de hasta cerca de 20 códigos orgánicos diferentes.

Sabemos también, y el propio Shapiro lo menciona abundantemente, que muchos de los procesos están sometidos a tareas de reconocimiento de señales que desencadenan respuestas específicas, lo que habría perfectamente dado pie a Shapiro para explicarnos sus impresiones sobre este tipo de “invenciones” evolutivas. Por último, sabemos también que junto a la existencia de códigos podemos señalar también la proliferación de “memorias” genéticas tal como nos ha explicado abundantemente Marcello Barbieri, el más entusiasta promotor de la perspectiva semiótica en el estudio de los organismos vivos. Estas memorias se refieren por ejemplo a la capacidad de las células para identificar o limitar sus opciones funcionales en el tiempo, consolidando así la diferenciación celular propia de todo proceso de desarrollo embrionario. Shapiro, parece así desentenderse, en un libro que se nos ofrece como una guía para dar a conocer las conquistas de la ciencia biológica en el pasado siglo y los retos para el siglo XXI en el que ya nos encontramos inmersos, de algunos de los más importantes desafíos pendientes de resolver; y entre ellos sin duda, una justificación en términos de causalidad de los sistemas semióticos resulta inevitable. No basta con poner de relieve como hace acertadamente Shapiro el carácter cognitivo y sintiente del comportamiento de los organismos celulares carentes (no lo olvidemos) de sistemas neurológicos y facultades psicológicas; además es preciso ofrecer una explicación de tan maravilloso comportamiento perfectamente orientado a fines. De momento lo único que Shapiro nos dice al respecto es que “tenemos mucho que aprender” (pág 147). No podríamos estar más de acuerdo.

Otro punto que ha llamado mi atención en este libro ha sido la escasa mención que hace Shapiro a los argumentos de los autores del movimiento del DI. Podría pensarse que un análisis tal no es imprescindible en un tratado de biología. Sin embargo, tanto el hecho de que Shapiro se haya postulado abiertamente en la presentación de su libro como una tercera vía entre el darwinismo y el DI así como las críticas abiertas en otros de sus trabajos a tales perspectivas filosóficas hacía pensar que sus argumentos deberían de haberse concretado. Si uno quiere presentar sus credenciales frente al DI como una solución explicativa (se entiende, en términos de causalidad) de un determinado fenómeno, habría sido lógico tratar de desbancar los argumentos de la alternativa discutida. No cabe duda que a lo largo del libro Shapiro se postula abiertamente como una alternativa científica al paradigma darwinista tradicional. Pero por lo que se refiere a la exposición de sus méritos para desbancar los argumentos del Diseño Inteligente, el silencio de Shapiro resulta atronador. Un dato: ni en el glosario de términos ni en el índice de materias aparece el concepto de Diseño Inteligente como referencia a identificar o explicar en el texto del libro.

Esta tibieza de Shapiro con relación al DI puede que no sea ajena al hecho de que, en definitiva, las críticas de Shapiro al modelo darwinista prevalente entre los científicos no hace sino recoger y adoptar muchos de los elementos de crítica esgrimidos durante décadas precisamente por los científicos afines al movimiento del DI. En cualquier caso, esta tibieza le ha valido también las primeras críticas desde las filas ortodoxas divulgadas en un blog afín al darwinismo.

El autor de la reseña nos ofrece su indisimulada incomodidad frente al nuevo libro. Critica en especial su falta de compromiso filosófico y su reivindicación de una perspectiva teleológica que no termina de concretar en su significado último y en su alcance. Eso hace que sus correligionarios del campo naturalista puedan cebarse en su indefinición y aplicarle el terrible epíteto de “aristotélico”, en sentido obviamente peyorativo, y acusarlo de haber regresado al siglo XVI más que avanzarse en la visión futurista del siglo XXI en torno a la evolución. Esta regresión quedaría justificada por la supuesta vuelta atrás de las conquistas intelectuales del mecanicismo, encarnado en este caso por Bacon y su proclamación de la inutilidad del estudio de las causas finales para la ciencia. No cabe duda de que el reconocimiento en los organismos vivos de una evidente finalidad inmanente es una concesión de reminiscencias no sólo aristotélicas sino innegablemente también kantianas como el autor de la reseña reconoce en otro momento. Pero pretender que las perspectivas teleológicas han quedado vedadas para la indagación racional es un insulto inadmisible a la inteligencia del lector. Por el contrario, una correcta comprensión del sentido de tales perspectivas a la luz precisamente del filósofo que mayor atención dedicó en su tiempo a la significación filosófica atribuible al hecho innegable de la finalidad intrínseca de los seres vivos (y me estoy refiriendo precisamente al genial Inmanuel Kant) se hace imprescindible y nos dará pie a próximos comentarios.

Entretanto un último apunte: A lo largo de su libro Shapiro va describiendo los elementos esenciales y las claves para entender un hipotético proceso evolutivo a la luz del conocimiento científico más actual. Interpretaciones teleológicas aparte y especulaciones arbitrarias dejadas de lado, algunos datos parecen estar suficientemente bien fundados en un pléyade de observaciones y trabajos científicos coincidentes. Básicamente los elementos principales del proceso serían los siguientes.

* Un proceso claramente saltacional y no un proceso gradualista

* Un proceso caracterizado por las significativas diferencias en los genomas de los organismos de distintos niveles taxonómicos y que presentan modificaciones no descriptibles como acumulación de errores sino como profundas transformaciones y reorganizaciones.

* Una necesaria visión sistémica es reivindicada que se deriva de la comprensión de que el genoma no es una acumulación de secuencias independientes, los genes (como si fueran las cuentas de un collar), sino un programa complejo y armonioso gestionado a distintos niveles de información jerarquizada.

* Los procesos de extinción o “radiación” de las distintas especies emergidas en el tiempo y que constituyen la historia del proceso evolutivo, irían asociados probablemente a profundos cambios ambientales y significativas distorsiones ecológicas.

* -reivindica un mayor reconocimiento para el papel que los virus pudieran haber tenido, como recipientes y transmisores de información genética funcional, en la conformación de los genomas de los organismos superiores.

Pues bien, para aquellos que quieran tomarse la molestia de verificarlo todas estas notas distintivas están perfectamente recogidas en los artículos que entre 1995 aproximadamente y 2009 ha venido ofreciendo el profesor (ahora retirado) de nuestra Universidad Autónoma de Madrid, Máximo Sandín. Nada nuevo bajo el sol. Si acaso, el hecho de que la pertinaz resistencia del establishment (anclado en la ortodoxia darwinista) a asumir los datos de la ciencia empieza a ceder posiciones frente a la acometida inexpugnable de la tozuda realidad.

Una Respuesta para La Evolución vista desde el siglo XXI (7)

  1. Si me permites un apunte kantiano: Kant, en un breve ensayo (Sobre el fracaso de todo ensayo filosófico en la Teodicea), en que postula la incapacidad de la Filosofía para encontrar una justificación racional al problema del mal querido o consentido por un Creador supuestamente omnipotente e infinitamente bueno, distingue entre Sabiduría y técnica. La primera contiene la cualidad de concordar con el bien supremo en cuanto que fin último de todas las cosas. La segunda hace referencia a la capacidad de utilizar los medios apropiados para cualesquiera fines. Y añade que “la técnica puede ser también considerada sabiduría cuando se muestra adecuada a ideas cuya posibilidad sobrepasa toda evidencia de la razón humana –por ejemplo, cuando los medios y los fines se producen mutuamente como en los cuerpos orgánicos-, es decir, cuando se presenta como técnica divina.” “La teleología (y merced a ella la teología física) extrae de la experiencia abundantes pruebas de esta sabiduría técnica.”

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