El imperfecto argumento de los diseños imperfectos I

Por Felipe Aizpún

Uno de los argumentos favoritos de muchos conspicuos darwinistas para refutar las inferencias de diseño es la existencia en la Naturaleza de multitud de caracteres o formas biológicas aparentemente “mal diseñadas”. Se trataría de soluciones morfológicas imperfectas o incluso contradictorias en el marco de una estructura funcional biológica determinada, cuya falta de acomodo al cuadro general del organismo al que pertenecen parecería lógicamente poder explicarse mejor como un evento evolutivo fortuito que no como consecuencia de un diseño específico. Este tipo de ejemplos se proponen como un argumento capaz por sí solo de refutar la inferencia de un diseñador inteligente.

Este tipo de imperfecciones se puede dividir a su vez en dos sub-tipos. Por un lado las que podríamos denominar imperfecciones objetivas por cuanto que carecen de justificación de ninguna clase; por otro lado las imperfecciones que parecen claramente derivar de un concreto itinerario evolutivo por presentar caracteres que se explican mejor como heredados de organismos antecesores concretos disonantes en el nuevo cuadro morfológico. Nos ocuparemos hoy de las primeras.

La idea de que determinados caracteres representan en sí mismos un diseño imperfecto no deja de ser una valoración arbitraria y arriesgada. De hecho es preciso recordar que la inferencia de diseño surge como consecuencia de la perfección formal y funcional de los organismos vivos. Hasta los darwinistas más convencidos han admitido su inevitable apariencia de diseño. No se puede propugnar que dicha apariencia de diseño debe ser falsa, mientras no se aporten otras soluciones consistentes para explicar los rasgos fascinantemente complejos de la inmensa mayoría de los seres vivos. Recordemos que, tal como admitiera el propio Darwin, su modelo implica la necesidad de poder explicar todos los sistemas biológicos como consecuencia de un proceso fortuito y no intencional. La prueba de la carga recae por tanto sobre quienes pretenden suplantar la razonable apariencia de diseño en la Naturaleza con una explicación alternativa.

Pero en todo caso, lo que quiero significar en este comentario es que además, muchos de los organismos que nos parecen imperfectamente diseñados en realidad presentan rasgos que quizás no entendemos suficientemente o cuyas capacidades funcionales no hemos sido capaces de desentrañar en términos estrictamente científicos. Tal podría ser el caso del ojo humano. El ojo humano ha sido tradicionalmente presentado por los defensores de la inferencia de diseño como un ejemplo paradigmático de complejidad irreducible. Por su parte sin embargo, los detractores del DI han pretendido que se trata de un órgano que presenta una deficiencia manifiesta lo que eliminaría cualquier sospecha razonable de diseño.

Así como es de brillante el aparente diseño del ojo humano, mostraría sin embargo en su origen una flagrante imperfección: la retina no está en su sitio ideal. Las fibras nerviosas que transportan las señales desde los conos y los bastones de los ojos (que perciben sensorialmente la luz y el color) están dispuestas en la parte superior del ojo, y tienen que zambullirse por un largo agujero de la retina para llegar al cerebro, originándose así un punto ciego. La posición natural de la retina está invertida. Ningún diseñador inteligente habría creado una cámara de video mediante un plan tan chapucero, se nos dice.

Pero esta impresión puede resultar errónea. He aquí que en 2007 se publicaba un estudio (Universidad de Cambridge, Kristian Franze y otros) que revelaba que el diseño aparentemente imperfecto ofrece, sin embargo, importantes ventajas que mejoran la calidad de la visión como consecuencia del papel que juegan las llamadas células Müller en el conjunto del sistema. Nuevos estudios llevados a cabo en 2010 por Labin y Ribak (Israel Institute of Technology, Haifa) parecen ser más concluyentes al respecto. Según estos investigadores, la forma en que la luz es guiada a través de la retina es un mecanismo eficaz y biológicamente apropiado para mejorar la resolución del ojo y reducir las distorsiones cromáticas. Las capas nucleares de la retina, consideradas una fuente de distorsión, en realidad mejoran y refuerzan la precisión visual. Los autores afirman sin recato que “la retina se revela como una estructura óptima diseñada para mejorar la agudeza de las imágenes”. Si el ojo humano constituía desde siempre uno de los iconos de las reivindicaciones de diseño en la Naturaleza, no cabe duda de que los últimos estudios no hacen sino acrecentar dicha sospecha. Bien que ésta no pueda nunca, por la propia naturaleza epistemológica del razonamiento abductivo, resultar concluyente, lo que es indudable es que la supuesta imperfección de diseño derivada de la posición invertida de la retina ha dejado de ser un argumento relevante para los detractores del DI.

3 Respuestas para El imperfecto argumento de los diseños imperfectos I

  1. La verdad es que resulta difícil creer que e ojo humano siendo tan complejo pueda haberse formado de manera fortuita por azar. Una reflexión muy creíble.

  2. No, de manera fortuita no. Han sido necesarios muchos millones de años para que evolucionara hasta su forma actual.

  3. Estimado Gallo, el concurso del tiempo no es solución cuando se trata de la formación de cosas que no son improbables, sino imposibles de producirse. El neodarwinismo sostiene que puede explicar la emergencia de un ojo por la ruta del gradualismo funcional en la que un precursor menos complejo de visión adquiere una mayor complejidad funcional. Los que han estudiado ingeniería o informática (como es mi caso) saben que distintos mecanismos con función similar, pero complejidades sustancialmente distintas, pueden relacionarse como precursores conceptuales, pero no como precursores físicos. El gran problema de muchos de los que estudian ciencias puras como la biología, es que les cuesta entender esto. Para estos últimos el incremento de complejidad funcional evoluciona como una rampa, mientras que para los primeros (sin considerar prejuicios) evoluciona como una escalera con escalones que pueden ser tan altos como las diferencias de complejidad que entre los precursores existan. El gran problema es que la selección natural darwiniana funciona bien para una rampa, pero no para una escalera. Y muchos de los desafíos para explicar las formas orgánicas en los seres vivientes demandan es a todas luces escaleras más no rampas. Algo que el neodarwinismo simplemente no quiere admitir. Es verdad que han propuesto muchos ejemplos de posibles precursores de sistemas de visión y con ellos nos dicen que unos pueden proceder de otros, pero un análisis más riguroso de sus enormes distancias de complejidad destruye toda pretensión de posible gradualismo. Y sin ello el ojo no es improbable, sino imposible de surgir aún con el concurso de toda la eternidad.

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