Pero, ¿cabe una tercera vía? (2)

Felipe Aizpún

Recordemos algunas cuestiones que conocemos sobre la TGH. La TGH es común entre los organismos procariotas y se considera incluso como un mecanismo principal en la propagación de la resistencia de los mismos a los antibióticos. En general se considera un mecanismo que permite desarrollar novedades funcionales y caracteres adaptativos, pero no está demostrado que pueda ser considerado un evento evolutivo. Me explicaré, tal como estableciera, con su lucidez habitual el científico francés Pierre-Paul Grassé, las bacterias mutan, incluso son un ejemplo paradigmático de capacidad mutante, pero no es adecuado decir que evolucionan. Las bacterias siguen siendo bacterias, cualquiera que sea el grado de mutación acaecida y cualquiera que sea el grado de incorporación de material genético por vía horizontal que hayan experimentado. De hecho es lugar común reconocer que hablar de diferentes especies entre los organismos procariotas no tiene realmente un sentido comparable al que pueda tenerlo en el ámbito del discurso general de la biología.

Por lo que a las células eucariotas se refiere, y en general a los animales pluricelulares, la TGH resulta ser, mayormente, una especulación. Es decir, partimos de la base de que el hecho evolutivo se asume como un dato no cuestionable; seguidamente examinamos las diferencias entre los genomas de unas y otras especies, y finalmente asignamos a tales diferencias un mecanismo de cambio ad hoc. El análisis de las secuencias de ADN entre muchas especies ha provocado una creciente convicción de que las identidades secuenciales de unas y otras, por escapar a la posibilidad razonable de haberse originado mediante coincidentes procesos de acumulación de variaciones fortuitas en un escenario gradualista, solo podrían explicarse como episodios de TGH. En definitiva, la invocación del mecanismo es consecuencia de la previa asunción indemostrada del hecho evolutivo, y como colofón, éste se considera demostrado alegando que hemos descubierto el mecanismo que lo provoca. El razonamiento es perfectamente circular, el proceso de inferencia racional se ha invertido.

Es verdad que distintos mecanismos postulados por Shapiro forman parte de la ingeniería genética habitualmente practicada en el laboratorio, es decir, de procesos inteligentemente diseñados en busca de un resultado prefijado. Dichos procesos parten de la existencia previa, y toman ventaja de ello, de un complicado aparato de mecanismos moleculares cuya finalidad es precisamente hacer posible en los organismos más elementales (bacterias y levaduras) tales episodios de intercambio genético. Dicha maquinaria apunta indiscutiblemente a un proceso teleológico. La TGH no podría darse ni producir resultado funcional alguno en ausencia de dicha maquinaria molecular, como es el caso de la estructura proteica conocida como “pilus” que hace posible el mecanismo de la conjugación bacteriana. Los organismos tienen que estar preparados para recibir, incorporar a su genoma y expresar, las nuevas secuencias.

Si asumimos la evolución como cierta, entonces la TGH debería de haber jugado un papel principal en el proceso; por ello, de repente, ejemplos de TGH aparecen por doquier en la literatura científica reciente. Se trataría de un evento clave, un mecanismo capaz de explicar lo que los viejos mecanismos postulados hasta ahora no han podido justificar. Sin embargo, uno no puede menos que preguntarse cómo puede tan poderoso mecanismo “saber” qué genes deben ser transferidos a quién y cuándo. De hecho, los distintos tipos de eventos de TGH parecen ser prodigiosamente eficaces. Por ejemplo, el llamado TGH de transformación se nos presenta como un proceso enormemente complejo que involucra a un numeroso grupo de proteínas, lo que hace que difícilmente pueda considerarse un accidente ya que lo razonable es imaginar que tales proteínas no hacen sino cumplir la función que justifica su existencia. Teleología otra vez.

Otro ejemplo enormemente significativo: en el evento de TGH por conjugación el ADN es transferido por contacto directo entre dos células. Maquinaria molecular específica se encarga de construir una conexión-puente entre ambas células. La célula donante dispone también de la maquinaria celular adecuada para verificar que la receptora carece del ADN objeto de la transferencia. Además el ADN transferido es previamente desenredado y dividido de forma que sólo una hebra es enviada a través del conducto acondicionado al efecto.

Si bien dadas las condiciones necesarias, episodios de TGH podrían resultar los menos dañinos, la realidad es que la mayoría de los mecanismos evolutivos que preconiza Shapiro en sus trabajos han resultado ser, en ausencia de una inteligencia que los gobierne, enormemente perjudiciales para el organismo que los haya experimentado de forma fortuita. Reorganizaciones genómicas, duplicaciones, separaciones y fusiones cromosómicas, hibridaciones interespecíficas, o la activación de elementos genéticos móviles en respuesta a situaciones de estrés o de falta de nutrientes han demostrado ser causa de profundas distorsiones del funcionamiento de los organismos afectados, a veces letales. Pretender que la ocurrencia fortuita de este tipo de eventos puede no solo permitir la supervivencia de los organismos afectados sino incluso la generalización de poblaciones de los mismos, fuera de un proyecto teleológico encaminado a la obtención de sistemas funcionales previamente ideados es una propuesta que encierra un alto grado de osadía.

En definitiva, la propuesta de Shapiro, como la de tantos otros, se mueve siempre en el marco de una concepción mecanicista. Basta con conocer la causa material y el mecanismo eficiente capaz de alterar un determinado parámetro y el hallazgo resultante, se nos dice, se explica por sí solo. El problema es que el propio Shapiro introduce en su discurso un montón de elementos que reclaman un análisis más profundo en términos de causalidad. Por ejemplo, reconoce en su libro reciente “Evolution:A View from the 21st Century” que los organismos y las células vivientes son entidades “sintientes”, “cognitivas” que actúan de forma finalista para asegurarse la supervivencia, el crecimiento y la proliferación. Por lo tanto, dice Shapiro, poseen capacidades sensitivas, comunicativas, para el proceso de la información y para la toma de decisiones. (pag 142).

Shapiro no nos explica porqué debemos admitir que tales facultades que evidencian una naturaleza teleológica innegable hayan surgido de manera fortuita emergiendo a partir de la materia inanimada. Tampoco tiene claro si tales facultades están en el origen de la emergencia de novedades biológicas y si, quizás, tal proceso de emergencia puede ser acelerado mediante una labor de ingeniería genética bien “inteligentemente” dirigida. Sí nos dice, sin embargo que debemos aceptar que tales mecanismos se activan en presencia de amenazas críticas para la supervivencia los organismos, aunque no aduce razones en favor de su afirmación. Pero eso le permite aventurar, de forma gratuita, que mientras existan modificaciones ambientales que afecten a distintos organismos en su capacidad de supervivencia, seguirán emergiendo por procesos evolutivos, novedades biológicas. Las novedades aparecen sometidas al filtro de la selección natural, nos dice Shapiro, de manera que ésta actúa como depuradora de las novedades emergentes pero nunca como una fuerza creativa.

Shapiro, como viene siendo habitual últimamente, preconiza un acercamiento conceptual al estudio de la realidad y en especial de la vida, de tipo sistémico. Denuncia el reduccionismo dominante en las últimas décadas y se apunta a la necesidad de explicar la realidad según procesos de organización de sistemas complejos, en los cuales, la información como elemento rector debe de tener un papel fundamental, hasta el punto que la nueva perspectiva científica en torno a la vida debería de incluir, según Shapiro, una conjunción interdisciplinar en la que las ciencias de la información tuvieran un papel relevante.

Shapiro anuncia un cambio de rumbo pasando de un proceso gradualista de selección de variaciones fortuitas de ámbito local, a otro descriptible en términos de reestructuración súbita del genoma mediante sistemas sensoriales celulares basados en redes interconectadas. Ello sustituye, añade Shapiro, la explicación causal en términos de “mano invisible” propia del tiempo geológico más selección natural, por respuestas predeterminadas en función de redes cognitivas y funciones celulares para la auto-modificación.

Shapiro ha dado un paso al frente. Sus afirmaciones son rotundas y ponen encima de la mesa una perspectiva novedosa y valiente. Lo que no encontramos a lo largo de la lectura de sus escritos es una sola razón que nos convenza de que una reorganización súbita del genoma de cualquier organismo vivo, producida en función de facultades previas con capacidad para reaccionar de forma aparentemente programada, generando una forma biológica novedosa, de mayor complejidad y exquisita en su armonía funcional y en su belleza, se explique mejor como un hecho puramente “natural”, es decir, no intencional ni provocado, que como el resultado de un proceso inteligentemente diseñado.

11 Respuestas para Pero, ¿cabe una tercera vía? (2)

  1. Tendré que leer a Shapiro para enjuiciar mejor.
    Por lo que cuentas, parece que estamos más bien ante una necesidad de superar los límites o contradicciones que los nuevos conocimientos de la Ciencia evidencia en las explicaciones darwinistas o neodarwinistas conocidas.
    Esto de las terceras vías suele ser siempre poco prometedor cuando no sospechoso.
    No puede darse un “tertium genus” entre el bien y el mal o entre lo justo y lo injusto, y normalmente tampoco entre lo que es verdad y lo que no es verdad.
    La discusión que sugiere la alternativa que intitula este blog es una discusión que no siempre puede mantenerse en los límites de la ciencia experimental, y es inevitable trascender al plano -cuando menos-filosófico. Y quienes dicen proponer explicaciones que se pretenden exclusicamente científicas difícilmente pueden eludir lo que Paul Davies llamaba las “big questions” a las que el físico, el biólogo, el astrónomo no puede escapar, aunque quiera contestarlas desde los instrumentos de la ciencia.
    Me recuerda el planteamiento de Hawking en su último libro en el que cree poder prescindir de la explicación de un Dios Creador porque es capaz de explicar el big bang con las solas leyes de las matemáticas y la fuerza gravitacional.
    La ley de la gravedad lo explica todo.
    Ya, sí, vale. ¿Y quién ha puesto ahí la ley de la gravedad?
    ¿Quién o qué ha “plantado” ahí la información que permite la evolución al modo shapiriano?

  2. No cabe duda de que el libro de Shapiro es de gran interés, pero más por las cuestiones que suscita que por las respuestas que ofrece. Creo que vale la pena dedicarle una atención más minuciosa a muchas de las cuestiones planteadas y es por ello que espero poder ofrecer en las próximas semanas una nueva serie de comentarios sobre la nueva perspectiva de la biologóia que nos anuncia el autor. Realmente no llega aplantear su propuesta en los términos pretenciosos de Hawking ni mucho menos, casi podríamos decir que rehuye en último extremo las “big questions” o se esconde detrás de argumentaciones enormemente frágiles como ya comentaré.

  3. Felipe, necesito que me comentes esto, por favor:
    Hasta ayer no tenía conocimiento de hasta dónde podían llegar los darwinistas. Pero no de un sectario cualquiera, sino de un astrofísico que tuve la desdicha de que me presentara un amigo común, trabaja en seguimiento de satélites artificiales en un centro por la sierra de Madrid. Mi alarma va más allá de que ese sujeto pensara que los multiversos era la respuesta adecuada para el “ajuste fino”.
    Resulta que me aseguro sin pestañear que él estaría dispuesto a sacrificarse en lo que fuera para, no sólo exterminar la especie humana que se va a cargar el planeta (la discusión empezó por lo del supuesto cambio climático), SINO A TODAS LAS ESPECIES VIVIENTES QUE LA EVOLUCIÓN HA FORMADO. ¿El motivo?: el sufrimiento indescriptible causado porque se alimentan unas de otras, y eso, claro, duele.

    Esto va más allá de los darwo-neo-nazis porque éstos se conforman con dominar o exterminar a las razas inferiores, pero nunca en un suicidio masivo como “solución final”.
    Si supiera yo que hay ya grupos de astrofísicos/biólogos darwinistas/etc. conspirando con este fin tendría que ponerlo en conocimiento de la policía para que les hagan un seguimiento.

    Bueno, Felipe, o algún otro ser inteligente ¿me puedes decir si tenías conocimiento de qué clase de “científicos” está criando nuestro sistema educativo?

    Ah. El astrofísico éste no andaba borracho ni drogado cuando me expresó su ideología ultra darwinista.

  4. Pues a mí que un materialista-darwinista sea nihilista me parece coherente.
    Dale a leer a tu amigo el “Goldylocks enigma” de su colega Paul Davies.

  5. Hola creatoblepas.
    Lo que cuentas es realmente paralizante. No cabe duda de que, si lo que decía iba en serio, se trataba de un lunático; y es que en todas las profesiones y en todos los ámbitos hay gente descerebrada, no necesariamente faltos de meritorios títulos académicos. Supongo que es cosa de la evolución, son eventos emergentes acontecidos por azar. No creo que sus singulares convicciones le confieran ventaja adaptativa alguna así que yo tampoco me preocuparía demasiado.
    Un cordial saludo

  6. creatoblepas,
    acabamos de recibir noticias sobre la reciente celebración en San Diego de una conferencia anual (3 días) de la asociación norteamericana de Astrobiología con asistencia entre otros de Paul Davies. Se han debatido principalmente ideas y propuestas en torno al origen de la vida así como el programa SETI para la detección de signos de inteligencia en algún lugar del cosmos, el bichito que vivía con arsénico y otrros temas de interés. Por las referencias que nos han llegado no se ha planteado la propuesta de un suicido colectivo de las formas vivas. Así que de momento, este año libramos.

  7. Amigos:
    No hubiera gastado tiempo describiendo mi encontronazo con el astrofísico que monitorea los satélites de la Agencia Espacial Europea (y piloto de aerolineas) si fuera un lunático o descerebrado. Es una de las personas más tratables y calmadas que he conocido y el amigo que me lo presento me asegura que nunca lo ha visto arrebatado o gritando. Y cuando expuso su doctrina lo hizo con “naturalidad”, tanto que me pensé que estaba echando una broma.

    Yo estoy seguro que tipejos como Dawkins, PZMyers et al. profesan creencias semejantes que sólo expresan a sus íntimos. ¿O hay mucho trecho entre ser un neo-eugenetista y creer que en la tierra sobra gente destruyendo bosques, mares y atmósfera? ¿Y de allí a pensar que también los animales están haciéndose sufrir unos a otros tampoco hay mucho trecho?.

    Este astrofísico no es un simple nihilista, sino un ULTRA nihilista. Pero parece que no hay muchos así según me decís. Eso espero

  8. Mi interés es la conciencia. El área que este cientificismo recalcitrante nunca podrá alcanzar a explicar. Sin embargo, dado el conjunto de comentarios que he leído aquí, concluyo que mis impresiones al respecto son semejantes a las suyas.

    No soy biólogo y tampoco filósofo, pero recientemente leí un libro que me ha dejado pasmado: “La Darwinización del Mundo”, escrito por el filósofo Carlos Castrodeza. El hombre sin duda es inteligente y está bien informado, pues ha trabajado en diversos proyectos relacionados con biología en las esferas importantes de la ciencia.

    Me preocupa mucho que las conclusiones prematuras argumentadas en este libro (y seguramente en muchos otros) estén conformando una ideología con bases “científicas”. Entre otras me entero que hay quien justifica una violación por razones “adaptativas”.

    Mucho agradecería que alguien sensato me compartiera su opinión al respecto. Mucho más si conoce al autor.

  9. pk2r
    No he leído el libro que mencionas pero en todo caso Castrodeza es un entusiasta de la figura de Darwin a quien considera uno de los grandes genios de la Humanidad.
    La darwinización hace referencia, como has podido leer a la impregnación del darwinismo de todas las esferas del pensamiento la ciencia y la cultura. Supone una cosmovisión que viene a sustituir a la cristianización de las sociedades occidentales en los siglos pasados.
    En efecto, esta darwinización tiene consecuencias muy importantes, supone el rechazo de la dimensión de moralidad del ser humano la reivindicación de la eugenesia, la pérdida del sentido del libre albedrío y por lo tanto del sentido de la responsabilidad, o la concepción de la conciencia como un simple estado cerebral.
    En definitiva la darwinización nos lleva a profundas contradicciones existenciales.

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