El precio de la vida I. ¿Hallazgo de vida en Titán?

Por Cristian Aguirre

Recientemente se ha hecho eco del hallazgo de posibles indicios de vida en Titán la más grande luna del gigante y anillado planeta Saturno. Titán es uno de los mundos de nuestro sistema solar más interesantes y fascinantes no solo por su tamaño, sino principalmente por su naturaleza geofísica, su densa átmosfera y la presencia de lagos de metano en sus regiones polares entre otras asombrosas características.

En el año 2005, un astrobiólogo de la NASA llamado Chris McKay sugirió la posibilidad de encontrar organismos alienígenas capaces de sobrevivir en las masas de hidrocarburo líquido a -180ºC, y que podrían obtener la energía consumiendo el acetileno (combinado con hidrógeno) que cae a la superficie después de formarse en la atmósfera.

En el mismo año la sonda de la NASA Cassini dejó caer a su sonda europea Huygens sobre la superficie de Titán. En su descenso tomó mediciones de la composición de su atmósfera y superficie. Cuando dichas mediciones fueron analizadas por el equipo dirigido por Roger Clark de la USGS (Inspección Geológica de los EE.UU.) se descubrió la misteriosa ausencia de un componente que debería estar en su superficie: el acetileno.

Los expertos pensaban que la interacción de la luz solar con los hidrocarburos existentes en las capas altas de la atmósfera de Titán debería de crear una capa de acetileno que cubriera la superficie lunar, pero para su gran sorpresa no se ha podido detectar este compuesto. Por otra parte un segundo estudio mostró que el hidrógeno que cae de la atmósfera de Titán en forma de lluvia sobre los lagos de metano desaparece en cuanto toca la superficie.

¿Que podría explicar entonces la ausencia del acetileno y la desaparición del hidrógeno en los lagos de Titán?

Para muchos entusistas astrobiólogos no sería otra cosa que un tipo de vida extraterrestre que es capaz de respirar hidrogeno y consumir acetileno. ¿Qué otra cosa sino?.

Ahora retrocedamos al siglo XIX cuando el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli creyó ver varias líneas en la superficie de Marte que llamó “canales”. De inmediato atrajo el interés y la atención de muchos científicos entre ellos el astrónomo estadounidense Percival Lovell que propuso como interpretación que dichos canales no eran otra cosa que señales claras de la existencia de seres inteligentes en Marte. Sin embargo, el entusiasmo duro hasta que las sondas Pioner y Viking exploraron de cerca al misterioso planeta rojo y quedo claro que dicha interpretación fué una precipitación aplicada a datos insuficientes mezclados con un exceso de entusiasmo.

Mas recientemente en 1996 salió a la luz una noticia espectacular; el hallazgo de vida en Marte a través del analisis microscópico del meteorito conocido como Allen Hills 840001 que cayó a la tierra procedente del planeta Marte. Lo que encontraron los cieníficos al analizarlo fueron una serie de formaciones similares a los microfósiles dejados por la vida bacteriana. De acuerdo a esto quizas los marcianos no eran como Lowell los imaginaba y los folletines de ciencia ficción proponían, en lugar de ser conspirantes humanoides verdes serían tan solo humildes bacterias microscópicas. Pero ello es vida y aunque sea microscópica es todo un salto cuantico de organización.

Sin embargo, la convicción de que ello en realidad sea una evidencia de vida y no una simple marca de cambios de temperatura como proponen otros, no ha dejado de ser el eco entusiasta de una agencia espacial, la NASA, avida por interesar al gobierno de los Estados Unidos para destinar mas fondos para la investigación espacial. Y aunque aún hay firmes defensores de que ello sea en verdad un rastro de vida, la evidencia no ha sido concluyente y ha naufragado irremisiblemente en las aguas de la controversia científica.

¿Será el pretendido hallazgo de vida en Titán otro caso otra ilusión erronea?

No estamos hablando de creyentes en ovnis, el bigfoot o el chupacabras. Estamos hablando de científicos serios, más objetivos e intelectualmente cuidadosos. No obstante, hay unas flaquezas evidentes en la articulación de esta interpretación que tienen relación con la visión filosófica con la cual se aborda este fenómeno y con su aplicación metodológica.

En primer lugar se parte de un razonamiento a posteriori al asumir tácitamente, bajo el prejuicio filosófico del materialismo naturalista, que asume que, si la vida fue capaz de surgir naturalmente en la Tierra pudo también haberlo hecho en Titán y, dado que esta puede existir, entonces podrá explicar las desapariciones tanto del hidrógeno como del acetileno. Lovell también supuso lo mismo con Marte e interpreto los “canales” de Schiaparelli como señales de vida marciana. Lo mismo hicieron los científicos de la NASA al interpretar las formaciones microscópicas del meteorito AH840001 como rastros fósiles de vida microbiana ¿Y por qué? Por su parecido, pero una similitud no implica el valor categórico de una coincidencia.

En segundo lugar metodológicamente se quiere pasar un condicionante o efecto como constatación categórica de un posible hecho causal, en este caso la existencia de vida en Titán, para terminar efectuando más una abducción que una demostración.

Ahora bien, si en verdad se encontrase vida fuera de la tierra más allá de toda duda ¿Ello demostraría la propuesta del materialismo naturalista de que la vida puede surgir por autoorganización de la materia? No. Veamos porqué.

La cuestión de si la vida solo puede ser fruto del diseño o de una autoorganización de la materia es válida para cualquier escenario del universo ya sea terrestre u otro. Por lo tanto, la consideración de si la vida solo puede existir en la Tierra corresponderá más bien al ámbito de la opinión religiosa o filosófica y sobre ello no trataremos aquí.

La visión de que la vida es fruto de una auto organización de la materia es realmente una reformulación mas sofisticada de la antigua “generación espontánea”. Esta creencia pretendía decir que la vida puede surgir con facilidad de la materia inanimada como las moscas de la carne podrida y que, por lo tanto, no nos debe sorprender que esta surga con frecuencia en cualquier parte. Dicha creencia era una forma simplista de abordar el origen de la vida que quedo totalmente derogada. Hoy se sabe que la vida procede de la vida. Pero entonces ¿De donde surgió al principio de los tiempos y cómo empezó a andar?

EL PAPEL DE LA LEYES FÍSICAS

Vivimos en un universo en el cual algunos componentes fundamentales se han asociado para producir otros entes mayores que a su vez se han asociado con otros similares para formar otros entes mayores aún. Desde las partículas elementales, pasando por los átomos, hasta las moléculas complejas, conocemos un caso en el cual dichas moleculas están asociadas para formar proteínas, ácidos nucleicos y ribonucleicos, que formar a su vez máquinarias moleculares dentro de una gran estructura llamada célula viviente, y está a su vez se ha asociado con otras células para formar un sofisticado ente multicelular con un cerebro que, en una especie en particular, llega al grado de conciencia suficiente para formularse la pregunta: ¿Cómo surgimos?

¿Cómo se establecen las relaciones que guían dichas asociaciones que, para el caso de la vida, son estrictamente funcionales?

Si no existiera un universo que tuviera las leyes físicas necesarias para producir atómos pesados tales como el carbono, y en el que sólo existiera el hidrógeno, no existiría una química compleja y menos aún vida. ¿No es sospechoso pensar que las leyes y las constantes físicas estan finamente ajustadas para permitir nuestra existencia?.

Pero, ¿Es esto prueba de que el universo es fruto de un diseño inteligente o tuvimos mucha suerte y somos los ganadores de un extraordinario juego de lotería?

Los naturalistas materialistas se acogen a la segunda opción bajo dos subterfugios basados en lo que se conoce como Principio Antrópico.

El primero nos dice que dado que estamos aquí no debe sorprendernos porque si el mundo no fuera así no podríamos plantearnos nada ya que no existiríamos y si ello es fruto de una enorme casualidad y las casualidades son improbables, pero no imposibles. Entonces no necesitaríamos invocar ninguna creación sobrenatural.

El segundo nos dice qué, si bien algunas constantes y leyes son muy improbables tal como la llamada “Constante Cosmológica” que debe estar ajustada a 1 en 10 elevado a 120 lo cual es absolutamente inabordable como fruto de la casualidad, nuestro universo no sería un caso super afortunado, sino que formaría parte de un multiverso, es decir, un universo de universos en el cual cada uno puede tener un juego de constantes y leyes físicas diferentes, y en dicha circunstancia, siempre podrá existir entre la miriada de universos posibles un universo compatible con la vida y con seres inteligentes como nosotros.

¿Caso resuelto? No. La anteojera del naturalismo materialista les impide reconocer hechos escenciales que no estan teniendo en cuenta.

En 1970 el matemático John Conway propuso que la complejidad surge de reglas simples, entiendase estas reglas como leyes. Creo un juego llamado “vida” en el cual, a un conjunto de elementos dispuesto al azar en un casillero, les dispuso tan solo de 3 reglas en las cuales sus posiciones relativas, de acuerdo a dichas reglas, harían aparecer una nueva ficha, moverla o desaparecerla. Al activarlo se vió como las fichas empezaban a moverse por el tablero formando figuras, movimientos definidos, pulsaciones y otros efectos complejos. Moraleja: la complejidad del universo es fruto de sus leyes y constantes físicas. Sin dichas leyes y parámetros iniciales no existirian ni estrellas, ni planetas ni seres vivientes. Y ello es absolutamente cierto.

Sin embargo, para la mentalidad materialista de Conway ello nos proporciona la prueba de que, en sus propias palabras, “No hay ningún arquitecto de la vida. Absolutamente ninguno”.

De acuerdo a él y a quienes comparten su visión filosófica, la ciencia descartaría la creación de vida con un propósito. “En este universo racional no existe la necesidad de un creador”.

¿Han captado el chiste? Conway crea un juego y elige inteligentemente, no cualquier regla, sino aquellas que funcionen para su propósito, y este creador nos dice que el universo no tiene creador. Nos muestra con su hallazgo una prueba de la necesidad de un creador y retorcidamente usa el mismo para decirnos que el universo y la vida no lo tienen. Risible y al mismo tiempo irritante.

Este es un ejemplo paradigmático de como el prejuicio filosófico del materialismo naturalista retuerce la evidencia y crea escenarios para eludir lo ineludible. Incluso la tesis del multiverso, aunque fuese cierta, ya que aún no podemos constatarlo, no tiene escapatoria. Incluso aunque los universos puedan producirse por fenomenómenos naturales en el extraverso (choque de branas en la onceava dimensión como alude la Teoría M) y surgir con un distínto juego de valores de sus constantes físicas de modo fortuito, necesitamos aún ajustar sus reglas, es decir, sus leyes, y la física puede explicar los fenómenos producidos por dichas leyes pero no puede explicar a las leyes mismas. Y toda ley, tal como Conway con su juego “Vida”, requieren de un legislador .

Llegados a este punto conviene preguntarnos: Si bien la vida necesita de las leyes y constantes físicas para existir ¿Es un caso de complejidad deducible suficientemente de las mismas?

De ser así, la vida podría ser un fruto de una auto organización de la materia. En este caso el paradigma del diseño inteligente quedaría relegado a su parte cosmológica y no tendría cabida el paradigma biológico del diseño inteligente. Y esta es la posición de muchos creyentes en la Teoría Darwinista sean estos ateos o teistas.

Sin embargo, al margen de todo prejuicio metafísico (o religioso) tenemos que responder convenientemente a la anterior pregunta.

¿Porqué las leyes fisico químicas no serían suficientes para conseguir producir seres vivientes?

Antiguamente se pensaba que las células vivas eran unos simples grumos de combinación albuminosa de carbono no muy diferentes de un fragmento de gelatina microscopica y que, por lo tanto, podían surgir con facilidad de la materia inanimada. Esta era la opinión del celebre divulgador del Darwinismo Ernst Haeckel desde la limitada perspectiva que ofrecian los microscopios de mediados del siglo XIX.

Cuando James Watson y Francis Crick descubrieron en 1953 la estructura del ADN, descubrieron también en cierto modo la plataforma molecular en la cual se encuentra el “prográma biológico”. Lo que asombro e incluso incomodo a muchos biólogos fue el carácter “informático” del material genético. Muchos biólogos esperaban que los seres vivos fuesen más como una máquina tan poco informática como lo puede ser un motor de combustión o una turbina. Esperaban complejidad mecánica no computacional. No se esperaban que cada célula viva se parecieran tanto a una computadora como las que la ya naciente industria informática estaba colocando en el mercado por aquellos años.

Mas adelante, con el descubrimiento de los genes Hox, las maquinarias multiprotéicas y más aún con los últimos y asombrosos resultados del Consorcio ENCODE (año 2007), el ADN se presenta como una plataforma de información sumamente “informática”. Dispone de instrucciones de “Inicio” y “fin”. Tiene capacidad de funciones y procedimientos con uso de parámetros (múltiples zonas reguladoras para un solo gen), genes capaces de sintetizar más de una proteína, genes que regulan en cascada a otros genes en una iteración compleja tal como la existente en los programas informáticos. Etc.

A este punto podemos decir que el misterio de la vida no consiste en explicar como ha llegado a surgir un mecanismo complejo, sino como ha surgido una plataforma compleja de información biológica susceptible de controlar y construir dicho mecanismo.

No se trata de una barrera de complejidad ni tampoco de información compleja. El diseño inteligente no se basa en considerar la dificultad de la vida para surgir de la materia, sino en la factibilidad matemática real de poder hacerlo.

No pretende alegar que lo dificil de explicar debe consignarse a un creador, el famoso “Dios que llena los huecos que la ciencia no puede explicar”. Definitivamente ese no es el caso. Lo aclaro por si el lector cree en esta falaz y popular idea.

La pregunta correcta es ¿Puede la materia autoorganizarse y aumentar su nivel de información computacional mediante procesos estrictamente naturales?

Y la respuesta solo admite un sí o un nó concluyente.

Pero eso lo veremos en el siguiente post: El precio de la vida II. Más allá de las leyes físicas

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