El nuevo artículo de Paul Davies sobre la Información y el Origen de la Vida (IV)

Felipe Aizpún

Causalidad Descendente
PDaviesEl darwinismo supone un modelo paradigmático de interpretación reduccionista de la realidad. Según este modelo, los organismos vivos pueden ser suficientemente explicados como una acumulación de rasgos acaecida de forma descriptible por procesos dinámicos según las leyes físicas que conocemos. La complejidad organizacional y el diseño evidente de los mismos no exigirían ningún otro recurso explicativo en términos de causalidad. De esta forma, el darwinismo nos propone una respuesta para la pregunta “¿cómo están formados las seres vivos?”, pero nos niega la legitimidad de la pregunta “¿qué son los seres vivos?”. Al negar la existencia de naturalezas o esencias que expliquen qué hace a una cosa ser lo que es y requieran una justificación, el darwinismo se convierte en una posición fundamentalmente filosófica. Como tal, limita arbitrariamente el alcance del esfuerzo racional en la búsqueda del conocimiento.

Sin embargo, la propia indagación científica nos enfrenta con datos de la realidad que no tienen cabida en el estrecho marco gnoseológico impuesto por el darwinismo, desafiando así la validez de los prejuicios metafísicos que alimentan la perspectiva darwinista y que tan claramente fuesen expuestos en su momento por Lewontin. Uno de esos datos es sin duda el dato de la causalidad descendente, es decir, la determinación o influencia del todo sobre las partes o, en general, de los niveles de complejidad organizacional superiores sobre las propiedades o procesos de niveles inferiores. La necesidad de aceptar este tipo de influencia en los procesos de la vida se puso de manifiesto hace ya varias décadas como refleja por ejemplo el trabajo de Donald T. Campbell “Downward Causation in Hierarchichally Organised Biological Systems” recogido en el volumen “Fiolosofia de la Biologia” editado por Ayala y Dobzhanski en 1974.

El concepto está especialmente instalado en el ámbito de la filosofía de la mente para recoger el hecho de la capacidad causal de las propiedades mentales (intencionalidad, deseo) sobre las físicas, lo que dicho sea de paso constituye un monumental desafío al dogma insistentemente proclamado de que la mente no puede ser otra cosa que un epifenómeno o propiedad emergente de dichas propiedades físicas de la materia viviente. Pero en cualquier caso, la causalidad descendente supone también un dato ineludible de la gran mayoría de procesos biológicos cuyo carácter finalista al servicio del organismo en su conjunto no puede ser desconocido.

En la filosofía de la naturaleza tradicional el concepto de causación descendente encuentra un acomodo evidente toda vez que el todo representa para las partes una causa final justificativa de su existencia, tal como Aristóteles explicara abundantemente en sus tratados. La idea sobrevivió inicialmente a los impactos de la revolución cientificista de la modernidad y el propio Kant la recogió como un dato inexcusable en su “Crítica del Juicio”. En ella, la consideración de que las partes y el todo eran en los seres vivos (él los llama “seres organizados”) medio y fin recíprocamente le llevó a reconocer la intuición inevitable de la existencia de una causa inteligente en el origen de la vida. Sin embargo, como es sabido, su particular concepción epistemológica le obligó a limitar dicha sospecha a una intuición no concluyente, es decir, un juicio reflexionante y no un juicio determinante.

También el teólogo británico William Paley asumió plenamente en su “Natural Theology” de 1802 la idea de teleología inmanente como dato esencial en los organismos vivos, en los que las partes presentan una inclinación natural a la coordinación funcional entre sí y de todas ellas frente al todo y al mismo tiempo partes y todo concurren en un bien o finalidad propio del organismo.

Pues bien, es el caso que el concepto de causación descendente, asociado a una tradicional concepción holística de los vivientes va ganando predicamento día a día entre nuestra clase intelectual, no ya como una mera intuición filosófica sino como un dato ineludible de la realidad que se nos impone a partir de una correcta interpretación de la evidencia observable en la Naturaleza. Davies, en su artículo se hace eco de esta circunstancia y lo hace además elevando la cuestión de la causalidad descendente a la categoría de “sello distintivo” (“hallmark”) de los organismos vivos, es decir, una de las notas características y definitorias de todo viviente. Sin embargo, Davies no profundiza en la importancia de esta categoría de causalidad lo suficiente, se limita a remitir al lector a una amplia literatura sobre el tema y realiza dos manifestaciones al respecto que, en mi modesto entender, resultan problemáticas y conviene matizar.

Por una parte, Davies comenta que si bien la causalidad descendente cuenta con una larga historia de reflexiones en biología, lo novedoso sería aplicar el concepto al problema del origen de la vida en sí mismo. Se trata de un comentario que incita a cierta confusión ya que el origen (o la emergencia si se prefiere) de la vida en sí mismo no puede en ningún caso ser contemplado como un ejercicio de causación descendente sino que ésta sería en todo caso una propiedad de la vida previamente originada. Por otro lado, Davies señala muchos procesos reconocidos como formas verificables empíricamente de causación descendente, tales como la expresión génica desencadenada por una situación de estrés celular, transducción por señalización química, transducción eléctrica y otros. Estos ejemplos relacionados de forma somera y no comentados, por tratarse de episodios de causación eficiente en último extremo, pueden llevar a una cierta confusión en torno al concepto de causalidad descendente. Es por ello que conviene extenderse en el comentario de la mano de uno de los trabajos referenciados como literatura relevante al respecto por el propio Davies en su artículo: “Top-Down Causation by Information Control: from a philosophical problem to a scientific research programme” de los profesores G. Auletta, G.F.R. Ellis y L. Jaeger, verdaderos especialistas en la materia (en adelante referidos como AEJ, por sus iniciales respectivas).

AEJ apoyan sus tesis en la experiencia observable de determinados experimentos en los que ciertos compuestos bioquímicos insertados en otros organismos han demostrado su capacidad para llevar a cabo resultados funcionales similares a los de los compuestos sustituidos a pesar de presentar estructuras moleculares diferentes es decir, de un supuesto origen evolutivo distante, en eventos que los autores consideran deben ser interpretados fuera del discurso evolucionista tradicional como ejemplos claros de dominio del todo del organismo actuando sobre las partes. Sobre esta base desarrollan una serie de consideraciones en torno a lo que perciben como caracteres inequívocos en estos y otros procesos de causalidad descendente en los sistemas biológicos.

AEJ defienden abiertamente la existencia de eventos que sólo pueden ser explicados como ejemplos de causación descendente frente a quienes pretenden que tales ejemplos no son sino interpretaciones equivocadas de eventos complicados de entender pero que en último extremo podrían ser reducidos a formas de causación ascendente (bottom-up) según un discurso meramente reduccionista. Descartan también interpretaciones emergentistas, es decir, aquellas en las que ciertos eventos que no parecen poder ser reducidos al efecto de los componentes de nivel inferior, simplemente son explicados por la palabra mágica “emergencia” (o sea, PUUUFF!!) como subterfugio para eludir tener que recurrir a otro tipo de explicación causal. Por el contrario, los autores consideran suficientemente verificada la existencia de efectos de causación descendente mediante control informacional (“Top-Down Causation by Information Control”) que el organismo ejerce sobre y a través de determinadas funciones biológicas.

A menudo la aceptación en la literatura científica de situaciones de causación descendente pretende reducirse al hecho de que los niveles superiores de organización determinan el contexto de funcionamiento de los eventos a nivel inferior. AEJ defienden que existe un tipo de causación descendente “más fuerte” con un importante papel en biología y que es el que ellos analizan en sus trabajos y en donde la causalidad viene mediatizada por mecanismos de control informacional. El control se ejerce por procesos de retroalimentación informacional mediante señalizaciones reguladoras, en donde el término “señal” se refiere a cualquier variación o patrón en un medio físico o químico que puede trasladar información o ser tratado como un signo.

Otro signo distintivo de este tipo de sistemas es la capacidad de utilizar tales señales para obtener o mantener un objetivo específico. La perspectiva resulta así inevitablemente finalista, la información queda recogida como un “factor dominante” en la vida y, tal como reconocen AEJ, los mecanismos de control observables en los seres vivos son en última instancia mecanismos de control en términos de información, aunque se expresen en eventos dinámicos haciendo uso de energía y de un soporte material.

Para mayor claridad en sus posiciones AEJ nos ofrecen una necesaria distinción entre causas dinámicas y causas no dinámicas. Son causas dinámicas aquellas que actúan como causas eficientes al mismo nivel ontológico, por ejemplo la energía térmica cuando funde un trozo de hielo. La causación descendente se refiere por tanto a sistemas en los que se produce un efecto causal a distintos niveles ontológicos, es decir, podemos percibir un poder de causación que no actúa de manera eficiente sino que precisa del concurso de mecanismos eficientes a un nivel ontológico inferior, pero que determina la producción de eventos a dicho nivel orientados a una finalidad.

El concepto de control informacional en los seres vivos está asociado al hecho de que para ellos el entorno representa una fuente continua de incertidumbres y que la percepción de “inputs” o señales, de algún modo, constituye una revelación de la naturaleza de los cambios en el medio. Dicha información resulta relevante precisamente en función de la existencia de un objetivo o finalidad inmanente a cada organismo. Información y teleología son conceptos, por tanto, inseparables; muchos de los procesos homeostáticos necesarios para la supervivencia del organismo están mediatizados por mecanismos de control por información.
En estos procesos, nos dicen AEJ, dos notas características se dan necesariamente. Una, el mecanismo ejecutor despliega una función que resulta necesaria para el organismo controlador; y dos, este organismo controlador precisa poder verificar, paso a paso, que la función sea ejecutada en el modo y grado exactos. Así, control por retroalimentación (“feedback control”) es la manera en que la información resulta causalmente efectiva en los vivientes, es decir, resulta útil para cumplir los objetivos del organismo. Dichos objetivos, aclaran los autores, no son el producto de una elección sino que son, fines inmanentes a cada ser vivo.
El control por información no se produce por tanto de manera consciente sino que es el resultado de la impronta de mecanismos de naturaleza semiótica, aquellos en los que se verifican procesos cognitivos (por utilizar la terminología acuñada por Shapiro para muchos procesos celulares) a través de signos que encierran un significado. La naturaleza semiótica de los procesos de la vida está, sin duda, en la base de los mecanismos de control de información que regulan todos los procesos biológicos. Auletta, uno de los autores, así lo ha reconocido también en el capítulo 8 (“The Organism as a Semiotic and Cybernetic System”) de su monumental tratado “Cognitive Biology; dealing with information from bacteria to minds”) (Oxford University Press, 2011). Dicen AEJ a este respecto en su artículo:

“Así, el control informacional de una operación es un proceso genuinamente semiótico, porque la instancia que controla necesita capturar y seleccionar determinada información como un signo del hecho de que las cosas están yendo de forma correcta o incorrecta”.

Pues bien, esta incursión por el trabajo de AEJ venía a subrayar el verdadero significado del concepto de causación descendente, algo que he considerado oportuna ya que a mi entender Davies, en su artículo, si bien se refería a este tipo de causación como una nota distintiva de todos los seres vivos, no explicaba suficientemente todas las implicaciones que el concepto lleva consigo. Ello nos lleva de nuevo de vuelta al artículo original de Davies, lo que haremos en un último post. (continuará)

Una Respuesta para El nuevo artículo de Paul Davies sobre la Información y el Origen de la Vida (IV)

  1. “El concepto está especialmente instalado en el ámbito de la filosofía de la mente para recoger el hecho de la capacidad causal de las propiedades mentales (intencionalidad, deseo) sobre las físicas, lo que dicho sea de paso constituye un monumental desafío al dogma insistentemente proclamado de que la mente no puede ser otra cosa que un epifenómeno o propiedad emergente de dichas propiedades físicas de la materia viviente. Pero en cualquier caso, la causalidad descendente supone también un dato ineludible de la gran mayoría de procesos biológicos cuyo carácter finalista al servicio del organismo en su conjunto no puede ser desconocido”. (no podria estar más de acuerdo).

    -Que no es siquiera una cuestión de pienso y luego existo o me leo a Freud y luego existo. El ser USANDO las propiedades mentales desciende y no emerge de forma casual o por procesos psico-quimicos, por cuanto existe una voluntad consciente y una toma de decisiones racional en el ser humano previa incluso a sus instintos naturales más básicos.

    -Luego yo creo, vamos desde mi limitadissimo conocimiento humano que todo tiene una raiz ontológica, osea existe oxígeno, porque existe carbono y este a su vez existe porque se fusionan los átomos de helio en los nucleos de las estrellas grandes y yo me llamo Marcos por que mis padres me pusieron ese nombre… Pero ¿se podria buscar una raiz ontologica en terminos fisico-quimicos a las emociones? En terminos evolutivos todo lo que está dispuesto en los organismos vivos se debe a una supuesta emergencia previa de necesidades biologicas casuales, entonces, los remordimientos, la consciencia, la moral, la necesidad de dar las gracias por la vida, y la noción de seres superiores ¿SON NECESIDADES BIOLÓGICAS? creo que si los darwinistas pretenden contestar que si deberian explicar porque los animales no tienen esas capacidades. El resto son asunciones tautologicas y respuesta “por que sí”..

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