¿Un nuevo Paradigma en Teoría Evolutiva? (The Paradigm Shifters de Suzan Mazur)

susan mansurLa periodista Suzan Mazur ha completado una interesante trilogía orientada a poner en evidencia la profunda discrepancia existente entre la élite de la comunidad científica en relación al ya rancio dogma neo-darwinista que ha impuesto su discurso en el último siglo. Tras la publicación de su “Altenberg 16” y el posterior “The Origin of Life Circus” ha llegado recientemente la tercera entrega: “The Paradigm Shifters”.

Los tres libros responden a un mismo formato, una sucesión de entrevistas a un número importante de especialistas renombrados en su respectivo campo de investigación, principalmente en el ámbito de la biología y esporádicamente en el de la física o la astrobiología. Las entrevistas giran de manera reiterativa sobre las discrepancias que cada uno de los entrevistados considera significativas en relación al paradigma dominante, es decir, la idea de que la teoría darwinista puede explicar suficientemente la emergencia de las formas biológicas según los mecanismos clásicos de la mutación fortuita y selección natural, y que la génesis espontánea de la vida puede ser asumida como un evento natural explicable en términos físico-químicos ordinarios.

Esta tercera entrega se centra especialmente en la consideración de la capacidad explicativa de los mecanismos del modelo neo-darwinista o Teoría Sintética a la luz del conocimiento científico más avanzado. Por él desfilan algunos de los más notables científicos que en la actualidad trabajan en el campo de la biología evolutiva desde diferentes ámbitos de estudio. Las contribuciones de los protagonistas de este interesante documento nos permiten entender los motivos de su abandono o distanciamiento de lo que durante décadas ha constituido un mantra inatacable que se reivindicaba como una verdad absoluta y que al fin y a la postre se ha verificado escandalosamente falso.

La nómina de entrevistados es realmente impresionante; se cuentan en ella muchos de los más renombrados especialistas de las últimas décadas y por mencionar algunos de los más sobresalientes citaremos a James A. Shapiro, Carl Woese, Stuart Newman, Denis Noble, Eugene Koonin, Corrado Spadafora, Luis Villarreal, Mae-Wan Ho, Eviatar Evo…

Aunque cada uno de los entrevistados plantea sus discrepancias con la teoría neo-darwinista desde el punto de vista de su especialidad (epigenética y neo-lamarckismo, embriología, biología molecular, teoría de las formas, comportamiento inteligente de las plantas, paleontología etc) cabe destacar que una idea central se hace presente a menudo en las diferentes conversaciones. Es la idea del erróneo gen-centrismo tan indisociablemente unido al modelo neo-darwinista. Como es sabido, la idea de que las novedades morfológicas se justifican suficientemente por las mutaciones experimentadas por las secuencias del genoma es central al paradigma de la Teoría Sintética y ello da por descontado el papel creativo y causante de los genes en el fenotipo de los vivientes. Hoy sabemos que esa concepción es perfectamente errónea y que si bien las secuencias del genoma albergan un arsenal de recursos informacionales, su papel es esencialmente pasivo ya que es la célula, entendida como unidad básica agente de la dinámica de la vida, la que ejecuta y actúa, e impulsa los procesos de expresión y regulación (a través igualmente de otras secuencias del genoma y del entramado de relaciones de las redes genéticas) y por tanto la que se erige como responsable último de los procesos de la vida. Por ello, la modificación de las secuencias del genoma poco puede explicar de la emergencia de diseños complejos funcionales y formas biológicas novedosas.

En cualquier caso, la mejor manera de entender cuál es el rumbo marcado por esta ya muy consolidada corriente de opinión, con casi una década de trabajos a sus espaldas perfectamente orientados a un discurso definitivamente renovador, es acercarnos a la página web que responde al título de “The Third Way of Evolution”. Esta página se debe a la iniciativa principalmente de dos pesos pesados como son Denis Noble y James A. Shapiro, y recoge la adhesión de una gran mayoría de los autores entrevistados por Suzan Mazur en sus tres libros mencionados, así como de un buen número de científicos más que se consideran plenamente identificados con el planteamiento del grupo.

En su manifiesto introductorio, esta “tercera vía” establece que el darwinismo ignora gran parte de la evidencia científica a nivel molecular y sostiene gratuitamente determinadas propuestas en torno al carácter presuntamente fortuito de las variaciones heredadas. En concreto, el neo-darwinismo ignoraría procesos con repercusión evolutiva como la simbiogénesis, la transferencia genética horizontal, las secuencias móviles del genoma o la regulación epigenética de la expresión del genoma. Añade el texto que también el neo-darwinismo debe ser corregido en su pretensión de responsabilizar a la selección natural de ser la mayor o única fuerza creativa del proceso evolutivo.

Es interesante reseñar que en este próximo otoño, la Royal Society de Londres ha convocado un encuentro en el que específicamente se abordará precisamente la necesidad de reconsiderar el estado actual de la teoría evolutiva a la luz del conocimiento científico más actual y en el que se espera la asistencia de muchos de los especialistas afines a esta nueva corriente. Cabe destacar en todo caso que la opinión de muchos de los discrepantes con el modelo tradicional no es coincidente en cuanto al grado de renovación de dicho modelo que se puede exigir. Para algunos, el modelo está caduco y necesita sencillamente ser reemplazado. Para otros, el modelo puede perfectamente ser salvado en lo esencial haciendo entrar en el mismo los elementos novedosos que la ciencia de la biología parece haber constatado.

Sea como fuere, lo que es necesario preguntarse es hasta qué punto los nuevos datos ya contrastados pueden ayudar a configurar un nuevo paradigma en evolución, es decir, un modelo explicativo diferente que aporte una justificación suficiente y científicamente consistente de la formación de las estructuras y formas biológicas novedosas a lo largo del tiempo. Y por supuesto, que permita seguir manteniendo el compromiso naturalista al que la gran mayoría de los afiliados a esta “tercera vía” continúan aferrados. Varios son los problemas con los que nos encontramos a este respecto.

Por una parte, los mecanismos de cambio observados en los vivientes difícilmente pueden seguir siendo presentados (a diferencia de las mutaciones espontáneas clásicas del paradigma darwinista) como eventos fortuitos, es decir no dirigidos a finalidad alguna. Ya no estamos ante accidentes experimentados por el organismo sino ante mecanismos de transformación a menudo dirigidos de forma expresa a responder a modificaciones del entorno o ante transformaciones importantes de la arquitectura y de la organización de las secuencias del genoma que acontecen por medio de lo que James A. Shapiro ha denominado ingeniería genética natural. Las modificaciones en la expresión de los genes (epigenética) que pueden ser igualmente heredadas constituyen otro ejemplo de regulación finalista por parte del organismo que ataca el principio fundamental de todo modelo naturalista de que el origen de las variaciones habría de seguir siendo fortuito y no guiado con relación al resultado adaptativo de la novedad.

Todo ello nos lleva a considerar que si lo único que cambia en el discurso es la introducción de nuevos mecanismos de configuración de las secuencias del genoma, no habremos sido capaces de escapar al gen-centrismo tan criticado por muchos de los autores del movimiento. Algunos, como Denis Noble o Stephen Talbott han sido especialmente contundentes en este aspecto y nos han recordado que el protagonista del cambio y el responsable de la conducta agente es en último extremo el organismo considerado como un todo y que el genoma carece por competo de carácter prescriptor o rector de los procesos de la vida. De esta manera, si el dato esencial de la vida es la conducta finalista del organismo, no solo en su relación con el entorno sino igualmente en la capacidad de respuesta a nivel molecular para encauzar o acomodar los cambios genéticos verificables o para poner en marcha respuestas específicas mediante la utilización de recursos informacionales en reserva, entonces habremos de entender que ninguna teoría evolutiva que no asuma la necesidad de explicar y justificar este fenómeno podrá dar cumplida explicación del origen de la vida y de las formas vivas.

Por último cabe señalar otro de los elementos principales del modelo evolucionista clásico que permanece incólume en el seno de las renovadas fórmulas que se nos ofrecen en la literatura científica contemporánea. Se trata del problema de la extrapolación gratuita desde los fenómenos de cambio observados a la idea general de la macro-evolución o explicación de todo el amplio abanico de novedades y estructuras funcionales que han ido emergiendo en la historia de la vida en nuestro planeta, y que incluye lógicamente la propia aparición de la especie humana y su mente racional. Sean cuales sean los fenómenos y mecanismos observables que nos permiten entender los procesos de cambio o ajuste de los organismos para adaptarse mejor a la supervivencia en un entorno cambiante, la extrapolación de tales procesos a la creación de estructuras funcionales de alta complejidad perfectamente innovadoras sigue siendo una especulación sin un fundamento riguroso. El orden gratuito (“order for free”) que proclama Stuart Kauffman como el increíble poder creativo de una naturaleza sacralizada sigue siendo a todos los efectos, una inmensa boutade.

El movimiento al que asistimos en el seno de la comunidad científica no deja de ser en todo caso prometedor. Bien es cierto que las críticas al modelo tradicional no constituyen en sí mismas un modelo homogéneo y coherente sino un cúmulo de denuncias dispersas a un paradigma en ruinas. A ello se aferran algunos de los guardianes de la ortodoxia al denunciar que la falta de unidad y coherencia de los críticos de la “tercera vía” les ampara en su intento agónico de salvar los muebles en el hundimiento del Titanic darwinista. Sin embargo, es indudable que algo ha cambiado en el panorama intelectual en relación a la teoría evolucionista y que un dato fundamental en este cambio es la entrada en el modelo de una teleología que ha venido para quedarse, y que va a constituir a partir de ahora un elemento difícil de acomodar en una visión naturalista de los procesos de la vida. Naturalizar la teleología, como naturalizar la conciencia, supone un desafío monumental para los que proclaman un mundo sin una referencia de causalidad trascendente al orden natural. No cabe duda de que el eje del debate se está trasladando a un ámbito en el que las perspectivas filosóficas deberán ser también protagonistas en la interpretación de los datos que la ciencia nos va proporcionando día a día.

Una Respuesta para ¿Un nuevo Paradigma en Teoría Evolutiva? (The Paradigm Shifters de Suzan Mazur)

  1. Os felicito por vuestra valentía y os vuelvo a dejar enlace a nuestro sitio, “Dios y la Ciencia”, que, aunque no está directamente relacionado con los temas que tratáis aquí, también toca el tema del asfixiante paradigma vigente, usado como una camisa de fuerza (Michael Brooks) por la más rancia ortodoxia.

    http://frasesdedios.blogspot.com.es/

    Un abrazo y adelante siempre.

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