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	<title>¿Darwin o DI? &#187; ¿Darwin o DI?</title>
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		<title>La Forma Biológica como Causa Formal (2)</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 15:41:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Felipe Aizpun El siguiente paso, por lo tanto, será ver qué camino tomamos con objeto de explicar el misterio biológico por excelencia; y es aquí donde nos vemos en la necesidad de afrontar el desafío más significativo, el análisis de las ideas de causación ascendente y causación descendente. La causación ascendente es la explicación de <a href='http://www.darwinodi.com/la-forma-biologica-como-causa-formal-2/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://4.bp.blogspot.com/_dhrW4C5o2J0/THjofImx8II/AAAAAAAAAA0/4bhiYnXH1iE/s1600/NautilusCutawayLogarithmicSpiral.jpg" alt="" width="318" height="240" /></p>
<p style="text-align: justify;">El siguiente paso, por lo tanto, será ver qué camino tomamos con objeto de explicar el misterio biológico por excelencia; y es aquí donde nos vemos en la necesidad de afrontar el desafío más significativo, el análisis de las ideas de causación ascendente y causación descendente. La causación ascendente es la explicación de un fenómeno a partir únicamente de los eventos precedentes como una realidad que surge hasta un nivel o escala organizativa o funcional superior a partir de la suma o acumulación de eventos de un nivel de jerarquía inferior. De esta forma, concebimos el todo según una perspectiva meramente mecanicista y reduccionista como la resultante de la agrupación ordenada de partes sin atribuirle una realidad ontológica o esencial propia. La causación descendente implica por el contrario la idea de que niveles más elevados de jerarquía u organización pueden determinar los eventos a niveles inferiores.</p>
<p style="text-align: justify;">En líneas generales podemos considerar que las perspectivas filosóficas de tipo esencialista, que entienden la necesidad de explicar la realidad a partir de sus formas y de la forma como causa de lo existente, participan de la idea de causalidad descendente como explicación de la emergencia de realidades complejas en las que el diseño y la organización inherente resultan “inescapables”. Por otro lado, las perspectivas reduccionistas y mecanicistas de la realidad niegan cualquier interpretación de los procesos causales otra que los procesos de causación ascendente. De esta forma, aquí vienen a separarse los caminos de Denton por un lado, y de Pigliucci y Francis por otro, coincidentes todos ellos en la crítica del paradigma darwinista tradicional (al que Francis discutiblemente había tildado de preformacionista) y que suponía rechazar la interpretación del proceso de desarrollo como el mero despliegue de una forma suficientemente contenida en la información del genoma entendido como “blueprint”.</p>
<p style="text-align: justify;">Para entender mejor la diferencia entre una y otra forma de causación y que nos conduce a esta primera bifurcación en el discurso quiero proponer un ejemplo sencillo. Tomemos la admirable escultura del David ejecutada magistralmente por el gran Miguel Ángel. Imaginemos al escultor trabajando en su taller y situémonos como observadores ocultos de su labor. Observémoslo actuar en silencio, concentrado, ejecutando meticulosamente a golpe de cincel el maravilloso trabajo de conformación de la pieza de mármol originaria hasta completar su obra. Pensemos en qué tipo de explicación del proceso observado puede ofrecernos un partidario de la perspectiva reduccionista. Según él y puesto que lo que se trata de ofrecer es una versión esencialmente científica, y dado que la ciencia es la única forma respetable de conocimiento (para él), la obra de arte será simplemente el resultado de una sucesión de golpes en la piedra. La forma alcanzada no sería sino la resultante de una acumulación de eventos, en este caso los golpes del cincel del escultor, en causación ascendente, única forma de causación admisible, imponiéndonos así esta lectura limitada de lo acontecido.<span id="more-2845"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Por el contrario, desde una perspectiva esencialista y amistosa con una idea de causalidad que admita tanto las causas formales como las finales, la justificación de lo acontecido se nos hace mucho más razonable. La ideación previa de la forma surge como desencadenante del trabajo del escultor, y guía todo el proceso en lo que no puede sino entenderse como un proceso de causación descendente; la idea guía cada movimiento y cada golpe de cincel. El todo conduce la formación de cada parte y las partes van a su vez conformando el todo generando su armonía y diseño consustancial. Lo que procede es seguir analizando si una disyuntiva de similar naturaleza se nos presenta, y si la analogía resulta de utilidad, cuando nos aprestamos a estudiar el mecanismo de generación de las formas biológicas en los seres vivos.</p>
<p style="text-align: justify;">El caso es que tanto Pigliucci como Francis niegan de forma rotunda que esta analogía pueda ser aceptable y afirman categóricamente que en la formación de los vivientes no existe una instancia rectora o de gobierno que cause la emergencia del diseño (por otro lado indiscutible) de las formas vivas. Otros autores sin embargo no han podido evitar reconocer de forma expresa la necesidad de recurrir a algún tipo de causación descendente en el proceso de desarrollo y a ellos nos hemos referido en artículos anteriores. Tal es el caso por ejemplo del biólogo británico <a href="http://www.darwinodi.com/la-insoportable-levedad-del-gen-1/">Denis Noble</a> o del biólogo y filósofo danés <a href="http://www.darwinodi.com/?s=emmeche&amp;searchsubmit=">Claus Emmeche</a> así como otros colegas de la escuela escandinava de semiótica. Estos autores han sentido la necesidad de incluir la perspectiva de la causación descendente como un dato que imprescindiblemente debe asumir la ciencia contemporánea para poder explicar ciertos datos de la realidad, especialmente en biología, y que desde la noción de causación como constricción impuesta por niveles superiores jerárquicos de organización, pretende ampliar o hacer comprensibles nociones más abstractas como las de adaptación, selección natural o auto-organización, que en una visión reduccionista quedan insuficientemente justificadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Pigliucci, por su parte, lo niega de forma expresa en otro de sus trabajos (Pigliucci 2011) titulado “Why Machine-Information Metaphors are Bad for Science and Science Education” cuando analiza la metáfora propuesta por Lauris Wolpert que asimila el desarrollo embrionario al arte japonés del origami.</p>
<p style="text-align: justify;">Este arte consiste en la construcción de fascinantes formas y objetos mediante el doblamiento meticuloso y exacto de una hoja de papel. Con independencia de la inexactitud de la comparación desde un punto de vista meramente mecánico lo que Pigliucci destaca por encima de todo es el hecho de que en la formación de un objeto mediante el arte del origami la estructura viene impuesta de arriba a abajo (causación descendente) por un agente inteligente, mientras que la diferenciación funcional de las células alcanzada en el desarrollo del embrión es “regulada de abajo a arriba (causación ascendente) por una compleja interacción de los genes y su entorno”. Pigliucci no nos proporciona ninguna reflexión ni ningún argumento que nos permita creer que una afirmación de esta naturaleza no es otra cosa que la expresión de un prejuicio filosófico falto de cualquier soporte observacional, ni alega ningún ejemplo de causación ascendente ajeno a una agencia inteligente observado como evento natural y debido a la simple interacción de la materia gobernada por las leyes físicas que conocemos.</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos qué tipo de explicaciones alternativas a la natural intuición de diseño intencional nos ofrecen estos autores. Francis por su parte (p. 127 a 129) se detiene en contemplar el proceso de diferenciación celular que constituye uno de los elementos esenciales del desarrollo y nos ilustra sobre el carácter epigenético del evento, y en concreto sobre la progresiva inactivación de la expresión génica de las células según va avanzando el proceso de desarrollo y aquellas van perdiendo su pluri o multi potencia hasta quedar limitadas en su función final perfectamente diferenciada. Sin embargo, la idea de la naturaleza epigenética del proceso lo único que nos aporta es la comprensión de que la complejidad del proceso reside “más allá” del genoma, lo cuál no es decir mucho y no aporta ninguna solución concreta en términos de causación última del evento. Si acaso nos remite de nuevo a la idea central del libro de Francis: que no es el genoma sino la célula el agente ejecutante de los procesos de la vida (p. 19), que la regulación de la expresión de los genes es una actividad celular y que “las decisiones” (sic) sobre qué genes se involucran en la síntesis de proteínas en cada punto en el tiempo es una función de la célula, no de los propios genes afectados. Interesante ¿verdad?</p>
<p style="text-align: justify;">La posición de Francis es en cierto sentido radical. Llevado por los nuevos descubrimientos, no solamente rechaza la metáfora del genoma como “blueprint” sino también de manera decidida cualquier metáfora que asimile el proceso de desarrollo a la ejecución de un programa perfectamente estructurado y contenido desde el inicio en el genoma del cigoto (p. 21). Por el contrario, considera que la coordinación del proceso no es otra cosa que una cualidad “emergente” que resulta de la interacción de las células entre sí y con su entorno. Más adelante en el libro (p. 126) Francis lleva sus intuiciones al extremo al interpretar que la información rectora del proceso de desarrollo no está presente en su inicio sino que más bien surge a lo largo del mismo, dando así pábulo a las propuestas de Susan Oyama en su trabajo “The Ontogeny of Information”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>… la mayoría de la información en la receta que nos hace ser nosotros mismos no está presente desde el inicio. Más bien, el desarrollo es el proceso por el que esta información viene a existir. La receta se escribe durante el desarrollo, no antes del mismo.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Una idea verdaderamente chocante que nace de nuestro incompleto conocimiento de los procesos de desarrollo y de los mecanismos que los regulan. Francis desconoce el carácter formal de la información y la imposibilidad de justificar su emergencia como producto de procesos estrictamente materiales y no aporta argumento alguno que apoye su afirmación más allá de una simple nota a pie de página carente de explicación alguna. Por el contrario, resulta más razonable pensar que la forma biológica no surge de manera caprichosa sino plenamente determinada en el proceso; la información que la hace concretarse ha de estar presente necesariamente desde el inicio.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo más sensato se muestra Pigliucci en su análisis del problema en estudio, el proceso de desarrollo embrionario. En su trabajo sobre la causación genotipo-fenotipo ya mencionado (Pigliucci 2010) establece con claridad que “los genes no especifican el desarrollo y mucho menos la forma organísmica” del viviente. No está mal para empezar. Añade también en consonancia con Francis que tampoco la metáfora del ADN como programa puede sostenerse y que el carácter meramente lineal de la información digital contenida en el genoma no aporta todas las instrucciones necesarias para explicar el proceso de desarrollo. Pero a diferencia de Francis, Pigliucci no abandona el concepto de “programación”; simplemente lo extrae del ámbito reducido de la información lineal del genoma al ámbito más intangible e inconcreto de la célula, del organismo en su conjunto quizás…</p>
<p style="text-align: justify;">La diferencia es importante; la información digital del genoma no puede ser, tampoco en opinión de Pigliucci, un formalismo rector del proceso de desarrollo; el mantenimiento sin embargo del concepto de “developmental encoding” consagra la existencia de una constricción determinante y específica que impone la forma biológica en el proceso de desarrollo así como su carácter inevitablemente formal (aunque Pigliucci no subraye esta nota esencial). Pigliucci reconoce que la cuenta no sale, es imposible que un número limitado de genes codificantes de proteínas, en torno a 30.000, pueda explicar la especificación de la organización espacial, la funcionalidad, y la interconexión de los miles de millones de células que conforman, por ejemplo, el cerebro humano. No nos enfrentamos al problema de la especificación de instrucciones contenidas en secuencias lineales de información digital sino en la necesidad de explicar las propiedades emergentes de redes de genes interconectadas. Para intentar entenderlo no nos queda más remedio, nos dice el autor, que apoyarnos en el avance y las herramientas conceptuales de otras disciplinas y en concreto nos propone remitirnos a las ciencias computacionales y la ingeniería de software. La codificación del genoma resulta insuficiente, por eso nos tenemos que remitir al “developmental encoding” es decir, a la codificación informacional que gobierna el proceso de desarrollo, cualquiera que sea su origen, como una forma de entender cuál es la relación de causalidad entre el genotipo y el fenotipo, y es en este ámbito donde la referencia a los avances en las ciencias de la computación considera Pigliucci que pueden ser de gran utilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Es necesario resaltar que en todo caso la idea de “developmental encoding” tal como es esgrimida por Pigliucci resulta perfectamente inconcreta. Recoge sin duda una intuición inevitable en torno a la naturaleza de los procesos de desarrollo pero recoge nuestra incapacidad para poder especificar los secretos del mismo. A diferencia del “genomic encoding” que define una realidad perfectamente identificada como sistema simbólico material capaz de recoger encriptados los significados formales por los que codifica, el “encoding” de los procesos de desarrollo resulta imposible de concretar, no nos especifica qué tipo de información contiene, ni a qué jerarquía se sujeta, ni en dónde se sustenta de forma material, o sobre qué sistema simbólico opera etc. No cabe duda de que la intuición que nos ofrece Pigliucci tiene mucho que ver con el carácter analógico de la información celular del que nos hablaba Denis Noble en su estudio de la causación antes mencionado, pero Pigliucci se limita a asomarse al abismo del enigma sin concretar nada al respecto.</p>
<p style="text-align: justify;">Si acaso nos dice algo que, en vez de aclarar, añade un grado más de incertidumbre a la naturaleza enigmática del asunto:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>La respuesta debe de estar en el despliegue local de información que se hace posible en los procesos de desarrollo, donde las “instrucciones” pueden ser utilizadas en un modo sensitivo (y por lo tanto capaz de ajustarse) al entorno interno y externo.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo debemos interpretar esas ideas que Pigliucci se ve inexorablemente obligado a proponer, esos conceptos como “instrucciones”, “sensitivo”, “utilizar”, “ajustarse”? Son términos que no pueden sino recordarnos de inmediato las palabras de James A. Shapiro en su libro “Evolution; a View from the 21st Century” en el que concluía la necesidad de entender la agencia de las células en los organismos vivos como una actividad “cognitiva” y “sintiente”. (continuará)</p>
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		<title>La Forma Biológica como Causa Formal (1)</title>
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		<pubDate>Mon, 14 May 2012 02:54:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://www.analitica.com/archivo/art1998.06/contenido/visiones/img/vi_f4g.jpg" alt="" width="320" height="213" /></p>
<p style="text-align: justify;">En su reciente libro “A Universe from Nothing” (Un Universo de la Nada), el físico de la Universidad del Estado de Arizona Lawrence Krauss vuelve a recordarnos que la Naturaleza “parece” mostrarnos una huella apabullante de diseño por doquier. Dice Krauss: “La apariencia de un propósito es quizás el espejismo más generalizado en la Naturaleza al que la ciencia tiene que enfrentarse a diario. A donde quiera que miremos parece que el mundo haya sido diseñado para que podamos surgir en él”. Dado que el objeto del libro es defender la auto-creación del Universo desde la nada en el más estrafalario monumento a la sinrazón materialista jamás escrito, no es de extrañar que añada poco más adelante lo siguiente: “Y por lo que se refiere a la diversidad de la vida en la Tierra, tal como Darwin describiera hace más de 150 años y los experimentos han confirmado desde entonces, la selección natural puede justificar la diversidad y el orden de las formas biológicas en evolución sin necesidad de un plan que lo gobierne”. Lo cuál se suma a la famosa sentencia de Dawkins de que la biología es el estudio de cosas complejas que parecen haber sido diseñadas para un propósito (pero que no lo han sido).</p>
<p style="text-align: justify;">El problema es que la observación experimental, en contradicción con lo que afirman tan a la ligera Krauss y Dawkins no ha podido nunca documentar ningún ejemplo de especiación, es decir, ninguna auténtica evolución de “formas biológicas” tal como expresamente señala el físico de Arizona, por mecanismos darwinistas. En un reciente <a href="http://www.darwinodi.com/embriologia-evolucion-y-forma-biologica/ ">post</a> sobre la evolución y el desarrollo sacábamos a relucir precisamente el problema de la forma y señalábamos la absoluta impermeabilidad del paradigma darwinista al problema de la justificación de la forma biológica. En este post comenzaremos a reflexionar sobre si existen soluciones al problema de la forma, no sólo ya en el marco del paradigma darwinista (que no las hay) sino incluso en el más amplio marco de una teoría naturalista más comprensiva del fenómeno evolutivo. Lo que se trata de estudiar es si el diseño aparente en la Naturaleza debe reivindicarse como un diseño realmente originado en una causa inteligente o si por el contrario, existen datos suficientes aportados por la observación empírica que permiten afirmar que la complejidad y organización de los seres vivos pueden haber surgido de manera fortuita. Nos serviremos para ello de recientes trabajos de dos autores que se adscriben de manera decidida en esta perspectiva naturalista, Richard C. Francis, neurobiólogo de formación y escritor científico autor del reciente libro “Epigenetics, The Ultimate Mystery of Inheritance” y el más conocido Massimo Pigliucci promotor y editor del libro “The Extended Synthesis”; ambos autores han afrontado precisamente el problema de la explicación del origen de la forma biológica y de la causación genotipo-fenotipo.<span id="more-2843"></span></p>
<p style="text-align: justify;">El problema al que nos enfrentamos, no sólo desde una perspectiva evolucionista sino simplemente desde la perspectiva de la biología, es el problema de la emergencia de la forma, no sólo en términos históricos (filogenia) si no estrictamente en términos de ontogenia, es decir, cómo se produce y se justifica el proceso de desarrollo embrionario. Francis reconoce la centralidad de esta cuestión en la p. 120 de su mencionado libro con estas palabras:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>El fin último, después de todo, es comprender cómo venimos a ser lo que somos, cómo uno llega a ser uno mismo. No es sorprendente por tanto, que lo que llamaremos simplemente desarrollo, es un tema con una larga historia de disputas.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Entendemos por forma biológica la concreta disposición organizada de partes y sistemas biológicos funcionales que definen la esencia de cada organismo vivo como un todo, que permite identificar a todos los individuos que comparten tales características en común y que los distingue de los que exhiben formas biológicas diferentes. El problema de la forma tiene connotaciones metafísicas inevitables y nos arroja de bruces al ámbito de la discusión en torno a la forma como causa y al concepto también aristotélico de la esencia, es decir, aquello que nos hace ser exactamente lo que somos. Por añadidura, nos remite inevitablemente también a la discusión medieval entre nominalistas y realistas, es decir, entre quienes niegan la existencia real fuera de nuestra mente de conceptos universales (sólo lo individual existe, según los nominalistas) y quienes, desde un realismo moderado reclaman la necesidad de admitir la existencia (más allá de nuestra construcción mental) de una realidad esencial (el arquetipo) individuada en cada ser concreto. Imbuida de un exacerbado nominalismo (propagado por los racionalistas franceses y los empiristas anglosajones, y consagrada por la síntesis kantiana de ambas tendencias) la ciencia moderna participa de un descarado anti-esencialismo y el darwinismo representa el ejemplo más emblemático de esta postura. Lo que toca es analizar si una postura tal permite explicar satisfactoriamente la realidad que observamos a nuestro alrededor.</p>
<p style="text-align: justify;">Tal como sentenciara el aclamado darwinista del pasado siglo Ernst Mayr, el esencialismo arquetípico ha sido siempre el principal enemigo del darwinismo. Para el darwinismo no existen formas biológicas, esencias referidas a los seres vivos. El proceso de cambio propugnado por Darwin como la acumulación gradual de variaciones no resulta compatible con una visión esencialista de las cosas y de los seres vivos en particular. En su relato reduccionista del cambio, no existen formas indelebles, esencias ideales, sino una mera acumulación de accidentes afortunados que conforman individuos concretos. La especie no es para el darwinismo un concepto que responda a una realidad metafísica discernible sino una mera construcción mental de origen pragmático que se sustenta sobre el hecho diferencial reproductivo. La especie como concepto ideal no existe y por lo tanto, no es de extrañar que la magna obra del gran Charles Darwin dejara sin explicar (tal como ha sido históricamente señalado por los comentaristas) precisamente aquello que su título anunciaba, el “origen de las especies”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Por qué somos lo que somos? ¿Cuál es el origen de la forma biológica? La pregunta no es una cuestión para los estudiosos de la evolución sino de la biología. Al contrario de lo que sentenciara Dobzhansky, nada tiene sentido en evolucionismo sino es a la luz de la biología. Resulta impensable presentar una teoría sobre la evolución de las formas biológicas sin haber previamente comprendido el misterio de todos los misterios en biología: la ontogenia o generación de la forma individual concreta de cada viviente. Pigliucci no puede menos que reconocerlo en su trabajao “Genotype-phenotype mapping and the end of the “genes as blueprint” metaphor” (Pigliucci 2010):</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Medawar &amp; Medawar (1983) famosamente dijeron que “la genética propone y la epigenética dispone” donde epigenética significa el conjunto del proceso de desarrollo, una forma de destacar que la teoría evolucionista finalmente necesita una buena comprensión conceptual del desarrollo y no solamente de la genética.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En el párrafo anterior la palabra “finalmente” resulta dramática puesto que pone de relieve la sinrazón de siglo y medio de construcción científica de una disciplina sustentada sobre una visión meramente ideológica de la realidad con olvido culpable de lo que debe de ser la esencia del trabajo científico, el conocimiento de la realidad a través de la observación para la posterior elaboración de las teorías orientadas a explicar dicha realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por su parte Francis trata de ofrecernos las respuestas a su pregunta crucial y nos recuerda la existencia básicamente de dos posturas contrapuestas en relación al problema de la forma biológica. Por un lado el preformacionismo, por el otro la epigénesis. El preformacionismo no es sino la estrafalaria propuesta popularizada en el siglo XVIII y XIX de que el cigoto contiene ya perfectamente pre-formado al individuo y que el proceso de desarrollo no es sino un proceso de crecimiento de las partes y el todo hasta alcanzar su forma adulta. El cigoto, en el caso del ser humano, sería algo así como un homúnculo en miniatura, y el proceso de reproducción de la especie no sería otra cosa que el permanente despliegue de un juego infinito de muñecas rusas que se autocontienen. El individuo por lo tanto existiría como tal, perfectamente formado desde su misma concepción. En contraposición, la epigénesis concibe el proceso de desarrollo como un proceso creativo en el que las partes y el todo van surgiendo armónicamente, paso a paso, no un mero proceso de despliegue de una forma ya existente.</p>
<p style="text-align: justify;">Por supuesto la epigénesis resulta ser la explicación más razonablemente fundada en la observación, no solamente en la actualidad, sino que ya había sido presentada nada menos que por Aristóteles hace dos mil quinientos años. Igualmente bien comprendido por Kant, el proceso de desarrollo y formación del ser vivo había sido percibido por el filósofo alemán como un proceso de formación de las partes y del todo al unísono. De tal manera que las partes y el todo se condicionan mutuamente siendo, recíprocamente, medio y fin el uno para el otro. En realidad y por lo tanto, y a pesar de que el limitado conocimiento científico de su tiempo parecía ya ser suficiente para entender la naturaleza del proceso de desarrollo, algunos científicos encontraban en la teoría preformacionista el modo de eludir el desafío que la epigénesis como propuesta parecía no ser capaz de resolver: el orden, la complejidad y el diseño de las formas vivas. Resultaba preciso encontrar algún principio explicativo de la generación de la forma que no podía descansar únicamente en las leyes físicas proclamadas por la mecánica de Newton y cuya falta de direccionalidad e intencionalidad finalista las hacía inservibles para justificar tales eventos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero Francis trae a colación la idea del preformacionismo con un propósito concreto, identificar como una forma “light” de preformacionismo nada menos que la fórmula tradicionalmente aceptada en el seno del paradigma dominante, la idea del genoma como “blueprint”, es decir, como una descripción en plano del organismo a reproducir. Esta tesis se sustenta en la idea predominantemente gen-centrista del modelo darwinista y en la definición del proceso de evolución como un mero añadir o transformar material genético, como quien añade cuentas ensartadas a un collar. Esta idea supone en definitiva que toda la información contenida en el genoma resulta suficiente para desplegar, a partir de ella, la forma biológica concreta en él encriptada. Hoy sabemos que esta noción es perfectamente falsa y que el genoma es, básicamente, un receptáculo pasivo e inerte de información biológica.</p>
<p style="text-align: justify;">Francis lo expresa significando que el modelo tradicional que concibe al gen como el elemento básico ejecutante del proceso ha quedado definitivamente descartado por el conocimiento científico más actual y que dicho elemento ejecutante fundamental no es otro que la célula entendida en su conjunto. Pigliucci coincide plenamente con Francis y, como el título de su trabajo mencionado anuncia, suscribe plenamente la tesis de que la metáfora “gene as blueprint” ya no puede sostenerse. Recordemos que no hace mucho, el proponente del Diseño Inteligente y autor de “Evolution: a theory in crisis” Michael Denton mantenía en una <a href="http://www.darwinodi.com/el-genoma-no-es-el-“blueprint”-del-organismo-1/">entrevista</a> exactamente lo mismo y abogaba por la necesidad de una perspectiva más ambiciosa como explicación del proceso de formación de un organismo. De momento, y hasta aquí, todos de acuerdo. (continuará)</p>
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		<title>Cómo mantener el Consenso Científico en torno a la Evolución</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 13:50:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comentario]]></category>
		<category><![CDATA[Bob Lloyd]]></category>
		<category><![CDATA[Consenso científico]]></category>
		<category><![CDATA[Diseño Inteligente]]></category>
		<category><![CDATA[Entropía]]></category>
		<category><![CDATA[Evolución biológica]]></category>
		<category><![CDATA[Granville Sewell]]></category>
		<category><![CDATA[segunda ley de la termodinámica]]></category>

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		<description><![CDATA[Felipe Aizpun Recordarán nuestros lectores más asiduos la historia que les contábamos hace unos meses del artículo censurado al matemático y proponente del DI de la Universidad de Texas (El Paso, USA) Granville Sewell. Sewell había escrito un artículo titulado “Second look at the Second Law”, el cuál había pasado con éxito el protocolario examen <a href='http://www.darwinodi.com/como-mantener-el-consenso-cientifico-en-torno-a-la-evolucion/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://2.bp.blogspot.com/_TcoR-VV7F0c/TCTw81x8HfI/AAAAAAAAAOI/udTBsejQIAY/s1600/desorden.jpg" alt="Función de onda de un electrón de un átomo de hidrógeno" width="250" height="178" /></p>
<p style="text-align: justify;">Recordarán nuestros lectores más asiduos la <a href="http://www.darwinodi.com/la-censura-naturalista-y-el-segundo-principio-de-la-termodinamica/">historia</a> que les contábamos hace unos meses del artículo censurado al matemático y proponente del DI de la Universidad de Texas (El Paso, USA) Granville Sewell. Sewell había escrito un artículo titulado “Second look at the Second Law”, el cuál había pasado con éxito el protocolario examen de sus colegas (peer-review) y había sido confirmado para su publicación en una (hasta entonces) respetable revista matemática denominada Applied Mathematics Letters. Como ya comentamos en su momento, el lobby materialista puso el grito en el cielo ante el anuncio de tal publicación y el director de la revista prefirió dar marcha atrás antes que ver en peligro su fututo profesional por lo que retiró el artículo de la imprenta. A la postre la revista, para evitar mayores consecuencias por su conducta inapropiada, aceptó excusarse públicamente y asumir el pago de 10.000 $ en concepto de gastos procesales. Pero se negó a publicar el artículo. Es decir, reconoció lo impropio de su conducta, asumió la validez del trabajo pero prefirió arrostrar el deshonor de una conducta que transgredía el código deontológico de su profesión antes que enfrentarse al enojo de los poderosos representantes del paradigma oficial.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordemos el objeto del artículo: Sewell defendía en él que la historia de la vida en nuestro planeta representa un desafío, si se quiere explicar por causas exclusivamente materialistas, habida cuenta de las constricciones que el segundo principio de la termodinámica impone a la evolución y el cambio de las “cosas” que pueblan este Universo. Si observamos la imagen grabada de la acción de un tornado sobre una zona habitada veremos que su carácter destructivo impone una desaparición de la organización o el orden y el carácter funcional imperante en los objetos asolados por el fenómeno “natural”. Sólo la reproducción inversa de las imágenes, de adelante hacia atrás en el tiempo, nos podría mostrar una aparente secuencia de ordenación espontánea de la materia en objetos u artefactos funcionales. Pues bien, Sewell mantiene que la historia de la vida en nuestro planeta equivale a la reproducción inversa de un proceso estrictamente natural, toda vez que supone la organización (aparentemente) espontánea de átomos y moléculas para la conformación de seres biológicos primero y después, de forma derivada, de artefactos excepcionalmente eficientes, como automóviles, ordenadores, cohetes espaciales etc. Recordemos algún párrafo de su trabajo:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>El orden puede aumentar en un sistema abierto, no porque las leyes de la probabilidad se suspenden al abrir la puerta, sino simplemente porque el orden puede entrar en el sistema al quedar la puerta abierta. Si encontráramos evidencia de que ADN, piezas de automóviles, chips de computadores o libros entraron en la atmósfera de la Tierra en un momento dado del pasado, entonces quizás, la aparición de humanos, coches, computadoras y enciclopedias en un planeta previamente desierto, podría explicarse sin postular una violación del segundo principio. Pero si todo lo que vemos que ha entrado es radiación y fragmentos de meteoritos está claro que todo lo que está atravesando las fronteras del sistema no puede explicar el incremento de orden aquí observado.<span id="more-2840"></span></em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Como el autor alegaba en su defensa, el artículo censurado no mencionaba ni siquiera inferencia alguna de diseño inteligente; se limitaba a contrastar los hechos de la historia de la vida en nuestro planeta con los principios que rigen, en forma de leyes naturales, los procesos de cambio en el cosmos.</p>
<p style="text-align: justify;">Sewell mantenía en su artículo que la simple mención de que la Tierra es un sistema abierto y que fuentes de energía externas inciden sobre ella, no es en absoluto una explicación suficiente para justificar tales eventos. La idea de que la entropía desaparecida en un sistema se explica suficientemente por la existencia de un sistema contiguo capaz de experimentar un aumento de entropía compensatorio, supone una interpretación inadmisible de la segunda ley de la termodinámica. Hace falta que el input de energía o de elementos de control y regulación que experimente el sistema sea de la naturaleza apropiada para justificar el tipo de organización funcional aparecido en su seno. Algo tan sencillo como reivindicar la validez intemporal del principio de adecuación causal.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues bien, el motivo de este comentario es dar cuenta de la sorprendente consecuencia del episodio mencionado. Después de habérsele negado al profesor Sewell la oportunidad de publicar su trabajo en una revista profesional, éste ha tenido que soportar que en otra revista de similares características denominada Mathematical Intelligencer se haya publicado abiertamente una refutación de su artículo no publicado. Por un lado, no se le permite manifestar sus opiniones, pero por otro se publica un artículo criticando las ideas que no se le ha permitido exponer y defender públicamente. Como sabrán nuestros lectores habituales, una de las críticas más repetidas contra las propuestas del movimiento del Diseño Inteligente es que sus propuestas carecen de valor científico porque, entre otras cosas, carecen de literatura significativa publicada en revistas profesionales que hayan superado del trámite de revisión paritaria preceptivo. Para asegurarse de que una cosa tal pueda seguir reivindicándose mucho tiempo, el lobby darwinista tiene por costumbre ejercer todas las presiones que sean necesarias contra dichas revistas, incluso amenazar a sus directores y editores con todo tipo de represalias, incluido el despido, para evitar que tales publicaciones tengan lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero la cosa no termina ahí y así nos lo sigue contando el propio Sewell en su comentario recientemente aparecido en <a href="http://www.evolutionnews.org/2012/04/how_the_scienti059011.html"> ENV</a>. Al conocer el artículo publicado en refutación de su trabajo y firmado por Bob Lloyd, Sewell escribió una respuesta que remitió a la mencionada revista. Pidió que la misma le fuese publicada siquiera como una simple carta al Director, lo cuál le fue nuevamente denegado. No solo se le impidió publicar su trabajo, sino que se le denegó el derecho a defenderse frente a la crítica de su trabajo censurado. Así es como se construye el “CONSENSO” científico en torno al evolucionismo. Un ejemplo lamentable de una práctica que siembra de sospechas y de dudas en torno al supuesto valor científico de los principios que precisan ser defendidos de esta forma, eludiendo el debate transparente y exigiendo el adoctrinamiento impositivo, no sólo del público generalista, sino también de los lectores especializados en determinadas disciplinas.</p>
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		<title>La Metafísica de la Física Cuántica (pero no se asusten) 2</title>
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		<pubDate>Tue, 08 May 2012 17:22:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comentario]]></category>
		<category><![CDATA[física cuántica]]></category>
		<category><![CDATA[Francis Bacon]]></category>
		<category><![CDATA[José J. de Olañeta]]></category>
		<category><![CDATA[Massimo Pigliucci]]></category>
		<category><![CDATA[Metafísica]]></category>
		<category><![CDATA[René Descartes]]></category>
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		<category><![CDATA[res extensa]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Feynman]]></category>
		<category><![CDATA[Wolfgang Smith]]></category>

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		<description><![CDATA[Felipe Aizpun Wolfgang Smith se graduó por la Universidad de Cornell en 1948 en física, matemáticas y metafísica y ha proseguido sus inquietudes intelectuales a lo largo de toda su carrera compaginando su quehacer profesional con el estudio y redacción de libros de gran interés. Como ingeniero trabajó en la Bell Aircraft Corporation y es <a href='http://www.darwinodi.com/la-metafisica-de-la-fisica-cuantica-pero-no-se-asusten-2/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://api.ning.com/files/Ky6uJpkWLhbRnyILuuD4hoyK3aRU2l0K6b*QNj1-KLK5RehrzlIT8A547YO937mOXWoZEJ8HwlycgUj6WbQh6*CPsVdXAQNW/MagFields.jpg" alt="Función de onda de un electrón de un átomo de hidrógeno" width="256" height="228" /></p>
<p style="text-align: justify;">Wolfgang Smith se graduó por la Universidad de Cornell en 1948 en física, matemáticas y metafísica y ha proseguido sus inquietudes intelectuales a lo largo de toda su carrera compaginando su quehacer profesional con el estudio y redacción de libros de gran interés. Como ingeniero trabajó en la Bell Aircraft Corporation y es conocido por haber aportado importantes soluciones que permitieron a la postre hacer viables los viajes interespaciales. Como teórico y enseñante en las Universidades de UCLA y Oregon ha colaborado ampliamente en el desarrollo de la geometría diferencial y la física cuántica. Ha publicado diversos trabajos de entre los que sobresalen libros como “Cosmos and Transcendence: Breaking Through the Barrier of Scientistic Belief”, “The Quantum Enigma: Finding the Hidden Key” o “The Wisdom of Ancient Cosmology: Contemporary Science in Light of Tradition”. A algunas de las propuestas de este último libro de 2004 nos vamos a referir más detalladamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Smith incide en su libro exactamente en las mismas cuestiones suscitadas por Pigliucci en el artículo que comentábamos en el post anterior: la insuficiencia del modelo explicativo propio de la modernidad ante los nuevos datos aportados por la física cuántica y la necesidad de una ontología capaz de acomodar estas observaciones. La visión reduccionista contemporánea, nos dice Smith, no es un dato aislado; por el contrario, se sustenta en las limitaciones inherentes a las premisas epistemológicas de la ciencia moderna. Y estas limitaciones proceden del postulado de bifurcación establecido por Descartes entre “res extensa” y “res cogitans”, lo que nos obliga a reinterpretar la realidad al margen de este postulado consagrado hace más de tres siglos.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta reinterpretación no es otra cosa, por tanto, que asignar de nuevo a las cosas perceptibles existentes (realidades corpóreas) una realidad objetiva al margen del sujeto pensante, unas cualidades esenciales que les pertenecen de manera objetiva, recuperando así una visión esencialista tradicional. El acto de conocer, nos dice Smith siguiendo a Whitehead, no puede ser reducido a un proceso natural, o al mero “ser”. Ser, implica en última instancia “poder ser conocido”. El acto de conocer no es por tanto un proceso de naturaleza espacio-temporal sino una aprehensión instantánea, “fuera del tiempo”.</p>
<p style="text-align: justify;">Una “nueva” ontología tiene que enfrentarse al hecho de la existencia de dos dimensiones diferentes de la realidad, que Smith caracteriza como el mundo corpóreo por un lado, el mundo de las cosas perceptibles, y el submundo de lo estrictamente “físico” por otro, es decir, el ámbito de las estructuras definibles matemáticamente al que nos asoma la física cuántica y que supone la dilución de la materialidad en un ámbito de estructuras y procesos caracterizados por la dualidad, la superposición y como consecuencia, por un indeterminismo relativo.</p>
<p style="text-align: justify;">Smith nos propone la “revolucionaria” idea de la necesidad de recuperar la metafísica tradicional para poder comprender y asumir los nuevos datos de la física cuántica. Se apoya para ello nada menos que en Heisenberg quien ya, en sus “Gifford Lectures” de 1956 dedicó una atención especial a la necesidad de encajar los nuevos datos de la física cuántica, sus resultados experimentales y sus construcciones teóricas, en un marco epistemológico y ontológico adecuado, es un modelo filosófico que aportara un principio fundamental de la realidad y la estructura del mundo material. Según Heisenberg las llamadas “funciones de onda” establecidas como concepto explicativo de las observaciones aportadas por la física cuántica constituirían “una versión cuantitativa del viejo concepto de potencia de la filosofía aristotélica” y los objetos cuánticos serían “una extraña clase de entidades físicas a medio camino entre posibilidad y realidad”. La realidad material por tanto, cunado queremos aprehenderla en su esencia más íntima, escapa a nuestra capacidad racional de comprender como el agua del cesto del conocimiento. Esta visión metafísica que nos sugiere Smith contiene indudablemente elementos para comprender la realidad y el indeterminismo propios del mundo cuántico mucho más consistentes que la caracterización de los eventos desde la mera entronización del esquivo y magicoide concepto de “azar” a la categoría ontológica de causa.<span id="more-2834"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Así por lo tanto, el nivel cuántico de la realidad (estructural, matemático), se referiría al nivel corpóreo (perceptible sensorialmente) en la misma relación que la potencia se refiere al acto, y por lo tanto define el nivel de orden jerárquico de la realidad, aunque de manera distinta a como lo hacía Pigliucci en el artículo comentado. Para Pigliucci, siguiendo el dictado de la perspectiva reduccionista imperante (aunque sin aceptar el carácter fundamentalista de dicho modelo), el sustrato matemático subyacente al mundo corpóreo presentaría una “prioridad” ontológica en relación al mundo corpóreo. Para Smith en cambio, en el ámbito de su ontología tradicional, el mayor valor de lo que es en acto en relación a lo que es en potencia implica un orden ontológico superior del mundo corpóreo, de las “cosas” en relación al sustrato de procesos y funciones matemáticas sobre el que parece descansar.</p>
<p style="text-align: justify;">Smith se pregunta en su libro qué es lo que caracteriza al Universo físico (cuántico) como sustrato material del mundo corpóreo. La realidad cuántica, definida por Heisenberg como algo a medio camino de la realidad, no puede por tanto ser considerada como “esencia” porque solo lo que es plenamente real tiene esencia y puede ser percibido como una “cosa”. El sustrato físico es por tanto básico, previo, pero es un sustrato “in-esencial”. El paso de la potencia al acto necesita entonces, una justificación metafísica que Smith nos propone, recuperando una vez más los conceptos de la filosofía tradicional preteridos por el avance de la ciencia tal como ha sido concebida por la modernidad.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>El paso decisivo en la restitución de la “cosmología perennis” es, sin lugar a dudas, el redescubrimiento de la “forma” como un principio causal y ontológico. Desde que Francis Bacon y René Descartes declararan que las formas sustanciales no eran si no un producto de la imaginación escolástica, la ciencia occidental se ha esforzado en explicar el todo en función de sus partes reconocibles…</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pero los descubrimientos de la ciencia no admiten la interpretación reduccionista que se deriva de la ontología cartesiana, como venimos explicando. Existen, por el contrario, principios formales de naturaleza no matemática que concurren en la materialización de la realidad corpórea, o más bien, en la concreción de lo real como materia “informada”, y que son “esenciales” en un sentido estrictamente ontológico. Es en definitiva, la forma esencial en cuanto causa formal de lo real la que explica la transición del mundo cuántico de lo posible al mundo corpóreo de lo real, lo que nos libera del oscurantismo al que nos tiene sometidos la paradoja de lo cuántico.</p>
<p style="text-align: justify;">Smith nos cita un pasaje de la obra de Descartes que pone en evidencia la inconsistencia de sus arbitrarias caracterizaciones de la realidad:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Podemos concebir fácilmente cómo el movimiento de un cuerpo puede ser ocasionado por el de otro, y diversificado por el tamaño la figura y situación de sus partes, pero somos completamente incapaces de concebir cómo esas mismas cosas pueden producir otra cosa de una naturaleza enteramente diferente de ellas mismas como por ejemplo, esas formas sustanciales y cualidades reales que muchos filósofos suponen que se dan en los cuerpos.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Esta incapacidad para comprender le llevó a desentenderse de las condiciones esenciales de lo real, y a basar todo su modelo en un mecanicismo universal, ajeno a todo principio causal formal o finalista, ofreciéndonos a cambio un universo des-esencializado, vació de auténtica realidad en el que las formas sustanciales y las cualidades sensibles como datos objetivos ajenos al observador pensante quedaban proscritas.</p>
<p style="text-align: justify;">No es de extrañar que el reputado físico y premio Nobel Richard Feynman señalara en una ocasión: “Creo que es seguro afirmar que nadie entiende la mecánica cuántica”. Como apostilla Smith, no es el sustrato matemático del mundo cuántico lo que no se comprende, sino la metafísica que puede acordar coherencia a las observaciones de la física cuántica que no encajan en la ontología de la modernidad. Dicha coherencia puede ser reencontrada en el discurso metafísico clásico de la distinción entre forma y materia, conjuntamente con la distinción entre potencia y acto. El mundo físico de las estructuras matemáticas subyacentes contiene en potencia la realidad estrictamente material del mundo corpóreo; la forma como causa, explicaría el paso de la potencia al acto. El modelo explicativo de la realidad aristotélico-tomista es, por otra parte, perfectamente realista en el sentido de que no deja sitio para la duda cartesiana. Los objetos que percibimos tienen una existencia real por sí mismos en sus caracteres esenciales y accidentales.</p>
<p style="text-align: justify;">Smith señala de manera especial que una explicación por causas formales de la realidad se hace especialmente necesaria cuando nos enfrentamos al mundo de los seres vivos por oposición al mundo inorgánico:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>A la luz de estos descubrimientos, ahora se puede establecer que la diferencia entre lo inorgánico y lo orgánico es de tal magnitud que de hecho permite descartar cualquier transición “accidental” del primer al segundo de los dominios mencionados.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">No es por lo tanto de extrañar que Smith sea consecuentemente un convencido detractor de las teorías darwinistas como justificación del proceso evolutivo y así lo expone de manera magistral en el Cap IV de su libro “Cosmos and Transcendence” antes mencionado, y que ha sido publicado en español como opúsculo independiente por el editor José J. de Olañeta en su colección “El Barquero” con el título “La Evolución: hechos y fantasías”.</p>
<p style="text-align: justify;">El tema de la forma biológica como causa formal es indudablemente un eje central en el debate sobre el evolucionismo y a él vamos a dedicar una próxima serie de artículos que les invitamos a seguir.</p>
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		<title>La Metafísica de la Física Cuántica (pero no se asusten) 1</title>
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		<pubDate>Fri, 04 May 2012 13:16:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comentario]]></category>
		<category><![CDATA[física cuántica]]></category>
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		<category><![CDATA[Isaac Newton]]></category>
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		<description><![CDATA[Felipe Aizpun Los escritos de Massimo Pigliucci pocas veces decepcionan. No solamente es un pensador de gran talento si no que además tiene el buen tino de proponer cuestiones de interés actualizado y de reflexionar sobre aquellas cosas que verdaderamente importan y afectan a elementos esenciales del debate más importante que ocupa a nuestra clase <a href='http://www.darwinodi.com/la-metafisica-de-la-fisica-cuantica-pero-no-se-asusten-1/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://4.bp.blogspot.com/_wBm9t39BaLM/SlQurKJN6PI/AAAAAAAAAm0/VzREZooMMng/s400/funcion+de+onda+de+un+electron+de+un+atomo+de+hidrogeno.gif" alt="Función de onda de un electrón de un átomo de hidrógeno" width="316" height="316" /></p>
<p style="text-align: justify;">Los escritos de Massimo Pigliucci pocas veces decepcionan. No solamente es un pensador de gran talento si no que además tiene el buen tino de proponer cuestiones de interés actualizado y de reflexionar sobre aquellas cosas que verdaderamente importan y afectan a elementos esenciales del debate más importante que ocupa a nuestra clase intelectual: el debate sobre los orígenes y la justificación última de la realidad. Quisiera traer hoy a nuestra reflexión periódica un <a href="http://rationallyspeaking.blogspot.com.es/2012/04/on-fundamentalist-reductionism.html">artículo</a> reciente publicado en su blog “Rationally Speaking” bajo el título de “Acerca del reduccionismo fundamentalista”. Una de las características principales de sus posiciones es su comprensión de la naturaleza filosófica (y no únicamente científica, como quisieran muchos) del mencionado debate y la necesidad de una interconexión entre ambas disciplinas. Por eso manifiesta en el citado artículo la importancia de que los estudiosos de la metafísica entiendan y asuman los avances de la ciencia y en especial de la física moderna (algo que según Pigliucci es mucho menos habitual de lo que cabría esperar). No lo reclama de forma expresa, pero podría añadirse, la importancia de que los físicos comprendan la naturaleza y el peso de los condicionantes metafísicos de sus propuestas e interpretaciones de la realidad. Algo también menos habitual de lo deseable habida cuenta de la proliferación de iluminados en los últimos tiempos (véase el caso reciente de los libros de Hawking o Lawrence Krauss proclamando la posibilidad de explicar la emergencia del Universo a partir de la nada y despreciando de manera explícita el conocimiento filosófico). El propio Pigliucci se exaspera ante tamaño dislate como podemos ver <a href="http://rationallyspeaking.blogspot.com.es/2012/04/lawrence-krauss-another-physicist-with.html ">aquí. </a></p>
<p style="text-align: justify;">El artículo al que nos referimos, en torno al reduccionismo fundamentalista, trata de la incidencia de los descubrimientos de la física cuántica sobre el modelo de explicación de la realidad que ha venido imperando en los últimos tres siglos, desde el advenimiento de la modernidad y la Ilustración y las conclusiones comprometidas a que tales descubrimientos han llevado a algunos de nuestras más ilustres cabezas pensantes. Pero antes de comentar un asunto de cierta aridez como éste, vale la pena que hagamos una pequeña introducción teórica para mejor comprender el comentario de Pigliucci, y consecuentemente la crítica que del mismo resulta pertinente realizar.</p>
<p>La búsqueda y el avance en el conocimiento humano se desarrolla en el seno de un modelo explicativo de la realidad, y dicho modelo tiene necesariamente dos dimensiones que deben complementarse, una estrictamente científica que nos cuenta cómo son las cosas y cómo se comportan, y otra filosófica que nos presenta hipótesis sobre “qué” son esas cosas y nos intenta justificar su existencia y el sentido del cambio observado en dicha realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues bien, el modelo científico heredado de la revolución intelectual de los últimos siglos no es otro que el modelo iniciado por Galileo y consagrado por la mecánica de Newton. Básicamente viene a explicarnos el mundo como un gran mecanismo gobernado de forma determinista por leyes inamovibles. El estado inicial, cualquiera que fuese su origen o causa, implica la existencia de una base material elemental (es esencialmente atomista) y dicha materia fundamental tendría la capacidad de agruparse bajo el gobierno de las mencionadas fuerzas naturales para conformar las entidades corpóreas conocidas. Cada evento determinista podría ser predicho conocidas las circunstancias inmediatamente anteriores. Un estado inicial, y las leyes naturales, constituyen la referencia explicativa suficiente de todo lo existente.<span id="more-2830"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Al mismo tiempo, este modelo viene armoniosamente encuadrado en una ontología y en una filosofía de la ciencia, propagadas principalmente por los trabajos y propuestas de Descartes (racionalismo francés) y Bacon (empirismo anglosajón), sintetizados posteriormente por la filosofía de Kant. Esta concepción filosófica es, en primer lugar, básicamente nominalista, no considera la existencia real (fuera de la mente del observador) de los universales y por lo tanto se desentiende de la “esencia” de las cosas. Es profundamente reduccionista porque sostiene que todo lo existente puede en última instancia explicarse como agrupación, composición o interacción derivada de los elementos últimos en los que se pueden (o se cree que se podrían) descomponer los entes corpóreos. Este reduccionismo incluye también a los “naturalistas moderados” es decir, autores que conceden la naturaleza diversa de la mente y la conciencia con relación al sustrato material del ente biológico pero que predican algún tipo de emergentismo que consagra en último extremo la prioridad ontológica de la materia sobre el intelecto. Finalmente es un modelo estrictamente mecanicista, es decir, que pretende que la realidad se explica suficientemente a partir de sus estados iniciales y por causas estrictamente eficientes, dejando de lado cualquier perspectiva formal o finalista, hasta entonces elementos esenciales en la metafísica tradicional.</p>
<p style="text-align: justify;">La ontología del modelo es de origen básicamente cartesiano y descansa sobre la bifurcación conceptual instaurada por Descartes entre “res extensa” y “res cogitans”. Recordemos que esta bifurcación va mucho más allá de una mera distinción entre las facultades mentales o la condición racional del ser humano y el sustrato físico o biológico de los entes corpóreos. La res extensa es, en la concepción cartesiana, una materialidad vacía de datos perceptibles, de características o cualidades específicas. Éstas, las características accidentales o susceptibles de percepción sensorial, constituyen atributos que residen en último extremo en la “res cogitans”, es decir, en el sujeto observador. Descartes nos ofrece así por tanto, en armonía con el resto de perspectivas del modelo, una realidad “des-esencializada”.</p>
<p style="text-align: justify;">Es oportuno anotar que la teoría darwinista de la evolución es un exponente fiel y certero de este modelo explicativo del mundo natural. Es una teoría que participa del nominalismo más estricto, es esencialmente reduccionista y mecanicista y su principal argumento se apoya en el rechazo pleno de la teleología que, sin embargo, parece desprenderse del conocimiento de los seres vivientes, reivindicando la condición meramente aparente del diseño que los caracteriza. En definitiva, una teoría perfectamente fiel al espíritu científico y filosófico de su tiempo y, como muchos han señalado, igualmente al espíritu y sensibilidad política propias de la Inglaterra victoriana.</p>
<p style="text-align: justify;">Pues bien, lo que Pigliucci señala en su artículo es que los avances de la física cuántica en el último siglo han puesto en evidencia lo inadecuado del modelo, y que los intentos de encajar las nuevas observaciones en el mismo conducen a conclusiones o interpretaciones de la realidad poco satisfactorias. Por una parte debemos recordar que algunos aspectos de la realidad como la autoconsciencia o el libre albedrío resultaban ya difícilmente explicables en el paradigma dominante. Por el contrario, el descubrimiento de una dimensión cuántica de la realidad material venía ofreciendo, en opinión de muchos autores (entre ellos y muy especialmente el eminente científico Doctor Henry Stapp), una concepción del mundo material capaz de acomodarse no sólo a las nuevas observaciones, sino de justificar de forma más convincente esas características específicas de nuestra condición humana que no encontraban acomodo en el tradicional modelo mecanicista y determinista que surgía de la física de Newton.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que la física cuántica nos muestra es principalmente que la búsqueda de los reductos últimos de la materialidad nos aboca al encuentro de un submundo en el que la materia y la energía se confunden en último extremo escapando a nuestra capacidad de aprehensión, y nos abre la puerta a un sustrato de naturaleza difícil de “percibir” pero susceptible de ser definido y descrito mediante estructuras matemáticas y que elude el determinismo tradicional de la materia en relación a las leyes físicas que rigen el mundo macroscópico. Los eventos cuánticos, en última instancia, se mueven en un ámbito de imposible predicción; en la mecánica cuántica, el avance de la física nos conduce a la constatación de la necesidad, paradójicamente, de una perspectiva “meta-física”. La realidad material en su descomposición elemental trasciende los límites de la condición estrictamente corpórea, escapa a la constricción espacio-temporal de la física tradicional y elude la posibilidad de ser encerrada en los límites de nuestro conocimiento científico. No se trata en absoluto de una hipótesis aventurada desde la ignorancia, sino de una convicción impuesta precisamente como conclusión necesaria del propio avance en el conocimiento experimental.</p>
<p style="text-align: justify;">Dice Pigliucci: “Lo que la moderna física nos dice es que no hay cosas, simplemente hay estructuras, o para ser más precisos, que las estructuras son ontológicamente prioritarias con relación a lo que llamamos cosas”. Según esta formulación, ni siquiera las partículas subatómicas serían reales en el sentido en que habitualmente entendemos este concepto, si no que todo lo conocido y experimentable descansa sobre un soporte susceptible de ser representado matemáticamente, lo que nos transporta, señala Pigliucci, 25 siglos atrás, al modelo platónico del universo matemático.</p>
<p>Esta priorización del sustrato matemático de la realidad en el que desemboca la física cuántica conduce, como consecuencia del reduccionismo dominante y de la ontología que acompaña indefectiblemente a dicho modelo desde hace tres siglos, a lo que Pigliucci ha denunciado como reduccionismo fundamentalista, es decir, el intento de presentar el reducto matemático último de la descomposición del Universo material como base o explicación de todo conocimiento racional de la realidad, hasta el punto de desentenderse del peso de la existencia real de las cosas que nos aportan la evidencia empírica más inmediata. El sustrato matemático, nos dice Pigliucci, existe desde luego en la base del mundo material, pero eso no quiere decir que las cosas que observamos sean una mera ilusión; son por el contrario plenamente reales, cualquiera que sea su relación causal con el universo de los fenómenos cuánticos.</p>
<p style="text-align: justify;">Pigliucci cita la afirmación del físico Lee Smolin: “El Universo está hecho de procesos, no de cosas”, para refutarla como un error categorial. El Universo, nos dice Pigliucci, está hecho de procesos y de cosas, y la tarea de la física, o de la metafísica, no es en absoluto pedirnos que nos olvidemos de las cosas porque los procesos sean ontológicamente previos. Su función es, en cambio, explicarnos qué significa que los procesos puedan desempeñar tal función, y cómo pueden las entidades corpóreas que conocemos surgir a partir de una estructura des-localizada pero matemáticamente descriptible.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Los objetos, y los individuos están aquí para quedarse, independientemente de si son el producto de objetos más pequeños o de relaciones matemáticas.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Lo cuál está muy bien, y pone de manifiesto una vez más el buen criterio y la sensatez de Pigliucci llamado a estar permanentemente reconviniendo a sus correligionarios materialistas por los excesos a los que les conducen sus convicciones si son llevadas coherentemente hasta el final. Pero una vez más y como siempre, Pigliucci hace gala de esa “discreta inconsistencia” a la que nos hemos referido en diversas ocasiones. Pone de manifiesto la incapacidad del modelo físico dominante para explicar amplios aspectos de la realidad y pone de manifiesto igualmente la inconsistencia del modelo metafísico contemporáneo para explicar acertadamente la esencia ultima de lo real. Pero, como siempre, carece de explicaciones alternativas que, desde el respeto a sus convicciones (prejuicios) filosóficos naturalistas pueda ofrecer justificaciones suficientes de la realidad. Pigliucci no tiene rival señalando los fallos y las incongruencias de sus correligionarios materialistas, pero carece de explicaciones razonables con las que sustituir las inconsistencias de sus amigos.</p>
<p style="text-align: justify;">En definitiva, lo que necesitamos es una ontología que se acomode a la realidad de una física cuántica que también ha venido para quedarse y que está pidiendo a gritos una revisión profunda de los esquemas filosóficos que han caracterizado el avance en el conocimiento racional de los últimos siglos. Pues bien, algunos consideran que esa ontología que buscamos está mucho más cercana de lo que habríamos imaginado. Tal es el caso del físico y filósofo Wolfgang Smith, un tipo verdaderamente interesante cuya obra, poco conocida, nos depara sorprendentes reflexiones como las que vamos a comentar en el próximo artículo. (continuará)</p>
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		<title>Las recetas de Shapiro para hacer frente a los Supernaturalistas</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2012 13:01:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comentario]]></category>
		<category><![CDATA[Casey Luskin]]></category>
		<category><![CDATA[Creacionismo]]></category>
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		<category><![CDATA[James A.Shapiro]]></category>
		<category><![CDATA[Naturalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Dawkins]]></category>

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		<description><![CDATA[Felipe Aizpun Que James Shapiro es un biólogo con talento y de sólida experiencia y conocimientos en su campo profesional es indudable. Sus aportaciones de los últimos años, dentro de una perspectiva naturalista, han sido enormemente críticas con el paradigma dominante. Sus prejuicios filosóficos, sin embargo, le han llevado siempre a defender posiciones de rechazo <a href='http://www.darwinodi.com/las-recetas-de-shapiro-para-hacer-frente-a-los-supernaturalistas/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://g-ecx.images-amazon.com/images/G/01/ciu/7d/b7/5902ed9b5e670ad8956e29.L._V177787918_SX200_.jpg" alt="" width="200" height="271" /></p>
<p style="text-align: justify;">Que James Shapiro es un biólogo con talento y de sólida experiencia y conocimientos en su campo profesional es indudable. Sus aportaciones de los últimos años, dentro de una perspectiva naturalista, han sido enormemente críticas con el paradigma dominante. Sus prejuicios filosóficos, sin embargo, le han llevado siempre a defender posiciones de rechazo a cualquier planteamiento que reivindique la necesidad de una justificación racional y teleológica al proceso de emergencia y evolución de los seres vivos. En un reciente <a href="http://www.huffingtonpost.com/james-a-shapiro/evolution-debate_b_1425133.html">artículo</a> en “The Huffington Post” Shapiro se presta, a petición de un comunicante, a dar las recetas apropiadas para combatir la ola creacionista que parece amenazar a los Estados Unidos.</p>
<p style="text-align: justify;">El comentario tiene su origen en la sucesión de normativas que, poco a poco, en diferentes Estados norteamericanos van proclamando el derecho a educar a los jóvenes en un espíritu crítico en relación al dogma del evolucionismo darwinista (y otras cuestiones científicas controvertidas como por ejemplo el calentamiento global antropogénico). “Teach de Controversy” se ha convertido en un slogan que no pide sino el derecho a no ser adoctrinado de forma inmisericorde en una teoría puramente especulativa y carente de un soporte empírico suficiente y que ha venido imponiéndose durante décadas en la enseñanza pública y privada de más de medio mundo. Dichas leyes, como la recientemente aprobada en el estado de Tennessee (no sin amplia polémica) no buscan otra cosa que el respeto para poder hacer pública la existencia de una amplia controversia científica en torno a la teoría darwinista de la evolución.</p>
<p style="text-align: justify;">No es de extrañar, tal como están las cosas, que la aprobación de tales leyes, que en absoluto autorizan a modificar el contenido de las materias aprobadas en el curriculum oficial, ni mucho menos a introducir perspectivas religiosas o creacionistas, ni por supuesto tampoco (faltaría más!) a enseñar las teorías del Diseño Inteligente, haya sido presentada como un ataque a la salud mental de los alumnos, a su correcta formación o a su derecho a acceder a un conocimiento verdadero. El comunicante de Shapiro se permite falsear la realidad afirmando gratuitamente, (y sin que Shapiro se moleste en corregirle) lo que no es sino una burda falsedad:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Vivo en un estado que acaba de aprobar leyes para “enseñar la controversia” en relación a ciencias que son controvertidas pero que es, como resulta más que obvio, un medio para introducir en las clases la idea de creación especial o la geología del diluvio y otras hipótesis similares carentes de valor intelectual.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Cualquier lector con un mínimo de cultura puede valorar por sí mismo la ignominiosa falsedad de tal afirmación leyendo el texto íntegro (apenas un par de páginas) de la norma aprobada <a href="http://www.capitol.tn.gov/Bills/107/Amend/SA0901.pdf">aquí</a>.<span id="more-2828"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Shapiro, que no se molesta en aclarar que tales preocupaciones no son sino una falsificación de la realidad, se abona a la cruzada contra el “supernaturalismo” aportando sus opiniones sobre lo que conviene hacer y postular para frenar el avance creacionista. Lo primero que aclara en su artículo es que parte de la culpa del desaguisado actual la tiene la ortodoxia darwinista reaccionaria que, según sus propias palabras, lleva ignorando 60 años de avance científico en biología molecular. No se puede combatir el creacionismo, nos dice, ofreciendo como imbatible una postura científicamente inconsistente, superada por los avances en la investigación pero que se sigue postulando como una verdad incontestable de la mano de dogmáticos impenitentes como Richard Dawkins (Shapiro dixit).</p>
<p style="text-align: justify;">No puede ser, nos dice Shapiro; la ciencia, por el contrario, es un empeño sometido permanentemente a la actualización que procede de los nuevos descubrimientos. Las teorías científicas están sujetas a permanente revisión y en último extremo a sustitución. Cita Shapiro la mecánica de Newton y su revisión por la teoría de la relatividad de Einstein como ejemplo, y termina diciendo: “<em>No hay razón para creer que la ciencia de la evolución sea de ninguna manera diferente en este sentido</em>”</p>
<p style="text-align: justify;">Paradójicamente, estas palabras en realidad parecen invitar a defender leyes que “enseñen la controversia” que es lo que aparentemente Shapiro trataba de combatir…</p>
<p style="text-align: justify;">Más adelante Shapiro nos aporta lo que él seguramente considera como los argumentos más potentes para oponerse a la idea de la necesidad de una justificación intencional e inteligente en biología; por ejemplo, la muy poco convincente reflexión de la existencia de similitudes entre el ser humano y otros primates que sólo podrían justificarse por la existencia de un antecesor común. El ejemplo no podía ser más desafortunado ya que si algo distingue al ser humano, son precisamente sus innumerables caracteres imposibles de encontrar en un simio antecesor tal como se explica ampliamente en este <a href="http://darwins-god.blogspot.com.es/2012/04/unbelievableevolution-in-complete-free.html">artículo </a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Sorprendentemente otro de los argumentos en favor de una interpretación puramente naturalista de la evolución sería el cúmulo de descubrimientos recientes que abundan en la necesidad de desterrar para siempre la hipótesis darwinista (nos dice Shapiro) de que la evolución es una mera acumulación de errores en la replicación de la información genética. Por el contrario, añade el profesor de Chicago, hoy está suficientemente demostrado que los procesos de evolución sólo pueden ser considerados como procesos de transformación profunda de los genomas por mecanismos de ingeniería genética celular que responden a los desafíos del ambiente provocando respuestas adaptativas. Lo curioso es que estos argumentos, mal que le pese a Shapiro, apuntan en realidad mucho más a un proceso intencional de carácter teleológico que a un proceso estrictamente naturalista y por lo tanto carente de intencionalidad ni finalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Un argumento sorprendente es el que Shapiro nos ofrece (y que no recuerdo haber visto desarrollado nunca en sus trabajos anteriores) en el sentido de que puesto que los procesos de cambio y transformación en los genomas son tan complejos eso nos permite justificar su capacidad para generar, de forma natural, estructuras “irreduciblemente complejas”. Sorprendente. Ningún ejemplo de variación observable que yo sepa jamás ha mostrado una mera transformación naturalista, es decir, no dirigida ni planificada, que haya hecho surgir por ensalmo una estructura biológica irreduciblemente compleja. Tan sospechoso es el argumento que el propio Shapiro acaba concediendo: “Un trabajo futuro para la evolución experimental es comprender como esto ocurre en tiempo real”. No es poca cosa el desafío. En definitiva, descubrir que la aparición de estructuras irreduciblemente complejas exige transformaciones profundas del genoma es muy interesante. Pretender que tal “descubrimiento” por sí solo permite afirmar que tales transformaciones se han producido de manera “natural” sin que se pueda sospechar la existencia de un proceso de diseño intencional es una falacia lógica descomunal.</p>
<p style="text-align: justify;">Y para terminar una perla:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Para ser sinceros debemos reconocer que algunas cuestiones, como el origen de las primeras células vivientes, no tienen una respuesta científica creíble en la actualidad. Sin embargo, dada la capacidad históricamente demostrada de la ciencia y la tecnología para conquistar lo “imposible” (es decir, vuelos espaciales, telecomunicaciones, computación electrónica y robótica), no hay razón para creer que los problemas no resueltos permanecerán indefinidamente faltos de una explicación naturalista.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Un auténtico acto de fe por parte de Shapiro. Es más, una auténtica falsificación del pensamiento científico. Los avances tecnológicos no pueden presentarse como aval de una futura justificación naturalista del origen de la vida por la sencilla razón de que el problema del origen de la vida no es en absoluto, a estas alturas, un problema de ignorancia. El origen de la vida no es simplemente un “problema no resuelto”. El conocimiento actual nos permite identificar sin duda alguna la naturaleza íntima de los procesos de la vida como procesos gobernados por información prescriptiva y de naturaleza cibernética; o lo que es lo mismo, procesos definidos mediante controles reguladores fruto de eventos que sólo encajan en actos de causación del tipo “elección contingente”. El argumento por el diseño no es, como explica Casey Luskin por enésima vez en este reciente <a href="http://www.evolutionnews.org/2012/04/revisiting_the058771.html">post</a> un argumento desde la ignorancia, sino un argumento positivo desde el conocimiento profundo de la Naturaleza y la realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo tremendo es que nuestros científicos alienten que se persiga y se vitupere a quien reclama que se enseñe a nuestra juventud la existencia de una controversia absolutamente sustentada en la evidencia empírica más abrumadora y se pretenda en cambio educarla en la superstición pseudocientífica que descansa sobre declaraciones de fe sustentadas únicamente por prejuicios metafísicos completamente faltos de soporte en la evidencia, como lo que Shapiro nos sugiere.</p>
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		<title>Embriología, Evolución y Forma Biológica</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2012 15:16:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Felipe Aizpun Uno de los fallos críticos de la llamada Síntesis Moderna es el desprecio o la no inclusión en su modelo de los datos relativos a la embriología como disciplina esencial en el conocimiento biológico. Desde la publicación de la obra de T.H. Morgan “The Theory of the Gene” (1926) que consagró la diferencia <a href='http://www.darwinodi.com/embriologia-evolucion-y-forma-biologica/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/53/9-Week_Human_Embryo_from_Ectopic_Pregnancy.jpg" alt="" width="250" height="375" /></p>
<p style="text-align: justify;">Uno de los fallos críticos de la llamada Síntesis Moderna es el desprecio o la no inclusión en su modelo de los datos relativos a la embriología como disciplina esencial en el conocimiento biológico. Desde la publicación de la obra de T.H. Morgan “The Theory of the Gene” (1926) que consagró la diferencia entre genética y desarrollo, la embriología quedó relegada fuera del ámbito de los estudios filogenéticos. Se consideró que la genética se ocupaba del estudio de los caracteres y condiciones de la herencia mientras que la embriología, por referirse únicamente a los mecanismos de expresión de dichos caracteres, no necesitaba ser objeto de atención por parte de los teóricos del evolucionismo.</p>
<p style="text-align: justify;">No ha sido hasta finales del pasado siglo que los trabajos de autores como Gould, Raff, Kaufman,o el valenciano Pere Alberch han desvelado la inexcusable necesidad de acometer una revisión de la moderna teoría de la evolución que pueda acomodar el avance imparable de los conocimientos en embriología. Como señala Pigliucci en su trabajo “Genotype-phenotype mapping and the end of the genes-as-blueprint metaphor” el problema de la causación genotipo-fenotipo del que ya nos hemos ocupado en estas páginas en diversas ocasiones es crítico para cualquier teoría evolutiva. No podemos justificar la aparición de nuevas formas novedosas desde un modelo que desconozca todos los misterios del proceso de generación del fenotipo a partir de los diferentes estratos de información genética y epigenética que regulan el proceso de desarrollo de un organismo vivo. La disciplina conocida como Evo-Devo, o evolución del desarrollo, se ha consolidado en las últimas décadas como una disciplina fundamental que necesita ser encajada en cualquier paradigma evolucionista que aspire a perdurar. Dos son los objetivos principales de estudio para esta disciplina ya firmemente asentada como un área autónoma de la ciencia biológica, la explicación de las innovaciones evolutivas y la evolución de los planes corporales.</p>
<p style="text-align: justify;">El impacto de los conocimientos aportados por esta disciplina sobre el modelo tradicional de la evolución darwinista ha sido juzgado de forma desigual por los autores. Para quienes abogan por el carácter dogmático e inapelable del modelo las aportaciones apenas resultan comprometedoras. Así lo defienden por ejemplo Hoekstra y Jerry Coyne en su conocido trabajo de 2007 “The locus of evolution: evo devo and the genetics of adaptation”. En este trabajo los autores discuten la afirmación principal de la biología del desarrollo de que las variaciones adaptativas que afectan a la morfología de los organismos tienen lugar de manera principal sobre las secciones reguladoras de los genes y no sobre las secciones codificadoras de las proteínas. Defienden que las mutaciones adaptativas bien pueden incidir en ambas regiones del genoma pero mantienen la predominancia en las mismas del carácter estructural sobre el regulador.</p>
<p style="text-align: justify;">Para otros autores sin embargo, el avance de la disciplina conocida como Evo-Devo representa de manera definitiva un desafío insalvable para el paradigma contemporáneo. Así lo expone por ejemplo Lindsay Craig en su trabajo de 2010 “The so called Extended Synthesis and Population Genetics”. Craig coincide aquí con la opinión de otros afamados autores del espectro evolucionista como el filósofo de la ciencia William Provine en considerar que el análisis que se deriva de los trabajos recogidos por Pigliucci en su “The Extended Synthesis” deben ser considerados como un cambio radical de perspectiva. El argumento principal de Craig sugiere que los nuevos datos obtenidos por la investigación sobre los procesos de desarrollo embrionario resultan incompatibles con las formulaciones de la teoría evolutiva que descansa en los viejos moldes de la genética de poblaciones tradicional.</p>
<p style="text-align: justify;">Sea como fuere, lo que resulta innegable es que los nuevos conocimientos exigen una revisión profunda de los conceptos esenciales sobre los que ha descansado tradicionalmente el modelo evolucionista mayoritariamente aceptado. La idea de la genética como una simple acumulación de rasgos, como las cuentas enlazadas de un collar, y la consiguiente concepción de la información genética así entendida como un “blueprint”, una especie de plano descriptivo del organismo biológico, han quedado definitivamente obsoletas. Como hemos señalado en otras ocasiones el propio concepto de gen como unidad de causación ha resultado ser una quimera imposible de concretar. Para muchos la idea de gen debería de ser limitada al ARN mensajero una vez transcrito y editado, para otros debería ser identificado con el conjunto de secciones codificadoras más las secciones reguladoras; para otros simplemente la idea de unidad “ejecutante” debe de ser renovada y olvidando el carácter supuestamente prescriptivo de la secuencia del genoma tradicionalmente identificada como gen, debemos cambiar la perspectiva hacia el reconocimiento de la célula en su conjunto como única unidad o agente ejecutante de los procesos de la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada vez resulta así más evidente que el papel tradicional del gen en dichos procesos es mucho menos determinante de lo que habíamos venido considerando y que la información prescriptiva contenida en las secuencias lineales del genoma no es otra cosa que un depósito inerte de recursos potenciales que deben ser utilizados para su expresión por parte del conjunto de la maquinaria celular de acuerdo con criterios que Denis Noble considerara encriptados en la “información analógica” celular. No solamente eso; el proceso de desarrollo embrionario nos muestra cómo el misterio de la forma biológica y de su exacta y específica ejecución descansa en último extremo, más allá de los procesos reguladores de los genes hox, en mecanismos epigenéticos de regulación de la expresión de los genes. Hemos abandonado por lo tanto ya la idea del genoma como “blueprint” y nos encontramos camino de ir abandonando la segunda de las metáforas tradicionales, la idea del genoma como un programa informático, como un soft-ware  ejecutado por el hard-ware de la maquinaria celular que es responsable único de la forma biológica.</p>
<p style="text-align: justify;">La información prescriptiva que genera la forma biológica concreta se encuentra dispersa de manera difícil de identificar en el conjunto de la célula que queda configurada como una unidad indivisible, como una unidad irreduciblemente compleja si se me permite la expresión, que queda convertida en el “sujeto” agente elemental de los procesos biológicos. Como describe Richard C. Francis en su reciente y muy interesante libro “Epigenetics, The Ultimate Mystery of Inheritance”:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>La función ejecutiva reside a nivel celular, no puede ser localizada en sus componentes. Los genes funcionan como recursos materiales para la célula. Pero más fundamentalmente la “decisión” de qué genes van a involucrarse en la producción de proteínas en un momento dado en el tiempo es una función de la célula no de los genes mismos. Esto es, la regulación de los genes es una actividad celular.</em><span id="more-2821"></span></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El problema es que los procesos de la vida implican una gran diversidad de formas de reacción y agencia de las distintas células de nuestro organismo en respuesta a las condiciones del entorno y ello a pesar de contener idéntico material genético básico. Este es el campo de estudio de la disciplina conocida como epigenética, la regulación de la expresión de los genes, el control de su actividad, a través de mecanismos celulares como por ejemplo la metilación, que supone la aparición de elementos moleculares que se adhieren al genoma en diferentes momentos o secciones del mismo, como por ejemplo los grupos metilo (CH3) formados por un átomo de carbono y tres de hidrógeno, y que afectando de manera diferente y gradual a los distintos genes en la célula, limitan la capacidad de expresión de ciertos genes (normalmente) y desencadenan la expresión de otros (a veces).</p>
<p style="text-align: justify;">Pero el avance en el conocimiento de la embriología nos ha enfrentado precisamente al misterio de todos los misterios, el de la forma biológica y por lo tanto el misterio principal de la causación. Recapitulemos.</p>
<p style="text-align: justify;">1. Los genes no son sino depósitos inertes de recursos informacionales.</p>
<p style="text-align: justify;">2. Dichos recursos de información prescriptiva para la construcción de los materiales de la vida (las proteínas) están regulados por secciones del genoma que acumulan capas superpuestas y jerarquizadas de información que condicionan y regulan el proceso de expresión de los genes.</p>
<p style="text-align: justify;">3. La regulación a su vez de cómo y cuándo deben de desencadenarse dichos procesos de expresión corresponde a mecanismos epigenéticos y en definitiva descansan a nivel celular.</p>
<p style="text-align: justify;">4. Los procesos de expresión tienen una naturaleza cibernética, ya que desencadenan episodios que no están determinados por reacciones de naturaleza estrictamente físico-química sino que implican algún tipo de fenómeno de elección contingente.</p>
<p style="text-align: justify;">5. Dichos procesos cibernéticos están controlados por mecanismos de naturaleza semiótica mediante códigos y memorias orgánicas.</p>
<p style="text-align: justify;">6. La explicación de dichos procesos semióticos no puede residir en la naturaleza “consciente” de la célula pero sí necesariamente en la naturaleza “cognitiva y sintiente” de la misma según palabras exactas de James A. Shapiro en su libro “Evolution; a View from the 21st Century”</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que ahora se trata es de ver si podemos explicar todos estos datos novedosos que la ciencia viene desvelando en los últimos años como un proceso estrictamente natural al margen de una causación intencional e inteligente responsable del diseño y la complejidad evidentes en los mismos. Algunos autores lo han intentado aunque, tal como veremos en futuros posts, no parece que lo hayan hecho de manera convincente.</p>
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		<title>El Azar y la Emergencia de rasgos adaptativos</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Apr 2012 13:36:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Jacques Monod]]></category>
		<category><![CDATA[Jay Richards]]></category>
		<category><![CDATA[Neodarwinismo]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Dawkins]]></category>
		<category><![CDATA[Selección natural]]></category>

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		<description><![CDATA[Felipe Aizpun La idea de azar es un concepto esencial en el discurso darwinista y tiene innegables connotaciones filosóficas. Como concepto de difícil precisión y de contenido semántico esquivo, ha dado lugar a un interesante intercambio en las páginas de www.evolutionnews.org en los primeros días de este mes de Abril entre los filósofos Alvin Platinga <a href='http://www.darwinodi.com/el-azar-y-la-emergencia-de-rasgos-adaptativos/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://4.bp.blogspot.com/-9ybUwQBCa-A/T3LnP7skSNI/AAAAAAAAAFM/__d_7XQrbC0/s1600/th_69415_3300330733_busca_tu_azar_122_249lo.jpg" alt="" width="300" height="225" /></p>
<p style="text-align: justify;">La idea de azar es un concepto esencial en el discurso darwinista y tiene innegables connotaciones filosóficas. Como concepto de difícil precisión y de contenido semántico esquivo, ha dado lugar a un interesante intercambio en las páginas de www.evolutionnews.org en los primeros días de este mes de Abril entre los filósofos Alvin Platinga y Jay Richards, lo que nos da pie a algunos comentarios.</p>
<p style="text-align: justify;">El azar como causa aparece en la literatura darwinista de la mano del autor de “El origen de las especies” como un mero recurso retórico para justificar la emergencia de las variaciones observables en la Naturaleza en los procesos de reproducción de los seres vivos. Para Darwin, el azar no tenía mayor significado que la ignorancia de la causa real de tal emergencia; decía que las variaciones se producen de manera fortuita con el único propósito de significar el desconocimiento de la existencia de una causa concreta, si bien es cierto, que en todo momento su intención sería consagrar la teoría de un proceso evolutivo no guiado por otro principio rector que la “mano invisible” de la selección natural.</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo del siglo XX la exaltación de la fe darwinista fue consagrando poco a poco la idea de azar como principio explicativo del proceso evolutivo hasta elevarlo a la categoría metafísica de causa. Tal es el caso por ejemplo de la obra de Jacques Monod, “Azar y Necesidad”:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>“…las mutaciones en el DNA son accidentales, que ocurren por casualidad. Y puesto que son la única fuente posible de la modificación genética del DNA como depositario de las estructuras hereditarias del organismo, se sigue necesariamente que sólo el azar es la base de nueva información genética en todo el mundo de la vida. El azar, único, absolutamente libre pero ciego, es la raíz misma del edificio de la evolución”</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Pero los excesos nunca son buenos, y este tipo de afirmaciones carecen por complete de rigor intelectual, el azar no tiene realidad ontológica alguna, el azar no puede ser nunca exhibido como un principio causal. El azar no es otra cosa que la invocación de la ausencia de causa, en contradicción con el discurso lógico más elemental. Es por eso que los darwinistas se han visto en la necesidad de ofrecer justificaciones algo más elaboradas sobre el tema. Así por ejemplo Richard Dawkins nos ha dejado reflexiones sonrojantes proclamando en su infausto “The God Delusion” que nunca un biólogo serio había pretendido que el azar fuese la causa de la emergencia de las novedades biológicas y que el honor de tal responsabilidad recaería exclusivamente en la socorrida y vacua idea de la selección natural. La pena es que el propio Darwin en el capítulo 4 de su obra magna dice exactamente lo contrario, pero no es para preocuparse porque en realidad el libro original del gran Darwin no es lectura habitual de las masas a las que Dawkins dirige normalmente sus peroratas.<span id="more-2819"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Otros autores más sesudos han optado por elaborar un concepto de azar más acorde con las circunstancias y las necesidades que es el que a la postre se ha consolidado como eje del discurso del neo-darwinismo oficial. En este concepto han contribuido destacadamente autores como el biólogo Ernst Mayr, sin duda una figura puntera del evolucionismo darwinista del siglo XX, y el filósofo (también marcadamente darwinista) Elliot Sober. Básicamente el concepto de azar así consagrado lo que propone es que no existe una relación de causalidad entre los nuevos fenotipos aparecidos de forma inesperada y las necesidades adaptativas de un organismo en relación a su entorno.</p>
<p style="text-align: justify;">El problema es que una afirmación de esta naturaleza es una afirmación de naturaleza estrictamente filosófica, es decir, de naturaleza “no-científica”. Como sabemos, el paradigma naturalista darwiniano participa de los criterios tristemente generalizados en nuestra intelectualidad de que solo el conocimiento científico es conocimiento verdadero y de que las causas finales y formales deben ser extirpadas del discurso científico y como consecuencia del ámbito del conocimiento racional. Al menos ese es el discurso elemental con el que se pretende rechazar toda propuesta que reivindica la necesidad de una interpretación causal trascendente en relación a los procesos de la vida. Por una parte se rechazan las propuestas del DI por su innegable contenido teleológico y por otro se convierte una idea estrictamente no-finalista y por lo tanto de naturaleza teleológica en el centro de la propuesta del paradigma reinante.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi reflexión es muy clara: ¿Cómo podemos pretender que la idea de que las variaciones ventajosas desde un punto de vista adaptativo han ocurrido de forma no orientada sea una idea “científica”? En primer lugar no puede serlo desde la lógica de una concepción puramente mecanicista de la ciencia. En segundo lugar, las conclusiones de naturaleza teleológica solo podrían reivindicarse como forma legítima de conocimiento racional si se pudieran derivar razonablemente a partir de la experiencia. Pero derivar del éxito adaptativo de una variación su carácter no guiado es una contradicción lógica. Hay que recordar que en el proceso compuesto “variación fortuita-selección natural” la selección natural juega un papel difusor de una ventaja ya existente. El carácter de ventaja adaptativa reside desde el inicio en el rasgo novedoso. Proclamar su carácter no condicionado o exento de causalidad en relación a las circunstancias cambiantes del entorno no puede nunca presentarse como un resultado de la evidencia sin incurrir en flagrante contradicción. La idea del carácter fortuito de las variaciones se convierte por lo tanto en un mero prejuicio filosófico.</p>
<p style="text-align: justify;">No es extraño que los prejuicios metafísicos sean malos consejeros y que como consecuencia los nuevos descubrimientos de la ciencia vayan acomodándose difícilmente con los mismos. Hoy día es ya una convicción extendida entre los científicos menos dogmáticos que muchas variaciones emergen, claramente, como respuestas específicas a desafíos del entorno. Además, y como ha explicado de forma contundente James Shapiro, muchas de estas variaciones se producen, no como un evento fortuito sufrido por la célula, sino como una respuesta de ingeniería molecular específica. Es decir, no se tarta de un evento que LE OCURRE a la célula, sino de algo que la célula HACE. Justo lo contrario de lo que exigiría el carácter puramente fortuito del proceso. Pero hay más, cada día resulta más evidente que la idea tradicional del carácter fortuito de las mutaciones favorables estaba sustentada sobre una profunda ignorancia de los procesos íntimos de la vida y que cuanto más conocemos menos verosímil resulta la propuesta. Así se deduce una vez más de un <a href="http://www.sciencedaily.com/releases/2012/04/120403140042.htm"> trabajo</a> científico recientemente publicado y del que se hacía eco Science Daily en su edición del 3 de Abril. Traducimos:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Una controversia habitual en biología evolutiva trata sobre si la adaptación a nuevos entornos es el resultado de pequeños cambios en muchos genes o por el contrario de cambio en pocos genes de amplio efecto. Un nuevo estudio publicado en Molecular Ecology apoya fuertemente la primera de estas hipótesis.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Andrew Hendry, profesor del departamento de Biología de la Universidad Mc Gill y del Redpath Museum, y genetista evolutivo en la Universidad suiza de Basilea ha estudiado la adaptación de un mismo pescado espinoso (threespine sticleback) a la vida en lagos o en corrientes fluviales en British Columbia. Los autores han utilizado métodos punteros de análisis genómico para comprobar las diferencias genéticas en miles de posiciones (“loci”) diseminadas a lo largo del genoma del animal. Amplias diferencias genéticas fueron encontradas en más de una docena de los loci estudiados entre los peces habitantes de distintos entornos, lo que representa considerablemente más de lo que podría esperarse de acuerdo con la hipótesis de “pocos genes-amplios cambios” mencionada.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Examinando cuatro pares de ejemplares de lagos frente a ejemplares de corriente los investigadores pudieron además mostrar la existencia de diferencias crecientes entre ambas poblaciones que se sustentaban en diferencias genéticas cada vez mayores y presentes en un número creciente de loci.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Puesto que estos resultados se han obtenido utilizando nuevos métodos genéticos de alta resolución, es razonable pensar que la percepción tradicional de la adaptación como un proceso genéticamente simple sea sólo el producto de un prejuicio proveniente de la utilización en el pasado de métodos de estudio de baja resolución.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Dice el profesor Hendry: “Sospecho que cuanto más estudios se sirvan de estos métodos, la opinión mayoritaria se moverá fuertemente hacia la idea de que la adaptación es un proceso complejo que involucra a muchos genes dispersos en varias ubicaciones en el genoma”.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Interesantes palabras éstas del amigo Hendry. Si los procesos de adaptación son el resultado de complejas modificaciones en el genoma en las que deben de intervenir un número importante de genes, si los fenotipos no son como se creían la expresión directa de un gen-un rasgo, sino el resultado orquestado de la expresión de una diversidad de genes, ¿cómo podremos entonces evitar que algunos desalmados vociferen la necesidad de invocar una causación inteligente e intencional en el proceso evolutivo? Si la simple y mera variación adaptativa de un vulgar pescadito a un entorno de aguas más calmadas implica una compleja reorganización de un número importante de genes dispersos en lugares distintos del genoma, ¿cómo podremos defender que la emergencia de las complejísimas formas biológicas aparecidas en la historia de la vida en el planeta son el simple producto de una acumulación de accidentes en el proceso de reproducción de especies antecesoras?</p>
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		<title>Otro cuento chino: la evolución recurrente</title>
		<link>http://www.darwinodi.com/otro-cuento-chino-la-evolucion-recurrente/</link>
		<comments>http://www.darwinodi.com/otro-cuento-chino-la-evolucion-recurrente/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 21 Apr 2012 17:19:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comentario]]></category>
		<category><![CDATA[Ascendencia común]]></category>
		<category><![CDATA[Cornelius Hunter]]></category>
		<category><![CDATA[Darwinismo]]></category>
		<category><![CDATA[Diseño biológico]]></category>
		<category><![CDATA[Evolución recurrente]]></category>
		<category><![CDATA[Evolucionismo]]></category>
		<category><![CDATA[Gen]]></category>
		<category><![CDATA[Genoma]]></category>

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		<description><![CDATA[Cornelius Hunter Los diseños biológicos no encajan muy bien en el árbol de la evolución. Los evolucionistas esperaban que las especies se hubieran formado, más o menos, según un patrón relacionado con su común origen. Las especies que se suponen comparten un antecesor común reciente serían muy similares con sólo algunas ligeras diferencias. Y por <a href='http://www.darwinodi.com/otro-cuento-chino-la-evolucion-recurrente/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Cornelius Hunter</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Los diseños biológicos no encajan muy bien en el árbol de la evolución. Los evolucionistas esperaban que las especies se hubieran formado, más o menos, según un patrón relacionado con su común origen. Las especies que se suponen comparten un antecesor común reciente serían muy similares con sólo algunas ligeras diferencias. Y por otra parte, especies cuyo último antecesor común fuese antiguo serían mucho más diferentes. Las especies hermanas no podrían tener importantes diferencias, mientras que las especies distantes no podrían compartir diseños improbables que no habrían estado presentes en sus comunes ancestros. Esta predicción evolucionista ha sido contradicha en muchas ocasiones. Y estas anomalías de la teoría evolucionista son mucho mayores que meras distorsiones del modelo. Pero eso no levanta dudas sobre la propia teoría darwinista de la evolución. Ello es porque el evolucionismo darwinista es tenido dogmáticamente como un hecho. No puede ser falso porque está prescrito por creencias metafísicas que son mucho más poderosas que cualquier razonamiento científico. Por ello, los evolucionistas apelan a un variado abanico de historias ad hoc para despachar las muchas contradicciones de la teoría. La última se llama “evolución recurrente”.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.darwinodi.com/wp-content/uploads/2012/04/Evolución-Recurrente.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-2813" title="Evolución Recurrente" src="http://www.darwinodi.com/wp-content/uploads/2012/04/Evolución-Recurrente-1024x966.jpg" alt="" width="695" height="655" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando los evolucionistas encuentran el mismo diseño en especies, por otra parte muy diversas, dicen que, como el rayo que cae dos veces en el mismo sitio, el diseño evolucionó independientemente en los dos distantes linajes evolutivos. Así apelarán a una común inducción del entorno, a la plasticidad del desarrollo, y otras explicaciones caricaturescas y afortunadas que en realidad no nos dicen nada sobre cómo tales eventos astronómicamente improbables pueden haber ocurrido. En especial cuando las especies distantes, para empezar, habitan ambientes completamente diferentes.<span id="more-2812"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo, los humanos y los calamares compartimos un sistema de visión misteriosamente similar, increíblemente detallado y complejo. Y ello a pesar de que sus hábitats son muy distintos. (Nota al margen: los evolucionistas eluden esta profunda contradicción alegando que las fotocélulas de los calamares no están invertidas como las de los humanos. Eso es como viajar a un planeta distante y encontrando un automóvil Lexus con el volante en el lado del copiloto descartar la importancia del resto de similitudes).</p>
<p style="text-align: justify;">Estos diseños repetidos en especies por otro lado tan diferentes abundan en biología. No es una mera ocurrencia que puede ser explicada como una excepción. Que las especies no encajan en el modelo del árbol evolutivo es algo bien establecido científicamente. Pero la cosa es peor que esto. Estos diseños repetidos no solamente ocurren dos veces en especies distantes. A menudo ocurren repetidamente en una variedad de especies diferentes. Así, los evolucionistas se ven en la necesidad de creer no sólo que hay muchos eventos milagrosamente repetidos de diseño, sino además que en muchos de los casos se repiten una multiplicidad de veces.</p>
<p style="text-align: justify;">El primer paso para justificar algo así es darle un nombre. Y así los evolucionistas han etiquetado esta incómoda evidencia como “evolución recurrente”. Como explica un <a href="http://gbe.oxfordjournals.org/content/4/4/486.full">artículo</a> reciente:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>La reciente explosión de secuencias de genomas en todos los principales grupos filogenéticos ha desvelado una inesperada riqueza de casos de evolución recurrente de rasgos genómicos sorprendentemente similares en distintos linajes. Además, muchos ejemplos de un tercer patrón filogenético todavía más desconcertante han sido observados: rasgos cuya distribución está diseminada por el árbol evolutivo, indicando así la existencia de evoluciones independientes repetidas de rasgos genómicos similares en linajes diferentes.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y ¿cómo explicar estos patrones inesperados y desconcertantes? Los evolucionistas ofrecen un mareante despliegue de hipótesis especulativas:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Casos de recurrencia genómica causados por cambios mutacionales son fundamentales para entender las canalizaciones y constricciones evolutivas que conforman la manera en que el espacio genómico en cuanto espacio morfogenético es explorado en el proceso evolutivo, subrayando la predictabilidad de mutaciones neutrales en el resultado final, sean o no “constructivas”… Otros cambios quasi-neutrales que han sido utilizados repetidamente como sustrato de innovaciones moleculares sugieren que ciertos rasgos del genoma confieren una flexibilidad evolutiva, abriendo nuevas rutas que pueden ser exploradas durante la evolución. Así, su mera presencia sería indicativa de potencial evolutivo permitiendo hipótesis específicas sobre la ocurrencia de típicos rasgos acompañantes.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Esto, para los que no estén familiarizados con el evolucionismo, es lo que se toma por ciencia. Tal especulación es aceptable porque todos convienen en que la evolución darwinista es un hecho. De una forma u otra, tiene que haber ocurrido.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Creemos que la riqueza de rasgos genómicos recurrentes indican la existencia de fuerzas fundamentales desapercibidamente similares a lo largo de los distintos linajes.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">En otras palabras, no hay un nivel de recurrencia evolutiva que pueda poner en peligro la teoría. Simplemente revelaría la existencia de “fuerzas fundamentales” a través de los linajes que habrían realizado la parte dura del trabajo porque, al fin y al cabo, la evolución es un hecho. Es fácil apelar a fuerzas fundamentales a lo largo de los linajes. Pero ¿porqué habrían de producir los mismos diseños una y otra vez? Es como encontrar un avión Boeing 747 en un planeta distante y concluir que “<em>bueno, ellos también tienen gravedad</em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">No solo es la evolución recurrente una hipótesis improbable dadas las probabilidades fundamentales involucradas, sino que en muchos casos ni siquiera tendrán los evolucionistas su sólida explicación fundamental, la selección, para apoyarse en ella. Y ello, porque muchas de las recurrencias genómicas no parecen ser estrictamente necesarias:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>¿Qué fuerzas pueden explicar la recurrencia en los genomas? En contraste con los caracteres anatómicos o fisiológicos recurrentes que son habitualmente (y razonablemente) un reflejo de la adaptación, a menudo debidas a particularidades compartidas de los nichos del entorno de los organismos, las causas potenciales de los rasgos de genomas observados recurrentemente son más diversas y pueden ser muy diferentes para rasgos recurrentes diferentes, de hecho, en algunos casos, el valor adaptativo de resultados genómicos repetidos es dudoso.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y así como la evolución convergente resulta estar mucho más extendida que en la peor de las pesadillas darwinistas, así también la evolución recurrente resulta estar muy extendida:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Los ejemplos diversos aquí debatidos representan solo una parte de los casos conocidos de evolución repetida a nivel del genoma que han sido encontrados ampliamente y de forma fortuita, lo que sugiere que los patrones de evolución recurrente están muy extendidos.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Y si necesitáramos más pruebas de que la inconsistencia de la idea de ascendencia común carece de consecuencias para los evolucionistas porque en realidad la idea de un común origen no fue nunca parte central de la teoría de la evolución, aquí la tenemos:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Así como rasgos ancestrales compartidos son el resultado de una historia evolutiva común, rasgos compartidos fruto de la evolución recurrente son a menudo el resultado de fuerzas evolutivas comunes actuando en linajes diferentes.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Si el modelo se ajusta al árbol evolutivo, entonces se explica como historia evolutiva común. Si no, entonces se explica como fuerzas evolutivas comunes. Cara, yo gano, cruz, tú pierdes.</p>
<p style="text-align: justify;">El origen común ha sido siempre una hipótesis auxiliar por la sencilla razón de que lo esencial de la teoría evolutiva no implica tal origen común o algo parecido, al margen de su insistencia en que las especies surgieron de forma natural. Más allá, todo vale.</p>
<p style="text-align: justify;">Los evolucionistas insisten en que las especies surgieron de forma natural, su religión lo requiere.</p>
<p style="text-align: justify;">Fuente: Darwin´s God</p>
<p style="text-align: justify;">Autor: Cornelius Hunter<br />
Traducción: Felipe Aizpún<br />
Link: http://darwins-god.blogspot.com.es/2012/04/heres-latest-just-so-story-recurrent.html</p>
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		<title>La hipótesis del mundo ARN se topa con un muro</title>
		<link>http://www.darwinodi.com/la-hipotesis-del-mundo-arn-se-topa-con-un-muro/</link>
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		<pubDate>Wed, 18 Apr 2012 18:01:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Felipe Aizpun</dc:creator>
				<category><![CDATA[Comentario]]></category>
		<category><![CDATA[Ada Yonath]]></category>
		<category><![CDATA[ADN]]></category>
		<category><![CDATA[Ajith Harish]]></category>
		<category><![CDATA[ARN]]></category>
		<category><![CDATA[Gustavo Caetano-Anollés]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo de ARN]]></category>
		<category><![CDATA[Ribosoma]]></category>

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		<description><![CDATA[Felipe Aizpun Un reciente trabajo científico ha supuesto un jarro de agua fría para quienes apostaban por la hipótesis del mundo ARN para salvar el escollo de la inextricable dependencia recíproca de ADN y proteínas en los procesos básicos de la vida (el problema del huevo y la gallina). Se trata del trabajo firmado por <a href='http://www.darwinodi.com/la-hipotesis-del-mundo-arn-se-topa-con-un-muro/' class='excerpt-more'>[...]</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><strong>Felipe Aizpun</strong> <img class="alignleft size-full wp-image-2360" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/04/LSm_1I5L_1.JPG" alt="" width="348" height="339" /></p>
<p style="text-align: justify;">Un reciente trabajo científico ha supuesto un jarro de agua fría para quienes apostaban por la hipótesis del mundo ARN para salvar el escollo de la inextricable dependencia recíproca de ADN y proteínas en los procesos básicos de la vida (el problema del huevo y la gallina). Se trata del <a href="http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0032776"> trabajo</a> firmado por Ajith Harish y Gustavo Caetano-Anollés de la Universidad de Illinois titulado “Ribosomal History Reveals Origins of Modern Protein Synthesis” y que se ha centrado en la investigación de la hipotética historia evolutiva del ARN y de las proteínas que componen el ribosoma. Recordemos que tal como apuntábamos en un anterior comentario la hipótesis del mundo ARN exige la existencia previa en el tiempo de los componentes de ARN involucrados en los procesos de replicación de la vida y en la doble función de los mismos como depositarios de información genética por un lado y catalizadores de las reacciones claves para el proceso por otro. Los artefactos moleculares que actualmente conocemos como responsables de tales procesos habrían “evolucionado” (léase, emergido) posteriormente para terminar asumiendo el protagonismo de las funciones anteriormente llevadas a cabo por moléculas de ARN.</p>
<p style="text-align: justify;">La hipótesis del mundo ARN se apoya en concreto en el papel catalizador que ciertas moléculas de ARN conocidas como ribozimas, por su capacidad enzimática, desempeñan en uno de los procesos clave de la traducción del ARN según las reglas del código genético y que facilita en concreto la unión de los aminoácidos adyacentes en la cadena de polipéptidos. La hipótesis del mundo ARN implica que esta enzima denominada peptidil transferasa evolucionó antes que el resto de la maquinaria molecular que conforma el ribosoma tal como hoy lo conocemos.</p>
<p style="text-align: justify;">El trabajo ha sido ampliamente comentado en círculos científicos y podemos encontrar muestras de ello <a href="http://darwins-god.blogspot.com.es/2012/03/evolutionist-just-gave-up-on.html">aquí</a> y <a href="http://www.evolutionnews.org/2012/03/study_questions057501.html"> aquí</a>. Básicamente lo que este interesante trabajo propone es que los estudios llevados a cabo implican que la actividad catalizadora de los ARN resulta insuficiente para sustentar el modelo propuesto y que la interacción ribosómica entre ARN y proteínas no tiene alternativa imaginable consistente. El ribosoma es una máquina molecular compleja y sorprendentemente eficaz, compuesta básicamente por dos unidades independientes que interactúan y donde las moléculas de ARN mensajero se alojan para servir de base al proceso de traducción y construcción de proteínas. Los autores sugieren un escenario hipotético en el que las dos unidades hubiesen evolucionado separadamente para funciones diferentes a las actuales para terminar siendo objeto de exaptación a su función actual. Esta solución fantasiosa se ha consolidado como la “solución mágica” o el epiciclo fantástico que todo lo explica, cada vez que la emergencia de un función novedosa en el proceso evolutivo carece de justificación razonable. El discurso se torna puramente hipotético pierde pie y sostén experimental y por lo tanto carece de una verdadera dimensión científica, pero ese es tema para posteriores reflexiones.<span id="more-2808"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Lo importante del estudio al que nos referimos es la conclusión de que las distintas unidades, dada su estructura funcional y operatividad, parecen exigir que los ARN y las proteínas implicadas en el proceso tienen que haber “evolucionado” (léase de nuevo emergido) conjuntamente. No solo eso, también los ARN mensajeros que son la base del mensaje a traducir en el ribosoma presentan secciones que se adaptan al ribosoma de forma tan idónea que hace suponer que las mismas tendrían que haber emergido (perdón, evolucionado) también de forma armoniosa con el anterior. Por último, la evolución (o sea, la emergencia) del ribosoma tendría que haberse producido alrededor de otro elemento central el ARN de transferencia que se ocupa de traer los aminoácidos que serán encadenados por el centro peptidil transferasa.</p>
<p style="text-align: justify;">El estudio ha sido realizado, de acuerdo con sus autores, “infiriendo la historia del sistema completo de ribonucleoproteinas usando métodos filogenéticos que usan principios cladísticos estándar utilizados ampliamente por ejemplo en el análisis de las características morfológicas de los organismos”. Los estudios filogenéticos parecen mostrar que las partes más “antiguas” del ribosoma interactúan con las más “antiguas” del ARN ribosómico y que la evolución de ambas está relacionada, de manera que en la forma en que hubieran evolucionado unas lo habrían hecho las otras. Esto es el motivo, sentencian los autores, por los que los estudios encaminados a demostrar el poder funcional de las ribozimas no ha dado sus frutos. Además, diversos componentes del sistema tales como factores de iniciación de traducción, proteínas de enlace a los ARN de transferencia o al ADN, o a ciertos telómeros, presentan similares soluciones de plegado y como consecuencia es probable que tengan un origen común.</p>
<p style="text-align: justify;">Como afirma categóricamente uno de sus autores Caetano-Anollés, “el ARN no puede desempeñar por sí solo la función molecular de la síntesis proteica imprescindible para la célula”; y sentencia: “Estoy convencido de que la hipótesis del mundo ARN no es correcta”.</p>
<p style="text-align: justify;">El caso es que estas reflexiones nos llevan a intentar imaginar una solución naturalista para el rompecabezas. Los autores se apuntan al discurso que viene siendo ya el habitual cada vez que una estructura o sistema biológico funcional presenta rasgos de complejidad que no resulta fácil de justificar, como la emergencia espontánea de un sistema funcional. Supuestamente, nos dicen los autores, las diferentes subunidades del ribosoma y las variadas maquinarias moleculares que interactúan con ellas evolucionaron conjuntamente aunque por separado, para después, en un momento dado ser exaptados (es decir, reclutados) para la función que desempeñan en la actualidad. Por supuesto, en el mundo evolucionista, este tipo de propuestas fantasiosas y carentes de base observacional alguna, están perfectamente toleradas siempre que sustenten el discurso oficial; en cualquier otra disciplina científica serían inadmisibles por su carácter especulativo, su condición de hipótesis ad hoc y su absoluta falta de rigor tal como queda en evidencia en la siguiente reflexión: pensemos en lo siguiente; si el artículo tiene como conclusión principal la falta de plausibilidad del mundo ARN, y este mundo ARN es el único escenario más o menos “verosímil” con el que contábamos para intentar comprender la emergencia del mundo de la vida que conocemos con su indescifrable relación recíproca entre proteínas y ADN (código genético incluido), ¿cuál es entonces el hipotético escenario de “vida pre-ADN” en el que los artefactos moleculares que componen el ribosoma se habrían ido conformando, habría ido evolucionando, para terminar siendo exaptados a su función actual? Contradictorio, ¿verdad?</p>
<p style="text-align: justify;">Pero sigamos leyendo a los autores: “esta es la pieza crucial del puzzle. Si la construcción evolutiva de las proteínas ribosómicas y el ARN y las interacciones entre ellos ocurrieron gradualmente, paso a paso, el origen del ribosoma no puede ser el producto de un mundo ARN”. Y añaden “Parece que los bloques de la maquinaria celular han sido siempre los mismos desde el principio de la vida hasta el presente. Moléculas de ARN y proteínas interactuando y evolucionando”.</p>
<p style="text-align: justify;">En realidad todo el artificio retórico, con su incongruencia esencial a cuestas no es sino un patético intento de evitar la explicación que nos golpea en los oídos y en el cerebro de forma inmisericorde: complejidad irreducible. En efecto, el ribosoma, esa complejísima maquinaria molecular que sirve como mecanismo de traducción y ejecución de las instrucciones contenidas en el ADN para la formación de las proteínas, es un sistema irreduciblemente complejo que formado de multitud de partes que se ajustan funcionalmente las unas a las otras y que para desarrollar su función presentan una interdependencia que no puede justificarse como un hecho fortuito y accidental.</p>
<p style="text-align: justify;">No anda muy lejos de entenderlo de este modo la Premio Nobel de Química israelí Ada Yonath, quien en 2009 fue galardonada precisamente por sus estudios sobre la estructura del ribosoma. Lean lo que ha publicado recientemente:</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Las estructuras tridimensionales disponibles del ribosoma bacteriano y de sus subunidades muestran que en cada una de las subunidades las proteínas ribosómicas están entrelazadas en la conformación del complejo rARN, manteniendo así una sorprendente arquitectura dinámica que está ingeniosamente diseñada para sus funciones: una precisa decodificación, formación mediada de enlaces péptidos y una eficaz actividad polimerasa.</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">Me encanta lo de “sorprendente”; junto con “intrigante” es mi palabra favorita en la literatura evolucionista más reciente. Supongo que la sorpresa la produce el carácter “ingenioso” del “diseño”. Si a eso le añadimos el sentido finalista de la expresión “para sus funciones” uno no puede menos que preguntarse cómo a esta buena señora le han podido dar un Premio Nobel…</p>
<p style="text-align: justify;">Habrá sido un descuido.</p>
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