La Evolución vista desde el siglo XXI (3)

Felipe Aizpún

En un artículo de Elizabeth Pennisi titulado “Is Evolution predictable?”, la revista Science se hacía eco el pasado 17 de Agosto de un trabajo llevado a cabo por investigadores de la Rockefeller University de Nueva York sobre poblaciones de un pequeño gusano conocido como Caenorhabditis elegans del filum de los nematodos. Es el caso que este pequeño animalito, en condiciones normales presenta un ciclo de vida relativamente corto; madura en unos tres días, se reproduce y su ciclo vital termina en un par de semanas. Sin embargo, sometido a condiciones ambientales especialmente adversas, la larva cae en un estado durmiente o de inhibición pudiendo permanecer varios meses en este estado, falto de alimento, antes de adquirir un estado adulto. Este tipo de reacción se produce por falta de alimento, en temperaturas inconvenientemente bajas o en situaciones de superpoblación. Las situaciones de superpoblación vienen asociadas normalmente en la Naturaleza a escasez de alimento y los gusanitos en cuestión son capaces de detectarlas debido a su capacidad para percibir los olores químicos procedentes de ciertas sustancias secretadas por sus compañeros llamadas feromonas. Las feromonas son sustancias químicas secretadas por los seres vivos susceptibles de provocar comportamientos específicos en otros individuos de la misma u otra especie. Se comportan como un medio de transmisión de señales cuyas principales ventajas son el alcance a distancia y el poder sortear obstáculos, puesto que son arrastradas por las corrientes de aire.

El caso es que el equipo de investigación mencionado comprobó un comportamiento anómalo en poblaciones de gusanos que habían sido cultivadas durante años bajo control en laboratorio en el sentido de que, a pesar de la superpoblación de su hábitat, con el tiempo habían dejado de caer en estado de inhibición y se habían habituado de nuevo al ritmo de desarrollo y reproducción rápido propio de sus condiciones normales de vida. Un estudio genético permitió verificar que se había producido en la población una modificación en su genoma muy significativa. En concreto se había producido una deleción (desaparición) de dos genes, cuya función era primordialmente la detección de las mencionadas feromonas. Esta alteración se consideraba una respuesta del organismo a la situación producida por la abundancia de alimentos en cautividad, a pesar del régimen forzoso de vida en comunidad y superpoblación.

Pero lo más llamativo del caso es que los investigadores prosiguieron sus indagaciones hasta el punto de conocer que en otras dos poblaciones de nematodos, más o menos cercanas en la clasificación taxonómica correspondiente, en otros ámbitos de cultivo y estudio, se había podido verificar el mismo comportamiento, y realizadas las investigaciones pertinentes, se pudo comprobar que en ambos casos se había producido una respuesta similar, es decir, la pérdida de los genes correspondientes a la función señalada.

Los investigadores no pudieron dejar de manifestar en su trabajo su “sorpresa” (cómo no!) por tan singular hallazgo y concluir que, de seguir así las cosas, habría que “abrir los ojos a un nuevo modo de cómo se produce la evolución”. Desde luego nunca es tarde si la dicha es buena.

Lo más “sorprendente” (por supuesto desde la perspectiva naturalista oficial), nos reporta el artículo en cuestión, es que si bien en el proceso de inhibición de la larva intervienen aproximadamente unos 100 genes diferentes, la deleción se había producido justamente en aquellos genes que no podían ocasionar ninguna alteración suplementaria en las funciones biológicas del animalito.

Nos encontramos por lo tanto ante un estudio que ejemplifica perfectamente los criterios del modelo de interpretación del proceso evolutivo que nos propone Shapiro en su libro.

1. No se trata de propiamente una mutación, a pesar de que así la define equivocadamente la articulista, ya que no nos encontramos ante errores en la copia de las secuencias de bases de un gen, sino de la desaparición íntegra de dos secuencias genéticas completas. No es por lo tanto un evento gradualista alcanzado por acumulación de accidentes.

2. No se trata de un hecho fortuito sino de una respuesta específica a un cambio concreto en el entorno. El hecho de que la misma alteración se haya producido en poblaciones perfectamente desconectadas y en poblaciones pertenecientes a familias diferentes de nematodos que divergieron evolutivamente (se estima) hace unos 20 millones de años, nos presenta el evento no como una ocurrencia casual sino como una respuesta quizás “programada” que se correspondería con la metáfora de la ingeniería natural reivindicada por Shapiro.

3. Igualmente reivindicadora de dicha metáfora es el mecanismo concreto de modificación del genoma, la deleción de dos genes completos. Si bien la deleción se considera una anomalía estructural cromosómica, la posibilidad de deleciones finalistas, encaminadas a mejorar la dinámica de supervivencia y reproducción como en este caso, encajarían en el supuesto de mecanismos de ingeniería genética utilizados por las células de los organismos vivos para modificar su propio genoma. Es importante resaltar que no se trata de un hecho evolutivo en el sentido de que suponga la emergencia de información novedosa alguna o aparición de funciones biológicas anteriormente inexistentes, sino de la pérdida de información genética capaz de producir una ventaja adaptativa.

4. El genoma del animal estudiado habría quedado alterado como respuesta a un cambio ambiental, tal como preconiza Shapiro al reclamar una nueva concepción del genoma, no como una base informacional para su lectura e interpretación únicamente, sin como una memoria capaz de ser leída pero también modificada de acuerdo con mecanismos de respuesta de naturaleza finalista presentes en los organismos vivos.

Este significativo ejemplo pone de relieve la continua disconformidad de las investigaciones científicas con el discurso darwinista preconcebido que preside y orienta la labor de los investigadores. Es lógico por lo tanto, que los resultados de los trabajos acometidos produzcan, permanentemente, situaciones de perplejidad al encontrarse cosas bien diferentes de las que dicta la ortodoxia. De nuevo, lo científicos implicados en este estudio, (nos reporta la articulista), se muestran desconcertados ante los descubrimientos.

“Lo que me sorprende es que las estrategias que han evolucionado sean tan similares, cuando los organismos han estado separados tanto tiempo” dice Jon Clardy, un químico de la Harvard Medichal School de Boston que no ha participado en el trabajo.

“Es un estudio sorprendente” añade Patrick Phillips, genetista evolutivo de la Universidad de Oregon que tampoco ha participado en el trabajo, “uno habría predicho que hubiera muchos modos de romper el sistema, pero sólo alguno puede hacerlo sin afectar a otras partes del organismo”.

“El estudio podría apuntar hacia una regla general” añade Phillips, “que la evolución tiende a descartar genes cuya pérdida no tenga más amplios efectos, una idea que está ganando terreno poco a poco”

En definitiva, ahora parece que “la evolución” estaría produciendo directamente soluciones óptimas, no como consecuencia de la selección natural actuando sobre variaciones irrelevantes desde el punto de vista funcional, sino que quizás, estaríamos asistiendo a la producción directa de las variaciones más provechosas para el organismo, ahorrándole así a la selección natural, la mayor parte de su tarea. La posibilidad de que “la evolución” se guíe por “reglas” de optimización de las variaciones experimentadas por los organismos es un auténtico dislate en el marco de un discurso puramente naturalista, la sospecha de una teleología con profundas repercusiones filosóficas se hace presente de manera inevitable. Y es que, como cualquier lector avezado habrá comprendido “la evolución” no existe, no es un agente ni una fuerza, no es un principio causal de nada si no la abstracción que hacemos de un hecho acontecido; un hecho del que, precisamente, lo que queremos es conocer sus causas.

Pero es que además, lo que urge poner de manifiesto es, al igual que en el libro de Shapiro y tal como lo hemos comentado hace pocos días, la utilización inapropiada del término evolución y del verbo evolucionar por parte de los profesionales citados. No hay en el mencionado experimento ningún evento que pueda propiamente definirse como “evolución”. Si lo que pretendemos mediante la teoría de la evolución es dar cuenta de la generación y emergencia en la Naturaleza de las novedades morfológicas que han ido apareciendo a lo largo de los tiempos hasta configurar los animales superiores y entre ellos el ser humano, este tipo de episodios tienen muy poco o nada que aportar al conocimiento de dicho proceso. Las reacciones de adaptación a un entorno cambiante son fascinantes y dignas de la mayor atención. Pretender que dichos mecanismos de transformación funcional o del genoma de los organismos puede ser extrapolado a la generación de las nuevas y complejas formas biológicas que conocemos es una extrapolación arbitraria y carente de rigor científico alguno.

4 Respuestas para La Evolución vista desde el siglo XXI (3)

  1. Este ejemplo de finalismo, pues, se suma a los de la ingeniería “natural” que se experimentan en la Arabidosis, en el lino, o en levaduras. Y además de esos ejemplos que conozco debe haber más. Pero ni aunque a un darwinista se le presenten mil ejemplos más de estos, tenemos bajo la puerta, la visión de los pies de los biólogos cuánticos (evolucionistas, claro), y de Punset, entrevistándolos. Todos exclamando al unísono con reverencia ¡que cosas tan maravillosas ha producido la selección natural! ¡fenómenos de entrelazamiento cuántico en los ojos de las aves migradoras! ¡fenómenos cuánticos en la captación de la luz en la función clorofílica! ¡información cuántica produciendo la reparación de las hebras de ADN cuando ambos cabos están rotos!.
    (Aunque para mí tanta cuántica me parece algo así como formas sustanciales organizando los materiales para conseguir los objetivos del diseñador o sea, in-formando)

    Todo ello “naturalmente” explicado por el “hecho” de los multiversos.

    Yo, un creata, o sea un marginal de la ciencia materialista, sí que me maravillo siguiendo tales desvaríos y doy gracias al diseñador por permitir que haya tantos y tantos eruditos naturalistas sintiéndose tan satisfechos de ser ateos/nihilistas. Y más que habrá de esos bienaventurados dado que Dawkins acaba (aparte de pagar los famosos autobuses ateos animando a disfrutar de la vida con lo que a cada uno le apetezca) de sacar a la luz una nueva historia del hecho evolutivo dedicada a los niños de buena voluntad: The Magic of Reality. A saber cuantos saqueadores podrá producir su trabajo divulgativo en un futuro, Dawkins quizá no lo vea, pero los del mes pasado no han ido tan mal (dicen que no había muchos creatas cristianos, musulmanes o judíos prendiendo fuego a todo, o apedreando viejos que trataban de sofocar los incendios, etc.)

  2. La verdad, no he leído el libro de Shapiro. Pero hay que recordar que el darwinismo no solo es mutación génica unipuntual, al azar. También pueden ser mutaciones cromosómicas estructurales, y una deleción lo es.
    Además, el darwinismo viene defendiendo 2 fuentes básicas de variación: la mutación génica propiamente dicha, y la recombinación meiótica, con el entrecruzamiento entre segmentos cromosómicos. Después actúa la selección natural. Pero como dice Javier Sampedro en su libro Deconstruyendo a Darwin, el darwinismo más puro, debe aceptar mecanismos de cambio genético cuales quiera que sean, si el cambio del fenotipo es gradual. Da igual si para que crezca un milímetro el diente de un tigre hay que partir mil veces el genoma. Eso es gradualismo.

  3. Manuel,
    En realidad la esencia del darwinismo no puede estribar en mecanismos de cambio que Darwin desconocía por completo. Lo que es esencial al darwinismo de Darwin y al de sus seguidores neo-darwinistas contemporáneos es la atribución del proceso evolutivo a variaciones sobrevenidas por azar y filtradas por la selección natural. Tal como Darwin inequívoca y firmemente sostuvo siempre el gradualismo imperceptible es una característica irrenunciable del modelo.
    El argumento fundamental del libro de Shapiro es que tal modelo es totalmente contradictorio con las observaciones y la experiencia obtenida de la investigación científica

  4. Solo digo que la ortodoxia darwinista, el modelo imperante,, etc siempre ha sostenido que la selección natural es la fuerza evolutiva, que se sirve de fenotipos con variaciones proporcionadas por cambios genéticos de tipo mutación génica, y de otros fenómenos como la recombinación. Darwin no sabía nada de recombinación, pero tampoco de cambio de un nucleótido por otro al azar. Lo que si pensaba es que el cambio del organismo era gradual y ciego.
    Un organismo que se adapte por deleción de unos genes, y luego sea filtrado por selección natural, tiene pinta de estar bajo el modelo darwinista, siempre y cuando la deleción no produzca un fenotipo absolutamente novedoso y saltacionista (eos ya no sería darwinismo)

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