El precio de la vida IV. Inteligencia

Por Cristian Aguirre

Para analizar que es la inteligencia y como se infiere imaginemos cómo podríamos predecir la trayectoria que seguirá un curso fluvial en una zona determinada. Para empezar necesitaremos un mapa orográfico de dicha zona, es decir, uno que nos muestre las elevaciones y depresiones del terreno. Luego, en base a la orografía y a la acción que ejerce la gravedad sobre el agua, podremos predecir por donde discurrirá.

Del mismo modo si observamos un curso fluvial ya trazado, sabemos que es fruto de leyes naturales guiadas por la orografía del terreno y ello es comprobable.

Veamos ahora que sucede si nos toca analizar un curso fluvial cuyo trazo tiene poca relación con la orografía. Supongamos que observamos que no tiene un trazo serpenteante acorde al terreno, sino que es lineal, atraviesa desniveles por acueductos, y montañas a través de túneles. No podemos explicar su curso por la orografía y su curso no obedece a las leyes naturales. Mas bien observaremos la presencia de dos cosas:

1.Arbitrariedad
2.Funcionalidad

Ambas características pueden de hecho confundirse, pero se distinguen por lo siguiente:

1.La primera se aleja de la predicción física por un motivo arbitrario, es decir, subjetivo para la entidad que lo define. Puede ser estético, artístico o ideológico.
2.La segunda se aleja de la predicción física por una motivación funcional valida para la entidad o entidades a las cuales está dirigido el diseño de dicha estructura.

¿Podemos intentar explicar de modo natural mediante las leyes físicas el curso de este segundo caso? Si podemos intentarlo, pero fracasaremos siempre porque estaremos tratando de explicar de modo natural una estructura que no es natural, sino artificial. Y dicho carácter artificial es producto de la inteligencia.

Pero, ¿Qué es la inteligencia?

¿Son inteligentes el fotón y el electrón cuando deben reaccionar a un estimulo? Si así fuera los físicos de partículas estarían en el manicomio. Salvo el principio de incertidumbre de Heisemberg que impide conocer la posición y el momento lineal de una partícula al mismo tiempo, los mismos siguen leyes de reacción (convenios) matemáticamente establecidos. Pero si tuvieran la capacidad de recibir información, no para una inmediata reacción, sino para poder acumularla y procesarla a fin de definir UNA ELECCIÓN arbitraria o funcional, entonces estaremos hablando de INTELIGENCIA.

La inteligencia es la capacidad de un ente o mecanismo de poder elegir una alternativa o acción en base a un objetivo o finalidad (implica teleología) y ello procesando un nivel de información dado llamado CONOCIMIENTO.

Por esta razón cualquier estructura cuyas partes o conjunto manifieste arbitrariedades o funcionalidades no explicables o deducibles de las leyes naturales, presentará inferencias de inteligencia.

También vimos anteriormente que un convenio algorítmico no puede ser fruto de la naturaleza por lo cual no consideramos su nivel de complejidad o improbabilidad como obstáculo para su producción natural. Simplemente la naturaleza no lo puede producir y es aquí donde arranca el diferendo fundamental entre el Naturalismo Materialista y el Diseño Inteligente.

Para el primero de algún modo la naturaleza debería ser capaz de producir un convenio algorítmico, he allí el esfuerzo del físico Ilya Prigogine y de muchos otros en encontrar algún proceso natural que los produzca y ello sin teleología.

Si le preguntaran al lector de este post si cree que la silla en la que está sentado pudo surgir por un proceso de auto-organización de la materia durante millones de años. Probablemente la mayoría dirá que ello no es posible sin importar cuanto tiempo se suministre al proceso. Pese a su relativa sencillez una silla tiene componentes unidos por convenios de conexión y con las formas apropiadas para formar un conjunto con la forma ergonómica necesaria para cumplir una función específica: servir para que un ser humano se siente.

Sin embargo es posible que muchos de los que dirían esto cambiarán de opinión si les planteamos otra pregunta: ¿Cree que ciertos componentes químicos pudieron organizarse para producir un ser vivo? Muchos dirán que sí. ¿Por qué? Porque dirán que les consta que una silla es producto de fabricación humana, pero que en el mundo de la química todo es posible. Allí si pueden suceder maravillas.

Pero no es así. Los mismos limitantes del mundo macroscópico subsisten en el microscópico. Como vimos anteriormente, se requieren de 3 tipos de convenios para convertir los materiales básicos en componentes útiles y ensamblarlos en un ente funcional complejo con mecanismos de control, procesamiento y memoria. Para ilustrar que la vida no es más fácil de producir que la sencilla silla adjunto las impresiones del bioquímico Richard E. Dickerson en su artículo “La evolución química y el origen de la vida” en la cual dice lo siguiente:

“Hoy en día, la catálisis enzimática y la replicación del ADN están tan interconectadas en las células vivas que resulta difícil tratar de imaginar un sistema más sencillo. Pero, como escribió el físico británico J.D. Bernal, “Se ha propuesto la imagen de una molécula solitaria de ADN, en una olla primitiva, capaz de generar todo el resto de la vida, imagen que resulta incluso más difícil de explicar que la de Adán y Eva en el paraíso”. El salto de los aldehídos y aminoácidos, formados de modo no biológico, a una célula viva es gigantesco. Una cosa es proponer posibles escenarios para el origen de la vida, y otra, totalmente distinta, demostrar que estos escenarios son efectivamente posibles e incluso probables”.

La vida bacteriana más sencilla está ensamblada con una multitud de convenios no deducibles por las leyes naturales. Dichos convenios tienen una evidente funcionalidad tanto para las partes como para el conjunto que infieren sin genero de dudas a una inteligencia creadora.

Sin embargo, esta conclusión final es inaceptable para muchos por dos razones según los casos; para unos porque quebranta el naturalismo metodológico, es decir, aquel compromiso que descarta toda explicación no naturalista en la ciencia, y para otros porque contraviene su visión atea. Esta circunstancia a hecho que el DI sea visto por estas personas como un ropaje cientifico construído a posteriori sobre una visión religiosa. Pero el que las implicaciones metafísicas del DI puedan ser usufructuados por los sectores religiosos no implica que el DI tenga ningún compromiso con los mismos tal como los materialistas insisten en afirmar.

No es inaceptable, en cambio, inferir al encontrar el coliseo de Roma que el mismo no es producto de una auto-organización de la materia, sino producto de la inteligencia. Si alguien dice que tiene que necesariamente tener un origen natural porque no cree en la existencia de los romanos o porque ello violaría el naturalismo metodológico se consideraría una muestra bochornosa de obsecación intelectual.

No sucede así con la biología. Ella infiere con absoluta claridad diseño y, sin embargo, muchos se niegan a reconocerla como fruto de la inteligencia. En esta línea de pensamiento Francis Crick, uno de los descubridores de la estructura del ADN, nos dice que lo biologos deben sempre recordar que lo observan en las estructuras biológicas no son fruto del diseño. Y Richard Dawkins, en su libro “El relojero ciego” nos dice algo similar; que “la biología es el estudio de cosas complicadas que parecen haber sido diseñadas con un propósito”. Pueden aceptar que parecen tener diseño, pero no aceptan que lo tenga. Y al hacerlo son capaces de defender a capa y espada el absurdo de la abiogénesis (el origen de la vida a partir de material no viviente), una postura que, de acuerdo a todo lo expuesto aquí no tiene ni tendrá nunca solución.

La propuesta de que la vida es producto de una inteligencia creadora se puede aceptar o rechazar, cada quien es libre de creer lo que quiera como también de aceptar hacia donde lleva la evidencia y cuando un razonamiento es válido y convincente. Al otro lado queda la obsecación y la anteojera del prejuicio ideológico.

Referencias:

Anthony J.F. Griffiths, William M. Gelbart, Jeffrey H. Miller y Richard C. Lewontin. Genética Moderna Mc GRAW HILL INTERAMERICANA. 2000

Cristian Aguirre. “La Suave Rampa de Richard Dawkins”. 2009
http://www.oiacdi.org/articulos/La%20Suave%20Rampa.pdf

H. Frederik Nijhout. Importancia del contexto en la genética. Investigación y Ciencia. Agosto 2004

Ilya Propogine. ¿Qué es lo que no sabemos?.
Traducción rosa María Cascón
http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/prigogine.pdf

Javier Sanpedro. Deconstruyendo a Darwin. Editorial Critica.

Peter Coveney y Roger Highfield. La Flecha del Tiempo. La organización del desorden. Editorial Plaza & Janes. 1990

Richard E. Dickerson. La evolución química y el origen de la vida. Especial de Evolución de la revista Investigación y Ciencia.

Sean B. Carroll, Benjamin Prud’homme y Nicolas Gompel. La regulación de la evolución. Investigación y Ciencia. Julio 2008

Wheeler, John A. Geons, Black Holes and Quantum Foam.W.W.Norton N.Y. 1998

William Dembski. El Diseño Inteligente como Teoría de la Información.
http://www.oiacdi.org/articulos/DI_como_teoria__informacion_2.pdf

3 Respuestas para El precio de la vida IV. Inteligencia

  1. El artículo señalado es uno de los excelentes artículos del profesor David L. Abel, un experto en teoría de la información en biología. Recomiendo la lectura de cualquiera de sus artículos que se pueden encontrar en la red.

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