"The Altenberg16. an exposé of the evolutionary industry" Un libro que recoge la nueva estrategia del materialismo naturalista.

Por Felipe Aizpun

En Julio de 2008 tuvo lugar un encuentro de 16 científicos de varios países en el Konrad Lorenz Institute de Altenberg (Austria) con objeto de debatir el estado de opinión actual en torno a la teoría de la evolución. Aunque el encuentro se celebró a puerta cerrada la periodista Suzan Mazur se encargó de airear el evento en la prensa generalista y posteriormente ha recogido en un libro las impresiones de varios de los participantes así como de un buen número de importantes especialistas mundiales en la materia en torno a las propuestas de la conferencia. El libro presenta un formato periodístico y está elaborado como un mosaico de entrevistas que se suceden sin un hilo programático definido. Como consecuencia, y siendo los entrevistados especialistas en campos dispares (filósofos, mineralogistas, astrobiólogos y, por supuesto, especialistas en biología molecular) el tratamiento de los aspectos relevantes del debate resulta superficial y descontextualizado por lo que aporta poca claridad en general. Sin embargo, tres conclusiones se pueden extraer de manera definitiva.

La primera es que la disidencia está cundiendo en las filas del neo-darwinismo. El grupo de Altenberg se postula como proponente de un giro radical en la comprensión del hecho evolutivo. Bajo el nombre de Extended Evolutionary Synthesis su propuesta rechaza el papel central del gene y la selección natural (supervivencia del más apto) en un hipotético proceso evolutivo. Reconoce que las anomalías al paradigma oficial son de tal magnitud que el modelo resulta incapaz de explicar la realidad a la luz de los avances científicos más recientes. Mazur nos presenta este “descubrimiento” y la conferencia de Altenberg como si de un acontecimiento histórico y revolucionario se tratara, como el gong que señala el advenimiento de una nueva era en el quehacer de la ciencia y del conocimiento humano. Que los evolucionistas ideológicos descubran la inconsistencia del paradigma darwinista es, sin duda, una buena noticia; sobre todo para ellos. Pero presentarlo como un acontecimiento científico de primera magnitud es una falta de respeto hacia la multitud de científicos y pensadores de muchos países y culturas que durante el último siglo y medio han manifestado su escepticismo hacia el discurso darwinista a costa de ser vituperados y preteridos entre la comunidad científica.

La segunda es que no existe un modelo científico alternativo bien definido capaz de explicar el hecho evolutivo. Sabemos que la inconsistencia del darwinismo tiene que ver con la complejidad organizacional del genoma, con el reconocimiento en los genomas de las especies más modernas de secuencias moleculares rastreables en bacterias y virus, con la huella de procesos de repeticiones de secuencias génicas, translocaciones, reorganizaciones genómicas relacionadas con los trasposones y, en definitiva, con un papel predominante en la conformación de los genomas novedosos de episodios de simbiosis y transferencia genética horizontal (TGH) en vez de la obsoleta propuesta darwinista de conformación por acumulación de mutaciones fortuitas en un proceso gradualista. Pero de la lectura de este libro resulta evidente que todos estos datos verificables empíricamente no han sido hasta la fecha suficientes para establecer de manera generalmente aceptada entre los científicos, un modelo evolutivo basado en un mecanismo alternativo al darwinismo. La falta de coincidencia entre las opiniones y propuestas de unos y otros resulta llamativa.

El problema principal al que se enfrenta la profesión es, como bien describe Stuart Newman, el problema de la falta de una “teoría de la forma”, es decir, una teoría en torno a la aparición de los cuadros morfológicos novedosos en las distintas especies que pueblan nuestro planeta. Por supuesto, y aunque Newman no lo menciona, el problema de la forma (de profundas connotaciones aristotélicas) no es sino el problema de la aplastante apariencia de diseño en la Naturaleza. Newman nos es presentado en el libro como el nuevo Darwin (sic); su aportación revolucionaria capaz de auspiciar una nueva era en el conocimiento humano es la teoría de la conformación espontánea por auto-organización de las “formas” novedosas en ausencia de un programa genético previo que las alumbre. El problema es que la auto-organización no es en sí misma un mecanismo alternativo verificable empíricamente sino un intento de justificación causal de un hipotético proceso evolutivo. La simbiosis y la TGH sí pueden ser mecanismos alternativos de conformación de novedades en el genoma de las distintas especies; la posibilidad de que episodios de “infección” de secuencias bacteriales o víricas puedan provenir de reacciones frente a determinadas presiones ambientales es una reflexión científica interesante, pero la calificación de tales eventos como de procesos de auto-organización de la materia sería una interpretación de dichos eventos que supondría ofrecer una alternativa filosófica a la inferencia de diseño que de forma abrumadora nos presenta la Naturaleza. Se impone así, de manera arbitraria, el rechazo no justificado a una causación inteligente en la emergencia de formas biológicas novedosas dotadas de una deslumbrante complejidad organizacional.

No hay que olvidar que los ultradarwinistas más conspicuos (Dawkins, Ayala etc) nos presentan el darwinismo como una idea genial capaz de hacer superflua la inferencia de diseño que de forma aplastante surge de la contemplación de la Naturaleza. Si eso es así, el reconocimiento de la inconsistencia de la alternativa darwinista debería implicar que la intuición de un diseño inteligente saldría reforzada como explicación causal de la complejidad de la vida. Pero eso es algo que los evolucionistas ideológicos no están dispuestos a conceder. Es preciso un discurso alternativo que sustente el paradigma naturalista y materialista; el mantra de la auto-organización viene a tomar el relevo. Y, no lo duden, viene para quedarse.

La tercera conclusión es precisamente este cambio de escenario del debate evolucionista en los años venideros. Las posiciones darwinistas se van descomponiendo. Si hay que creer a Margulis en el libro, el propio Francisco Ayala, archi-darwinista recalcitrante donde los haya, le habría reconocido personalmente que el paradigma de la Síntesis Moderna está herido de muerte. El modelo de la auto-organización de sistemas complejos no es nuevo, pero la reivindicación de un papel central en el debate para el mismo va cogiendo fuerza como alternativa dialéctica al discurso tradicional. El que el mecanismo darwinista resulte incapaz de justificar la hipótesis evolutiva no parece ser obstáculo para atrincherarse en la defensa de las conclusiones metafísicas del modelo desprestigiado. Y todo ello aunque carezcamos de un mecanismo científico alternativo. Todo un prodigio de inconsistencia.

La auto-organización como explicación causal ha sido ya suficientemente desautorizada por trabajos como los de David L. Abel (The capabilities of chaos and complexity, 2009) o más recientemente por Stephen Meyer en su impresionante “Signature in the cell”. La emergencia de formas novedosas sin un programa genético previo que preconiza Newman para justificar la aparición en el registro fósil de, al menos, 35 phyla de organismos pluricelulares en el Cámbrico, no es sólo una incongruencia científica (el fenotipo precedería al genotipo), sino que es también un absurdo racional. “Organizar” es un verbo transitivo. Todo proceso de organización es un proceso intencional y precisa de un Agente que lo dirija. Se nos dice que la aparición espontánea de las formas biológicas novedosas se justifica en términos causales por un proceso de auto-organización; pero a renglón seguido se nos describe la auto-organización como la capacidad de “la materia” para organizarse en formas novedosas. Un argumento, por tanto, perfectamente circular y tautológico, un mero acto de fe que desafía uno de los pilares del discurso racional: el principio de causalidad.

En definitiva, un libro decepcionante cuyo principal interés es dejar constancia de cuál es el escenario del debate para los próximos años: un discurso de connotaciones más filosóficas que científicas que pugnará por ofrecer interpretaciones materialistas de los avances científicos que nos aporte la biología, asumiendo el prejuicio naturalista de que cualquier apariencia de diseño que emane de realidades inmateriales como la información, la organización, o la complejidad especificada, no puede ser sino el espejismo de una inexistente inteligencia ordenadora. En su lugar, conceptos vacíos de contenido real como emergencia o auto-organización, se nos ofrecen impúdicamente como explicaciones suficientes para dar cuenta (en palabras de Stuart Kauffman, otro de los entrevistados) de la “incesante creatividad del Universo”.

Una Respuesta para "The Altenberg16. an exposé of the evolutionary industry" Un libro que recoge la nueva estrategia del materialismo naturalista.

  1. […] Recientemente ha aparecido publicado el libro “Evolution-the Extended Synthesis” (Massachusetts Institute of Technology 2010), editado por Máximo Pigliucci y Gerd Müller, y en el que se recogen 17 artículos de diferentes especialistas en las disciplinas que atañen al debate sobre el evolucionismo. Este libro supone la aportación teórica resultante de las discusiones e intercambios llevados a cabo en la famosa reunión de 2008 en el Instituto Konrad Lorenz de Altenberg (Austria) y que diera lugar al libro de la periodista Suzan Mazur “The Altenberg 16”. Una reseña más amplia de este libro puede ser encontrada  aquí. […]

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