Pero, ¿cabe una tercera vía? (1)

Felipe Aizpún

En recientes comentarios hemos podido ver cómo algunos autores se postulan últimamente como una tercera vía en contraposición al modelo darwinista de la evolución biológica y a las propuestas esgrimidas por los partidarios del DI. Tal era el caso de James Shapiro y su alternativa de mecanismos evolutivos por un lado y de Jesper Hoffmeyer y su perspectiva semiótica por otro. Pero, ¿qué significado podemos atribuir a estas propuestas?, ¿tiene realmente sentido hablar de una tercera vía?

Una tercera vía es una explicación alternativa a un objeto en estudio, a un dato de la realidad que precisa ser esclarecido. Es necesario por lo tanto definir en primer lugar cuál es el hecho a explicar por el que las dos alternativas que se pretende descartar compiten como solución explicativa. El darwinismo se nos presenta corrientemente como una alternativa científica que nos propone un mecanismo de cambio de las formas vivas. Sin embargo no es ahí donde contiende con el Diseño Inteligente. El DI no pretende aportar mecanismos de cambio alternativos sino que se refiere a las causas y a la búsqueda de explicaciones al enigma de la emergencia de las formas biológicas y la complejidad de sus estructuras funcionales. También el darwinismo tiene en última instancia el propósito de aportar conclusiones en relación a las causas últimas del cambio y al sentido finalista o no, del proceso evolutivo. Es en este ámbito de análisis de la realidad, en el ámbito de las causas últimas de un hipotético proceso evolutivo, donde compiten como explicación alternativa.

En 2007 Francisco J. Ayala publicaba en la revista PNAS un artículo enormemente revelador titulado “Darwin´s Greatest Discovery: design without designer”, y en el que pretendía otorgar a la obra de Darwin un valor filosófico más que científico. Ayala intentaba así desviar la atención de la falta de consistencia científica del darwinismo al presentarlo, no como una propuesta estrictamente científica, sino como una aportación de tipo filosófica, lo que pretendidamente, resiste mejor las críticas rivales basadas en la inconsistencia de las verificaciones empíricas de la propuesta. Ayala se manifestaba explícitamente en este sentido en el trabajo y añadía algo que no puede sino sumirnos en el desconcierto y la estupefacción: que para Darwin, de hecho, encontrar evidencia científica que soportara su tesis era una preocupación secundaria. Y añadía el siguiente comentario: “”El origen de las especies” es, más que ninguna otra cosa, un constante esfuerzo para resolver el problema de explicar el diseño de los organismos, su complejidad, diversidad y maravillosa organización como resultado de procesos naturales. Darwin saca a colación la evidencia de la evolución porque la evolución es una consecuencia necesaria de su teoría de diseño”.

Por lo tanto, la primera alternativa queda perfectamente definida, el evolucionismo darwinista es, por encima de todo, una propuesta que se puede enunciar como “DISEÑO SIN DISEÑADOR”. A recalcar que la existencia objetiva de diseño y de complejidad funcional no se discute, es un hecho tan obvio que no merece ser cuestionado. El desafío es explicar su origen.

Frente a esta primera alternativa recordémoslo, el DI es la teoría que propugna que la existencia de diseño y los rasgos de complejidad especificada propios de los seres vivos se explican de forma más razonable como el fruto de la acción de una causalidad inteligente. En definitiva, propone la explicación alternativa que podemos definir como “DISEÑO CON DISEÑADOR”.

Volvamos por lo tanto a la cuestión que daba origen a este artículo: entre las opciones de DISEÑO CON DISEÑADOR y DISEÑO SIN DISEÑADOR, ¿cabe una tercera vía? Obviamente no, el título de este blog no se ha elegido al azar. ¿Qué, es por lo tanto, lo que nos proponen Shapiro y Hoffmeyer en sus trabajos?

Básicamente lo que estos autores nos proponen son dos cosas. Por un lado el reconocimiento sin condiciones de que el modelo gradualista y adaptacionista del neo-darwinismo tradicional es un modelo fallido. Sin paliativos. No responde a lo que la ciencia nos viene mostrando desde hace décadas como datos y evidencias derivadas del estudio y la observación de la Naturaleza. Además, ambos reconocen que las críticas al darwinismo esgrimidas en el ámbito estrictamente científico por los autores afines al movimiento del DI son correctas. En el caso de Hoffmeyer además, se reconocía que la reivindicación de inferencias de diseño de origen inteligente son más que comprensibles y que corresponde a los científicos que las rechacen arrostrar la carga de la prueba. Por otro lado, lo que quieren “vendernos” es que, a pesar de ello, las consecuencias filosóficas del darwinismo pueden mantenerse sobre la base de los nuevos mecanismos de cambio biológico de los organismos vivos “descubiertos”.

Lo que tenemos que tener bien claro es que no se trata en absoluto de una tercera vía, sino de una nueva base argumentativa para seguir respaldando la primera de las vías analizadas, el DISEÑO SIN DISEÑADOR. Shapiro, en su artículo de 2010 “Mobile DNA and evolution in the 21st century” no duda en calificar las propuestas del diseño inteligente como de oscurantismo anticientífico. Pero, ¿nos ofrece verdaderamente argumentos para creer que los procesos evolutivos se hubiesen producido de forma natural, es decir, fortuita y no guiada hacia una finalidad extrínseca?

Básicamente los trabajos de Shapiro se han centrado en lo que se ha dado en llamar ingeniería genética natural y por lo tanto en el reconocimiento de los mecanismos hipotéticos de cambio basados en repeticiones, deleciones, transposiciones y en definitiva, eventos de profunda reorganización de los genomas, incluido el que ya se viene señalando desde hace algún tiempo como la estrella protagonista de la historia evolutiva, los episodios de transferencia genética horizontal (TGH). En definitiva, y con olvido de lo que en su día fuese el Dogma Central de la Biología, el genoma ha dejado de ser un emisor único de información para convertirse en una memoria de doble lectura, capaz de incorporar y proyectar información y susceptible de recoger los efectos de procesos de adaptación y reacción a las circunstancias cambiantes del entorno. Shapiro es consciente del papel esencial de la información en el funcionamiento genético de los organismos vivos pero no nos aporta argumentos convincentes que nos hagan sentir que una explicación naturalista sea más razonable que una explicación “inteligente”.

La fuerza del argumento darwinista a favor de una historia puramente naturalista radicaba en el punto de partida de su discurso: la existencia de mecanismos observables de cambio en los seres vivos a nivel de microevolución y la extrapolación de un dato de la realidad cierto a una hipótesis ambiciosa pero creíble. Se apoyaba (pretendidamente) además en la historia de largos siglos de experiencia en la cría de ganado o el cultivo agrícola y en la contrastada experiencia de la capacidad de los criadores para ir seleccionando determinados rasgos o caracteres deseables en los organismos vivos. El resto, ya lo sabemos, una extrapolación arbitraria que, a lo largo de los años, hemos podido constatar carente de fundamento y de rigor.

El problema es que las alternativas que se nos ofrecen carecen incluso del sostén del que inicialmente gozaba la historia de Darwin. Lo que ahora se nos ofrece no es una proyección de observaciones bien establecidas sino más bien conclusiones inferidas por mecanismos lógicos invertidos que deben ser revisados en profundidad. No es que hayamos descubierto los mecanismos que realmente provocan el cambio evolutivo. No hemos observado el cambio que hace emerger nuevas especies ni nuevas estructuras funcionales; no es que hayamos verificado la evolución en acción e identificado los procesos biológicos que la producen. Lo que ocurre es, simplemente, que hemos conocido la naturaleza de las diferencias entre los genomas de las distintas especies y como consecuencia hemos comprendido que tales diferencias no podían haberse conformado por los mecanismos de mutación aleatoria y acumulación de diferencias en el tiempo que propugnaba la ortodoxia tradicional. Las diferencias que observamos son de otra naturaleza. Hemos podido constatar que la teoría neo-darwinista, basada en la especulación y construida a golpe de prejuicio ideológico, carecía de base científica más allá del ámbito de la emergencia de variedades en torno a una misma forma sustancial.

Como consecuencia de nuestras observaciones hemos concluido que las diferencias que presentan unas y otras especies supuestamente antecesoras tienen que haberse establecido según eventos que se correspondan con la naturaleza de tales diferencias. Por ejemplo, si determinadas especies alejadas en el esquema tradicionalmente admitido del árbol de la vida según sus similitudes morfológicas, presentan identidad de determinadas secuencias genéticas no presentes en un supuesto ancestro común, asumimos que la coincidencia se debe a un evento de tipo TGH y convertimos arbitrariamente a este mecanismo en un agente evolutivo de primer orden. Pura especulación. (continuará)

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