Desafío de la Tesis del Diseño inteligente

El advenimiento de la Teoría del Diseño Inteligente (TDI) ha constituido un serio y profundo desafío para la ciencia establecida de corte mecanicista, basada en el estudio y mediciones de las acciones de los cuerpos (materia) implementadas por las cuatro fuerzas elementales de la naturaleza (gravedad, electro-magnética, nuclear fuerte y nuclear débil); se trata de acciones específicas inmediatas, sin otra meta más allá de esta especificidad. Pero también la TDI presenta un reto para amplios sectores de la metafísica/teología tradicional, tanto para la de corte protestante, como la del sector católico, primariamente de influencia aristotélico-tomista (AT) (Ruiz, F. Enero 2017, y Junio 2016). La ciencia, especialmente la biología, ha reaccionado a este desafío de la TDI, acentuando la defensa de la proposición del Neodarwinismo que sostiene que la evolución de los seres vivos se ha realizado en forma netamente naturalista, sin ninguna inteligencia –o ‘programa’–, que la guíe a metas preconcebidas; esta concepción de una evolución ‘no-guiada’, se ha extendido al problema de la aparición de la vida en nuestro universo, en la forma de una ‘evolución química’, totalmente resultante de las leyes naturales conocidas que rigen el comportamiento de la materia. Desde esta perspectiva evolutiva Neodarwiniana, todas las estructuras biológicas son perfectamente explicables y comprensibles como consecuencias de los procesos conocidos por las ciencias naturales establecidas. En la evolución ‘no-guiada’, además de las simples fuerzas elementales de la naturaleza que condicionan sus leyes, el factor fundamental que hace posible el despliegue de la vida en rica diversificación, es el azar; esto es, la combinación fortuita de elementos simples va construyendo lentamente lo complejo y lo organizado en el seno de la dinámica natural de la materia –genética–, gracias al aumento paulatino de funcionalidad, beneficiosa para la persistencia de la vida –sobrevivencia-, y que son filtrados por el ambiente, por lo que se conoce como ‘selección natural’. Pero no es el propósito de este trabajo exponer los pormenores de esta teoría evolutiva, ni las dificultades que enfrentan sus explicaciones y justificaciones, ni tampoco evaluar los pormenores de su estatus científico en la situación de la ciencia contemporánea.

La TDI postula que en biología la ciencia ha mostrado claras estructuras funcionales que están organizadas en forma teleológica; esto significa que numerosos elementos o grupos de elementos químicos forman parte de un conjunto que opera para generar una función biológica particular: estructuras bioquímicas complejas especificadas con funciones biológicas (información biológica). Este tipo de organización se puede ejemplifica bien con las proteínas enzimáticas que presentan cadenas plegadas constituidas por distintos aminoácidos con sus acciones propias, que operan en conjunto para generar una acción biológica particular, al ensamblarse de manera precisa con otras estructuras bioquímicas teleológicas receptoras, compatibles para estos efectos; de este modo, se genera la acción funcional biológica de la enzima, que depende de la acción individual de los numerosos segmentos bioquímicos configurados estructuralmente de una manera ‘específica’, para generar así, la operatividad funcional de las acciones químicas envueltas. A este tipo de estructuras funcionales teleológicas –detectadas claramente por la ciencia en el campo de la biología–, no se le conoce en nuestro mundo actual, otra causa capaz de originarlas que una acción inteligente, con conocimiento y con capacidad de planeamiento y propósito, discernimiento y elección; no se conoce empíricamente ningún otro poder causal con la capacidad de generar estructuras teleológicas complejas; las leyes físicas conocidas, basadas en las cuatro fuerzas elementales de la naturaleza –de acciones simples inmediatas–, no poseen la capacidad de generar estas estructuras complejas organizadas. De esta constatación científica e empírica se infiere una hipótesis/teoría que postula que las estructuras teleológicas biológicas son mejor entendidas como producto de una acción inteligente. Esta propuesta de acción inteligente para la explicación y génesis de las estructuras biológicas teleológicas, implica una agencia inteligente responsable de esta acción, que en la jerga del Diseño inteligente se habla de ‘diseñador”. Es importante recalcar muy claramente, que la TDI no incursiona en el terreno metafísico/teológico en búsqueda de respuestas al reto que plantea la propuesta de configuración inteligente de las estructuras funcionales biológicas; esta materia no corresponde a la ciencia y a su metodología. La TDI basada firmemente en datos científicos y empíricos, permanece en ese ámbito, pero ofrece un serio desafío a la ciencia tradicional y a la metafísica/teología.

Pareciera que implicar la posibilidad de una ‘agencia inteligente’ o de un ‘diseñador’ como responsable de la inteligencia detectada en la estructuración funcional biológica fuera una propuesta perfectamente aceptable para una teología que reconoce a un Dios todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de tal modo que todo lo existente es necesariamente ‘diseñado’. Sin embargo, para sorpresa de muchos adherentes de la TDI, esto no es así; amplios sectores de la(s) teleología(s) vigente(s) han reaccionado en forma adversa, aunque es necesario señalar que no todos los teólogos –protestantes y católicos—se han sumado a este rechazo y desdén por la TDI. Este repudio resulta curioso e interesante para los que no somos teólogos, y esta serie de notas que presento, es un esfuerzo realizado para intentar aclarar los motivos y las consecuencias de esta aparente paradójica situación.

En esta serie de artículos me centro fundamentalmente en la reacción de la metafísica/teología de inspiración aristotélico-tomista (AT) al desafío que presenta la TDI al proponer científicamente la presencia de acción inteligente en las estructuras biológicas funcionales. Esta elección se debe a que esta filosofía –muy frecuente en los filósofos/teólogos católicos– es considerablemente influyente en amplios sectores intelectuales, incluyendo un sector de pensadores protestantes, que viniendo de una tradición distinta, encuentran un terreno común en lo que se refiere a la “intervención de Dios” en su Creación. Para muchos filósofos/teólogos de la metafísica AT, las ‘intervenciones directas’ de Dios en los procesos ordinarios del mundo, no ocurren, porque Dios creó las ‘causas segundas’ para estos efectos, de manera que el mundo se desarrolle en forma autónoma. Esta concepción de la autonomía de la causalidad en la naturaleza, es hoy en día generalizada y también ecuménica –aunque no en forma absoluta–, y alienta el rechazo de la TDI –a la que se interpreta erróneamente como proponiendo intervenciones directas de Dios en la historia del mundo natural; pero repitiendo, la TDI no entra en elaboraciones metafísico-teológicas, solo señala la presencia de configuraciones biológicas que son mejor explicadas por una acción inteligente. El cómo, el cuándo, y el quién es responsable de esta acción inteligente detectada por la ciencia biológica constituye el desafío de la TDI al paradigma mecanicista de la ciencia y a la metafísica-teología. (Ruiz, F. Enero 2017)

En el próximo Post comenzaremos la exploración de la metafísica/teología AT, revisando la posición de Edward Feser frente a la TDI, un conocido e influyente filósofo contemporáneo de los EEUU, profesor en Pasadena City College.

Bibliografía:

Ruiz Rey, Fernando (Enero 8, 2017). La ciencia y la Teoría del Diseño Inteligente. OIACDI. También en Sección Libros de Darwin o Diseño Inteligente (OIACDI):  http://www.darwinodi.com/libros/

Ruiz Rey, Fernando (Junio 10, 2016). Hilomorfismo. De la Teleología al Diseño Inteligente en Biología. OIACDI. También en Sección Libros de Darwin o Diseño Inteligente (OIACDI):  http://www.darwinodi.com/libros/

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