Ciencias Naturales, Supuestos Metafísicos y Metodológicos. Parte 2

DISupuestos metafísicos de las ciencias naturales.

Varias cuestiones epistemológicas surgen ante las dificultades, paradojas y controversias nacidas en la zona fronteriza entre lo que la ciencia física –y otras ciencias, particularmente la biología–, pueden afirmar con coherencia factual, y la especulación desmedida. Si se acepta el materialismo-naturalismo como fundamento metafísico exclusivo de las ciencias de la naturaleza y, el Naturalismo metodológico como un dogma, se corre el riesgo –como de hecho sucede–, que ante problemas insolubles se insista al punto de caer en especulaciones absurdas e inverificables que se toman como artículo de fe (3).

El materialismo es una doctrina filosófica que sostiene que lo único que existe en el mundo es la materia, esto es en otros términos, la materia es la única sustancia real. Todo en el universo encuentra su sostén en la materia, incluso la conciencia. El materialismo descarta la existencia independiente de lo mental y de lo espiritual; el materialismo se perfila como tal, frente a la tesis filosófica opuesta, el idealismo, y también a las combinaciones del dualismo y pluralismos. Con el advenimiento de las ciencias naturales modernas, particularmente la física, el materialismo tradicional ha tomado expresiones científicas, por ejemplo, enfatizando más la energía que la materia, en estos casos se habla a menudo de fisicalismo. Naturalmente, el materialismo toma diferentes modalidades según las concepciones de la materia por las distintas escuelas filosóficas.

En nuestro tiempo el naturalismo metodológico (NM), inspirado filosóficamente en el naturalismo metafísico, una forma de materialismo, se impone como la metodología científica de las ciencias naturales. El naturalismo metafísico sostiene que nuestro universo material es plenamente objetivo y regido por sus propios principios, nada ocurre, ni puede ocurrir en forma sobrenatural. Concebida así la realidad, el NM consecuentemente postula que todo acontecer natural es susceptible de ser estudiado y comprendido por las ciencias de la naturaleza, siguiendo las leyes que impregnan la materia/energía; el recurso a lo sobrenatural no tiene cabida en la ciencia; para esta tesis, lo sobrenatural está fuera del alcance del hombre. El NM se refiere exclusivamente a los procedimientos científicos, un modo de adquirir conocimientos; no afirma ni niega la existencia de Dios, pero encuentra apoyo implícito en el naturalismo metafísico. Sin embargo, e irónicamente, la historia del NM hunde raíces en la Edad Media, cuando los pensadores cristianos enfatizaban la búsqueda de explicaciones naturales a los fenómenos de la naturaleza, sin negar, por supuesto, la obra de Dios y los milagros. La imposición ideológica del naturalismo metodológico vigente en nuestro tiempo, es entre otros factores, producto cultural de la influencia ideológica del racionalismo ilustrado, y del éxito de las ciencias naturales en los últimos siglos. El NM se ha convertido en la regla dura para la práctica de las ciencias. Con frecuencia el naturalismo se asocia con el cientifismo que sostiene que el único conocimiento verdadero es el científico. Algunas variantes del naturalismo aceptan la posibilidad de la existencia de Dios, pero un dios que no actúa, ni interviene en el mundo. (7)

Con estos principios ideológicos sustentando la legitimidad de la ciencia, el aceptar límites y áreas inaccesibles a su avance, no es tarea viable para los científicos y epistemólogos inmersos en estas ideologías. El aceptar fronteras en el conocimiento factible de las ciencias, significa dejar al ser humano abierto a otros modos de resolver los profundos misterios del mundo y de la vida, menoscabando así, la pretensión de poseer la ciencia el conocimiento por excelencia, y el camino primario y, para muchos, único, para conocer la realidad que vivimos. Todo otro saber es relegado a un grado secundario y en muchas ocasiones a la mera credulidad. Ilustra este sentir estas citas de Mario Bunge (8. 9:21. 10:9): “el naturalismo es un aspecto de la objetividad que tendrían en común el buen sentido y la ciencia.”; “el materialismo no es una ontología entre otras, sino la ontología de la ciencia y de la técnica.”

Metodología en las ciencias del origen o históricas.

Meyer (1. 2) explica el procedimiento metodológico utilizado por las ciencias del origen, ya que su tesis de DI es acerca del origen de la información biológica digital en las estructuras proteicas de la célula originaria en el planeta. Para este propósito cita al filósofo de las ciencias americano, Peter Lipton (Inference to the Best Explanation.London and New York: Routledge, 1991.) Este filósofo consideró que el criterio de “falsación” establecido por Karl Popper era demasiado estrecho para satisfacer las necesidades epistemológicas de muchas ramas de las ciencias. Popper (11:39) propuso que para que una teoría sea científica debería ser: “capaz de entrar en conflicto con observaciones posibles o concebibles.” Para satisfacer este requisito, los científicos debían extraer consecuencias (en el futuro) de la teoría propuesta y realizar experimentación rigurosa para comprobar su ocurrencia. Si los experimentos confirman las predicciones derivadas de la teoría, ésta se considera “confirmada”; no se habla de teoría “verificada”.

Si los experimentos no materializan las predicciones -si la investigación ha sido bien realizada y descartada la posible interferencia de otros factores-, la teoría es “falseada”. Este criterio se postuló para trazar la línea de separación entre las ciencias empíricas y otros tipos de teorías que se presentan sin la posibilidad de ser falseadas (metafísicas, religiosas, pseudociencias, etc.). Pero este criterio ha sido criticado desde muchos ángulos; por ejemplo, se pueden considerar como científicas proposiciones poco serias por el solo hecho de que pueden ser falseadas, y proposiciones hechas por astrólogos (astrología no se considera ciencia) pueden ser ‘confirmadas”. Además ciertas proposiciones científicas pueden ser falseadas, y la teoría general de la que se desprenden, continuar vigente.

Pero lo relevante para este trabajo es que el criterio ciencia de Popper, y otras concepciones de lo que son las teorías científicas ‘legítimas’, no corresponden exactamente con las teorías elaboradas en las ciencias del origen. Los científicos del origen, proponen teorías, no en base a sus predicciones sino más bien por el poder explicativo que posen para los datos actuales que se tratan de entender científicamente. Meyer lo describe así, las: “teorías científicas históricas típicamente explican los eventos después de realizados (miran a eventos ocurridos en el pasado), y pueden ser probadas comparando el poder explicativo con las de sus competidores.” (1;Notas:7,23:522) Lipton señaló que el poder explicativo de una teoría es más importante que su poder predictivo. Pero es necesario especificar qué es lo que se entiende por explicación; una explicación puede ser satisfactoria o mediocre, con sentido para unos o inaceptable para otros. Lipton piensa que para los científicos las mejores explicaciones son típicamente causales. Un evento actual o pasado, puede tener numerosas causas posibles, pero para Lipton en esta cadena de causas que se consideran, hay causas que hacen la diferencia, esto es, explican mejor el evento en cuestión, y de estas causas hay unas mejores que otras. Pero en el mejor de los casos, la mejor explicación no es necesariamente correcta.

Lipton no especifica el criterio para decidir cuál es la más apropiada de las posibles causas para explicar el fenómeno que se estudia. Meyer (1:159) señala que los científicos trabajando con ciencias del origen usan el criterio de “causa adecuada” para seleccionar la mejor explicación. Pero para usar este criterio se exige que se sepa que las causas consideradas tienen el poder real para producir el efecto, el rasgo, el evento al que se le busca explicación. De esa ‘causa adecuada’ considerada, se debe tener, en el momento actual, la experiencia del poder de la causalidad atribuida, solo así se le considera causa adecuada propiamente tal, para la mejor explicación posible. Meyer menciona que Charles Lyell –geólogo inglés del siglo XIX- fue uno de los primeros científicos en utilizar esta metodología; el subtítulo de su obra Principles lo resume: Beeing and Attempt to Explain the Former Changes of the Earth Surface, by Reference to Causes Now in Operation; este principio se denominó “uniformitarianisn” (‘uniformetarianismo’). El pensamiento de Lyell influyó a Charles Darwin, que adoptó esta metodología requiriendo que para explicar eventos pasados, el científico debe identificar causas establecidas –conocidas–, que provocan el efecto buscado, una vera causa (como lo llamó Darwin), una causa actual. Y Darwin apeló a este principio cuando argumentó que las variaciones observadas en animales domésticos y seleccionadas (selección artificial) por criadores (produciendo una microevolución), podía explicar el origen de nuevas formas en el pasado. Estas variaciones en el curso de largo tiempo, bajo la selección natural, generarían el cambio de las especies (macroevolución). Para Darwin la selección natural era una “causa adecuada”, probada en el presente. (1:159-161)

Si los científicos no pueden encontrar una causa única (la unicidad de la causa maximiza el éxito de la inferencia de la mejor explicación) que pueda explicar el hecho estudiado (actual), se recurre a explorar hechos relacionados al evento actual al que se quiere explicar su origen. De este modo se puede encontrar que, de las posibles causas consideradas para explicar el hecho actual aisladamente, no todas tienen el poder explicativo para dar cuenta de esos eventos relacionados. Así se puede lograr una causa adecuada que explique el hecho primario estudiado, y también los eventos secundarios que lo acompañan. (1:161-166)
A la causa adecuada se agrega otro importante requisito, que esa causa adecuada haya estado presente en el pasado para generar el evento estudiado al que se quiere explicar su origen. En otras palabras, que no sea solo una causa adecuada (hecho/evento) posible, sino que concretamente haya existido (ocurrido) para explicar el origen del evento o hecho estudiado. La existencia de esa causa adecuada se acepta cuando solo hay una posible causa que explique el hecho actual [considérese el descubrimiento de un escrito en una caverna, la única explicación plausible: presencia de un ser humano], y también cuando una posible causa explica el hecho actual y otros eventos agregados actuales. (1:166-168) Este requisito limita la especulación, asegurando que se establezca una causa adecuada con el rigor requerido. Ambos criterios están ligados (adecuación causal actual y presencia de esa causa en el pasado).

La determinación de la causa adecuada requiere un esfuerzo consciente para eliminar cualquier otra posible causa que pueda explicar el hecho/evento que se estudia. Esta metodología, al igual que la inducción, no tiene carácter absoluto, siempre cabe la posibilidad de que surja una explicación diferente, por muy baja que sea esta posibilidad. Meyer sostiene que: “Cuando los científicos pueden inferir una causa única plausible, pueden evitar la falacia de afirmar el consecuente—el error de ignorar otras posibles causas con el poder de producir el mismo efecto.” (1:161)

El procedimiento metodológico de la ‘inferencia a la mejor explicación’ es empleado particularmente en las ciencias de los orígenes, la ciencia de los acontecimientos pasados; la experimentación a este nivel originario es naturalmente imposible (1;c7). Pero el uso de este procedimiento no está limitado a solo a estas ciencias, también se emplea en física teórica, psicología, psiquiatría, clínica médica, ciencias forenses, etc.

Próximo post: Ampliación de los supuestos metafísicos de las ciencias naturales.
Referencias en este post:

3. BERLINSKI, DAVID (2009). The Devil’s Delusion. Basic Books. A member of the Perseus Books Group New York.

7. Wikipedia. The Free Encyclopedia. Naturalism (philosophy). http:// en.wikipedia.org/wiki/ Naturalism_(philosophy)

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