El imperfecto argumento de los diseños imperfectos 2

Por Felipe Aizpún

La segunda parte de este argumento se enfrenta a la crítica que pretende presentar ciertas aparentes imperfecciones como la prueba de que dichos rasgos se entienden mejor como consecuencia de un proceso evolutivo a partir de especies antecesoras. Ello, de ser cierto, se nos dice, desactivaría cualquier argumento de diseño.

Lo primero que es preciso reseñar es que el DI no es una propuesta fijista que pretenda que los organismos vivos son estructuras biológicas funcionales objeto de una creación específica desde la nada que hayan permanecido inamovibles a lo largo del tiempo, desde el instante de su aparición. Si así fuera, efectivamente el argumento de los imperfectos diseños en la Naturaleza sería un serio contrincante al que desafiar. Por el contrario nada hay en el DI que suscita preocupación o disonancia frente a la existencia entre los organismos vivos de tales aparentes imperfecciones. Lo que el DI propugna es que algunos organismos, o algunas de las características de dichos organismos, por ejemplo la complejidad irreducible de muchos de ellos, exigen una justificación causal que trasciende las posibilidades de la causalidad natural puramente fortuita; razonablemente, un diseñador inteligente.

Dicho agente inteligente podría haber actuado de muy diversas formas, por supuesto también mediante la creación directa aunque no necesariamente, y puede haber actuado también a través de causas intermedias mediante procesos de complejificación progresiva apoyándose en organismos antecesores. Esto último no implica tampoco que la idea de un antecesor común único para todas las formas vivas deba ser contemplada como una opción necesaria. Existen tanto evidencias u observaciones que apuntan a la existencia de procesos evolutivos entre organismos conectados por rasgos de familiaridad muy llamativos, como ejemplos de organismos cuyo itinerario evolutivo resulta imposible de establecer de forma verosímil.

El DI nada pretende concluir en una investigación que se considera perfectamente abierta. Las intuiciones que apuntan a la idea de la ascendencia común son tan legítimas como las que discrepan del modelo arborescente del árbol de la vida darwiniano, y ambas posturas conviven pacíficamente en el seno de la comunidad del DI. Lo que postula el DI es que la complejidad y el necesario input informacional que sostiene la aparición de las novedades morfológicas (filogenia) así como el desarrollo embrionario (ontogenia), y la actividad biológica de los organismos vivos en general, no pueden ser producto únicamente del azar y la necesidad. Las aparentes imperfecciones de algunos organismos nada pueden rebatir al respecto ya que el DI nada propugna en relación a la intención en términos de perfección morfológica del designio creador de la causa inteligente. Ésta puede haber actuado en el marco de un amplio abanico de posibilidades combinatorias de factores, en donde se conjuguen la voluntad eficaz, el modelo idealmente concebido, y un proceso aleatorio de factores estrictamente naturales operando al unísono. Nada podemos saber además de su propósito concreto al obrar ni del objetivo buscado en la conformación de los distintos organismos vivos. Sabemos que todo agente inteligente se mueve en un proceso intencional, pero desconocemos el contenido concreto de dichas intenciones.

Lo que el DI propugna no es que los organismos vivos están perfectamente diseñados desde la nada; lo que reivindica es que, en cualquier proceso de transformación que hubiese tenido lugar, el incremento de complejidad biológica se explica mejor como el resultado de una agencia inteligente, ya que ni el azar ni las fuerzas ciegas que operan en la Naturaleza tienen la capacidad de justificar la emergencia de fantásticos niveles de complejidad funcional y organizacional.

El DI no discute si el ser humano procede en su estructura biológica de un homínido antecesor. Lo que defiende es que, dicho homínido antecesor, no puede por sí solo transformarse en ese ser racional privilegiado que es el hombre, sin algún tipo de incorporación al evento de una información genética prescriptiva orientada a un resultado idealmente diseñado.

4 Respuestas para El imperfecto argumento de los diseños imperfectos 2

  1. “Lo que el DI propugna es que algunos organismos, o algunas de las características de dichos organismos […] exigen una justificación causal […] razonablemente, un diseñador inteligente.”

    Entonces ¿hay organismos y caracteristicas que no exigen justificación causal, razonablemente un diseñador inteligente?

    “Ésta puede haber actuado en el marco de un amplio abanico de posibilidades combinatorias de factores, en donde se conjuguen la voluntad eficaz, el modelo idealmente concebido, y un proceso aleatorio de factores estrictamente naturales operando al unísono.”

    ¿En una parte del proceso sería estrictamente natural? ¿Sin intervención del diseñador y completamente aleatorio? ¿Hasta cuanta parte podría se extrictamente natural y aleatoria? ¿1%? ¿20? ¿80? ¿100?

    Felipe, ¿te estás volviendo darwinista?

  2. Estimado Herbert las preguntas son sin duda buenas y es conveniente absolverlas. En referencia al primer punto podríamos decir que lo que el DI afirma es que los organismos taxonómicamente superiores exigen una explicación causal no naturalista. Pero admite que una vez existiendo esta, y admitirlo no refrenda el darwinismo, existen mecanismos que explican de modo natural muchas de sus divergencias fenotípicas incluyendo la especiación. A este nivel evolutivo se le conoce como “microevolución”. El darwinismo en cambio extrapola esta microevolución, a todas luces demostrada por la ciencia, para decirnos que también explica la aparición de los taxones superiores, es decir, los grandes planes de diseño animal.

    En relación a tu segunda pregunta sobre hasta cuanta parte puede ser diseñada y cuanta aleatoria la respuesta es simple. Si observas la mayoría de mecanismos y prográmas informáticos creados por el hombre tienen dos componentes principales:

    1.Componentes estructurales.
    2.Componentes paramétricos.

    Los primeros definen estructuralemente la función del mecanismo y no son modificables. De hacerlo solo malograríamos el aparato o programa.

    Los segundos también definen estructuralemente la función del mecanismo, pero a diferencia de los primeros, permiten modificar la función para adecuarla a diversos fines lo que implica que pueda ser usado en nuevos ambientes. Estos si podemos cambarlos sin detener la funcionalidad que seguirá existiendo aunque con distinta intensidad o modalidad.

    Esto significa que dichos parámetros nos proporcionan una plasticidad funcional que no conseguiríamos con un mecanismo sin parte paramétrica. Y lo interesante del caso es que los parámetros son parte del diseño del fabricante para que el artefacto pueda ser funcionalmente adaptado a gusto del usuario final sin intervención del fabricante o el programador.

    Imaginate un televisor que tuviera solo un interruptor de encendido nada más. Como no tiene parámetros (diales o botones) con los cuales cambiar el volumen, el canal o el brillo tendrías que llamar al fabricante para que envíe un técnico a cambíar estos parámetros cada vez que lo requieras. Sin duda dicho televisor sería del todo inviable de usar. Pero si de fábrica viene con la capacidad de que puedas cambiar dichos parámetros su uso será óptimo.

    Para el caso de la vida podemos decir sin problema que esta puede ser a un nivel taxonomico superior fruto de diseño inteligente y a nivel inferior fruto de la adaptación al medio mediante mecanismos naturales.

    Ahora bien ¿Cual sería el porcentaje de parámetros, es decir, la variabilidad, y el de componentes estructurales en el genoma de las especies vivas?

    Según las estimaciones realizadas mediante la electroforesis de gel, una técnica que mide la variabilidad mediante el examen de la tasa de variantes proteicas, las plantas son la que presentan una mayor variabilidad con un 17% en promedio, en segundo lugar están los invertebrados con un 13,4% y en último lugar los vertebrados con un promedio de 6.6%. Y esto significa que en el mismo orden los primeros tendrán mayor adaptabilidad que los últimos.

    En el caso de la especie humana, el 92.3% de su genoma es homocigótico, es decir, es común a todos sus integrantes y podemos considerarlo fundamentalmente estructural. Por otra parte el 6.7% restante es heterocigótico, es decir, incorpora en su mayor parte, los componentes paramétricos que generan todos los aspectos distintivos del genero humano (estatura, color de piel, color de ojos, etc.). El efecto de las mutaciones sobre esta fracción paramétrica del genoma no implicará enfermedades o trastornos mortales, más bien futuras posibilidades para la adaptación. En cambio en la primera fracción, la estructural (el anterior 92,3%), las mutaciones pueden afectar funciones y órganos que generen enfermedades o incluso la muerte. En dicho caso las mutaciones tenderán a desaparecer del reservorio de la variabilidad genética en virtud de tener desventaja selectiva y por la baja tasa de supervivencia de los afectados de tal modo que no hereden sus genes defectuosos a la siguiente generación, pero no todas ya que algunos terminan fijandose en el reservorio de alelos. Si no fuera así no nos lamentaríamos de las enfermedades genéticas.

    Con todo estas estimaciones ya son obsoletas. Ahora se sabe que el ADN tiene muchas más partes paramétricas que nos están en el genoma, sino en el epigenoma y podrían aumentar los porcentajes antes mostrados. Sobre este tema voy a tratar en el tercer post de la serie “Mecanismos adaptativos”.

  3. Proposiciones arriesgadas las que hacéis.

    No entiendo muy bien el primer párrafo, porque no entiendo a que te refieres con organismos taxonómicamente superiores así que si pudieras aclararmelo te lo agradecería.

    En cuanto a las partes no homocigóticas del genoma para explicar la parte aleatoria del proceso de creación, es un juego muy peligroso ya que lo mismo se podría alegar de las partes conservadas de ADN desde bacterias hasta el hombre y de las partes que difieren.
    Y eso lo argumentan los darwinistas para justificar la evolución y “demostrar” el ancestro común.

  4. Herbert, que parte no entiende de superioridad. Creo que lo tiene bien claro, sino se expresaría así: Desde el hombre hasta las bacterias.

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