Felipe Aizpun

Veíamos en días pasados la reivindicación de Lönnig de la autoría de un modelo de adaptación no darwinista y no lamarckista y que en un artículo reciente (Hughes AL, 2011, Evolution of adaptive phenotypic traits without positive Darwinian selection) Austin L. Hughes había bautizado como plasticity-relaxation-mutation (PRM). Vale la pena profundizar en este episodio. El estudio se ha publicado recientemente en la revista Heredity del grupo Nature Publishing Group; Hughes, profesor en la Universidad de South California había ya publicado trabajos en torno a la detección de casos de selección positiva (darwiniana) por métodos estadísticos al nivel molecular junto con Masatoshi Nei allá por 1988. En 2007 sin embargo, no tuvo inconveniente en publicar otro trabajo en el que cuestionaba la mayoría de las inferencias de selección positiva detectadas por su método para concluir en 2011 con este nuevo trabajo que se inclina de manera definitiva en favor de un modelo de evolución no darwinista.

Son muchos los autores que han mostrado en las últimas décadas su escepticismo en relación al carácter altamente especulativo del modelo darwinista y en especial con relación a la capacidad de imponerse en una población una mutación “casi imperceptible” y beneficiosa tal como exige el propio modelo, en una cantidad de tiempo razonable. Nos remitimos a los modelos matemáticos del propio promotor de la genética de poblaciones Sir Ronald Fisher, quien a pesar de haber contribuido de forma protagonista a la consolidación del modelo de la Síntesis Moderno, nos dejó, en sus trabajos, un profundo aroma de escepticismo hacia la capacidad de las mutaciones aisladas para imponerse en el seno de una población, señalando que si las mutaciones positivas habían de generalizarse, serían necesarias un buen número de ellas producidas de manera coincidente. Igualmente nos remitimos a los de su correligionario Haldane o a los trabajos de Kimura cuyo escepticismo desembocó en el planteamiento de su famosa teoría neutralista. Como el propio Hughes comenta al respecto:

El predominio de la selección purificadora ya fue predicho por Kimura y Otha (1974), y el hecho de que su predicción haya resultado verificada es la piedra angular de muchos métodos rutinarios de la moderna bioinformática, en los que la conservación evolutiva de un elemento secuencial (como consecuencia de la selección purificadora) se toma por evidencia de la importancia funcional de dicho elemento. Continúe leyendo »

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Felipe Aizpún

Como decíamos en el artículo anterior, el avance en el conocimiento de la biología y la necesidad de explicar los fenómenos que la experiencia iba sometiendo a nuestra consideración propició que fuese precisamente un biólogo, Ludwig von Bertalanffy, quien desarrollara o mejor dicho, recuperara, una perspectiva sistémica y totalizadora de la realidad y de la Naturaleza. Y he dicho recuperar porque la visión sistémica no es una conquista moderna ni mucho menos; se trata simplemente de volver a determinados esquemas conceptuales perfectamente comprensibles para muchos de nuestros antepasados, algunos bien lejanos, y que están perfectamente identificables en la historia del pensamiento humano. Recordemos por ejemplo, el pensamiento biológico de Kant desarrollado en su tercera crítica, la “Crítica del Juicio”. Para Kant, la descripción usual de los organismos vivos se concreta en la idea de “seres organizados”.

Kant es en este sentido un precursor de la idea moderna desarrollada (recuperada, diríamos mejor) por la literatura contemporánea del DI, de la distinción ontológica entre orden y organización. En la actualidad se cita frecuentemente el libro “The Mystery of Life´s Origin: Reassesing Current Theories” como emblemático recuperador de este concepto de la vida como organización. Publicado en 1984 y firmado por Charles Thaxton, Walter Bradley y Roger Olsen, se trata sin duda de una obra fundacional por lo que al movimiento del Diseño Inteligente se refiere, precediendo en siete años al celebrado “Darwin on Trial” de Phillip Johnson de cuya aparición se cumplen ahora veinte años, y expone sin duda de forma inequívoca la diferencia ontológica entre la vida y el orden que puede ser alcanzable por la disposición determinada de elementos físicos según las leyes de la Naturaleza. La idea de seres organizados, apuntalada firmemente por Kant, implica una visión sistémica y una relación específica del todo con las partes que no se corresponde con la estructura ordenada de un fenómeno natural del tipo de un vórtice o un tornado. En éstos falta el elemento totalizador que hace emerger la funcionalidad o el significado propio de un ser organizado. Ya en el siglo pasado otros autores pioneros en el quehacer científico, en los albores de la ciencia biológica, habían comprendido este matiz de alto calado filosófico introducido por Kant; por ejemplo el gran naturalista francés Georges Cuvier utilizaba también habitualmente en sus escritos, a principios del siglo XIX, la expresión “être organisé” para referirse a los organismos vivos.

La idea de Kant y su visión sistémica se concretaban fundamentalmente en su descripción de las partes y el todo, y en la idea de que las partes y el todo, en un proceso de formación de un “ser organizado”, se convertían recíprocamente en medios y fines el uno para el otro. Las partes son medio para la conformación del todo pero al mismo tiempo el todo es medio y referente de las partes en función del cuál, y sólo en ese sentido, emergen a la realidad. Así por lo tanto la idea del todo precede conceptualmente a la existencia de las partes si bien el todo, en cuanto realidad, no existe sino en sus partes una vez conformadas. Continúe leyendo »

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Felipe Aizpún

Hace algún tiempo nos hacíamos eco de una entrevista al bioquímico australiano Michael Denton en la que nos explicaba la importancia de comprender que el genoma de un ser vivo no puede ser concebido como el “blueprint” de su organismo. La palabra “blueprint” no tiene una traducción fácil en este contexto; se corresponde con la palabra española “proyecto” según algunos traductores, y en términos fotográficos con la palabra “cianotipo”. El significado directo en inglés según el Cambridge Dictionary es algo más ilustrativo: “an early plan or design which explains how something might be achieved”. En definitiva, lo que Denton trataba de transmitirnos es que un organismo vivo no puede describirse de manera suficiente por los datos encontrados en la lectura detallada de las secuencias lineales de su genoma. El genoma, las secuencias del ADN de un organismo vivo, no nos explica todo lo que necesitamos saber para proceder a su “montaje”, a su construcción. Los procesos de formación de los organismos vivos a partir de un zigoto originario no se explican ni mucho menos por la lectura de las secuencias lineales de su ADN sino que se deben a un programa de desarrollo embrionario regulado por un sistema de controles y de señales que constituyen una disposición jerarquizada de instrucciones informacionales y sobre las que todavía estamos muy lejos de conocer los detalles. En definitiva, y como escribía hace pocos días el profesor de Oxford Jonathan Bard aquí, el desafío inalcanzado todavía para la teoría biológica contemporánea es explicar de qué forma las variaciones producidas por mutaciones acaecidas en la estructura molecular producen variaciones en el fenotipo. Continúe leyendo »

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Felipe Aizpún

Quiero volver a señalar algo que no me cansaré de repetir. Shapiro mantiene de manera uniforme y permanente en su discurso la ficción de que todos los estudios realizados pueden ser indistintamente interpretados o extrapolados al ámbito de la biología evolutiva y que todo mecanismo que sirve para explicar un cambio de naturaleza adaptativa sirve igualmente para justificar o documentar la naturaleza y el histórico del proceso macroevolutivo de las formas vivas. Es importante señalar que no hay ni un solo dato, ni una sola observación ni estudio que permita dicha extrapolación. Nadie ha pillado nunca a “la evolución” con las manos en la masa. Las propias palabras de Shapiro sirven de justificación a mi aviso cuando en la pág. 56 dice que:

Si las células pueden integrar procesos de reestructuración de su genoma para servir a necesidades de adaptación en sus ciclos de vida ordinaria, no hay base científica para argumentar que las células no puedan usar igualmente estas mismas capacidades funcionales para producir novedades evolutivas significativas”.

Lo que tales palabras significan también es sencillamente que no hay base científica para afirmar que conocemos o que hayamos observado los mecanismos de transformación de unas formas vivas en otras; si no que simplemente nos permitimos intuirlos o aventurarlos, como una extrapolación puramente especulativa. Es decir, se trata de una especulación que, y eso es cierto, no puede ser rechazada a priori; pero no de un dato científico del que se puedan extraer conclusiones inequívocas. Lo importante aquí es señalar que la extrapolación de lo micro a lo macro tiene como objetivo fundamental salvaguardar el carácter estrictamente “natural” del hecho evolutivo ya que todo lo que ocurre según mecanismos observables debe ser tenido por “natural” y por definición (se nos dice) por algo que no precisa una explicación de carácter sobrenatural.

El problema para Shapiro es que esta extrapolación y sus consecuencias filosóficas resultaban más verosímiles en los tiempos del darwinismo que en la actualidad. Darwin basaba su especulación en el hecho cierto de la existencia de variaciones sobrevenidas a los seres vivos en el proceso de reproducción, algo perfectamente observable y verificable como un evento “natural” y que, efectivamente, puede ser entendido como un evento no guiado a finalidad específica alguna. Afirmar que tales eventos podrían acumularse para provocar la emergencia de todo tipo de novedades biológicas suponía consagrar indiscutiblemente el carácter estrictamente natural de la evolución. Es preciso recordar que hablar del carácter natural de un evento implica estrictamente describir tal evento como una ocurrencia respetuosa con las leyes del cosmos y la Naturaleza. Es decir, nos enfrentamos a un proceso que no precisa explicación trascendente o sobrenatural de ningún tipo. En un escenario perfectamente naturalista la existencia de cualquier ente sobrenatural se nos discute como superflua, asumiendo, claro está, la naturaleza auto-contenida del cosmos. Continúe leyendo »

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