Stuart Newman y los DPM (Dynamic Patterning Modules) (2)

Por Felipe Aizpún

Donde menos convincente resulta el discurso de Newman es en la concesión de que las formas nuevas así surgidas quedan sometidas, ahora sí, al filtro de la selección natural (para garantizar su progreso), que no es ya tanto una fuerza creativa como pretenden los darwinistas, sino una fuerza “informadora” de la capacidad adaptativa de las novedades emergentes. Este discurso resulta especialmente penoso, ya que se trata de una burda concesión al dogma del naturalismo radical y un escudo frente a las intuiciones finalistas que su modelo pudiera ingenuamente despertar en lectores “no suficientemente apercibidos”. En realidad la aparición de soluciones morfológicas saltacionales y novedosas, que implican saltos de complejidad en procesos determinados por condiciones inherentes al propio organismo en transformación, si es que un escenario tal resulta asumible, es un evento inevitablemente deudor de una interpretación teleológica. Pensar que la Naturaleza pueda tomarse la molestia de generar semejantes nuevos y más complejos organismos para que luego su diferente conformación y su distancia morfológica o etológica con relación a sus población de origen les haga ser incapaces de adaptarse y sobrevivir en el nicho ecológico en el que emergen resulta una historia poco razonable.

La evolución saltacional supone una ruptura perfecta con el discurso propio de la ortodoxia darwinista. La dinámica de la genética de poblaciones no tiene nada que aportar al proceso de la extensión de los caracteres de los nuevos organismos. Estos aparecen constituyendo ya desde el inicio una población diferenciada, presumiblemente con barreras reproductivas claramente establecidas. No existe una competencia entre los genes de unos y otros por imponer una mayor capacidad reproductiva. La selección natural no puede ser invocada como una explicación que justifique la aparición y la consolidación de la nueva especie.

Por el contrario, todo proceso de evolución saltacional termina por desembocar en inferencias innegables de diseño. Por una parte porque el proceso descrito se desarrolla hacia la consecución de un modelo ideal; lo que contiene el organismo impregnado en su material genético y lo que ejecuta en el proceso de desarrollo embrionario es un paquete de instrucciones, y las instrucciones son siempre instrucciones “para” algo. Las instrucciones exigen la ideación previa del resultado final del proceso y dicha ideación previa requiere una causalidad inteligente. Los procesos de conformación de patrones detectados por Newman, que dan lugar a multitud de diferentes formas biológicas, no pueden justificarse como fruto del azar. El hecho de que tales patrones hayan sido identificados y generalizados en distintos cuadros morfológicos hace que se trate de mecanismos inherentes a la vida y su proceso de transformación, y no el hallazgo fortuito de un organismo aislado en su lucha por la supervivencia. La evolución se nos presentaría así, mucho más como un verdadero proceso que no como una cadena deslavazada de eventos fortuitos.

Pero todo proceso es una cadena de acontecimientos encadenada y orientada a una finalidad. Todo proceso implica una justificación intencional, de la misma manera que todo proceso de organización (y la evolución o emergencia de novedades biológicas cada vez mas complejas indudablemente lo sería también) exige un agente racional responsable del mismo. Por eso la propuesta de Newman de intentar justificar el proceso en el concepto de la auto-organización de la materia en sistemas complejos resulta insustancial e inconsistente.

Por último hay un comentario de gran interés en el artículo de Newman en el que éste concede de nuevo abiertamente la inconsistencia del paradigma darwiniano y que tiene que ver con la idea de proceso que comentamos. Es la crítica de lo que en el modelo darwinista Newman define como “uniformitarianism”, es decir la idea (extraída de las teorías geológicas de Lyell) de que los procesos naturales que operaron en el pasado serían los mismos que siguen operando hoy día. Este es un tema que merece un comentario más detallado; baste ahora coincidir con la puntualización de Newman en el sentido de que la evolución de las formas vivas presenta episodios claramente diferenciados, que la aparición de las categorías taxonómicas superiores tuvo su momento, que los distintos grados de complejidad y especialización de los organismos vivos se han ido sucediendo en etapas perfectamente diferenciadas en el tiempo y que, ya desde hace muchísimos años, lo único que podemos detectar en el proceso evolutivo es el aumento de la diversidad y de la riqueza en la variabilidad de formas y estructuras biológicas funcionales bien definidas a través de episodios de especiación en el marco de cuadros morfológicos perfectamente asentados. Para Newman, la diferente plasticidad de los genomas de los organismos primitivos con relación a los actuales es un dato contrastado que define inequívocamente un modelo de cambio en los seres vivos muy alejado del “uniformitarianism” inherente al gradualismo del cambio fortuito propio del paradigma neo-darwinista.

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