El escepticismo como actitud científica

Por Felipe Aizpún
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Hace pocos días un blog en español de divulgación científica tenía a gala ofrecernos las palabras del inefable Eudald Carbonell, uno de los responsables del proyecto Atapuerca, que pronunciara en 2007 con ocasión de unas jornadas científicas desarrolladas en Pamplona. Preguntado por el escepticismo creciente en torno al evolucionismo Carbonell se despachaba con la siguiente boutade:

“Hay escepticismo porque hay mucho imbécil y mucho ignorante. La ignorancia y la imbecilidad forman parte también de la evolución humana. Pero está claro que será muy difícil desbancar a la ciencia y al conocimiento, a la reflexión y a la racionalidad. Yo no creo, yo pienso. Las personas que pensamos creemos que tenemos que trabajar para mejorar el funcionamiento de la especie. Después están los ignorantes y los imbéciles que piensan al revés, con lo cual evitan el progreso de la especie.”

El escepticismo es en realidad el motor de la investigación científica, como la curiosidad es el origen del conocimiento. El escepticismo nace de la humildad, de la conciencia de la limitación de nuestras capacidades, del inconformismo y la actitud alerta hacia el progreso intelectual. El escepticismo ha sido siempre valorado como la indicación de una adecuada perspectiva científica frente a la realidad y ha sido enfrentado al dogmatismo como forma de oscurantismo, preferentemente de naturaleza religiosa. Lo más curioso de este post es que el referido blog ostenta como divisa permanente en su página de presentación el siguiente (y más que discutible) lema:

La primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe (Carl Sagan)

Por supuesto uno puede tener fe ciega en muchas cosas, entre ellas, la teoría sintética de la evolución. El escepticismo es sin duda una elogiable actitud frente a cualquier tipo de creencia irracional o frente a una gran parte del conocimiento racional humano, en concreto frente a cualquier propuesta científica, pero, según parece, siempre que no se cuestione el paradigma materialista y el naturalismo ontológico que le acompaña. Hay por lo tanto un campo de la ciencia que parece que no puede cuestionarse: el evolucionismo darwinista es intocable. El darwinismo es la piedra angular de todos los materialismos; si el darwinismo fuese un recuento falso de nuestra historia evolutiva, entonces, como apuntara Lewontin, estaríamos dejando poner un pie no materialista en la rendija de la puerta entreabierta (en realidad Lewontin dijo “a Divine Foot”, un pie divino). Y eso es algo que no se puede tolerar. El modelo darwinista (llámese neo-darwinismo, teoría sintética o “extended synthesis”) debe ser defendido frente a cualquier asomo de duda, debe ser tratado de forma dogmática (ahora sí) y desacreditar y desautorizar a todo el que ose cuestionarlo.

Afortunadamente no todos los científicos comulgan con ruedas de molino.

Aquí puede verse una página que circula desde hace algunos años, y en la que cerca de un millar de científicos o de enseñantes de la ciencia han manifestado abiertamente su escepticismo frente al paradigma darwinista. Se trata de un manifiesto escueto que ha aglutinado a profesionales de más de treinta países en una declaración irreprochable pero que ha provocado las iras de los defensores del mantra oficial. Dice así el manifiesto:

Somos escépticos frente a la reivindicación de la capacidad de las mutaciones fortuitas y la selección natural para justificar la complejidad de la vida. Un examen riguroso de la evidencia a favor de la teoría darwinista debería ser impulsado.

Los defensores de la teoría dominante han desarrollado una dialéctica de la intolerancia intelectual frente a cualquier discrepancia. Se ha afirmado así cosas como que:

“la alternativa es o Darwin o nada” (Thomas Huxley)

“dudar de la causa natural es dudar de la validez de la razón” (John Le Conte)

“negar la evolución es negar la física, la química y la astronomía además de la biología” (Richard Lewontin)

“cuestionar la evolución supone que todas las ciencias son atacadas” (Douglas Futuyma)

La ofuscación frente a cualquier atisbo de discrepancia se ha elevado al rango de estrategia prioritaria y es sabido que cualquier aspirante a ocupar una plaza científica en el ámbito académico o institucional puede ver peligrar sus aspiraciones si no se identifica vivamente con la ortodoxia imperante. El naturalismo se impone como un dogma inexpugnable, el escepticismo como actitud científica tiene su límite en la defensa de los prejuicios metafísicos que blindan el paradigma oficial. El modelo darwinista, ya saben, “Design without designer” (diseño sí pero diseñador no) debe ser preservado a toda costa.

2 Respuestas para El escepticismo como actitud científica

  1. es sabido que cualquier aspirante a ocupar una plaza científica en el ámbito académico o institucional puede ver peligrar sus aspiraciones si no se identifica vivamente con la ortodoxia imperante

    Esto, amigo Felipe, es simplemente mentira. Las injusticias en la dotación de plazas -que las hay- están más relacionadas con la “familia” del candidato, la orientación política o las relaciones personales. Y no es porque los tribunales sean la repanocha de democráticos, sino porque es más difícil encontrar un científico creacionista que una bacteria con sombrero de copa.

    Y es que, por mucho que algunos se empeñen algunos en dibujar un mundo científico dividido entre la cúpula y los pobres y maltratados disidentes, este escenario no existe. No hay “dos bandos”, no hay una legión de “cientificos silenciados” por el poder. Lo que hay es científicos con diferentes ideas, distintos enfoques y dispares interpretaciones; y discuten, discuten mucho, así avanza la ciencia. Incluso, aquellos con ideas más peregrinas y menos apoyadas empíricamente, se expresan todo lo que quieren. Otra cosa es que un artículo especulativo y sin base experimental alguna sea aceptado en Nature. Pero claro, llamar a eso “censura” sería semejante a criticar a la UEFA por no permitir jugar al C.D. La Moraleja en primera división de la liga nacional por el morro.

    En serio, queda muy tierno, pero ese victimismo de intelectuales perseguidos es más falso que un euro de madera. Te aseguro que cualquier publicación que contradiga cualquier aspecto de lo que llamáis “paradigma imperante”, será muy bien recibida en una revista de impacto si trae consigo una investigación seria, contrastable y reproducible. Y si no estoy en lo cierto, Felipe, muéstrame todas tus publicaciones científicas que han sido rechazadas en revistas de revisión por pares debido a contravenir el paradigma oficial. Si publicas cada artículo con su carta de denegación, lo discutimos.

    El problema es que pretendéis jugar al fútbol en bicicleta, y eso no se puede hacer. Si hablamos de ciencia, hay que usar el método científico, las pruebas contrastables y los experimentos reproducibles. No sirve contrarrestar una teoría científica con “deducciones metafísicas”, y mucho menos con la Biblia.

    Saludos.

  2. Hola J.M.

    Gracias por tu visita.

    La caza de brujas practicada sin tapujos en instituciones y ámbitos académicos es tan evidente que en 2008, el histriónico y polifacético norteamericano Ben Stein produjo una película documental de amplia repercusión que bajo el título “Expelled” recogía la experiencia personal de un gran número de científicos que se habían visto apartados o rechazados en el ámbito académico e institucional como consecuencia de sus opiniones discrepantes. Entre ellos Guillermo González y el famoso caso de su “Tenure” denegada. González es un proponente del DI y autor del libro “The Privileged Planet”.

    Un caso muy sonado en Europa fue lo acontecido a finales de 2008 también con el clérigo anglicano Michael Reiss, científico de reconocido prestigio y responsable del departamento de educación de la afamada Royal Society en Inglaterra. A pesar de sus firmes convicciones evolucionistas al buen hombre se le ocurrió defender que los alumnos que tuvieran convicciones de tipo “creacionistas” deberían poder expresarlas en sus clases con objeto de debatirlas y poder argumentar, por supuesto en su contra, abiertamente.

    Michael Reiss fue fulminantemente despedido de su cargo de responsabilidad educativa en la Royal Society. Entre los promotores de la censura destacaban el premio Nobel de medicina Richard Roberts y, cómo no, el inefable Richard Dawkins. En un principio la propia Royal Society entendió y defendió la postura de Reiss como algo perfectamente respetable; sin embargo la avalancha de críticas y de presiones internas exigiendo la cabeza del buen clérigo terminaron por amilanar a los responsables de la institución que acabaron por imponer su fulminante cese, aduciendo, según una nota oficial, que aunque sus comentarios habían sido malinterpretados, éstos habían terminado por dañar la reputación de la sociedad.

    Por último J.M. como siempre, un recordatorio que parece imprescindible siempre en nuestros intercambios. Aquí nunca se ha contestado nada con la Biblia, esta no es una página de religión; hablamos de ciencia y de filosofía. Transmitimos las inquietudes y los comentarios de muchos filósofos y científicos que debaten abiertamente, normalmente, en otras latitudes y procuramos acercar el debate a los lectores de habla hispana. Lo que no es ciencia, ni filosofía, ni debate racional, ni nada que se le parezca son los exabruptos como el de Carbonell que dan pie a este artículo y que tan orgullosamente exhibíais hace pocos días en vuestra página web. Por cierto, nuestros lectores (y los tuyos) seguramente no saben que la Sociedad organizadora del evento en Pamplona, la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico tiene un órgano de comunicación llamado http://www.escepticos.org y una publicación también titulada EL ESCEPTICO. Curioso, ¿verdad?

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