El origen de la información cósmica. Parte 7

Cristian Aguirre
An Eclectic Mix of Galaxies
Source: Hubblesite.org

¿QUIEN CREÓ EL UNIVERSO?

En la Odisea de Homero se narra una curiosa historia en la cual Ulises, el rey de Ítaca, retornando hacia su patria desde la vencida Troya, llega a la isla de los Ciclopes. Estos eran unos seres gigantes con un solo ojo y con muy poco sentido de la perspicacia. En ésta se narra cómo Ulises ingresó con sus hombres a una cueva donde tuvo la buena ventura de encontrar alimentos, pero lamentablemente no eran una dádiva fácil ya que estos pertenecían al cíclope Polifemo. Este pronto los descubrió y en su ira los atacó comiéndose a algunos de los hombres que lo acompañaban. Cuando el cíclope le pregunto al ingenioso Ulises cual era su nombre, este no le dio su nombre verdadero, sino que le dijo: “Nadie”.

Luego, como es prescriptivo cuando se ha comido copiosamente, el gigante Polifemo se dispuso a dormir plácidamente a fin de hacer la necesaria digestión de los hombres que digno comerse, Entonces Ulises y el resto de sus hombres aprovecharon el momento para contraatacar incrustándole una viga de madera en su único ojo. Desesperado el cíclope clamó por ayuda a otros ciclopes que no tardarían en acudir ante sus clamorosos gritos de auxilio. Cuando llegaron a la entrada de la cueva le preguntaron: “¿Quién te está atacando?”, y muy efusivamente Polifemo exclamo: “¡Nadie!”

Entonces los cíclopes auxiliadores le dijeron: “Sí nadie te ataca entonces nos retiramos”. Así el ingenio de Ulises, cuya astucia ya manifestó en muchas otras ocasiones, consiguió sortear una vez más una situación desesperada y salir airoso de ella.
Cuando se aborda el problema de los orígenes, en concreto el origen del universo, han surgido desde el ámbito científico muchos personajes qué, ante la pregunta: ¿Quién creó el universo? Responden enfáticamente como el desesperado Polifemo: “¡Nadie!”.

Si para algunos la respuesta sobre el origen del universo sería que fue creado por Dios, para otros la naturaleza debería por si sola apañarse suficientemente para dar cuenta de nuestra existencia prescindiendo así de toda divinidad. Incluso para muchos deístas, que creen que hubo un creador que luego del acto de creación se desentendió de su obra y la abandonó a su libre desarrollo, la naturaleza podría arrinconar aún más la intervención de este ubicuo personaje. Entonces ¿Por qué no eliminarlo de escena por completo?

Desde la antigüedad era muy común el razonamiento de que si algún fenómeno no era posible en dicho momento explicarse debería ser entonces producto de la intervención de alguna deidad. Si bien el cristianismo introdujo la racionalidad de un mundo que se rige por leyes divinas que tienen que ser descubiertas y reveladas por los hombres, también supervivió el error de invocar al Dios de los huecos, aquel que surge necesario cuando no hay explicación vigente al fenómeno.

Por lo tanto, para enfrentar el problema del origen del universo, debemos analizar cómo los científicos plantean explicar sus misterios sin la invocación al Dios de los huecos. Sin embargo, como veremos posteriormente, algunos de estos argumentos están “envenenados” ya que pueden con claridad evidenciar que aquel Dios, sobre el cual se han realizado muy ingeniosos esfuerzos para escurrirlo del escenario, puede surgir como consecuencia natural de la misma física implícita en estos fenómenos y no, desde luego, para llenar ningún hueco explicativo. Pero esto lo veremos al final de esta serie.

Muchas culturas en el pasado tanto de occidente como de oriente consideraron que nuestro universo era una entidad eterna cuyo escenario permanecería sin grandes cambios o, si se creía que sufre profundas transformaciones, serían estas de carácter cíclico en una cadena de nacimientos y muertes cósmicas también infinita. Para los hindúes, por ejemplo, los ciclos consistían en un día y noche de Brahma que duraba nada menos que 8,640 millones de años.

En la Grecia clásica tanto Platón como Aristóteles también consideraban un universo eterno de carácter cíclico. Es, por lo tanto, una idea bastante común en las civilizaciones ajenas a la visión judeocristiana. Es en esta última donde se hace patente un origen para el universo como fruto de la creación de un Dios único. Bajo esta visión el universo sería finito tanto en tiempo como en espacio.

Sin embargo, dicha visión judeocristiana no tardaría en contestarse por razones más políticas que científicas. Desde que el cristianismo fue aceptado como religión oficial por el Imperio Romano y luego por sus reinos sucesores. Terminó siendo manipulada para justificar sus absolutismos políticos y así instrumentalizada para defender el sistema de las naciones que la patrocinaron. Pero ya en el siglo XVII, surgieron cuestionamientos al absolutismo monárquico que serían contestados desde este “cristianismo” coludido con los imperios y las monarquías. En dicho siglo el obispo Bossuet en Francia y Robert Filmore en Inglaterra defendieron, introduciendo argumentos científicos y teológicos, que el poder monárquico es algo natural porque la naturaleza, a su vez, está gobernada por un jerarca divino que es Dios. En este escenario conforme transcurría el siglo XVIII no tardaría el absolutismo monárquico y su versión científica de apoyo en ser rebatidos por John Locke en Inglaterra y Jacques Rousseau en Francia. Ya en los albores de la revolución francesa habían surgido eminentes pensadores y científicos tales como Simon Laplace, Erasmus Darwin (abuelo de Charles Darwin), James Hutton y Jean Babtiste Lamarck, cuyas interpretaciones científicas eliminaban la presencia de Dios en la escena natural con lo cual, a su vez, se pretendía desbaratar el apoyo teológico y científico usado por este “cristianismo” para la defensa del absolutismo monárquico.

Como vemos, una parte del cristianismo alimento durante siglos a un parásito político que los naturalistas liberales conjuraron extirpar. Pero, no solo extrayéndolo del cristianismo, sino matando a ambos, al parásito y al cristianismo, y ello incluiría a la doctrina cristiana, a su interpretación científica y, para rematar, también a Dios.

Por ello, cuando la atmosfera ideológica de la ciencia fue cada vez más influida por la cosmovisión materialista de la ilustración que por la cosmovisión cristiana, la visión sobre el universo también debió cambiar. El universo ya no tendría entonces origen ni creador, sino que sería más bien increado y eterno, quedando el universo con principio recluido al ámbito del dogma religioso. Es pues en esta visión que llegamos al universo estático que era tan natural de concebir para Albert Einstein como para otros científicos de su tiempo a principios del siglo XX.

No obstante, no existía entonces ninguna prueba científica que indicara algo así. Incluso las propias ecuaciones de la relatividad general ya conducían a un universo muy distinto y en modo alguno estático. Pero los prejuicios son los prejuicios y son capaces de cernirse como pesadas losas sobre las más brillantes mentes para cegarlos incluso de lo que sus propios trabajos apuntan.

Recordemos como Einstein colocó una constante cosmológica para “sujetar” el universo a fin de que no se desboque porque el prejuicio vigente dice que el universo no puede cambiar en tamaño ya que ello implicaría la posibilidad que tuviera un principio o un fin y todo ello apesta a la antigua cosmovisión cristiana que ya no estaba de moda ni era políticamente correcta.

Es por ello que cuando el físico y sacerdote belga Georges Lamaitre le presentó su tesis del átomo primitivo (Big Bang) a Einstein este le dijo: “Eso recuerda demasiado al Génesis, ¡se nota que es usted sacerdote!”. En otras palabras es como si Einstein le reprochara a Lamaitre que por ser su tesis amistosa con la visión cristiana del universo, entonces ello se debía a que la sostenía y defendía cegado por sus prejuicios. Los posteriores años terminaron por demostrar que quién se dejo llevar por los prejuicios no fue Lamaitre, sino el propio Einstein.

Sin embargo, en este proceso muchos científicos no aceptaron ni a regañadientes una teoría que reivindicaba una cosmovisión tan incómoda que incluso en la Rusia comunista estaba prohibida. Por ello en 1948 los científicos ingleses Hoyle, Bondi y Gold propusieron otra teoría que salvase la eternidad del universo que llegó a llamarse Teoría del Estado Estacionario. Según esta teoría conforme el universo se expandía surgía hidrógeno de la nada continuamente.

Por aquellos años un físico teórico ruso afincado en los EEUU llamado George Gamov, desarrollo aún más la tesis de Lamaitre publicando un libro titulado “La Creación del Universo”. En el mismo Gamov realizó cálculos sobre porcentajes de algunos elementos químicos sintetizados en el Big Bang a partir del hidrógeno que fueron posteriormente confirmados por las observaciones. Otra muy importante predicción fue propuesta por sus colaboradores Bethe y Herman. Ellos dedujeron que las radiaciones producidas en la gran explosión deberían estar, por el tiempo transcurrido y la elongación espacial, lo suficientemente frías en un espectro de frecuencias igual al de la radiación de un cuerpo negro a 3 grados K (3 grados Kelvin o absolutos; equivalentes a 270 grados centígrados bajo cero).

Casi 2 décadas después de esta predicción, en 1964 los científicos norteamericanos Arnold Penzias y Robert Wilson, encontraron por casualidad, mientras exploraban con un radiotelescopio señales satelitales, un extraño “ruido” de fondo que en un principio no pudieron identificar. La particularidad de este ruido era que venía de todas partes y no era fruto de ningún fallo instrumental u objeto en la antena. Era precisamente la radiación de cuerpo negro de 3° Kelvin propuesta por Gamov y sus colaboradores. Por este descubrimiento Arnold Penzias y Robert Wilson recibieron el premio Nobel en 1965 y un año después, pudo Lamaitre morir viendo confirmada su teoría.

No obstante, una forma de rescatar la eternidad era pretender que el Big Bang es tan solo el principio de un ciclo cósmico donde el universo nace, se expande, luego se contrae y muere para luego renacer en otro Big Bang. De este modo no habría un principio absoluto para esta cadena de ciclos cósmicos. Cuando se enfrento este escenario se vio que los ciclos no podían ser homogéneos de tal modo que la duración de cada ciclo cósmico tendría que alargarse más cada vez. Además la entropía seguiría aumentado pese a los ciclos lo cual nuevamente acotaba un principio y un fin.

Finalmente esta propuesta de eternidad cósmica mediante un universo oscilatorio terminó por desgraciarse en 1970 cuando Roger Penrose y Stephen Hawking finalmente probaron que el universo tuvo que tener un principio absoluto en el tiempo en base a la teoría de la relatividad general de Einstein. Con dicha prueba se demostró que la relatividad general es sólo una teoría incompleta dado que no puede decirnos cómo empezó el universo, porque predice que todas las teorías físicas, incluida ella misma, fallan al principio del universo. Sin embargo, dicho el teorema de la singularidad de Penrose y Hawking muestra que debió haber existido una época, muy al principio del universo, en que éste era tan pequeño que no se pueden ignorar los efectos de pequeña escala de la mecánica cuántica.

Luego de estos fulgores de la consolidación de la teoría del Big Bang aparecieron ciertos elementos y preguntas incómodas. Si el universo tenía un principio entonces surgía la pregunta ¿Qué mecanismo lo llevó a la existencia? ¿Qué o quién activó su ignición? ¿Fue la primera causa Dios? ¿Sería la gran explosión cósmica similar a un cartucho de explosivo que requiere que alguien encienda la mecha para que ésta explote? Si se apelaba a Dios, como celebraban los teístas, implicaría evadir la búsqueda de una posible explicación y terminar así apelando nuevamente al Dios de los huecos. Un recurso desagradable para muchos científicos que no gustan, comprensiblemente, que para explicar algo se recurra a los oficios de alguna deidad.

Había pues que solucionar varios misterios inquietantes sobre el origen del universo. Stephen Hawking en su libro “Historia del Tiempo” los resume con claridad:

1) ¿Por qué estaba el universo primitivo tan caliente?

2) ¿Por qué es el universo tan uniforme a gran escala? ¿Por qué parece el mismo en todos los puntos del espacio y en todas las direcciones? En particular, ¿por qué la temperatura de la radiación de fondo de microondas es tan aproximadamente igual cuando miramos en diferentes direcciones? Es como hacer a varios estudiantes una pregunta de examen. Si todos ellos dan exactamente la misma respuesta, se puede estar seguro de que se han copiado entre sí. Sin embargo, en el modelo descrito anteriormente, no habría habido tiempo suficiente a partir del big bang para que la luz fuese desde una región distante a otra, incluso aunque las regiones estuviesen muy juntas en el universo primitivo. De acuerdo con la teoría de la relatividad, si la luz no es lo suficientemente rápida como para llegar de una región a otra, ninguna otra información puede hacerlo. Así no habría ninguna forma en la que diferentes regiones del universo primitivo pudiesen haber llegado a tener la misma temperatura, salvo que por alguna razón inexplicada comenzasen ya a la misma temperatura.

3) ¿Por qué comenzó el universo con una velocidad de expansión tan próxima a la velocidad crítica que separa los modelos que se colapsan de nuevo de aquellos que se expansionan indefinidamente, de modo que incluso ahora, diez mil millones de años después, está todavía expandiéndose aproximadamente a la velocidad crítica? Si la velocidad de expansión un segundo después del big bang hubiese sido menor, incluso en una parte, en cien mil billones, el universo se habría colapsado de nuevo antes de que hubiese alcanzado nunca su tamaño actual.

4) A pesar de que el universo sea tan uniforme y homogéneo a gran escala, contiene irregularidades locales, tales como estrellas y galaxias. Se piensa que éstas se han desarrollado a partir de pequeñas diferencias de una región a otra en la densidad del universo primitivo. ¿Cuál fue el origen de esas fluctuaciones de densidad? Historia del tiempo. Pag.112 (Énfasis en negrita añadido).

Nótese cómo la velocidad de expansión tuvo que ser tan precisa. Y es tan solo uno de muchos otros factores que tuvieron que estar extremadamente ajustados para que pueda existir un universo como el que conocemos. Pero este problema de la sintonía fina no lo abordaremos ahora, sino en el post siguiente. Sigamos.

En 1979 un físico de partículas Alan Guth propuso una posible solución a algunos de estos misterios. Su solución, hoy muy popular, consiste en una enorme inflación del universo en sus estadios iniciales de alrededor del 10^25 veces su tamaño original en un minúsculo lapso de tan solo 10^-34 segundos. En esta rápida expansión las irregularidades se habrían alisado considerablemente tal como sucedería con las irregularidades de un globo que se infla. También explicaría por qué el universo es homogéneo al resolver la aparente desconexión causal entre regiones a donde la luz no habría tenido tiempo de alcanzar como efecto de que el propio espacio creció más deprisa que la luz.

Brad Lemley en su artículo “La gran adivinanza de Guth” explica cómo la propia propuesta inflacionaria resucita, de un modo más exitoso, la frustrada propuesta de Edward Tyron de un origen del universo producto de una fluctuación cuántica accidental:

“La teoría inflacionaria sugiere que lo que surgió fue un “falso vacío” una forma peculiar de la materia, cuya existencia fue predicha por muchos teóricos de partículas, aunque nunca ha se ha observado en la realidad. El falso vacío se caracteriza por un campo gravitatorio repelente, tan fuerte que puede explotar y convertirse en un universo. Otra peculiaridad de este falso vacio es que no se diluye al expandirse como, digamos, lo hace un gas. La densidad de la energía que contiene permanece constante, aun cuando crece. Por eso la expansión del falso vacío, acelerándose exponencialmente por la acción de su fuerza repelente, creo realmente grandes cantidades de energía siempre duplicándose, la cual se descompuso formando un plasma hirviente de partículas, tales como electrones, positrones y neutrinos. A medida que el universo inicial continuo duplicándose cada microsegundo, la materia que contenía también se duplico a partir de la nada. Los electrones, positrones y neutrinos se convirtieron en una especie de sopa caliente, la cual 300.000 años más tarde se neutralizo formando átomos simples. Estos átomos simples, hidrogeno, helio y litio), fueron destruidos y exprimidos entre sí para formar átomos más complejos y más pesados, dentro de las estrellas. Al explotar hacia el espacio por las supernovas, se convirtieron en la materia que vemos y somos actualmente. El pedacito inicial de falso vacío que requieren los cálculos de Guth resulto ser increíblemente pequeño: una mil millonésima parte de un protón. El periodo requerido de crecimiento exponencial fue muy corto. En, quizás, solo 10^-34 segundos, sugiere él, el universo se expandió en 25 órdenes de magnitud, hasta aproximadamente el tamaño de una canica, un aumento equivalente a un frijol creciendo hasta el tamaño de la Vía Láctea. El proceso inflacionario, descubrió Guth, impulsaría a omega (el índice de curvatura del espacio) hacia 1 con increíble suavidad la razón se expresa mejor por analogía. El universo aparenta ser virtualmente plano por la misma razón que la superficie de la Tierra aparenta ser virtualmente plana para una persona parada sobre esa superficie. El material del espacio se “estira” relativamente, de manera que al duplicarse tan poco como 100 veces la curvatura se cancela. ¿Y qué acerca de la conservación de la energía? De acuerdo con la teoría de la relatividad de Einstein, la energía de un campo gravitatorio es negativa. La energía de la materia, sin embargo, es positiva. Por eso el conjunto universo-creación pudo desdoblarse sin romper las leyes de conservación de la energía. La energía positiva de toda la materia del universo se pudo balancear con exactitud por la energía negativa de toda la gravedad del universo. Esto es algo más que teoría. Las observaciones son consistentes con la idea y los cálculos que determinan el total de la materia y la energía en el universo observable, indican que los dos valores parecen estar balanceados. Toda La materia más la gravedad es igual a cero. Por eso el universo pudo surgir de la nada, porque es básicamente, nada“.

Aquí tenemos pues una creación cósmica con costo energético cero. La famosa “comida gratis” de Alan Guth, una creación Ex nihilo accidental que no necesita ser planificada por nadie ya que resulta de un accidente del falso vacio que continuamente puede estar produciéndose creando así otros universos.

No obstante, el modelo inflacionario no lo explica todo y aún deja muchos misterios pendientes y otros incluso los empeora haciendo más especial el Bing Bang. Sobre esto comenta Hawking:

“incluso el modelo inflacionario no nos dice por qué la configuración inicial no fue de un tipo tal que produjese algo muy diferente de lo que observamos. ¿Debemos volver al principio antrópico para una explicación? ¿Se trató simplemente de un resultado afortunado? Esto parecería una situación desesperanzado, una negación de todas nuestras esperanzas por comprender el orden subyacente del universo.” Historia del tiempo. Pag.121-122

En 1983 el propio Hawking junto con James Hartle propusieron una ingeniosa solución al problema del origen del universo, su gran especialidad y su incomoda singularidad. A esta tesis la llamaron La Propuesta de Ausencia de Frontera. En esta tesis desaparece la singularidad del origen cósmico precisamente por efecto de la ausencia de frontera. Si pudiéramos visualizar el origen clásico del universo sería el instante de su ignición una punta que se abre conforme el universo se expande formando un cono que terminará curvándose nuevamente hacia el interior para un universo cerrado, es decir, un universo que luego de su expansión le sucede una contracción que lo devuelve a una singularidad final llamada Big Crunch (Gran Implosión), o que se curva hacia el exterior en un universo abierto que nunca colapsará y que seguirá expandiéndose hasta terminar desgarrándose o consumiéndose en agujeros negros.

En la solución Harte-Hawking, para explicarlo de la formas más sencilla posible, el punto de origen no sería puntiagudo como los vértices que señalan la singularidad en los modelos antes expuestos, sino más bien consistiría en un punto de una esfera tal como lo es el polo norte de globo terráqueo. Sabemos que dicho punto no es más singular que el polo sur o que cualquier otro punto de la esfera. En dicho punto existe una eucledización de tal modo que el tiempo sería en este punto una cuarta dimensión espacial más. De este modo el universo puede ser finito y a la vez ilimitado y ser en su origen falto de especialidad.

Sobre esta propuesta Hawking reconoce lo siguiente:

Me gustaría subrayar que esta idea de que tiempo y espacio deben ser finitos y sin frontera es exactamente una propuesta: no puede ser deducida de ningún otro principio. Como cualquier otra teoría científica, puede estar sugerida inicialmente por razones estéticas o metafísicas, pero la prueba real consiste en ver si consigue predicciones que estén de acuerdo con la observación. Esto, sin embargo, es difícil de determinar en el caso de la gravedad cuántica por dos motivos. En primer lugar, como se explicará en el próximo capítulo, no estamos aún totalmente seguros acerca de qué teoría combina con éxito la relatividad general y la mecánica cuántica, aunque sabemos bastante sobre la forma que ha de tener dicha teoría. En segundo lugar, cualquier modelo que describiese el universo entero en detalle sería demasiado complicado matemáticamente para que fuésemos capaces de calcular predicciones exactas. Por consiguiente, hay que hacer suposiciones simplificadoras y aproximaciones; e incluso entonces el problema de obtener predicciones sigue siendo formidable”. Historia del tiempo. Pag.124 (Énfasis en negrita añadido)

Sin embargo, en otra parte de su libro señala cual sería la consecuencia, o más bien utilidad metafísica de su propuesta:

“La idea de que espacio y tiempo puedan formar una superficie cerrada sin frontera tiene también profundas ¡implicaciones sobre el papel de Dios en los asuntos del universo!. Con el éxito de las teorías científicas para describir acontecimientos, la mayoría de la gente ha llegado a creer que Dios permite que el universo evolucione de acuerdo con un conjunto de leyes, en las que él no interviene para infringirlas. Sin embargo, las leyes no nos dicen qué aspecto debió tener el universo cuando comenzó; todavía dependería de Dios dar cuerda al reloj y elegir la forma de ponerlo en marcha. En tanto en cuanto el universo tuviera un principio, podríamos suponer que tuvo un creador. Pero si el universo es realmente autocontenido, si no tiene ninguna frontera o borde, no tendría ni principio ni final: simplemente sería. ¿Qué lugar queda, entonces, para un creador? Historia del tiempo. Pag.127-128 

Vemos pues como la propuesta de Hartle-Hawking pretende “solucionar” el problema del origen y con ello su incómoda posibilidad metafísica de un creador. Sin embargo, Roger Penrose, por su parte, recomienda más cautela ante estas entusiastas predicciones metafísicas:

“Creo que, a diferencia de muchas de las otras ciencias, es recomendable ser cauteloso en materias de cosmología, sobre todo en relación con el origen del universo. La gente suele tener fuertes respuestas emocionales a las preguntas sobre el origen del universo, que a veces están implícita o explícitamente relacionadas con tendencias religiosas. Esto no deja de ser natural, pues se trata en realidad de la creación del mundo en que vivimos. Como se ha señalado antes, debido a la segunda ley existe un extraordinario grado de precisión en la forma en que empezó el universo, en el Bing Bang, y esto presenta un enigma profundo. Preguntemos: ¿Es la solución a este enigma de la precisión del Bing Bang algo a lo que se pueda responder con una teoría científica futura, incluso si está más allá de nuestro conocimiento científico actual? (ésta es esencialmente mi postura optimista) ¿O debemos resignarnos a que esto sea un “acto divino”? La visión de los inflacionistas es diferente, a saber, que este rompecabezas queda “resuelto” esencialmente por su teoría una poderosa fuerza impulsora tras la postura inflacionaria. Sin embargo, ¡Nunca he visto que el profundo enigma planteado por la segunda ley sea seriamente planteado por los inflacionistas!” Pag. 1011

Más adelante Penrose prosigue:

“En realidad, tengo un problema fundamental con cualquier propuesta (por ejemplo, la inflación o la propuesta Hartle-Hawking) que intente abordar el problema de las singularidades espacio-temporales dentro de una física aparentemente simétrica con respecto al tiempo. No hay asimetría temporal en la física inflacionaria y, por lo que puedo ver, tampoco la hay en la propuesta de Hartle-Hawking, de modo que esta propuesta debería aplicarse también a las singularidades finales del colapso (en agujeros negros, o en el Big Crunch si existe uno) tanto como en el Big Bang. Hawking (1982) ha argumentado que es posible de una forma decididamente exótica que el espacio en la vecindad de una singularidad final sea “cerrado” sin frontera, remontando el camino del universo hasta el Big Bang, y aplicando solo allí la “eucledización” ¡Su argumento es que la propuesta de ausencia de frontera simplemente afirma que hay alguna forma de cerrar las cosas sin frontera, y definimos el “comienzo” (que determina el sentido temporal del universo) como el extremo en el que ocurre el cierre. Debo decir que tengo grandes dificultades con este argumento, y, de hecho, con cualquier argumento donde no hay asimetría temporal explícita en las propias leyes físicas. (En el argumento “exótico” de Hawking, por ejemplo, parecería que sigue habiendo una frontera en la singularidad final del colapso, incluso si ha habido un cierre suave y libre e fronteras solo “en el otro extremo” del espacio-tiempo. Me parece que solo se ha atendido a una mitad de este problema de eliminación de frontera.)”

Existe otra propuesta, hoy muy popular entre los físicos y cosmólogos, para explicar nuestro muy especial universo y también su especial origen. Empezó como algo muy incómodo, pero pronto se le halló una ingeniosa solución para afirmar que “Nadie” lo hizo. Pero para no hacer más extenso este post trataremos este tema en el siguiente.

4 Respuestas para El origen de la información cósmica. Parte 7

  1. “Cuando se aborda el problema de los orígenes, en concreto el origen del universo, han surgido desde el ámbito científico muchos personajes qué, ante la pregunta: ¿Quién creó el universo? Responden enfáticamente como el desesperado Polifemo: “¡Nadie!””

    ¡Aaah!

    El típico error de confundir la opinión de algún científico con la postura de la Ciencia.

    La Ciencia no ha demostrado que nadie haya creado el universo, ni ha demostrado que alguien lo haya creado, ni ha formulado una respuesta a la pregunta “¿Quién creó el universo?”.

    ¿Por qué le atribuya a la Ciencia cosas que la Ciencia no dice?

  2. muy interesante lo escrito, hoy lo mostre en la catedra de epistemologia defendiendo mis argumentos.

  3. Yo no digo en absoluto que eso sea lo que dice la ciencia. En el mismo texto que señalas de mi post dice: “han surgido desde el ámbito científico muchos personajes” . ¿Estoy acaso hablando que esta es la visión de todos o del consenso científico? No. La palabra “muchos” no es sinónimo de todos ni del opinar del consenso científico.

    ¿Qué no han formulado la respuesta a la pregunta quien creó el universo?

    Pues no me culpes a mí. La misma campaña publicitaria del último libro de Stephen Hawking “El Gran Diseño” está basada precisamente en la pregunta ¿Quién creó el universo? Y el libro versa sobre su respuesta: Nadie porque según el mismo Dios no fue necesario.

    Como prueba se puede apreciar el título del documental de Discovery Channel Curiosity: Did God Create the Universe? Cuya traducción del inglés al español es aún más elocuente: “¿Creó Dios el universo?” (En la versión española de Discovery se titula precisamente: ¿Quién creó el universo?) y quien conduce los argumentos del mismo es Stephen Hawking.

    Puedes ver el tráiler aquí:
    http://dsc.discovery.com/videos/curiosity-did-god-create-the-universe.html

  4. Cristian:

    Hay muchos “personajes” que ante la pregunta “¿Quién creó el Universo?” contestarían “Nadie” y no tienen nada que ver con la ciencia.

    Además, la última vez que vi estadísticas al respecto encontré que la mayoría de los científicos son creyentes.

    Así que su asociación entre “Nadie creó el Universo” y “muchos personajes científicos” es innecesaria (porque no aporta nada, si su intención no era asociar a la ciencia con esta respuesta, igualmente podría haber dicho “muchos verduleros”) y sospechosa.

    Vivimos en un mundo con muchos mensajes subliminales. Si no fue su intención asociar a la Ciencia con “nadie creó el universo”, entonces se expresó de una manera que se presta para interpretarlo así.

    Por otro lado, cuando yo dije:

    “La Ciencia no ha demostrado que nadie haya creado el universo, ni ha demostrado que alguien lo haya creado, ni ha formulado una respuesta a la pregunta “¿Quién creó el universo?”

    Me refería a que no hay ningún estudio científico que plantee una hipótesis al respecto y la compruebe. Eso no significa que muchos científicos tengan alguna opinión al respecto. Pero la opinión de los científicos (como la que usted menciona de Hawkings, que no es más que una opinión) no es lo mismo que la Ciencia.

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