La discreta inconsistencia de Pigliucci

Felipe Aizpun

Massimo Pigliucci es, sin lugar a dudas, uno de los más interesantes intelectuales contemporáneos por lo que al debate sobre el evolucionismo se refiere. Su completa formación le acredita como una voz enormemente consistente y su personalidad independiente le convierte en una referencia obligada, lejos del dogmatismo impositivo de algunos de los autores evolucionistas más conspicuos. Pigliucci es Doctor en genética por la Universidad de Ferrara y titulado en botánica por la Universidad de Connecticut y en filosofía de la ciencia por la Universidad de Tennessee. Es autor de gran cantidad de publicaciones y mantiene el muy interesante blog Rationally Speaking en el que se despacha con gran visión y criterio sobre temas de actualidad de contenido filosófico y científico.

Pigliucci es un hombre de profundas convicciones materialistas, ha sido un vigoroso combatiente de lo que él considera todo tipo de “creencias irracionales” entre las que incluye (como corresponde a su enraizada fe materialista) las convicciones religiosas y en especial toda forma de creacionismo así como las propuestas del movimiento del Diseño Inteligente. Sin embargo y a pesar de lo profundo de sus convicciones Pigliucci es un hombre cuyo discurso resulta enormemente pragmático y nada exento de buen juicio y sentido común, hasta el punto de que no duda en discrepar abiertamente de algunos planteamientos que sus correligionarios abrazan con decisión, con independencia de su falta de sustento en la evidencia verdaderamente científica. Veamos cómo él mismo nos lo explicaba recientemente:

Desde hace algún tiempo he venido notando la emergencia de una extraña trinidad de creencias entre mis compañeros librepensadores y escépticos: un número creciente de entre ellos, parece ser, no creen poder tomar decisiones (el debate sobre el libre albedrío), no creen tener responsabilidad moral (porque no tienen libre albedrío o porque toda moralidad es relativa, elijan ustedes mismos) y ni siquiera creen existir como seres conscientes porque la consciencia no es sino una ilusión.

Pigliucci ha contestado ardorosamente la falta de sustento de este tipo de propuestas, sin considerar que es precisamente el credo materialista de sus compañeros el que impone la coherencia de este tipo de conclusiones, tal como las han defendido autores como Provine o Coyne. Esta aparente contradicción entre los prejuicios metafísicos de Pigliucci, tan firmemente asentados por otra parte, y sus ataques de sensatez y buen juicio que le apartan de defender de forma dogmática planteamientos que desafían la más cotidiana evidencia es lo que ha llevado a decir recientemente a un famoso proponente del Diseño Inteligente que a pesar de todo, sentía una gran afición a los trabajos de Pigliucci, precisamente por su evidente inconsistencia.

Pero la “inconsistencia” de Pigliucci no se refiere únicamente a los temas más próximos a la psicología evolutiva o la neurociencia más “moderna”. También en el campo de la biología, sus críticas al paradigma científico dominante junto a su defensa persistente de las esencias del darwinismo tradicional rechinan por su aparente contradicción. Recientemente nos ha dejado, a propósito de este debate, alguna perla que vale la pena recoger:

Yo, simplemente, no me trago la idea de Dan Dennett de que el Darwinismo (que, por supuesto, no es una teoría científica sino una posición filosófica-ideológica) es un “ácido universal”…

…Theodosius Dobzhansky, uno de los padres de la teoría moderna de la evolución, como es bien conocido dijo que nada tiene sentido en biología excepto a la luz de la evolución. El problema es que Dobzhansky escribía para una audiencia de profesores de ciencia de educación secundaria y su sentencia es claramente falsa como un somero recorrido por la historia de la biología deja claro. Por ejemplo, los biólogos especializados en embriología han desarrollado investigaciones muy fructíferas a lo largo de los siglos XIX y XX al margen de Darwin. Y los biólogos moleculares han realizado espectaculares progresos desde los años 50 hasta el inicio del siglo XXI también completamente al margen de la evolución…

…el culpable es Richard Dawkins, quien propuso la famosa idea de los memes en su popular libro de 1976 “El Gen egoísta”… como ha resultado al final, la memética (defendida calurosamente por Dennett como una teoría general de la evolución cultural) ha fracasado abismalmente…

Pigliucci es especialmente conocido por sus esfuerzos por impulsar el concepto de “extended synthesis” es decir, la idea de que la teoría neo-darwinista tradicional resultaba perfectamente insuficiente para integrar los modernos conocimientos de la biología reciente y que por tanto resultaba imprescindible un esfuerzo de “extensión” conceptual de la misma para incorporar la ciencia más avanzada. Promotor de la famosa reunión de los 16 de Altenberg en 2009 y editor del libro “The Extended Synthesis” que recogía las propuestas de los participantes en dicho encuentro, Pigliucci ha defendido siempre que las modificaciones que precisa la teoría no suponen necesariamente un desafío al contenido esencial del modelo. Pero sus argumentos en este sentido revelan de nuevo el difícil equilibrio (o la discreta inconsistencia, si así lo prefieren) entre sus prejuicios y las conclusiones científicas por él mismo proclamadas.

En su artículo “Extended Synthesis: Theory Expansion or Alternative” se ocupa de las críticas a su postura conciliadora provenientes de diferentes autores y en concreto de las procedentes de Lindsay Craig quien, exhibiendo como arma arrojadiza la absoluta incapacidad del modelo darwinista tradicional para encajar los conocimientos modernos en biología del desarrollo (Evo-Devo) exige el reconocimiento de la necesidad de formular un modelo alternativo. En realidad los trabajos publicados por Pigliucci en su “The Extended Synthesis” y especialmente algunos de ellos como el firmado por Jablonka y Lamb reconocen la crisis del modelo ante la falta de consistencia de sus postulados fundamentales, tales como el carácter fortuito de las variaciones, el papel rector de la selección natural en el modelo, su carácter equivocadamente gen-centrista, el desconocimiento de la embriología más elemental, el desconocimiento de la epigenética, la falta de una visión sistémica y organísmica de los seres vivos etc. etc.

Cabe preguntarse por lo tanto, que es exactamente lo que hace a Pigliucci defender ardientemente la permanencia del modelo tradicional, o mejor dicho, cuáles son los rasgos definitorios del paradigma que en opinión del filósofo-biólogo italoamericano permanecen enhiestos. En realidad, de la lectura de los trabajos de Pigliucci la respuesta no resulta ni mucho menos evidente. En especial si tenemos en cuenta su acertado diagnóstico de la situación en los párrafos finales del mencionado artículo donde viene a conceder la falta de un modelo explicativo unitario a los diferentes desafíos a los que la biología contemporánea se tiene que enfrentar. Tenemos ahora, nos dice Pigliucci, una teoría más “plural” que incluye más factores e interacciones de las que se reconocían en la teoría tradicional y con más capacidad explicativa.

El problema, es que la mayor cantidad de datos y teorías parciales sobre datos diversos nos aleja de la existencia de una auténtica teoría científica al estilo de como las definiera Thomas Kuhn; una vez más los intentos de constreñir los datos de la Naturaleza en nuestros simplistas esquemas preconcebidos ha fracasado. Encontrar una definición verdaderamente científica que englobe todos los datos conocidos se va poco a poco convirtiendo en una utopía. Quizás la respuesta a la intención de Pigliucci de defender la consistencia del modelo tradicional la encontramos en otro de sus trabajos “Why machine-Information Metaphors are bad for Science”. En él Pigliucci defiende la idea de que las inferencias de diseño, tan reconocidamente clamorosas en la Naturaleza, quedaron definitivamente “devastadas” primero, por los argumentos escépticos de David Hume, y definitivamente por la teoría de la selección natural de Darwin. He aquí por lo tanto el papel esencial del darwinismo en el concierto actual, sustentar que la apariencia inevitable de diseño en la Naturaleza no es otra cosa que una ilusión, un espejismo; lo mismo que ya proclamara Francisco Ayala en su famoso artículo de 2007 “Design without Designer”.

El problema es que tal como estableciera en su momento Karl Popper y tal como Pigliucci reconocía abiertamente en el párrafo transcrito más arriba, el darwinismo de Darwin (si se me permite la puntualización) estaba muy lejos de constituir una teoría realmente científica, dado su desconocimiento profundo de la biología y la genética. Se trataba por el contrario de una postura ideológica y filosófica que pugnaba por hacer verosímil la idea de la explicación fortuita del diseño y complejidad inherentes a los organismos vivientes. Como Popper explicara con evidente claridad, el darwinismo no fue en sus orígenes sino un marco metafísico capaz de amparar posteriores teorías científicas que sólo adquirieron un estatus adecuado a lo largo de las primeras décadas del siglo XX a la luz del avance en el conocimiento de la realidad de la biología.

Pero si las teorías científicas que se fueron acomodando al marco metafísico rector del proceso, siguiendo dogmáticamente el “dictum” de Dobzhansky han resultado incapaces de acomodarse a los nuevos datos que la ciencia ha venido desvelando en los últimos años, entonces, el modelo ideológico de un proceso evolutivo regido por la selección natural como teoría de la causación, carente de sustento científico y evidencia empírica que lo ampare se desploma.

No podemos, amigo Pigliucci, socavar los cimientos de una teoría científica que se difumina por su falta de rigor y capacidad explicativa y ensalzar a pesar de todo, las consecuencias metafísicas de la misma elevándolas al rango de axiomas teóricos inamovibles. La coherencia es una cualidad imprescindible del discurso. La brillantez de nuestros más valiosos pensadores no les exime de la obligación de respetarla.

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