Nature´s IQ: Un libro sobre el enigma de los instintos animales

Por Felipe Aizpún

El enigma de los instintos animales no ha encontrado nunca una explicación satisfactoria en el seno del paradigma darwinista, ni antes ni después de la “síntesis moderna”. El propio Darwin ya dejó claro en  “El Origen de las Especies” que carecía de explicación para los mismos. Sin embargo, en un alarde de osadía intelectual sin parangón en la historia científica, tanto él como sus seguidores han dado por hecho que su aparición por mecanismos puramente fortuitos y su preservación por selección natural, no podían ser puestos en duda.

No es la primera vez (ni será la última) que en esta página nos ocupamos de tan intrincado asunto. Los animales se comportan de manera instintiva según patrones de conducta que a menudo se concretan en soluciones técnicas o constructivas de una perfección matemática inalcanzable para el propio ser humano. Construyen nidos, presas, panales geométricamente impecables, se desplazan en hábitats desconocidos por rutas inexplicablemente exactas, se adaptan al medio y se relacionan con él y con otros animales según pautas de conductas jamás aprendidas pero exquisitamente ajustadas a sus necesidades.

No es de extrañar que a muchos, estas características sorprendentes de la vida animal les impulsen a preguntarse por su origen y su naturaleza, más allá de la simple constatación del fenómeno y de su aceptación en el modelo darwinista con un resignado encogimiento de hombros. Ese es el caso de los autores del libro que hoy les presentamos: Nature´s IQ (http://www.naturesiq.com/) de los autores húngaros  Istaván Tasi y Balázs Hornyánszky. En él, los autores, de la mano de un despliegue fotográfico extraordinario, nos muestran, a través de 200 instantáneas tomadas del apasionante mundo animal, más de 100 ejemplos de comportamientos de animales que, en su opinión, no pueden ser explicados según el modelo imperante en la biología contemporánea: es decir, como resultado de un proceso evolutivo por mutaciones fortuitas y selección natural.

Tasi y Hornyánszky consideran que también los modelos de conducta animal y su coordinada adaptación a sus específicas características morfológicas y al propio medio en el que se desenvuelven constituyen sistemas irreduciblemente complejos y que en ningún caso pueden ser justificados como el resultado de un proceso gradual de acumulación de novedades emergentes. Los autores húngaros proponen sin tapujos que el origen de las conductas instintivas animales se explica mejor como producto y reflejo de una inteligencia ordenadora que por causas estrictamente naturales.

En la página web señalada se presenta el libro y sus autores y es posible también acceder a la lectura de alguno de sus apasionantes artículos magníficamente ilustrados, como es el caso del dedicado al extraordinario megápodo ocelado conocido como “malleefowl”, un ave australiana único representante del género Leipoa y que se tiene por el ave que construye el nido de mayor tamaño entre todas las existentes. En realidad se trata de una excavación sorprendente en el terreno en la que construye una cámara de incubación para los huevos que se mantienen a una temperatura constante de unos 33ºC merced a las aperturas de canales para el aire en la tierra que cubre dicha cámara. Así, el macho va controlando la temperatura con una precisión sorprendente removiendo el terreno en la forma más conveniente hasta conseguir una temperatura permanente en la cámara de incubación con alteraciones no superiores a 2 grados centígrados a pesar de las fuertes diferencias de temperatura diurnas y nocturnas propias de la zona.

El sistema de incubación es absolutamente prodigioso. A lo ya mencionado hay que añadir la supervivencia instintiva de las crías al salir del cascarón que “saben” que deben excavar hacia la superficie al encontrarse encerrados en una cámara de incubación subterránea. Pretender explicar este capricho de la Naturaleza como una conquista evolutiva fruto de algún tipo de ventaja adaptativa que mejorase la tasa de supervivencia de los ejemplares de una especie antecesora es un auténtico chiste. En definitiva se trata de un ejemplo (uno entre los más de 100 que presenta el libro) de los que hicieron en su momento escribir al propio Charles Darwin lo siguiente:

“Muchos instintos son tan maravillosos que su desarrollo probablemente parezcan para el lector una dificultad bastante para derrocar toda mi teoría”

No le quepa duda, Mr Darwin; no le quepa duda.

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