El Teísmo evolutivo

La conciencia del desarrollo y cambio del mundo, especialmente de los seres vivos, no ha sido ajena a la teología, en este sentido se debe recordar a San Agustín que ya hablaba de “semillas durmientes” depositadas por Dios en los seres creados para que a su debido tiempo germinaran y se desarrollaran; y también a Santo Tomás de Aquino, que hemos visto con su tesis de las causas segundas para el desarrollo autónomo del mundo creado. Con la palabra evolución antes de Charles Darwin, se reconocían los complejos crecimientos y desarrollos vistos en la naturaleza, pero se consideraba que detrás de ellos estaba presente el logos creador –la mano de Dios–, por lo que tenían dirección y propósito. El concepto de evolución en términos modernos, con carácter materialista, aparece en el Siglo XIX bajo la influencia de la tesis darwiniana, que propone una cadena de cambios biológicos, no-guiados –fortuitos–, con mecanismos naturales, capaz de generar nuevas especies. La recepción de esta teoría por parte de la teología, fue controvertida, pero hubo autores que la aceptaron, aunque se resistieron a admitir la participación del azar.

No es el propósito de este Post revisar la historia de la relación del Teísmo con el Darwinismo, ni tampoco analizar las razones que han acercado estas dos tesis durante los últimos decenios, para generar esta curiosa amalgama de TE. Aunque me parece pertinente recalcar dos factores que pueden haber jugado un papel importante en esta emergencia. Uno es la exitosa presentación del Neodarwinismo como una teoría ‘confirmada’ definitivamente por la ciencia, lo que como hemos visto anteriormente, no es en modo alguno el caso; por lo contrario se van acumulando claras muestras de la falta de evidencia y de viabilidad de los mecanismos básicos que sostienen esta teoría. En este punto creo que es interesante señalar que se ha tratado de separar la ‘ideologización’ de esta teoría –“ideología Neodarwiniana”–, a nivel de la cultura en general –que es naturalmente rechazada por los teólogos, por su reduccionismo materialista–, de la ciencia propiamente tal de la teoría Neodarwiniana, que como dicho, se presenta como sustentada por la ciencia. Con esta separación de ‘ideología’ (filosofía) y de ‘ciencia’ Neodarwiniana se ha pretendido también disipar el materialismo ideológico que anida en el ámbito académico, y que contribuye a sostener la tesis Neodarwiniana en el campo científico. El otro factor es la agresividad mediática y ‘política’ del Neodarwinismo, ante la cual la teología parece haber cedido en su resistencia a esta teoría totalmente mecanicista, por el temor de ser tildada de opositora y enemiga de la ciencia; una situación en la que naturalmente no quiere verse enredada, particularmente por el manido y tergiversado caso de Galileo, que como es bien sabido, ha servido para ilustrar la supuesta oposición constitutiva de fe y ciencia.

Es oportuno recordar que con el vocablo evolución en biología se designan diferentes fenómenos. En un sentido amplio y general, el término evolución designa el mero cambio observado en los objetos naturales en el tiempo, incluyendo los seres vivos; y es plenamente aceptado por científicos y también por el público general. Un segundo sentido de este término, se refiere a la descendencia común de los seres vivos de uno, o de unos pocos seres iniciales; esto es, se a**** a una cadena de descendencia; esta acepción es bastante aceptada en el mundo científico, pero no en forma absoluta. Y, el tercer sentido se refiere al mecanismo que hace posible y mantiene esta cadena de seres vivos; esta es la tesis propuesta por el Neodarwinismo. Esta explicación Neodarwiniana se ha impuesto y goza de popularidad, aunque decrece por la conciencia creciente de la falta de soporte científico de los mecanismos básicos postulados para dar cuenta de la cadena de los organismos biológicos, o como se le designa en esta tesis, del “árbol de la vida”; esto es, las variaciones genéticas originadas fundamentalmente por mutaciones, y la selección natural. Como he ya mencionado, la idea general de evolución no es ajena al Teísmo, pero lo que se denomina hoy en día como Teísmo evolutivo, se ha ido comprometiendo más claramente con la evolución Neodarwiniana.

Agrego dos conceptos que es conveniente recordar a propósito de la evolución: “macroevolución” que se refiere a un cambio evolutivo de especiación, este fenómeno naturalmente no es observable, y no ha sido demostrado; y “microevolución” que se refiere a cambios observados dentro de una especie, como la resistencia a antibióticos de las bacteria, el desarrollo de diversos tipos de, perros, palomas, etc. con selección humana. Los cambios de la microevolución tienden a regresar a su forma inicial cuando se eliminan las condiciones ambientales que la desencadenaron, y muchas veces estos cambios entorpecen la vuelta a la vida natural de los organismos, como se ve en la microevolución generada por el hombre, ejemplo: maíz y otros organismos manipulados por los seres humanos. El paso de la microevolución a la macroevolución como lo postuló Darwin, naturalmente nunca se ha observado, ni se ha demostrado; y si se postula como posible, no pasa más allá de ser una especulación.

El teísmo evolutivo (TE) incorpora la propuesta del Neodarwinismo, pero sostiene que los procesos naturales son en última instancia creación de Dios, cuyo propósito es que la vida, particularmente los seres humanos dotados de conciencia, entren en relación con Dios. En otras palabras, Dios utilizaría los mecanismos postulados por la tesis Neodarwiniana, para explicar el despliegue de la vida en el planeta. Naturalmente tenemos un espectro de variaciones teológicas y filosóficas acerca de este proceso de Dios creador utilizando la evolución de la vida. En estas variaciones encontramos fundamentalmente en tiempos pasados, acercamientos arrimados a la concepción evolutiva cosmológica de Teilhard de Chardin, y otros más recientes y actuales, que sostienen específicamente que la doctrina del Neodarwinismo es perfectamente capaz de este despliegue vital, con la participación de la voluntad de Dios. No es el propósito de este trabajo revisar esta banda de matices teológico/filosóficos, pero es interesante señalar cómo en este sumergirse en lo evolutivo, algunos teólogos hablan de las leyes de la naturaleza como el logos de la racionalidad, y otros proponen que la teología cristiana debe reconstruirse siguiendo la biología evolutiva. Y más aún, otros correlacionan la Cristología con la biología evolutiva, Cristo asumiría toda la ‘naturaleza’ del hombre, incluso su evolución, los miembros del árbol de la vida, y las leyes de la naturaleza que lo hacen posible; de este modo Cristo asumiría la materia misma. No es necesario comentar que esta increíble mezcla de creatividad y de especulación genera un banquete para la discusión y el debate, y todo esto basado en el paradigma evolutivo, y muy particularmente en la idea que el Neodarwinismo es una tesis sólidamente confirmada por la ciencia.

En el próximo Post veremos brevemente algunos de los múltiples problemas que plantea la amalgama del Teísmo evolutivo para la teología.

Bibliografía:

Russell, Robert John (2013). Recent Theological Interpretations of Evolution.

http://www.tandfonine.com/doi/abs/10.1080/14746700.2013.809947

2 Respuestas para El Teísmo evolutivo

  1. buenos dias, soy un estudiante de biologia y discrepo con la afirmacion que la diversidad biologica es producto de procesos evolutivos no dirijidos, esta pagina es muy buena demostrando las falacias del darwinismo, sigan adelante

  2. No se trata tanto del poder de Dios como de su carácter moral: crear por medio de ensayo/error, a través de la muerte/supervivencia, de la mutación probable fallida -con el consiguiente aporte de dolor gratuito-…etc; no es, obviamente, el “vio Dios que todo era bueno”. Así si no queremos caer en un nominalismo a ultranza sujeto a la más volitiva arbitrariedad, hemos de descartar un supuesto evolucionismo teísta -de suyo, cobarde, hipócrita, sumiso y bobalicón-.

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