Instinto Social en Darwin. Parte 4

creationPor Fernando Ruiz Rey.

La razón y los sentimientos de simpatía.

Pero para el hombre civilizado, continúa Darwin, la conducta del hombre salvaje es inaceptable, porque los pueblos primitivos limitan los sentimientos de simpatía a la tribu; tienen, según el autor:…”poderes insuficientes de la razón” (1:97) para reconocer otras virtudes que atañen a la persona, como son la castidad, la temperancia, etc., pero que inciden también en el bienestar de la comunidad; y porque no poseen auto control…”porque este poder, escribe Darwin- no se ha fortalecido mediante un hábito continuado -quizás heredado-, la instrucción y la religión.” (1:97) Para reforzar los instintos sociales y la conciencia moral, Darwin agrega otro factor fundamental y decisivo: la Razón; la razón se va impartiendo por la educación. Curiosamente, Darwin también acepta aquí el papel de la religión, que anteriormente había desdeñado.

El bien de la comunidad, tanto de los animales como del hombre (los instintos siguen en ambos los mismos pasos en su desarrollo), hacia el cual están dirigidos los sentimientos de simpatía y amor, lo define Darwin del siguiente modo: “El término bien general [de la comunidad] puede definirse como el medio por el cual el mayor número posible de individuos es criado en pleno vigor y salud, contadas las facultades perfectas, bajo las condiciones que están expuestos.” (1:98) La definición es biológica y sancionada positivamente por la selección natural; pero Darwin comenta curiosamente, que este bien general coincide con la “felicidad” de sus miembros.

Pero este bien general, y felicidad, no siempre lo logran las comunidades humanas; Darwin lo explica así: “El juicio de la comunidad será generalmente guiado por una burda experiencia de lo que es mejor a largo plazo para todos sus miembros; pero este juicio no es raro que yerre por ignorancia y por debilidad del poder de la razón. De aquí las más extrañas costumbres y supersticiones han llegado a ser todo poderosas a través del mundo.” (1:99) (Darwin cita costumbres hindúes e islámicas) Para Darwin la razón asegura el camino hacia el bien y felicidad general.

Darwin expresa sorpresa al constatar la gran cantidad de creencias religiosas y supersticiones absurdas arraigadas firmemente en distintos grupos humanos alrededor del mundo. Del mismo modo se sorprende de ver otras diferencias, como el amor a la verdad, más desarrolladas en unas tribus que en otras. Para Darwin la clave que explica estas diferencias es el distinto grado del desarrollo de la razón; es el poder de la razón lo que permite el avance de la civilización:”De todas las facultades de la mente humana….la ‘Razón’ se encuentra en la cumbre.” (1:46) Con el desarrollo de la razón:…”muchos instintos son fundamentalmente controlados por la razón, los más simples, como este de construir una plataforma [monos antropomórficos], puede pasar fácilmente a ser un acto voluntario y consciente.” (1:53) Con el desarrollo de la razón se van a evitar las supersticiones y costumbres bárbaras; Darwin exclama: “…qué deuda infinita de gratitud debemos al mejoramiento de nuestra razón, a la ciencia, y a nuestro conocimiento acumulado.” (1:68-69) Y agrega el naturalista a propósito de estas costumbres reprobables:”Esas consecuencias miserables e indirectas de nuestras facultades superiores pueden ser comparadas con los errores incidentales y ocasionales de los instintos de los animales inferiores.” (1:69) Para Darwin, sólo con la razón se alcanza la civilización de los pueblos, con esta visión el naturalista se revela como un auténtico discípulo del pensamiento modernista (con explícitas referencias al pensamiento de Kant).

De acuerdo a la visión de Darwin, los instintos sociales para el bien de la comunidad de pertenencia que adquirieron los animales y el ser humano, van en el hombre a dar paso a una dimensión que amplía la referencia de las acciones buenas y malas más allá del grupo inmediato; los sentimientos de simpatía se van a extender más allá de aquellos ostentan el poder en la comunidad. Gracias a la razón y a los conocimientos acumulados, el hombre puede desechar las acciones banales y supersticiosas, y acrecentar el bienestar y felicidad de la comunidad. El racionalismo que muestra Darwin es evidente, la razón es la luz de la verdad evolutiva del hombre; la experiencia y la ciencia toda lo pueden.

Los instintos sociales así elaborados por el poder intelectual, tomarán fuerza por la instrucción, el hábito y con mucha probabilidad –según nuestro autor,- se fijarán por herencia. De este modo Darwin se siente optimista y escribe:”Mirando a las generaciones futuras, no hay causa para temer que los instintos sociales se debiliten, podemos esperar que los hábitos virtuosos se harán más vigorosos, llegando a ser quizás fijados por la herencia. En este caso, la lucha entre nuestros impulsos elevados y bajos será menos intensa, y la virtud triunfará.” (1:104) Habría que señalar que si un hábito se vuelve hereditario se transforma en instintivo, de modo que, esa comunidad utópica que vislumbra Darwin sería como una colectividad de animales superiores guiados por instintos magníficos resultantes de la razón.

Reglas morales.

Darwin afirma:”…el hombre puede en general y fácilmente distinguir entre reglas morales elevadas y reglas morales bajas. Las elevadas están fundadas en los instintos sociales y se refieren al bienestar de los demás. Ellas están apoyadas por la aprobación de nuestros semejantes y por la razón.” (1:100) Darwin piensa que con el desarrollo de la civilización – formación de comunidades mayores– ,….”la más simple razón le dice a cada individuo que debe extender sus instintos sociales y simpatías a todos los miembros de la misma nación, aunque no los conozca personalmente. Una vez alcanzado este punto, sólo una barrera artificial permanece para impedir que sus simpatías se extiendan a los hombres de todas las naciones y razas.” (1:100) (La barrera artificial se refiere a las diferencias de aspectos y costumbres con pueblos lejanos; barrera que se puede superar.) La razón como la presenta Darwin parece poder vencer la cautela frente al desconocido, y al enemigo hacerlo objeto de simpatía y amor. Es claro que esta visión optimista de la razón no corresponde a la experiencia cotidiana del mundo de los seres humanos, se trata más bien de un ideal, de un utopismo racionalista propio del modernismo; y teóricamente coloca a la razón en la difícil, más bien insostenible posición de neutralizar la fuerza de los instintos de autoafirmación y supervivencia sancionados positivamente por la selección natural.

La extensión de la simpatía a todos los hombres, a la humanidad entera, es una virtud que Darwin considera:”…una de las más nobles con la que está dotado el hombre, parece que aparece accidentalmente con nuestras simpatías haciéndose más tiernas más ampliamente difundidas, hasta que son extendidas a todos los seres sensibles [animales]. Tan pronto como la virtud es aceptada y practicada por unos pocos hombres se esparce, a través de la instrucción y el ejemplo, a los jóvenes, y eventualmente a través de la opinión pública.” (1:101).

No se puede menos que comentar que Darwin muestra en este sentido un optimismo desmesurado e infundado; porque, ¿en virtud de qué causa se reblandecen las hostilidades hacia los afuerinos, competidores virtuales o activos por el espacio vital?: ¿La razón? Esto parece irracional desde el punto de vista evolutivo. ¿La selección natural? Esta simplemente eliminaría la candidez frente a la lucha por la existencia. El naturalista plantea una situación incompatible con la dinámica de su teoría de la evolución. Esto se hace claro cuando Darwin escribe:”El estado más alto en cultura moral que podemos alcanzar, es cuando reconocemos que debemos controlar nuestros pensamientos, y ‘ni siquiera pensar nuevamente los pecados que hicieron del pasado tan agradable para nosotros’.” (1:101) (Darwin cita a Tennyson, ‘Idolls of the King, p. 244) De modo que la evolución gradual de las facultades, de acuerdo a Darwin:”…conduce naturalmente a la regla de oro [de la conducta humana]:’Como quieras que los otros hombres hagan contigo, hazles tú del mismo modo.”” (1:106) Resulta difícil, más bien conciliar esta máxima moral de Darwin con la selección natural, pilar fundamental de su teoría evolutiva.

Dificultades de los sentimientos de sociales frente a la selección natural.

¿Significa que el advenimiento de la ‘regla de oro’ termina con la evolución del ser humano? Esto es imposible de concebir si se acepta la mecánica evolutiva darwiniana como explicación de la realidad de los seres vivos. Darwin está perfectamente consciente de esta situación contradictoria, y recuerda que si en los criaderos de animales se preocuparan de cuidar a los débiles y les permitieran reproducirse sería en detrimento de la mejora de las razas que están intentando lograr. Los seres humanos lo hacen, ayudan a los necesitados, vacunan y permiten la propagación de los que de otro modo sucumbirían a la selección natural; Pero, escribe el biólogo:”La ayuda que nos sentimos impulsados a dar al desamparado es fundamentalmente un resultado fortuito del instinto de simpatía, que fue originariamente adquirido como parte de los instintos sociales, pero subsecuentemente vuelto……más tierno y ampliamente difundido. No podríamos frenar nuestra simpatía, si así lo urgiera la dura razón, sin deteriorar la parte más noble de nuestra naturaleza.” (1:168-9) Darwin no explica cómo se justifica y se sostiene este enternecimiento de la simpatía, totalmente opuesto a la dinámica de su teoría: la selección natural del más apto para sobrevivir y reproducirse.

Darwin no puede abandonar el concepto clave de su tesis, y prosigue comentando, que la selección natural, que elimina al débil, continúa operando aún, en el seno de la civilización actual; así sucede con los desequilibrios de riqueza y poder que se generan en la sociedad moderna, pero señala que esta situación no constituye un mal total carente de aspectos beneficiosos; comenta y escribe el naturalista:”…porque sin la acumulación de capital, las artes no progresarían; y es gracias a la acumulación del poder [de los privilegiados] que las razas civilizadas se han extendido, y están ahora extendiendo por todos lados su rango, tomando el lugar de las razas inferiores.” (1:169) La riqueza permite a los inteligentes el mejor trabajo intelectual del cual depende todo bienestar material. Darwin piensa que las grandes acumulaciones de riquezas son pocas y tienden a disiparse porque generan fácilmente zánganos despilfarradores. La selección natural opera a este nivel de la riqueza y del poder, aunque duro, no sin beneficios; La selección natural también tiende a poner coto a la primogenitura de los débiles. La selección natural está entonces, operando en el seno de la sociedad moderna favoreciendo a los individuos con mayor poder intelectual: “….sin dudas –escribe el biólogo- tendrán éxito en todas las ocupaciones y criaran un número mayor de niños.” (1:171). Darwin está consciente, sin embargo, que clases inferiores producen más vástagos, pero piensa que hay frenos puestos por la selección natural a esta producción de las clases menos dotadas (enfermedades, desnutrición, etc.).

También Darwin ve a la selección natural operando a nivel de la moral misma. En la dura lucha por la sobrevida del mejor(es) constatamos que: “En cuanto a las cualidades morales, cierta eliminación de las peores disposiciones morales está siempre en progreso, aún en las naciones más civilizadas. Los malhechores son ejecutados o encarcelados por largos periodos, de modo que no pueden transmitir libremente sus malas cualidades. Personas melancólicas y locas son confinadas, o cometen suicidio.

Hombres violentos y pendencieros llegan a un fin sangriento; [etc.]” (1:172). La selección natural opera –a juzgar por esta citanaturalmente (por decirlo así), y a través de la acción elegida de los hombres: encarcelando y confinando los elementos inferiores de la comunidad. En este contexto Darwin comenta:”En la crianza de animales domésticos, la eliminación de los individuos, aunque en pequeño número, que son marcadamente inferiores, no es en modo alguno un elemento sin importancia para el éxito.” (1:173) No es necesario señalar que este tipo de opiniones y comentarios de Darwin haya dado cabida -y justificación ‘científica’- al darwinismo social con medidas políticas de segregación, abusos sociales y económicos, eutanasia y hasta eliminación física de las personas más débiles de la sociedad, incluyendo a los enfermos mentales. En este sentido también hay que señalar que Darwin en The Descent of Man comenta y afirma la presencia de variaciones físicas y mentales en los distintos grupos humanos, por lo que es fácil comprender que el darwinismo social haya tomado su teoría de la evolución para justificar sus ideas racistas.

Pero para Darwin la selección natural tiene un efecto disminuido en las sociedades civilizadas, gracias al desarrollo de los instintos sociales, que la limitan. Estos instintos frenan a la selección natural, y así, paradójicamente, la dinámica de la evolución toma un ritmo pausado con el desarrollo de la civilización, con el ejercicio de la razón; pero es imposible eliminar el efecto fundamental y primario de la selección natural, si se es consistente con la teoría propuesta. Es obvio que esta visión darwiniana no se ha hecho realidad, ni será posible que se haga, porque simplemente no existe una racionalidad única e inapelable, sino que la razón se pone al servicio de intereses diversos, y en último término –siendo fiel a la teoría evolutiva- la selección natural eliminará todo lo que no conduce a las mejores posibilidades de reproducción.

Darwin se empeña en que la acción de los instintos sociales y simpatía constituyen un freno a la cruda lucha por la existencia. Es difícil concebir, en fidelidad a la lógica de la evolución, la expansión de los instintos sociales y derivados más allá del círculo de los propios, y dentro de éstos, a los débiles y perdedores. Darwin en buenas cuentas se encuentra en un duro aprieto teórico al cual no ofrece solución satisfactoria y consistente.

Darwin reconoce la complejidad de la vida y evolución de las comunidades humanas, y concluye: “Es muy difícil decir, por qué una nación surge, se hace más poderosa, y se esparce más ampliamente que otra; o por qué la misma nación progresa más en un tiempo que en otro. Lo único que podemos decir es que depende del aumento actual de la población, del número de hombres poseedores de facultades intelectuales y morales elevadas, como de sus estándares de excelencia.” (1:177) Nuevamente Darwin tiene que reconocer la fuerza de la selección natural con el éxito de los más capaces, no aceptando el antagonismo que surge con la moralidad ‘elevada’ que protege a los débiles.

A pesar de todos los comentarios que hace Darwin intentando mitigar la importancia de la selección natural, y otorgar peso al desarrollo del instinto social en modularla, la selección natural, continúa siendo fundamental para su teoría de la evolución, incluyendo la evolución del hombre; así escribe: “La selección natural sigue a la lucha por la existencia, y ésta, al rápido aumento de la tasa [de la población]. Es imposible no lamentar amargamente….. la tasa con que tiende a crecer el hombre; porque esto tiende en las tribus bárbaras, al infanticidio y muchos otros males, y en las naciones civilizadas a la pobreza abyecta, al celibato y a los matrimonios tardíos de los prudentes. Pero como el hombre padece de los mismos males físicos que los animales inferiores, no tiene derecho a esperar inmunidad de las malas consecuencias de la lucha por la existencia. Si no hubiera estado sujeto a la selección natural de seguro que nunca hubiera alcanzado el rango de madurez.” (1:180) Darwin muestra aquí que la selección natural –en tiempos difíciles –como, habría que señalar, son la mayoría de los tiempos (el hombre nunca se siente plenamente ajustado a su ambiente, está siempre esperando mejorar su situación, no está nunca satisfecho con lo que tiene)-, sobrepasa en vigencia a los instintos sociales, y en forma peligrosa si consideramos que la lucha por la sobrevivencia del mejor dotado, puede conducir, como la historia lo ha mostrado repetidamente, a todo tipo de abusos, incluyendo prácticas de eliminación de grupos humanos por limpieza étnica o religiosa, y de individuos enfermos considerados inferiores y lastre social.

Conclusión

En suma, el núcleo dinámico de la teoría de la evolución de Darwin lo constituye la combinación de la ocurrencia de variaciones y la selección natural que permite la persistencia de los cambios beneficiosos en relación al medio. El ser humano como miembro cumbre de la comunidad de seres vivos, no puede si no participar plenamente en esta dinámica de la evolución. En el hombre, se magnifican las dificultades de la teoría, ya notorias al tratar de explicar en base a instintos opuestos: instintos de auto-preservación e instintos sociales, y selección natural, la existencia evolutiva de animales sociales. En el ser humano la dimensión ética de su conducta voluntaria, complica tremendamente la situación, Darwin intenta solucionar las dificultades morales que engendra la lucha por la existencia, recurriendo al racionalismo de su época; el naturalista postula que la razón –producto evolutivo- apoya el desarrollo de los distintos aspectos del instinto social, modulando de este modo, la selección natural. Sin embargo, esta solución no está carente de serias dificultades, tanto porque la razón humana no es un instrumento definido y nítido, de evidencia universal, sino más bien la racionalidad del hombre depende de los supuestos desde los que opera, y se pone al servicio de diversos valores e intereses; como porque en el mismo Darwin, la razón propuesta trabaja en sentidos opuestos; por un lado apoya los instintos sociales hasta reblandecerlos y hacerlos extensivos a todo el mundo; y, por otro, la razón brinda a los mejores dotados intelectualmente, la clave del éxito económico y político, individual y colectivo (civilización), a costo de los desaventajados de todo tipo, y esto sancionado por la implacable ley de la selección natural que para Darwin es clave en su teoría.

El intento de Darwin de marginarse del movimiento del darwinismo social es sin duda loable, pero insatisfactorio, no sólo porque no puede eliminar las consecuencias de la lucha por la existencia con el triunfo del más apto en la adaptación: sobrevivencia y reproducción, sino también, porque el desarrollo del instinto social teóricamente enfrenta numerosas dificultades. No resulta claro cómo se desarrolla el instinto social y sus derivados. Darwin indica que la presión social es muy importante para este desarrollo del instinto, sin embargo la opinión del grupo no tiene otro cimiento ético que el instinto social mismo que supuestamente viene a reforzar, y esta opinión pública está sometida sin apelación a las influencias de los instintos egoístas. En cuanto al desarrollo de la conciencia como la presenta Darwin, es difícil concebir que el instinto social sea lo suficientemente fuerte para este propósito, ya que nace de los instintos filiales y parenterales que son acotados al grupo, y limitados; no sin lucha por el poder y abuso. Por último, como ya mencionado, la razón que Darwin introduce para fortalecer la moralidad, expandirla y guiarla, juega un papel ambiguo, ya que por un lado favorece a los más inteligentes en su lucha por la existencia, y por otro, Darwin espera ilusoriamente que una razón todo poderosa salve los ideales del instinto social y sus derivados; a esto hay que agregar que no existe una razón universal e inapelable para la conducta humana, sino que la racionalidad del hombre, como ya se ha dicho, se pone al servicio de diferentes supuestos e intereses, y desde la lógica evolutiva darwiniana, al logro del predominio y de la supervivencia.

BIBLIOGRAFÍA

1. Darwin, Charles (1871). The Descent of Man and Selection in Relation to Sex. London: John Murray, Albemarle Street.

http://darwinonline.org.uk/content/frameset?itemID=F937.1&viewtype=side&pageseq=1

Nota: Las traducciones del inglés han sido hechas por el autor.

Fuente: La Evolución, una Teoría en Reseso. Fernando Ruiz Rey. OIACDI 2013 Este trabajo ha sido previamente publicado en psiquiatria.com en la Revista de Psiquiatría: “Teoría de la Evolución darwiniana.” Vol. 12, No 3 (2008)

Reproducido con permiso del autor y de psiquiatria.com (27/11/2013).

Deje una respuesta

Leer entrada anterior
Instinto Social en Darwin. Parte 3

Por Fernando Ruiz Rey. Conciencia moral. Darwin está en verdad consciente del conflicto que se presenta entre los sentimientos sociales positivos...

Cerrar