El problema del ADN “no tan basura”

Por Felipe Aizpún

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El desarrollo de las investigaciones en los últimos años ha permitido descifrar el genoma humano y ha abierto el camino para el conocimiento profundo y el análisis comparativo de los genomas de diferentes especies. Uno de los datos más significativos de las investigaciones es que sólo algo menos del 2 % de nuestro genoma se compone de secuencias codificantes que prescriben la construcción específica de proteínas. Por lo tanto resultaba necesario dar una explicación para la existencia de una cadena tan larga de material genético aparentemente inservible. Los defensores del modelo darwinista no tuvieron dudas al respecto y proclamaron con autoridad que el resto no era sino “basura” (junk DNA), y en concreto, que se trataba de secuencias vestigiales que a lo largo del proceso evolutivo habían perdido su capacidad codificadora en beneficio de otros rasgos que habían demostrado una superior capacidad adaptativa. Además, este carácter de información inútil e inactiva se ha presentado enfáticamente como una prueba más de la inconsistencia de la reivindicación de un diseñador en el origen de las formas vivas pues no resulta convincente que un ente tal las hubiera creado con semejante lastre de secuencias inservibles.

Recordemos estas palabras de Richard Dawkins que nos ofrecía hace algún tiempo Platypus en su blog “Los fallos de Darwin”:

“El genoma está plagado de pseudogenes no funcionales, duplicados defectuosos de genes funcionales que no hacen nada, mientras que sus primos funcionales siguen adelante con sus negocios en una parte diferente del genoma. Y hay mucho más ADN que ni siquiera merece el nombre de pseudogenes. Este ADN también se deriva de la duplicación, pero no la duplicación de genes funcionales. Se compone de varias copias de basura, “repeticiones en tándem”, y otras tonterías que pueden ser útiles para los detectives forenses, pero que no parecen ser utilizados en el cuerpo. Una vez más, los creacionistas podrían pasar algún tiempo valioso especulando sobre por qué el Creador ha llenado el genoma de basura con pseudogenes sin traducir y repeticiones en tándem de ADN basura”.

Richard Dawkins, El capellán del diablo, 2003, p. 99.

Y añadamos otra cita del propio Dawkins procedente de su libro “El Gen Egoísta”:

“La cantidad de ADN en los organismos es mayor de la estrictamente necesaria para su construcción. Una larga fracción del ADN no se traduce nunca en proteínas. Desde el punto de vista del organismo individual parece paradójico. Si el “propósito” del ADN es supervisar la construcción del cuerpo, es sorprendente encontrar una larga cantidad de ADN. Lo biólogos se estrujan el cerebro pensando qué utilidad puede tener este aparente exceso de ADN. Pero desde el punto de vista de los genes egoístas no hay paradoja. La verdadera finalidad del ADN es sobrevivir, ni más ni menos. La más simple forma de explicar el exceso de ADN es suponer que es un parásito, o como mucho, un inofensivo pero inútil pasajero a lomos de la máquina de supervivencia creada por el otro ADN” (The selfish Gene p. 47)

Las investigaciones más recientes han puesto de relieve que porciones significativas de esta “chatarra” genética no solamente no son un lastre de material inactivo sino que cumplen un papel regulador esencial en el desarrollo de los seres vivos. Dichas secuencias parecen jugar un papel muy relevante por lo que a la expresión diferencial de los genes se refiere. Como sabemos, la información completa del genoma se encuentra en todas y cada una de las células de un organismo; sin embargo, a lo largo del proceso de desarrollo embrionario, las células van ocupando su espacio en el organismo en crecimiento y van especializándose en funciones concretas a partir de un momento dado. De esta forma cada célula termina por resultar siendo, funcionalmente hablando, la expresión de sólo una parte de la información genética relevante. Las partes no codificantes del genoma parecen determinar este proceso de diversificación (células sanguíneas, óseas, musculares etc.). También parece ser que es en estas zonas mal llamadas ADN basura donde estriba en definitiva el elemento regulador y prescriptor de la forma de cada organismo en cada especie.

El tema es de gran interés y es por ello que Jonathan Wells, el autor de la ya comentada “Icons of Evolution” ha decidido escribir un libro que acaba de ser publicado en los Estados Unidos bajo el título “The Myth of Junk DNA” (El mito del ADN basura). En una reciente entrevista y a la pregunta de qué es lo que ha hecho cambiar entre la comunidad científica su opinión acerca del ADN no codificante responde:

“En una palabra, la evidencia. La primera que surgió es el hecho de que casi todo el ADN de un organismo es transcrito en ARN, a pesar de que la mayoría no codifica por proteínas. Desde un punto de vista darwinista esto es sorprendente. ¿Porqué un organismo que lucha por sobrevivir malgastaría cuantiosos recursos en producir un ARN supuestamente inútil? De hecho, desde 2003 está claro que el ARN no codificante cumple importantes funciones en las células vivas.

Los pseudogenes constituyen un tipo del llamado ADN “basura”. Son segmentos de ADN que se parecen a otros segmentos que en otros lugares (o en otros organismos) codifican por proteínas. Algunos ARN transcritos a partir de pseudogenes han resultado funcionales en orden a regular la cantidad de proteínas producidas por los segmentos a los que se parecen. ADN repetitivo en donde una secuencia no codificante se repite varias veces es otro tipo de ADN “basura”. Hoy se conoce que este ADN repetitivo puede regular muchas funciones esenciales, incluso la implantación de los embriones en los mamíferos.

Hay también creciente evidencia de que ADN no codificante puede desempeñar funciones que son independientes de su secuencia. Un ejemplo es la región de un cromosoma (llamado centrómero) que le une a otras estructuras celulares. Otro ejemplo es la retina en los ojos de los mamíferos nocturnos, en donde ADN no codificante actúa como un cristal líquido para enfocar los escasos rayos de luz.”

Pues bien, lo que procede ahora poner de manifiesto es que, una vez más, el darwinismo ha querido imponer una interpretación de la realidad que se deriva de la asunción indemostrada de un modelo inadecuado en vez de aportar conclusiones que se deriven del conocimiento verdaderamente científico de la realidad. Si no sabemos para qué sirven las secuencias no codificantes lo razonable es seguir investigando. La proclamación de su carácter inservible tiene, sin embargo, su lógica. Para el darwinismo, un modelo esencialmente gen-centrista, la selección natural “debe” ser la explicación definitiva del proceso evolutivo y la misma actúa únicamente sobre los rasgos morfológicos del individuo. Estos rasgos se identifican con genes concretos, por tanto, lo único relevante en el discurso son las secuencias codificantes. Para el resto simplemente no existe sitio en el modelo. La modificación de los rasgos, la aparición de novedades morfológicas “se tiene que” explicar como un hecho fortuito: los rasgos se justifican únicamente por los genes y éstos pueden experimentar verificables modificaciones en sus secuencias fruto de los errores en el proceso de copia de las secuencias genéticas que los conforman. El objetivo esencial del darwinismo es tratar de desechar la apariencia de diseño intencional y para ello es preciso reivindicar que la selección natural es la fuerza que va “esculpiendo” cada forma biológica en su extraordinaria complejidad a lo largo del tiempo geológico. Los genes constituyen los materiales de construcción del organismo vivo; pero no hay planos ni diseño, ni programa que explique la complejidad organizacional del ser vivo. Ésta se va conformando de manera fortuita por acumulación de mutaciones filtradas a través de esa fuerza extraordinariamente creativa que es la selección natural. En este modelo, obviamente el ADN no codificante no tiene ubicación alguna.

Este modelo no ha previsto un esquema tan complejo de expresión de la información genética como el que ahora la Naturaleza nos desvela y ello le ha cogido a contrapié. Dicho de otra forma, el modelo neo-darwinista es un modelo construido sobre el conocimiento del carácter funcional de sólo un 2% de nuestro genoma y por lo tanto, proclamado desde la ignorancia del funcionamiento del 98% restante. Pretender acertar y explicar satisfactoriamente los misterios de la vida desde tan profundo desconocimiento de la realidad es de una extrema osadía. Querer imponer tal modelo a toda costa es abusivo. Los estudios que van desvelando el carácter funcional y regulador de más secciones del genoma no codificante se suceden día a día. No estamos sin duda todavía en condiciones de proclamar de forma arrogante nuestra capacidad para explicar de forma definitiva los enigmas de la vida sino de seguir humildemente descubriendo la complejidad fascinante de los mecanismos reguladores del funcionamiento de los sistemas orgánicos.

Los autores darwinistas no han tenido más remedio que recular ante la evidencia, pero lo que no están dispuestos a hacer es conceder que los nuevos datos de la realidad puedan servir de base para cuestionar el paradigma naturalista. Sin embargo, los datos que la ciencia nos aporta nos obligan a profundizar en las interpretaciones que les son más apropiadas. Así por ejemplo, el hecho de que la parte más abundante del genoma tenga una función reguladora de la organización de la complejidad funcional del organismo nos induce a pensar que todo el proceso de desarrollo embrionario no es otra cosa que el desarrollo ordenado de un programa perfectamente estructurado de reconstrucción de un modelo dado. Cada instrucción reguladora, cada instrucción que determina el momento y el lugar de la especialización celular, no puede ser interpretado como un hecho casual ni menos como un evento aislado. Todas las instrucciones reguladoras forman parte de un proyecto global al que sirven, están condicionadas por el resultado final del mismo. La organización funcional no es por lo tanto el resultado de un azar filtrado por la experiencia vital de la adaptación al entorno. Cualquiera que sea el valor de la fuerza selectiva de la selección natural, los organismos vivos han pasado antes un proceso de génesis perfectamente orientado a una finalidad, la selección genética, es decir, la definición específica de las instrucciones precisas para ejecutar un modelo preconcebido. Este es, probablemente, el sentido principal del carácter regulador del ADN no codificante y esta es la razón por la que se le ha querido despreciar o ningunear. Se trata de un dato más que alienta la sospecha de diseño en la Naturaleza, y de un dato más aportado por la ciencia más actual.

4 Respuestas para El problema del ADN “no tan basura”

  1. Si no fuera por el ADN “basura”, no se podrían hacer pruebas de ADN en los juicios porque son esas precisamente las secuencias que se comparan. Es increible que escribas el texto o bien pretendiendo saber pero sin saber o bien sencillamente tergiversando y todo con tal de defender la idea de que nos ha creado Dios. Sólo te digo esto: a Dios no le gustan los mentirosos.

  2. Los últimos descubrimientos en torno al que los neodarwinistas llamaron ADN basura, están evidenciando algo que no debiera ser tan sorprendente en el campo científico: que las observaciones van por delante de la teoría.

    Porque de hecho, la vigente teoría evolucionista sintética no ofrece explicación para las funcionalidades que cada día se van descubriendo de ese 98,5% del ADN. Aquí el comodín de la selección natural ya no nos lo pueden colar de tapadera como hacen en otros ámbitos de la Biología.

    Los genes reguladores son la gota que colma el vaso de la imposibilidad de la Teoría Sintética para explicar los procesos biológicos a nivel bioquímico, esos que en feliz analogía Behe situó en la caja negra que para Darwin era la célula.

    Darwin no tenía en su época la información de la que ahora disponemos. Seguro que si hoy viviera, se avergonzaría de haber formulado su teoría reduccionista con un conocimiento tan exiguo sobre la estructura interna de los seres vivos.

    Lo sorprendente es que (presuntos) científicos de nuestros días, cierren los ojos para que el fascinante interior de la otrora caja negra no les fastidie sus dogmas materialistas, de los que tan complacientemente comulgan.

    La Teoría Sintética ha quedado obsoleta. No pasa nada.

    Hay que seguir observando y acumulando conocimientos sobre la química intracelular, así como en los niveles superiores de organización en los organismos pluricelulares, y cuando llegue el momento, formular una nueva teoria que pueda explicar la vida, sin tener que recurrir a falsos mecanismos como el azar o la selección natural, ajenos totalmente al mundo bioquímico que rige los procesos vitales.

    Y si no llegamos a esa nueva teoría, pues admitamos que no sabemos, que ya es saber algo.

  3. Juanfran,
    permíteme como colofón de tu correcta propuesta de actitud científica recoger un comentario del autor francés Remy Chauvin:
    “Defender el darwinismo porque no tenemos una teoría mejor para explicar la realidad es como pedir que siga en la cárcel un sospechoso que ha acreditado una coartada perfecta hasta que no encontremos al verdadero culpable.”

  4. Felipe,
    ese comentario de Remy Chauvin colapsa, ya que no explica nada, se crea o no que explique algo, la afirmación lo dice, y por supuesto que no habra algo más imaginativamente explicativo e imaginario, a como lleva el darwinismo a los seguidores teoricos de la misma, eso que ni que, tomando cuenta de que no hay explicación factible del origen de la espíritualidad humana, un limite de la ciencia.

    Por lo cual sólo nos queda imaginar, seamos seguidores del evolucionismo o no.

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