En recuerdo de Antony Flew

Por Felipe Aizpún

El pasado mes de Abril fallecía el célebre filósofo británico Antony Flew, quien constituye una auténtica muestra de la convulsión intelectual en el pensamiento contemporáneo en torno a los orígenes y el debate metafísico. Nacido en Londres en 1923, desarrolló una intensa labor como filósofo propagandista del ateísmo más ortodoxo. Hombre de convicciones bien arraigadas, durante la mayor parte de su vida fue un firme defensor del ateísmo materialista a través de la publicación de numerosos trabajos. De entre todos ellos destaca su obra “Theology and falsification” (1950), una defensa de la discrepancia frente al fenómeno religioso que se convirtió en la obra filosófica más reproducida en lengua inglesa en la segunda mitad del pasado siglo.

Es por ello que cuando en el año 2004 y con ochenta años cumplidos publicó su libro “There is a God” supuso una verdadera convulsión en el panorama intelectual del mundo anglosajón. Flew había sido toda su vida un ateo convencido, y su convicción era indudablemente sincera; nacía de su interpretación de la realidad y no de prejuicios o decisiones interesadas al servicio de posiciones viscerales. Flew ha sido siempre un pensador íntegro que ha defendido con valentía aquello en lo que ha creído pero que ha permanecido siempre abierto a nuevas experiencias e intuiciones al ritmo marcado por los avances en el conocimiento científico. Adoptó con integridad admirable la máxima socrática de seguir el argumento hasta donde quiera que éste nos lleve y esta máxima le ha terminado llevando justo a las antípodas de lo que habían sido sus opiniones tradicionales en su larga trayectoria como pensador.

Flew ha experimentado un auténtico peregrinaje interior a través de la razón hasta alcanzar la convicción creacionista que ahora defiende en su último libro. Acusado por sus antiguos correligionarios de haber sido manipulado o de haber perdido el sentido de su propia identidad intelectual, Flew no dudó, tanto en declarar rotundamente la autenticidad y firmeza de su línea última de pensamiento, como en salir al comentario de los trabajos beligerantemente anti-teístas de sus ahora adversarios más feroces como es el caso de Richard Dawkins, de cuyo libro “The God Delusion” ha escrito Flew comentarios críticos que lo condenan con rotundidad.

La idea básica del trabajo de Flew es que los avances en el conocimiento científico le han terminado por convencer de la necesidad de explicar el Universo material a partir de la necesidad de un Dios creador. Flew se ha terminado convenciendo de la imposibilidad de este Universo material para justificarse por sí mismo, y opina ahora que exige una “razón de ser” fuera de sí, una causa primera de la que depender su existencia contingente. El ateísmo originario de Flew se desprendía de algunos de los más viejos argumentos en el debate sobre la existencia de Dios, como el problema del mal en el mundo, y rechazaba en especial los argumentos morales en pro de la existencia de Dios defendidos por su maestro en el círculo Socrático de Londres C.S. Lewis.

A lo largo de los años y al compás del avance de la ciencia, Flew fue poco a poco cambiando de opinión hasta convencerse de que los argumentos en pro de la inferencia de diseño en la Naturaleza resultaban más convincentes que sus críticas, al margen de otras consideraciones de tipo estrictamente filosófico, como la conciencia de la existencia real del libre albedrío como atributo esencial de la naturaleza humana. El ateísmo implica necesariamente un Universo sin principio ni fin, y supone además la emergencia por azar de la Naturaleza viva a partir de la materia inanimada. En opinión de Flew la primera es una evidencia derrotada y lo segundo una quimera fantasiosa a la luz de los conocimientos actuales de la ciencia. Por el contrario, son muchos los hechos que nos impulsan a considerar necesaria una justificación extra-natural de la realidad material. Flew nos habla así de un Dios creador, de una causa primera que explica la propia existencia del Universo y en especial de las leyes racionales de tipo matemático que lo rigen. Dice Flew: “I now believe that the universe was brought into existence by an infinite Intelligence”. También considera que la dinámica inabarcable de la vida exige una justificación diferente del puro azar y la necesidad, que la materia inanimada no puede haberse organizado de manera fortuita en un vasto y complejísimo mecanismo biológico regido por criterios de información y orden inverosímilmente complejos.

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