El Desafío de Shapiro a la Síntesis Moderna

Por Felipe Aizpún

No hace todavía un año presentábamos en estas páginas la aparición de un libro importante que suponía un aldabonazo en el seno de la comunidad científica; se trataba de “The Extended Synthesis”, editado por Pigliucci y Müller y que recogía los trabajos de los participantes en la conferencia de Altenberg en 2009. El libro ponía de manifiesto la innegable incapacidad del paradigma neo-darwinista para dar cuenta de los descubrimientos científicos más actuales y algunos de sus artículos suponían una reivindicación evidente de la necesidad de un nuevo modelo explicativo. Sin embargo, el discurso general del mismo y en especial el esfuerzo de los editores, se encaminaba a defender las claves esenciales del discurso tradicional, en especial el papel de la selección natural como causa última del proceso evolutivo y a ofrecernos los nuevos descubrimientos como un simple ajuste en el modelo, una “extensión” del modelo anterior para incorporar en él nuevos mecanismos de cambio que no deberían alterar la naturaleza interpretativa de la realidad que aquel nos ofrecía y que se había convertido en la perspectiva dominante en el último siglo.

Pues bien, lo que nos ofrece hoy Shapiro no es en definitiva sino un paso al frente, decidido y perfectamente claro, en el sentido de reconocer abiertamente que no solamente el modelo neo-darwinista es un modelo insuficiente sino que, más concretamente, es un modelo equivocado. Al menos eso es lo que parece deducirse de sus palabras de presentación. Shapiro nos habla abiertamente de un nuevo paradigma, y eso, ya se sabe, en el contexto inevitable del lenguaje de la teoría de las revoluciones científicas propuesto por Thomas Kuhn hace más de medio siglo y compartido pacíficamente por la comunidad científica internacional, sólo pude ser interpretado como una llamada al abandono de los viejos clichés acorralados por la evidencia proporcionada por la investigación. No se trata de completar el modelo anterior, sino, como manifiesta la reseña editorial, de haber “demostrado” la inoperancia del modelo darwinista y de presentar una “alternativa convincente”.

La inconsistencia del modelo tradicional se refiere a la incapacidad para poder explicar la emergencia de novedades biológicas, tal como Darwin pretendiera, como una simple acumulación de mutaciones fortuitas seleccionadas por el proceso de la lucha por la vida. Lo que no funciona, lo que debemos desechar es precisamente el corazón del modelo darwinista, no algunas consecuencias colaterales o algunas construcciones teóricas complementarias. Shapiro ha manifestado abiertamente su disconformidad con la idea de que las transformaciones que jalonan el proceso evolutivo puedan ser reputadas de fortuitas y carentes de finalidad y ha desechado de forma rotunda el discurso de Dawkins en torno a la idea del “gen egoísta” como un recuento por completo ajeno a la ciencia biológica. Lo que ha demostrado ser inadecuado para explicar la realidad es la propuesta darwinista en su esencia; la invocación por parte de Shapiro de un nuevo paradigma alternativo no admite interpretaciones conciliadoras.

Es importante entender que el discurso de Shapiro se mantiene habitualmente en el seno de la perspectiva estrictamente científica. Es por ello que la reivindicación de un nuevo paradigma debe de entenderse en el marco de cómo el propio Kuhn concibiera su propuesta teórica, como una descripción en términos de causas eficientes del mundo que nos rodea, tal como viene siendo habitual en el seno de una actividad científica que desde hace más de tres siglos se constriñe a una perspectiva estrictamente mecanicista. Lo que Shapiro reivindica es que los mecanismos de cambio no son los que creíamos. No existe un cambio gradualista definido en términos de acumulación de pequeñas variaciones fortuitas; lo que observamos es un modelo saltacional basado en reorganizaciones profundas del genoma fruto de procesos reguladores intracelulares o de modificaciones importantes apoyadas en un enriquecimiento de naturaleza “horizontal” más que “vertical” de los genomas afectados.

Y lo que Shapiro reivindica de forma inequívoca es la necesidad de incorporar en el estudio y explicación del proceso evolutivo de la realidad, la existencia de un dato formal insoslayable, la información. La información como dato de la realidad se incorpora así de manera definitiva al discurso de la biología y eso hace que las interpretaciones filosóficas en torno a los organismos vivos adquieran una perspectiva y una dimensión absolutamente revolucionaria. Lo importante no es que los mecanismos de incorporación y consolidación de las novedades biológicas precisan de episodios de transferencia genética horizontal, epigenética, o simbiogénesis, lo que Shapiro nos anuncia es que la actividad reguladora celular de los procesos está gobernada por una realidad formal que llamamos información y que, en sus propias palabras, cumple la función de “garantizar la operación correcta de complejos sistemas adaptativos”.

El libro de Shapiro nos sitúa de lleno en el terreno de la nueva disputa filosófica del siglo XXI. El viejo paradigma darwiniano del diseño sin diseñador, de la emergencia casual y no guiada de complejas formas biológicas se muere. Muchos autores se venían ya adelantando a esta muerte anunciada mediante la oferta de perspectivas sistémicas y propuestas emergentistas que reivindicaban el concepto de la auto-organización de las formas vivas (es decir, la idea de que una estructura funcional compleja emerge como resultado de haberse organizado a sí misma). Esta hipótesis, recordémoslo, tiene la misma consistencia ontológica que la hazaña del famoso barón Münchausen cuando consiguió escapar de terrenos pantanosos tirando con fuerza de su propia caballera hasta elevarse, a sí mismo y a su caballo, fuera de las amenazantes arenas movedizas. Pero la necesidad de incorporar la realidad de la información como principio rector de la actividad molecular, como impulso prescriptor de las funciones celulares, representa un nuevo desafío para las teorías emergentistas.

La detección y aceptación de la información como un dato más, presente en el mundo real y constitutivo de la realidad que nos alberga, representa un desafío en especial para la concepción mecanicista de la ciencia ya que inevitablemente nos devuelve a la necesidad de completar nuestra visión de lo real con la perspectiva formal y la perspectiva teleológica. La información prescriptiva biológica, no lo olvidemos, es necesariamente intencional, es un dato que se refiere a algo todavía no existente más que en potencia, pero perfectamente definido ya en su complejidad funcional. La generación de la forma biológica novedosa no se explica ya únicamente en virtud de los procesos mecánicos que la hacen eficazmente real sino en función de la información prescriptiva que regula esos procesos. La idea se hace necesaria como un dato previo, la “forma sustancial” desechada por la ciencia pide de nuevo paso. La teleología inherente a todo organismo vivo que busca su perpetuación en el ser ha dejado de ser una disquisición inútil para un pensamiento científico que buscaba en la utilidad práctica de la investigación su única razón de ser.

Por supuesto Shapiro no pretende llegar tan lejos, su trabajo se mueve, previsiblemente, en el seno del discurso de los mecanismos de cambio y sus causas eficientes. Pero en todo caso y tal como he mencionado, su libro nos sitúa en el marco de la nueva batalla dialéctica que nos espera en las próximas décadas. El propio Shapiro se postula como una tercera vía en el debate sobre los orígenes, frente al darwinismo tradicional y el nuevo paradigma del Diseño Inteligente. Respalda abiertamente las críticas de este movimiento al modelo neo-darwinista, pero disiente de sus conclusiones ya que, según ha manifestado expresamente, se considera comprometido con el discurso estrictamente naturalista. Las corrientes de pensamiento naturalista tienen ante sí ahora el reto de demostrar que los conocimientos científicos actuales caben en su marco conceptual, que la emergencia de la información que gobierna la aparición de las novedades biológicas puede ser explicada como un proceso que no exige una causalidad inteligente y que la aparición de instrucciones prescriptivas para la construcción de una forma biológica dada, de altísima complejidad especificada, no precisa de ninguna ideación previa del modelo. Más allá de meros compromisos ideológicos, quedamos a la espera de sus argumentos.

3 Respuestas para El Desafío de Shapiro a la Síntesis Moderna

  1. Frase que tiene sentido: “Esta hipótesis, recordémoslo, tiene la misma consistencia ontológica que la hazaña del famoso barón Münchausen cuando consiguió escapar de terrenos pantanosos tirando con fuerza de su propia caballera hasta elevarse, a sí mismo y a su caballo, fuera de las amenazantes arenas movedizas”

    Frase que no dice nada y que puede provocar que algunos internautas crean que sí que dice algo: “Pero la necesidad de incorporar la realidad de la información como principio rector de la actividad molecular, como impulso prescriptor de las funciones celulares, representa un nuevo desafío para las teorías emergentistas”

    Me quedo con la primera, la única frase con sentido de este texto y que no dice nada bueno del propio artículo ni de la promesa de que la coherencia domina el libro que se nos vende.

    Especulo que en las próximas décadas Saphiro caiga en las arenas movedizas que aquí se describen al carecer del punto de apoyo que aquí mismo se describe como necesario para levantar cabeza.

    Nunca he leíso un texto que se anula a sí mismo de forma tan tajante.

    Es más, se intenta vender que el libro revelará algo que luego describe tajantemente que no lo hace. Croitica al darwinismo pero casi parece que lo hace sin salir de él.

    ¿Eh? ¿Y quieren que lo compremos porque si no no lo podemos criticar? Como no mejoren su marketing desde los estamentos teológicos emergentes…, mal le irá, me parece a mi…

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