Juan Arana, Antony Flew y el Diseño Inteligente (2)

Felipe Aizpún

Análisis del argumento bueno de diseño.

Los argumentos teleológicos o de diseño han proliferado a lo largo de la historia del pensamiento. Desde las primeras propuestas de los autores de la Grecia clásica hasta las actuales basadas en la complejidad especificada de los organismos vivos, pasando por los argumentos finalistas como la quinta vía de Santo Tomás, los argumentos por analogía de los filósofos del siglo XVIII como Bentley o Derham o el archifamoso argumento del reloj del reverendo Paley. Hay que anotar que el profesor Arana se limita a señalar el argumento del ajuste fino como emblemática muestra de argumento de diseño. Por supuesto se trata de un buen argumento de diseño y nos reporta a las primeras intuiciones de los filósofos de la antigüedad, como es el caso de Anaxágoras, a quien Aristóteles en su Metafísica calificara como el más razonable de los hombres por entender que el orden y el concierto presentes en el Universo no podían haber emergido de forma casual sino que debía de haber una inteligencia que los hubiera producido.

Con más motivo se hubieran ratificado en sus convicciones nuestros antepasados si hubiesen conocido los datos aportados por la ciencia actual en torno a la exacta connivencia de factores y valores que resultan imprescindibles para mantener el equilibrio exacto en el cosmos que permite la existencia de la vida en él. Pero lo curioso de la exposición del profesor Arana es que presente el argumento del ajuste fino como algo “completamente distinto” de las propuestas del movimiento del DI. Por el contrario, se trata de un argumento reconocido e identificado como un argumento central en el discurso de dicho movimiento y que por su naturaleza encaja exactamente en el principio básico de dicha doctrina, es decir, la idea de que determinados rasgos de la Naturaleza, se explican de manera más razonable como efecto de una causalidad inteligente que como el resultado fortuito de eventos acaecidos de forma no intencional ni dirigida, al amparo de las fuerzas naturales que conocemos.

La identificación del DI con el argumento del ajuste fino es habitual en la literatura contemporánea sin que sea necesariamente una nota exclusiva de los autores adscritos al movimiento tal como puede apreciarse por ejemplo aquí y aquí. En la entrada de Wikipedia “Fine-tuned Universe” podemos leer lo siguiente:

“Los proponentes del Diseño Inteligente argumentan que ciertos rasgos del Universo y de los seres vivos se explican mejor por una causa inteligente que por un proceso no dirigido como la selección natural. El argumento del ajuste fino es una premisa central o como tal se presenta en muchos de los trabajos publicados de proponentes destacados del Diseño Inteligente como William Dembski o Michael Behe.”

Pero hay más. El argumento del ajuste fino se completa en la literatura del DI con el argumento del planeta privilegiado. Los proponentes del DI Jay Richards y Guillermo González han desarrollado minuciosamente este argumento complementario en su libro “The Privileged Planet” para explicarnos cómo la Tierra no es solo “un mundo muy especial” (en palabras de Arana), sino también cómo su particular ubicación en el seno de nuestra Galaxia y de ésta en relación al resto del cosmos, le permiten unas condiciones únicas para la exploración del Universo y la adquisición de conocimiento científico en torno al mismo. La sospecha teleológica se acrecienta.

Como se puede apreciar, el argumento del ajuste fino es un argumento de naturaleza abductiva, es decir, un argumento que parte de la existencia conocida de efectos para los que se propone la más razonable de las causas; se trata del procedimiento lógico definido habitualmente como inferencia a la mejor explicación. No se corresponde por lo tanto con la forma habitual del argumento deductivo o silogístico propio de las exposiciones de la escolástica tradicional, más proclive a buscar la conclusión definitiva y la certeza como verdad incontestable. Una diferencia de la mayor importancia y que marca en cierto modo los caminos de las dos tradiciones intelectuales mencionadas por Arana en el inicio de su conferencia, en especial por la manera de una y otra de afrontar el desafío que supuso la ruptura kantiana.

En cualquier caso, resulta llamativo la manera en que Arana pretende separar las inferencias de diseño procedentes de la física y la astronomía de las que proceden de la biología, alabando las primeras y denostando las segundas a pesar de que, como es fácil comprobar, unas y otras responden a una misma inquietud intelectual y se configuran de acuerdo a un esquema de inferencia lógica muy semejante. De hecho, son muchos los autores que han profundizado simultáneamente y desde una misma perspectiva inquisidora en uno y otro ámbito. Pensemos por ejemplo en Michael Denton, uno de los precursores del escepticismo contemporáneo frente al darwinismo omnipresente en la comunidad científica. Su primer libro, “Evolution: A Theory in Crisis”, supuso una revolución en el ámbito del evolucionismo y despertó de su conformismo académico, entre muchos otros, al propio Michael Behe. Su segundo gran trabajo, “Nature´s Destiny”, es por el contrario una excelente monografía dedicada al estudio cosmológico de las condiciones de nuestro Universo desde una perspectiva de lo que se ha dado en llamar el principio antrópico. Otro tanto cabe decir de un científico de la talla de Paul Davies (citado profusamente por Flew en su libro) autor de un excelente trabajo sobre el Universo titulado “La mente de Dios” y otro no menos sobresaliente “El quinto milagro” sobre la dificultad de argumentar un origen estrictamente naturalista de la vida en nuestro planeta.

Pero el profesor Arana ha querido desconectar los argumentos de diseño biológicos de los astronómicos, y es que el modelo explicativo de la realidad que nos ofrece así parece requerirlo. Esta reflexión exige una digresión previa. En efecto, aunque de manera general se habla siempre del argumento “teleológico o de diseño” como si se tratara de un único discurso, es preciso introducir una matización de gran relevancia. Existen exposiciones alternativas o complementarias que confluyen en último extremo en una misma conclusión pero por caminos no exactamente iguales. El diseño y la teleología no son una misma cosa aunque están inextricablemente unidas. Al referirnos a los seres vivos la exposición resulta más evidente. Tanto por lo que al argumento de Paley se refiere como por lo que concierne a las propuestas más recientes del argumento de diseño, se entiende por diseño, básicamente, la organización funcional de elementos en un todo. Dicha disposición funcional o interconectada de órganos o partes es susceptible de ser detectada objetivamente. La finalidad en cambio, es una interpretación racional legítima que se deriva de la observación del comportamiento agente de los seres vivos en relación a un resultado percibido (por el observador) como un bien, y en concreto, la supervivencia y la procreación del organismo.

Diseño y propósito están íntimamente relacionados. El diseño es la configuración objetiva del ente que le capacita para la acción finalista y es además la manifestación de su esencia y lo que determina aquello que constituye específicamente un bien perseguible para el organismo en cuestión. El diseño supone el elemento de ideación que conecta la causa formal y la final, es el reflejo de un arquetipo ideal, la forma biológica que precisamos justificar en su emergencia en el tiempo. El argumento por el diseño nos debería llevar a la invocación de una inteligencia ideadora, como el argumento por la finalidad en la agencia o el movimiento, nos debería llevar a invocar un impulso intencional que, desde fuera, determine la condición agente de seres carentes de consciencia, entendimiento o voluntad propios. Curiosamente, el argumento teleológico por excelencia, la quinta vía de Santo Tomás se formula invocando una causa inteligente y el argumento clásico por el diseño, el de la analogía con el reloj del reverendo Paley se formula invocando que la disposición funcional de las partes en un ser vivo apuntan, en términos de causalidad, a la evidencia de “understanding, intention, art” . Inteligencia, intencionalidad y propósito, voluntad creadora, todo ello constituye en último extremo (y de manera inseparable) el objeto de la inferencia de causalidad que nace de la observación y el conocimiento de la vida y sus formas, en discursos que, sin ser idénticos, proporcionan un mismo tipo de convicción.

En algunas ocasiones se protesta con vehemencia que los argumentos del DI no son asimilables a los argumentos finalistas de Santo Tomás de Aquino, que constituyen un discurso diferente, lo cuál es estrictamente correcto, pero la forma en que se invoca tal diferencia parece pretender que al serlo, quedarían desautorizados como si de una argumentación inconsistente se tratara, lo cuál es estrictamente incorrecto.

Una vez hecha esta matización procede proponer que así como los argumentos en la biología pueden adscribirse tanto a inferencias de diseño como a inferencias de finalidad, el argumento por la física y la astronomía y el ajuste fino es, sin ninguna duda, un argumento específicamente teleológico ya que dicho ajuste adquiere su significado únicamente en virtud de la capacidad de las condiciones así establecidas para la emergencia y el desarrollo de la vida. Sin este evento final, la coincidencia de variables y leyes de la Naturaleza carecería de significación o valor.

El modelo que Arana nos presenta por lo tanto, parece querer conciliar la inferencia de propósito o significado derivada del conocimiento científico del Universo con la aceptación pacífica del discurso naturalista que pretende describir la emergencia de las formas vivas como un proceso derivado de las condiciones iniciales y las leyes físicas que gobiernan dicho Universo. Se trataría de un modelo claramente no-intervencionista, al amparo, según se desprende, de la concepción tomista de la idea de creación y la conjugación de las causas primera y segundas como fórmula conciliadora entre el transcurso por causas naturales de los eventos observables y la dependencia ontológica en el ser de todo lo creado en relación a su creador. Lo que procede valorar a continuación es si este modelo es consistente o si pudiera encerrar una contradicción interna, toda vez que el paradigma naturalista imperante en biología, la teoría sintética de la evolución o neo-darwinismo, se caracteriza expresamente por pregonar la ausencia de toda forma de finalidad o diseño en el proceso; nos aplicaremos a ello en un próximo post. (continuará)

2 Respuestas para Juan Arana, Antony Flew y el Diseño Inteligente (2)

  1. Maravillosa esta serie. Como católico, se agradece. Es hora de que los científicos que profesan mi misma fe religiosa sean valientes y abandonen definitivamente el Titanic darwinista, en el cual persisten cómodamente apoltronados, extraña y contradictoriamente.

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