Información, Significado y Códigos Orgánicos

Por Felipe Aizpún
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Veíamos en un artículo anterior por qué atribuimos a las secuencias codificantes del genoma el carácter de información. Recordemos que la información es una realidad formal; no es materia ni energía, ni tampoco una propiedad que emana de la interacción de ambas. No puede ser reducida a mera fisicalidad, no tiene masa, no pesa, no surge como consecuencia de procesos físico-dinámicos de ningún tipo. La información no es el conjunto o la serie concreta de moléculas que conforman una tira de nucleótidos, la información no se identifica con las bases nitrogenadas del genoma. La información tiene una sede material, el genoma, pero no se identifica con él, está en él pero no es él.

La información no puede pesarse ni medirse ni puede ser observada al microscopio y sin embargo, es un dato tan real como cualquier accidente físico de la realidad material. Es posible detectarla de manera inequívoca a partir de la experiencia sensible, a partir de la evidencia de los eventos naturales, como una inferencia racional segura.

La idea de información lleva aparejada expresamente la idea de significado. Algo contiene información en la medida en que existe un soporte material simbólico que nos conecta con algún otro objeto sensible de la realidad de forma inequívoca. La información descansa y se transmite en un sistema simbólico material, en el caso del genoma, el sistema de símbolos, es decir, el alfabeto genético, está compuesto por cuatro bases nitrogenadas: la Guanina, la Adenina, la Timina y la Citicina. Estas bases se agrupan en codones o conjuntos de tres para adquirir un significado biológico concreto. Cada codón codifica por un aminoácido específico y la secuencia de codones en un gen permite la construcción de un polipéptido y en última instancia de una proteína.

Existe por lo tanto una semántica de la vida, es decir, una relación entre determinadas moléculas que actúan como soporte simbólico de una determinada información y otras que son conformadas como un significado determinado por aquellas. Se trata de una relación unívoca perfectamente arbitraria, es decir, no determinada por las leyes físico-químicas que gobiernan el mundo material. Esta relación unívoca y permanente es lo que denominamos código genético. Un código es una relación arbitraria entre dos universos inconexos, es decir, entre dos universos (en este caso el mundo de las secuencias genéticas por un lado y el de los aminoácidos por otro) que no se determinan por procesos físico-dinámicos. Si existiera una determinación necesaria entre uno y otro universo no estaríamos hablando de códigos ni de información sino de meras relaciones de necesidad impuestas por las leyes naturales que conocemos.

No es el caso. La vida no se sostiene sobre relaciones físico-químicas necesarias sino sobre funciones biológicas que emergen y se sustentan en el carácter arbitrario de los códigos orgánicos. Hablo de códigos orgánicos en general para

subrayar que si bien el código genético es el principal y más conocido de todos ellos, las investigaciones de los últimos años han ido poniendo de manifiesto la existencia de una variedad de funciones en nuestro organismo que se producen también mediante la correspondencia arbitraria de significados biológicos entre determinadas moléculas y el correspondiente resultado funcional que las mismas prescriben.

Por supuesto la ejecución del significado de los códigos orgánicos necesita de un intérprete (se suelen denominar adaptadores) que materialice el contenido informacional del sistema material de símbolos. En el caso del código genético, existe un complejo sistema de maquinaria molecular que copia las secuencias del genoma, las extrae fuera del núcleo de la célula y ya en el citoplasma procede a la traducción y construcción de la proteína prescrita por la información genética. Esta compleja maquinaria ha sido descrita por el profesor Marcello Barbieri como el ribotipo, por oposición o como complemento de los conceptos genotipo (la sede de la información) y fenotipo (el resultado semántico de dicha información, su significado).

El ribotipo por lo tanto sería el intérprete del código genético y el ejecutor de las instrucciones (información prescriptiva) contenidas en el genoma. De esta manera, genotipo, ribotipo y fenotipo constituyen la tríada que conforma, de manera evidente, un sistema semiótico de acuerdo con el modelo generalmente aceptado de Charles Sanders Peirce. Ello ha dado lugar al desarrollo en las últimas décadas de la semiótica de la vida de la que el profesor Barbieri antes mencionado es uno de los principales exponentes en el panorama científico contemporáneo.

La semiótica es la ciencia de los signos, la ciencia que estudia las relaciones entre los signos, símbolos y significados y los aspectos formales de tales relaciones. La biosemiótica es la ciencia que emerge a partir del conocimiento de la biología más avanzada y del hecho de que las células, de acuerdo con lo que sabemos, pueden ser identificadas como sistemas semióticos ya que contienen los elementos identificativos de procesos de tal naturaleza y porque tales procesos semióticos no sólo están presentes sino que suponen el corazón mismo que soporta el carácter funcional de una estructura biológica.

Naturalmente estas consideraciones representan un poderoso quebradero de cabeza para los proponentes de un paradigma naturalista. Por eso, a menudo se reivindica que la idea de código genético no debe de ser tomada de forma literal sino que, por el contrario debe ser entendida como una metáfora. De la misma forma se pretende que la idea de información debe ser retenida en el seno del concepto de información en Shannon, únicamente como una concreción estadística de posibles alternativas combinatorias, y que la idea de significado debe ser también desechada por su capacidad de inducir a confusión. Todas estas peligrosas intuiciones podrían ser usadas, al fin y al cabo, por los proponentes del DI para destacar la necesidad de un ámbito explicativo de la realidad que trascienda el naturalismo y el fisicalismo que constituyen la ortodoxia establecida.

La biosemiótica, a pesar de todo, se ha consolidado como una disciplina consistente en el panorama científico contemporáneo y, se mueve, eso sí, de forma respetuosa en el ámbito del naturalismo más ortodoxo. Sin embargo reivindica la evidencia de la existencia en la Naturaleza de sistemas indiscutiblemente semióticos en los que la presencia de contenidos informacionales arbitrarios y relaciones unívocas de significación en, al menos, unos veinte códigos orgánicos diferentes, constituye una realidad aplastante que no puede ser obviada. No se trata de metáforas sino de mecanismos perfectamente identificables y reconocibles por su carácter de significación simbólica.

Interpretar su existencia en clave estrictamente naturalista como propone Barbieri o profundizar en la necesidad de invocar una causalidad inteligente en el origen de tales mecanismos es quizás, en estos momentos, uno de los puntos esenciales del debate sobre los orígenes. Y de todo ello nos iremos ocupando en el futuro.

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