¿Es válida la propuesta del Diseño Inteligente como explicación científica?

DI2Muchos científicos cuestionan la validez de la Teoría Sintética como explicación plausible de la evolución vertical. No obstante, no rechazan su origen naturalista. Si esta teoría no logra explicarla debe haber otra que lo haga. Apelar al diseño inteligente como explicación no resulta valido para los mismos ya que consideran que el mismo no representa una verdadera explicación de este fenómeno. En una entrevista realizada por Alan Boyle en Junio de 2009 el físico británico Paul Davies gráfica esta postura al decir: “Lo que echo de menos en el argumento tradicional del diseño inteligente, es que recurre a algo externo al Universo que debe ser aceptado como algo dado y no puede ser probado. Me gustaría intentar explicar lo máximo posible del Universo, incluidas sus leyes físicas favorables a la vida, desde dentro del Universo y en una forma que no requiera algo externo a él”. Y añade: “El problema de decir, Dios lo hizo, es que Dios no ha sido explicado, por lo que estamos recurriendo a un diseñador inexplicado. En realidad no explica nada, simplemente elude el problema. Pero decir que las leyes de la física simplemente permiten la existencia de la vida no aporta tampoco explicación alguna”.

Esta visión sobre la valides de la propuesta del diseño inteligente es compartida también por otros científicos que si bien son críticos con la explicación estándar, no admiten explicaciones que excedan las posibilidades de la naturaleza para generar la vida. El naturalismo metodológico es para los mismos una ley sagrada inquebrantable y, si aún no existe una adecuada explicación naturalista, la futura investigación habrá de depararla tarde o temprano. Además decir que la vida es explicada por un agente inteligente desanima la investigación y con ello contraviene los objetivos de la metodología científica. Por último, según estos, invocar como explicación la intervención de un agente externo al universo tampoco constituye una explicación válida porque no podemos explicar la explicación.

Volvamos al reloj de William Paley. Recordemos cómo se objetó que un reloj no implica necesariamente a un relojero porque que el hecho que dos cosas (un reloj y una célula viva) compartan una propiedad (complejidad funcional) no implica necesariamente que compartan el origen de dicha propiedad. Es decir, si Paley encuentra un reloj se puede asumir, según los naturalistas, dos orígenes válidos:

1. Creado por un agente inteligente.
2. Producido por la naturaleza.

Todos sabemos que la naturaleza no hace relojes, pero si nos referimos a una célula viva, que es de hecho mucho más compleja y tiene muchos más mecanismos y funciones que un reloj, hoy en día no se considera científico asumir siquiera la posibilidad de que la naturaleza no sea su autora y si lo sea un agente inteligente. Para refutar el argumento de Paley es legítimo invocar esta objeción, pero para admitir que la inteligencia pudiera intervenir para el caso de la vida no. En otras palabras se admite la objeción del origen diverso de una propiedad para refutar a Paley, pero dicha objeción no es admitida para refutar al origen natural de la vida.

El plumero que despeja esta actitud no es otro que la visión sesgada que ha penetrado en el consenso científico actual de repudiar sistemáticamente toda explicación que escape del ámbito naturalista. No interesa aquí hablar de cuáles son las razones metafísicas, filosóficas o incluso políticas que en el pasado y en la actualidad pueda constituir el trasfondo de este prejuicio, lo que está en juego es la pura objetividad intelectual. Negar de plano la participación de un agente inteligente por causa de prejuicios no es, por lo tanto, una adecuada aproximación a la objetividad científica.

Sin embargo, la objeción presentada por Davies es compartida por otros y entre ellos destacadamente por el célebre biólogo Richard Dawkins quien definiría la misma de la siguiente manera: Toda explicación de un fenómeno es válida solo si, a su vez, sus causales pueden también ser explicados. Pero ¿Es esto siquiera aceptable? ¿Se aplica acaso esto en la ciencia?

No, en absoluto. La ciencia está llena de casos donde las explicaciones no pueden ser a su vez explicadas. Muchos fenómenos y constantes físicos no tienen explicación actual y no por ello desestimamos como estos pueden ser invocados para explicar otros fenómenos de la naturaleza. La carga eléctrica del electrón, el peso de los protones, la sumatoria de masas de los quarks, la intensidad de la fuerza nuclear fuerte, la constante cosmológica e incluso las propias leyes maestras de la física no tienen explicación alguna y, sin embargo, las usamos sin problemas para explicar otros fenómenos físicos sin tener que rechazarlas por no poder ser explicadas a su vez. ¿Por qué entonces debería el agente inteligente exterior propuesto por el DI rechazarse por dicho motivo?

La aversión a que la investigación científica encuentre sin desearlo la incómoda injerencia de un agente inteligente que gran parte de la civilización humana actual identifica como Dios, es retratada por el astrónomo Robert Jastrow. En su libro “Dios y los Astrónomos” de 1984 del modo siguiente:

“En este momento parece que la ciencia nunca podrá levantar la cortina sobre el misterio de la creación. Para el científico que ha vivido de su fe en el poder de la razón, la historia termina como una pesadilla. Ha trepado por las montañas de la ignorancia, está a punto de conquistar el pico más alto, y conforme se encarama sobre la última roca, le da la bienvenida un grupo de teólogos que llevan allí sentados durante siglos”.

Esta pesadilla expone de manera elocuente el profundo desagrado que surge en la mente de muchos científicos, cuando en el curso de una investigación científica, es necesario o inevitable tener que abordar, tarde o temprano, una implicación metafísica.

Esto es como extender una plataforma en el vacío. No hay apoyos por donde seguir. Por lo tanto, si fuera posible nunca encontrarlas y se pudiera comprobar que la ciencia en cada caso siempre pudiera explicarlo todo sería más satisfactorio. Pues al fin y al cabo ¿Por qué tendría que existir lagunas de explicabilidad en nuestro cosmos? ¿Por qué la naturaleza no puede ser completamente explicable por si misma?

En cierta ocasión Albert Einstein dijo: “Lo enteramente incomprensible del mundo es que sea comprensible.”

De hecho en gran medida nuestro mundo se hace entendible y ordenado. Sabemos y confiamos que hay fenómenos posibles e imposibles de acuerdo a leyes físicas y matemáticas más no a misterios y caprichos mágicos inexplicables. Por todo ello los científicos tienen, muy al margen de su sumisión al naturalismo metodológico, un rechazo generalizado a todo lo que pueda escapar a esta explicabilidad.

Sin embargo, ¿Todo puede explicarse de modo natural?

La ciencia se ha desarrollado para encontrar las relaciones causales que expliquen cómo se comportan los elementos de la naturaleza. Y para lograr dicha explicación se necesita haber encontrado cuales son las reglas físicas y matemáticas que guían la evolución o comportamiento de dichos elementos. Si no descubrimos dichas leyes (reglas) no podremos explicar la fenomenología. Por lo tanto, la ciencia ha trabajado arduamente en la dilucidación de dichas leyes para explicar el mundo.

Ahora bien, tenemos que reconocer que el cosmos es un escenario con elementos y reglas (leyes) donde los fenómenos que se producen en él son producto de tres elementos:

1. El escenario desde donde surge el universo
2. Las leyes y constantes físicas que lo gobiernan
3. La información que define sus actores elementales

La ciencia puede, considerando a estos tres tipos de elementos, explicar los fenómenos del mundo, pero no puede explicar a su vez a estos elementos. A no ser que se remita a elementos de fuera del escenario cósmico. ¿Pero hay algo fuera de nuestro universo?

Para el materialismo no. Todo lo que existe es todo lo que hay dentro. No existe nada afuera que daría origen a este universo o a todos los posibles del multiverso (universo de universos). Por lo tanto, si queremos ser estrictos, el extraverso (el universo extendiendo sus límites en su mayor concepción posible) es todo lo que hay y contiene estos tres elementos antes mencionados. Pero volvemos al dilema ¿Cómo explicamos a los actores, a las reglas que los gobiernan y el escenario?

Aquí es donde surge la pesadilla de Jastrow. Esta pregunta nos fuerza a reconocer que tiene que existir algo allá afuera y que ese algo es alguien inteligente.

Nosotros los seres humanos somos seres inteligentes con la extraña capacidad, como lo señaló intrigado Albert Einstein, de comprender el mundo, pero además tenemos también la extraña capacidad de crear escenarios con actores y reglas de “juego” que también respetan reglas de causalidad y funcionan. El juego “Vida” de Conway es tan solo un ejemplo entre muchos otros casos de autómatas celulares actuando en un universo virtual simulado informáticamente. Teniendo esta capacidad podemos decir que nosotros también somos “creadores de mundos”.

Pero, si reconocemos esto, ¿Podemos negar sin contrariar a la lógica que nuestro escenario cósmico en el cual somos algunos de sus actores, donde estamos regidos por leyes y constantes físicas, no sea también creado por otra inteligencia mayor?

Eso sería reconocer a un Dios creador y eso es un escenario de pesadilla para muchos adscritos al naturalismo materialista. De tal modo que, como salida, se debe recurrir a subterfugios penosos como el del filósofo de la ciencia Daniel Dennet el cual afirma que el universo se dio origen a sí mismo. Esto es como decir que podemos elevarnos del suelo jalándonos de los pelos hacia arriba ¿Por qué no funciona? Porque obedece a una causalidad circular. No puedo elevarme jalándome los pelos hacia arriba porque mi brazo no está jalando “desde fuera” de mi cuerpo, sino desde dentro apoyándose en mí mismo. Del mismo modo no podemos decir que el universo se dio origen a sí mismo porque para darse origen tendría que haber existido previamente y así, con esta causalidad circular no hay modo de solucionar el origen. Y nuevamente no funciona porque la causa no opera “desde fuera”.

Otra objeción que pretende invalidad este recurso es aquel que plantea “Si un Dios creó el universo, ¿Quien entonces creo a Dios?”. Esta objeción implica la existencia de una jerarquía de creadores con regresión infinita donde si un dios explica un mundo, un dios de un segundo mundo mayor podría explicar al primer dios y así sucesivos dioses explicarían a otros inferiores en una regresión sin fin. Entonces si asumimos que nuestro mundo es explicable como fruto de la creación de un dios y no podemos explicar a este dios, entonces el universo no puede ser explicado por un dios porque ello nos lleva a una regresión infinita. Este argumento presenta dos defectos importantes. Primero, las jerarquías, sean de cualquier tipo, no tienen porque terminar en regresiones infinitas. De hecho en nuestro mundo real están acotadas en ambos extremos. La cadena trófica, por ejemplo, representa una jerarquía de depredadores donde un animal come a otro que a su vez come a otro más pequeño, pero esto no forma una regresión infinita de depredadores, siempre hay un depredador mayor que no es depredado por otro y un animal que no es capaz de depredar a otro más pequeño. Lo mismo sucede en las cadenas de mando humanas que tampoco forman regresiones infinitas de mando dado que también están acotadas superior e inferiormente por un jefe que no tiene jefe y un subalterno que no tiene a su vez subalternos. Del mismo modo que en los innumerables ejemplos de jerarquías que podrían citarse una jerarquía de creadores tampoco tiene porqué no estar acotada y convertirse en una regresión infinita además del hecho que sabemos que esta si tiene una cota inferior ¿Por qué debería carecer de una superior? El segundo problema con este razonamiento es que también recurre a la exigencia de Dawkins antes señalada de que, para que una explicación sea válida, debe a su vez explicarse la explicación. Esto es como decir que no puedo deducir que un fotón sea fruto de un disturbio orbital de un electrón, si no puedo explicar al mismo tiempo como surge un electrón. O si encuentro el acueducto de Segovia y deduzco que no es fruto de una auto-organización de la materia, sino obra de la ingeniería romana, pero no puedo explicar de donde surgen los romanos, entonces el acueducto de Segovia es un fenómeno natural.

Siguiendo esta línea de pensamiento tanto Dawkins como Davies afirman que el DI no explica nada porque admite como explicación una creación inteligente en vez de un fenómeno natural. De acuerdo a esta postura sólo las explicaciones naturalistas son autenticas explicaciones. Así, volviendo al ejemplo anterior, decir que los romanos hicieron el acueducto de Segovia no explica nada, pero decir que surgió por erosión natural si lo explicaría. Bajo este planteamiento se puede aceptar cualquier absurdo mientras invoque una explicación “natural”.

El catedrático de genética de Harvard Richard Lewontin definió claramente esta postura al decir:

“Tenemos un compromiso previo, un compromiso con el materialismo. No se trata de que los métodos y las instituciones de la ciencia nos obliguen de alguna manera a aceptar una explicación material del mundo fenomenológico, sino al contrario, que estamos obligados por nuestra adhesión previa a las causas materiales a crear un aparato de investigación y un conjunto de conceptos que produzcan explicaciones materiales, no importa cuán contrarias sean a la intuición, no importa lo extrañas que sean para los no iniciados. Además, este materialismo es absoluto, porque no podemos permitir un Pie Divino en la puerta”.

Se puede jugar con causalidades circulares o regresiones infinitas, pero no podemos eludir que la ciencia no puede explicarlo todo de un modo naturalista, por mucho que irrite decirlo, sino que tiene unos límites que la circunscriben al ámbito endógeno, es decir, puede explicar su fenomenología interior, pero no al propio cosmos con su escenario, actores y reglas. Incluso aunque los físicos pudieran algún día decir que todo puede surgir de tan solo una ecuación, ¿podrá la ecuación explicarse a sí misma? No, y ello porque esto solo es posible “desde fuera”. Del mismo modo que las reglas de un juego pueden explicar el devenir del mismo, pero no explican ni las reglas, ni las fichas, ni el tablero.

Cuando llegamos a una frontera donde solo se puede ver el “afuera” es cuando entramos en el incomodo reino de lo metafísico y esto es algo que no podemos eludir salvo por obcecación intelectual. Ahora bien, se puede decir que recurrir a una explicación metafísica es claudicar de los límites del naturalismo metodológico (aquel que nos dice que la ciencia todo debe explicarlo mediante causas naturales), pero, por lo que hemos visto, ello no es posible.

El Diseño Inteligente no pretende decir que no hay fenómenos explicables naturalmente y por lo tanto inmersos dentro del naturalismo metodológico, o que para cada vacío de explicabilidad hay que recurrir a instancias metafísicas. Lo que afirma es que hay procesos y estructuras que proceden de la naturaleza y que hay otros, como se ha establecido en este libro, que proceden de un diseño inteligente no humano ni animal. No se trata de preferir una explicación natural sobre otra de diseño o viceversa, de lo que se trata es de saber discriminar cuando un fenómeno o estructura surge de una o de otra fuente de acuerdo a su naturaleza intrínseca. Y de tener la valentía de afrontar una resolución aunque la misma no vaya en consonancia a nuestros prejuicios previos.

¿Desalienta el DI la investigación científica por invocar o insinuar en algunos casos una explicación metafísica? Muchos piensan que sí, pero ello es un grave error. Esto es como decir que cuando afirmo que la gran muralla china no es un fenómeno natural, sino que la hicieron los chinos para defenderse de los mongoles, entonces ya no tengo porque investigar cómo se construyó, cuando se inició dicha construcción y cuanto duró. Como se ve en el ejemplo el que la muralla no tenga una explicación natural no desalienta la investigación de otras interrogantes sobre su vasta presencia en la geografía de China. Del mismo modo admitir que la vida en sus elementos estructurales fundamentales sea fruto de diseño no implica que se deje de investigar cómo surgió y como se desarrolló durante la historia biológica. Hoy en día pese a todos los avances de la ciencia hay muchas más preguntas que respuestas y con nuevos descubrimientos surgirán otras preguntas que deberán ser desveladas con mas investigación. Pensar que admitir una explicación metafísica zanja el tema de la investigación científica es un absoluto error.

Todos aquellos que comparten la postura del DI y desarrollan o se forman para desarrollar carreras científicas están llamados a seguir investigando y buscando desvelar los formidables misterios pendientes con una visión de la ciencia no limitada con estrecheces naturalistas que los fuercen a callejones sin salida o a los planteamientos absurdos que señala Lewontin, sino con una visión valiente que sepa conducirse sin miedo a la presión del consenso, una visión que conduzca hacia donde en verdad lleve la evidencia.

Referencias:

1. Entrevista de Alan Boyle a Paul Davies.
2. Robert Jastrow. Dios y los astrónomos.
3. Richard Lewontin. Billons and Billons of Demons.

2 Respuestas para ¿Es válida la propuesta del Diseño Inteligente como explicación científica?

  1. Hola quiero hacer una consulta desde mi grave ignorancia. ¿cuál sería el método al que recurre el DI y cuál su objeto? y por otro lado ¿cuál es el grado de certeza científica de la conclusión (inteligencia sobrenatural) si es que está medida científicamente? Gracias.

  2. Cristian

    Creo que se puede definir el objeto de las indagaciones del movimiento DI como la búsqueda de las causas últimas de la realidad a través del conocimiento científico de la Naturaleza.

    El método de indagación es por tanto el propio de la ciencia,; por un lado los razonamientos inductivos cuando de ciencias experimentales se trata (es decir, la inferencia de regularidades o leyes a partir de observaciones particulares) y el método abductivo o hipotético (búsqueda de causas a partir de los efectos) cuando se trata de ciencias históricas.

    Lógicamente, el grado de certeza que se puede adquirir en este tipo de indagaciones no tendrá nunca la solidez de los razonamientos deductivos, sino que estarán siempre sometidas a la incertidumbre de las limitaciones propias de todo conocimiento que nace de la percepción sensorial y el conocimiento empírico de las cosas.

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