EVOLUTION IS A FACT!! Un error epistemológico

Por Felipe Aizpún

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Hay una cita de Bertrand Russell que no tiene desperdicio. Nos habla de la naturaleza de nuestros errores y como consecuencia nos enfrenta de pleno a uno de los más difundidos y más pertinazmente reivindicados en las últimas décadas: “Evolution is a fact!!”

Vayamos con la cita de Russell:

“Error no es únicamente el error absoluto de creer verdadero lo que es falso, sino también el error cuantitativo de creer más o menos firmemente de lo que está garantizado por el grado de credibilidad apropiado a la proposición creída en relación al conocimiento del sujeto. Un hombre que está plenamente convencido de que un determinado caballo ganará una carrera está en un error incluso si el caballo la gana.”

Una de las imposiciones más injustificadas de las últimas décadas por parte de nuestra comunidad científica a la sociedad “laica” (si se me permite la expresión) ha sido la reivindicación exagerada del carácter de certeza atribuido al hecho evolutivo. Se nos ha dicho de forma permanente que el grado de conocimiento que teníamos con relación a tal hecho es comparable a la firmeza con la que percibimos la consistencia de la ley de la gravedad o la redondez de la Tierra. Se nos dicho, como en el libro Evolución de Dobzhansky, Ayala y otros, que la evolución debe ser considerada como un hecho “inexpugnable”. Y por supuesto, se nos ha exigido creer que las causas y mecanismos del hecho evolutivo habían sido perfectamente establecidas por Charles Darwin de una vez y para siempre. Amén.

Lo más destacado de esta situación es que la comunidad científica reivindica en paralelo y de forma permanente que la ciencia se distingue de la religión precisamente en el carácter dogmático de esta y en que lejos de proporcionarnos certezas apodícticas, la ciencia nos ofrece soluciones y propuestas permanentemente sujetas a revisión. La duda –decía Sagan- fue la primera gran virtud del hombre y su primer gran error la fe. Una afirmación más que discutible pero que pone de manifiesto la reivindicación de un ámbito de incertidumbre propio del conocimiento científico y la constatación de que la convicción acendrada e inamovible pertenece más bien al ámbito de la religión.

Por supuesto todo ello resulta aplicable a todas las disciplinas científicas menos a una: la biología evolutiva. Lejos de acercarnos al fascinante hecho del cambio de las formas vivas a lo largo del tiempo con prudencia y humildad, como corresponde a cualquier labor científica, la comunidad científica internacional, con Sagan por supuesto a la cabeza, ha venido reclamando un status de máxima certeza para la teoría darwinista de la evolución y por extensión para las conclusiones metafísicas que de ella se derivan.

Tal como Russell puso de manifiesto, esto es un error, y lo es aunque el caballo terminase ganando la carrera. Bien es verdad que en este caso, el caballo, aquejado de parálisis motriz parece relegado a los últimos puestos de la competición. Me refiero por supuesto al darwinismo como teoría explicativa de un hipotético proceso evolutivo cuya reivindicación, en términos de probabilidad, es más que legítima, pero cuyos mecanismos y causas desconocemos. En todo caso, la naturaleza y fuerza de nuestras convicciones en torno a la realidad debe de tener muy en cuenta las limitaciones de nuestra condición y los límites metodológicos y fácticos de nuestra capacidad de conocer. La falibilidad de nuestras percepciones, las exigencias del método científico, el rigor de la lógica formal, todo ello contribuye a matizar la credibilidad de nuestras opiniones en torno a la realidad material que nos alberga.

Existen distintas disciplinas científicas y a cada una le corresponde un método y un cierto estatus epistemológico. Así por ejemplo existen ciencias experimentales y ciencias históricas. Dentro de las ciencias experimentales existen algunas, como la biología, que se sustentan en la observación directa del mundo real. Otras, como la física, se basan en la inducción, es decir, la generalización de leyes a partir de datos verificados de la realidad. Por último, el evolucionismo es una teoría que se sustenta principalmente en la paleontología y por su carácter histórico carece de la capacidad de experimentación y verificación de las anteriores. Por eso, sus propuestas resultan especialmente vulnerables y por eso, precisamente, el debate sobre los orígenes resulta más conflictivo que ningún otro ante la dificultad inherente al mismo de adquirir convicciones poderosas en torno a los hechos objeto de estudio.

El filósofo norteamericano Alvin Platinga ha dedicado algunos de sus trabajos a recordarnos la necesidad de distinguir entre creencia y conocimiento. Convertir una creencia en verdadero conocimiento precisa lo que Platinga ha denominado “warrant”, un término que, quizás, en este contexto bien podríamos traducir por aval. Pero en el campo de las ciencias históricas y en el caso específico que nos ocupa, adquirir convicciones suficientemente “avaladas” en torno al devenir, emergencia y transformación de las formas biológicas es algo que, al menos hoy, queda muy lejos de nuestras posibilidades. Amplios conocimientos de biología quedan todavía lejos de nuestro alcance. Deberemos primero profundizar en el desentrañamiento de los misterios de la vida, muchos de los cuáles nos son en estos momentos tremendamente esquivos. Sólo cuando hayamos adquirido un conocimiento que consideremos suficiente a través de la observación y el desarrollo de la biología estaremos en situación de aventurar hipótesis más fiables en torno al misterio de los misterios: la vida.

Entretanto, yo no apostaría a caballo ganador; tomemos asiento, pongámonos cómodos y disfrutemos de la carrera sin sobresaltos.

4 Respuestas para EVOLUTION IS A FACT!! Un error epistemológico

  1. Debo aplaudir el respeto con que presenta sus argumentos, aunque estoy casi totalmente en desacuerdo (me refiero al blog en general). Sin embargo considero, que hace un uso bastante conveniente de la exposición de las ideas, lo que no motiva una verdadera discusión racional sino una clara trampa para lectores desprevenidos.
    Saludos. Si no me canso, seguiré comentando.

    Recomiendo el libro Creación sin Dios, del filósofo italiano Telmo Pievani.

    La discusión racional sin la aceptación de los argumentos contrarios a los nuestros se queda sólo en palabrería llamativa, que generalmente tiene objetivos no muy benignos.

  2. Amigo Alejandro,
    sea usted bienvenido y cordialmente invitado a explicitar sus discrepancias para enriquecimiento del debate y en beneficio de la seguridad y la salud intelectual e ideológica de nuestra audiencia.
    La discusión racional no entiendo que deba incluir “la aceptación de los argumentos contrarios”; supongo que se refiere al análisis y la exposición crítica de los mismos. Nada de eso se oculta aquí. Por el contrario, “los argumentos contrarios” constituyen el paradigma dominante, el dogma intelectual que preside nuestra cultura, es decir, aquellos criterios y valores en los que todos hemos sido adoctrinados. Difícilmente puede la audiencia sentirse desprevenida ante nuestros comentarios si no es por la circunstancia de encontrar, inesperadamente, que existen en el mundo corrientes de opinión bien extendidas y sólidamente asentadas que se permiten discrepar, respetuosa, pero críticamente, del dogma establecido.

  3. Gracias, con “la aceptación de los argumentos contrarios” me refiero a que en determinadas ocasiones, y al pasar obviamente por el filtro de la crítica, debemos ser capaces de aceptar que nuestro contendor, o mucho mejor, los argumentos de nuestro contendor, son mejores que los nuestros, de lo contrario la tan pretendida “discusión racional” se queda en burda palabrería al servicio de no sabemos qué.
    Le pido el favor, amablemente, de que no presente como un dogma, lo que no es, y mucho menos que generalice diciendo en que todos fuimos adoctrinados, o mucho mejor, que lo ACLAR. ¿Está acaso insinuando que la mayoría de la población es “adoctrinada” y considera verdadero o tan solo posible la evolución biológica, y aún más allá la “Selección natural? Si es así, le doy el consejo, de que no se diga mentiras, es lo peor que se puede hacer.
    Espero su respuesta.
    Saludos.

  4. Alejandro,

    Es evidente y estamos de acuerdo en que la discusión racional ha de ser esclarecedora y es preciso acercarse a ella con espíritu honesto. Tengo para mí como una luminaria en mi peregrinaje intelectual el conocido lema de Sócrates: sigue el argumento a donde quiera que te lleve. He pasado muchos años de mi vida reflexionando y liberándome de todo aquello en lo que había sido adoctrinado en mi juventud, para reconstruir mi propia verdad sobre los criterios de racionalidad y evidencia.
    Y estimo sinceramente que el darwinismo era, sin duda, una de las “verdades” científicas en las que fui adoctrinado. Creo que si algo se nos presenta como un dogma “inexpugnable” es el darwinismo y así viene siendo desde hace décadas. Por mi parte no creo haber presentado nada como dogma; muy al contrario, la esencia del mensaje del DI es ofrecerse como “la inferencia de la explicación más razonable”. No hay nada de dogmático en ello amigo Alejandro.
    Acepto y considero posible y hasta probable la evolución biológica, pero creo que no podemos albergar certezas al respecto por la propia naturaleza histórica del evento. Por supuesto no considero científicamente probado que tal hipotético evento haya ocurrido según el recuento darwinista por mecanismos estrictamente naturales, al contrario lo considero una hipótesis racionalmente insostenible.
    Creo que selección natural puede invocarse como evento destructivo que selecciona entre lo ya existente, pero no le veo ningún poder creativo ni justificador de la emergencia de la complejidad funcional de las novedades biológicas.
    Por último me siento incapaz de acusarme de haber dicho mentira alguna en mis escritos como usted parece apuntar.
    Amén

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