La Metafísica de la Física Cuántica (pero no se asusten) 1

Felipe Aizpun Función de onda de un electrón de un átomo de hidrógeno

Los escritos de Massimo Pigliucci pocas veces decepcionan. No solamente es un pensador de gran talento si no que además tiene el buen tino de proponer cuestiones de interés actualizado y de reflexionar sobre aquellas cosas que verdaderamente importan y afectan a elementos esenciales del debate más importante que ocupa a nuestra clase intelectual: el debate sobre los orígenes y la justificación última de la realidad. Quisiera traer hoy a nuestra reflexión periódica un artículo reciente publicado en su blog “Rationally Speaking” bajo el título de “Acerca del reduccionismo fundamentalista”. Una de las características principales de sus posiciones es su comprensión de la naturaleza filosófica (y no únicamente científica, como quisieran muchos) del mencionado debate y la necesidad de una interconexión entre ambas disciplinas. Por eso manifiesta en el citado artículo la importancia de que los estudiosos de la metafísica entiendan y asuman los avances de la ciencia y en especial de la física moderna (algo que según Pigliucci es mucho menos habitual de lo que cabría esperar). No lo reclama de forma expresa, pero podría añadirse, la importancia de que los físicos comprendan la naturaleza y el peso de los condicionantes metafísicos de sus propuestas e interpretaciones de la realidad. Algo también menos habitual de lo deseable habida cuenta de la proliferación de iluminados en los últimos tiempos (véase el caso reciente de los libros de Hawking o Lawrence Krauss proclamando la posibilidad de explicar la emergencia del Universo a partir de la nada y despreciando de manera explícita el conocimiento filosófico). El propio Pigliucci se exaspera ante tamaño dislate como podemos ver aquí.

El artículo al que nos referimos, en torno al reduccionismo fundamentalista, trata de la incidencia de los descubrimientos de la física cuántica sobre el modelo de explicación de la realidad que ha venido imperando en los últimos tres siglos, desde el advenimiento de la modernidad y la Ilustración y las conclusiones comprometidas a que tales descubrimientos han llevado a algunos de nuestras más ilustres cabezas pensantes. Pero antes de comentar un asunto de cierta aridez como éste, vale la pena que hagamos una pequeña introducción teórica para mejor comprender el comentario de Pigliucci, y consecuentemente la crítica que del mismo resulta pertinente realizar.

La búsqueda y el avance en el conocimiento humano se desarrolla en el seno de un modelo explicativo de la realidad, y dicho modelo tiene necesariamente dos dimensiones que deben complementarse, una estrictamente científica que nos cuenta cómo son las cosas y cómo se comportan, y otra filosófica que nos presenta hipótesis sobre “qué” son esas cosas y nos intenta justificar su existencia y el sentido del cambio observado en dicha realidad.

Pues bien, el modelo científico heredado de la revolución intelectual de los últimos siglos no es otro que el modelo iniciado por Galileo y consagrado por la mecánica de Newton. Básicamente viene a explicarnos el mundo como un gran mecanismo gobernado de forma determinista por leyes inamovibles. El estado inicial, cualquiera que fuese su origen o causa, implica la existencia de una base material elemental (es esencialmente atomista) y dicha materia fundamental tendría la capacidad de agruparse bajo el gobierno de las mencionadas fuerzas naturales para conformar las entidades corpóreas conocidas. Cada evento determinista podría ser predicho conocidas las circunstancias inmediatamente anteriores. Un estado inicial, y las leyes naturales, constituyen la referencia explicativa suficiente de todo lo existente.

Al mismo tiempo, este modelo viene armoniosamente encuadrado en una ontología y en una filosofía de la ciencia, propagadas principalmente por los trabajos y propuestas de Descartes (racionalismo francés) y Bacon (empirismo anglosajón), sintetizados posteriormente por la filosofía de Kant. Esta concepción filosófica es, en primer lugar, básicamente nominalista, no considera la existencia real (fuera de la mente del observador) de los universales y por lo tanto se desentiende de la “esencia” de las cosas. Es profundamente reduccionista porque sostiene que todo lo existente puede en última instancia explicarse como agrupación, composición o interacción derivada de los elementos últimos en los que se pueden (o se cree que se podrían) descomponer los entes corpóreos. Este reduccionismo incluye también a los “naturalistas moderados” es decir, autores que conceden la naturaleza diversa de la mente y la conciencia con relación al sustrato material del ente biológico pero que predican algún tipo de emergentismo que consagra en último extremo la prioridad ontológica de la materia sobre el intelecto. Finalmente es un modelo estrictamente mecanicista, es decir, que pretende que la realidad se explica suficientemente a partir de sus estados iniciales y por causas estrictamente eficientes, dejando de lado cualquier perspectiva formal o finalista, hasta entonces elementos esenciales en la metafísica tradicional.

La ontología del modelo es de origen básicamente cartesiano y descansa sobre la bifurcación conceptual instaurada por Descartes entre “res extensa” y “res cogitans”. Recordemos que esta bifurcación va mucho más allá de una mera distinción entre las facultades mentales o la condición racional del ser humano y el sustrato físico o biológico de los entes corpóreos. La res extensa es, en la concepción cartesiana, una materialidad vacía de datos perceptibles, de características o cualidades específicas. Éstas, las características accidentales o susceptibles de percepción sensorial, constituyen atributos que residen en último extremo en la “res cogitans”, es decir, en el sujeto observador. Descartes nos ofrece así por tanto, en armonía con el resto de perspectivas del modelo, una realidad “des-esencializada”.

Es oportuno anotar que la teoría darwinista de la evolución es un exponente fiel y certero de este modelo explicativo del mundo natural. Es una teoría que participa del nominalismo más estricto, es esencialmente reduccionista y mecanicista y su principal argumento se apoya en el rechazo pleno de la teleología que, sin embargo, parece desprenderse del conocimiento de los seres vivientes, reivindicando la condición meramente aparente del diseño que los caracteriza. En definitiva, una teoría perfectamente fiel al espíritu científico y filosófico de su tiempo y, como muchos han señalado, igualmente al espíritu y sensibilidad política propias de la Inglaterra victoriana.

Pues bien, lo que Pigliucci señala en su artículo es que los avances de la física cuántica en el último siglo han puesto en evidencia lo inadecuado del modelo, y que los intentos de encajar las nuevas observaciones en el mismo conducen a conclusiones o interpretaciones de la realidad poco satisfactorias. Por una parte debemos recordar que algunos aspectos de la realidad como la autoconsciencia o el libre albedrío resultaban ya difícilmente explicables en el paradigma dominante. Por el contrario, el descubrimiento de una dimensión cuántica de la realidad material venía ofreciendo, en opinión de muchos autores (entre ellos y muy especialmente el eminente científico Doctor Henry Stapp), una concepción del mundo material capaz de acomodarse no sólo a las nuevas observaciones, sino de justificar de forma más convincente esas características específicas de nuestra condición humana que no encontraban acomodo en el tradicional modelo mecanicista y determinista que surgía de la física de Newton.

Lo que la física cuántica nos muestra es principalmente que la búsqueda de los reductos últimos de la materialidad nos aboca al encuentro de un submundo en el que la materia y la energía se confunden en último extremo escapando a nuestra capacidad de aprehensión, y nos abre la puerta a un sustrato de naturaleza difícil de “percibir” pero susceptible de ser definido y descrito mediante estructuras matemáticas y que elude el determinismo tradicional de la materia en relación a las leyes físicas que rigen el mundo macroscópico. Los eventos cuánticos, en última instancia, se mueven en un ámbito de imposible predicción; en la mecánica cuántica, el avance de la física nos conduce a la constatación de la necesidad, paradójicamente, de una perspectiva “meta-física”. La realidad material en su descomposición elemental trasciende los límites de la condición estrictamente corpórea, escapa a la constricción espacio-temporal de la física tradicional y elude la posibilidad de ser encerrada en los límites de nuestro conocimiento científico. No se trata en absoluto de una hipótesis aventurada desde la ignorancia, sino de una convicción impuesta precisamente como conclusión necesaria del propio avance en el conocimiento experimental.

Dice Pigliucci: “Lo que la moderna física nos dice es que no hay cosas, simplemente hay estructuras, o para ser más precisos, que las estructuras son ontológicamente prioritarias con relación a lo que llamamos cosas”. Según esta formulación, ni siquiera las partículas subatómicas serían reales en el sentido en que habitualmente entendemos este concepto, si no que todo lo conocido y experimentable descansa sobre un soporte susceptible de ser representado matemáticamente, lo que nos transporta, señala Pigliucci, 25 siglos atrás, al modelo platónico del universo matemático.

Esta priorización del sustrato matemático de la realidad en el que desemboca la física cuántica conduce, como consecuencia del reduccionismo dominante y de la ontología que acompaña indefectiblemente a dicho modelo desde hace tres siglos, a lo que Pigliucci ha denunciado como reduccionismo fundamentalista, es decir, el intento de presentar el reducto matemático último de la descomposición del Universo material como base o explicación de todo conocimiento racional de la realidad, hasta el punto de desentenderse del peso de la existencia real de las cosas que nos aportan la evidencia empírica más inmediata. El sustrato matemático, nos dice Pigliucci, existe desde luego en la base del mundo material, pero eso no quiere decir que las cosas que observamos sean una mera ilusión; son por el contrario plenamente reales, cualquiera que sea su relación causal con el universo de los fenómenos cuánticos.

Pigliucci cita la afirmación del físico Lee Smolin: “El Universo está hecho de procesos, no de cosas”, para refutarla como un error categorial. El Universo, nos dice Pigliucci, está hecho de procesos y de cosas, y la tarea de la física, o de la metafísica, no es en absoluto pedirnos que nos olvidemos de las cosas porque los procesos sean ontológicamente previos. Su función es, en cambio, explicarnos qué significa que los procesos puedan desempeñar tal función, y cómo pueden las entidades corpóreas que conocemos surgir a partir de una estructura des-localizada pero matemáticamente descriptible.

Los objetos, y los individuos están aquí para quedarse, independientemente de si son el producto de objetos más pequeños o de relaciones matemáticas.

Lo cuál está muy bien, y pone de manifiesto una vez más el buen criterio y la sensatez de Pigliucci llamado a estar permanentemente reconviniendo a sus correligionarios materialistas por los excesos a los que les conducen sus convicciones si son llevadas coherentemente hasta el final. Pero una vez más y como siempre, Pigliucci hace gala de esa “discreta inconsistencia” a la que nos hemos referido en diversas ocasiones. Pone de manifiesto la incapacidad del modelo físico dominante para explicar amplios aspectos de la realidad y pone de manifiesto igualmente la inconsistencia del modelo metafísico contemporáneo para explicar acertadamente la esencia ultima de lo real. Pero, como siempre, carece de explicaciones alternativas que, desde el respeto a sus convicciones (prejuicios) filosóficos naturalistas pueda ofrecer justificaciones suficientes de la realidad. Pigliucci no tiene rival señalando los fallos y las incongruencias de sus correligionarios materialistas, pero carece de explicaciones razonables con las que sustituir las inconsistencias de sus amigos.

En definitiva, lo que necesitamos es una ontología que se acomode a la realidad de una física cuántica que también ha venido para quedarse y que está pidiendo a gritos una revisión profunda de los esquemas filosóficos que han caracterizado el avance en el conocimiento racional de los últimos siglos. Pues bien, algunos consideran que esa ontología que buscamos está mucho más cercana de lo que habríamos imaginado. Tal es el caso del físico y filósofo Wolfgang Smith, un tipo verdaderamente interesante cuya obra, poco conocida, nos depara sorprendentes reflexiones como las que vamos a comentar en el próximo artículo. (continuará)

55 Respuestas para La Metafísica de la Física Cuántica (pero no se asusten) 1

  1. El asunto de que la realidad pueda representarse matemáticamente es algo que me fascina. Hace poco puse en mi blog tres posts sobre este tema:

    http://los-fallos-de-darwin.blogspot.com.es/2012/04/la-irrazonable-efectividad-de-las.html

    con unos artículos bastante conocidos de Wigner, Hamming y una conferencia de Feynman hablando sobre esto mismo.

    La gente no lo encuentra increíble porque es algo a lo que está acostumbrada o lo da por hecho. Pero el día en que uno se para a pensar sobre eso, resulta increíble.

  2. Sería muy extenso reflejar todo lo que está mal pero digamos que es falso que “escape a nuestra capacidad de aprehensión” la existencia de la teoría demuestra que se puede aprehender y comprender; también lo es que los “eventos cuánticos se mueven en un ámbito de imposible predicción” antes al contrario los resultados predichos por la teoría se ajustan a la realidad mejor que cualquier otra teoría que haya existido en física; también es falso que “escape a la constricción espacio-temporal de la física tradicional”, explica porque funciona la física tradicional que se ha convertido en una aproximación práctica; también es falso que “elude la posibilidad de ser encerrada en los límites de nuestro conocimiento científico” de hecho la teoría cuántica ha sido desarrollada desde el conocimiento científico y se ajusta tan perfectamente a él que es la teoría más coherente que nunca ha existido … y hay más, muchos más; si quiere conocer de verdad la teoría hay libros de divulgación escritos por físicos que conocen algo mejor la teoría que sus filósofos … Digamos por ejemplo: Ramon Lapiedra “Las carencias de la Realidad. La conciencia, el Universo y la mécanica cuántica”, Steven Weinberg “El sueño de una Teoría Final”, Bruce Rosenblum y Fred Kuttner “El enigma cuántico”, …

  3. Cayetano

    Si mi artículo comenta que la física cuántica representa un salto importante en la comprensión del mundo material, y que las observaciones que constituyen la base de la moderna teoría de la física no podían ser explicadas por el modelo de la mecánica de Newton, ¿cuál es el problema?
    La física cuántica nos enfrenta a un mundo en el que la unidad elemental de lo material ya no son partículas (dualidad partícula, función de onda)y en el que el principio tradicionalmente asumido de localidad de los entes materiales ya no se sostiene, (teorema de Bell), o en el que la desintegración de un núcleo atómico no es predecible según los modelos de la mecánica tradicional…
    Yo me limito a contarlo, insisto ¿cuál es el problema?
    A partir de ahí, algunos autores ofrecen sus interpretaciones de las observaciones y sus implicaciones filosóficas. Tal es el caso de Pigliucci, o de Wolfgang Smith (un físico de formación y profesión y un muy competente filósofo al mismo tiempo) que veremos en un próximo artículo. Se puede argumentar en torno a tales interpretaciones y seguro que nuestros lectores estarán encantados de compartir tus opiniones al respecto. Por ejemplo si estás o no de acuerdo con Pigliucci en su crítica al reduccionismo fundamentalista de muchos de sus colegas y porqué.

  4. Yo no he puesto objeciones a la afirmación de que la teoría cuántica explica observaciones que no podían ser explicadas por la mecánica de Newton, he señalado unas cuantas afirmaciones como incorrectas pero está no está entre ellas …

    Antes que la física cuántica la teoría de la relatividad ya había terminado con la dualidad materia-energía, esto no es nuevo, pero la realidad de los entes materiales sigue sosteniéndose ya que, sean sus constituyentes esenciales partículas u ondas, materia o energía, la física newtoniana sigue siendo perfectamente correcta en determinadas condiciones, las mismas en las que era correcta antes de que aumentara nuestro conocimiento de lo muy pequeño; la realidad no varía con nuestro conocimiento u opiniones, por eso es importante que nuestro conocimiento se fundamente en la realidad y no en la imaginación.

    El hecho de que algo no sea predecible según los modelos de mécanica tradicional sólo significa que no es predecible según los modelos de mecánica tradicional, no que no sea predecible: “La mecánica cuántica es la teoría más correcta de todas la ciencia. Una prueba extrema es el cálculo de la «razón giromágnetica del electrón» con una precisión de una billonésima. Medir algo con tanta exactitud es como medir la distancia de un punto en Nueva York a un punto en San Francisco con un margen de error menor que el grosor de un cabello humano. Pero se hizo, y la predicción de la teoría dio en el clavo.” [Bruce Rosenblum y Fred Kuttner “El enigma cuántico” pg. 104]

    En cuanto al asunto de Pigliucci (al que yo no he leído) la función de onda es real, tan real como lo era antes de que Schrödinger inventará el concepto, hay a quién le parece el hablar de ondas le autoriza inmediatamente a pensar que no es algo real, bueno, supongo que no han estado nunca cerca de una explosión o expuestos al sol de la playa o en una discoteca con la musica a todo volumen o …

  5. Reduccionismo. Ésa es la cuestión.
    Como dice Peacocke en “Reductionism in Academic disciplines” (citado por Michael Poole en “Reductionism: Help or Hindrance in Science and Religion?”):
    “Debido al éxito del reduccionismo metodológico como un procedimiento para la investigación, muchos científicos, que encuentran esos métodos necesarios y exitosos, llegan a ver las entidades que están estudiando como “nada más que” sus componentes. Los sistemas biológicos desde este punto de vista no son “nada más que” patrones complejos de átomos y moléculas. Ciertamente, todos estamos de acuerdo en que se componen de átomos y moléculas. Sin embargo, muchos concluyen, y este es un cambio significativo, que no hay nada más que valga la pena decir.”
    Añade Poole que cuando se pretende que los sistemas complejos pueden ser descritos en términos de sus componentes y se añade que al hacerlo, TODO LO QUE VALE LA PENA DECIR ACERCA DE ELLOS QUEDA DICHO, entonces estamos ante un reduccionismo no ya metodológico sino ante un reduccionismo ontológico.
    Y concluye: “Esto va mucho más allá de ser un principio metodológico. Es una posición filosófica no generada por ese principio, es una creencia metafísica, por lo que a veces se conoce por el nombre alternativo de reduccionismo metafísico. Las palabras “ambar” que advierten del reduccionismo ontológico son términos como “simplemente”, “sólo”, “únicamente” y, en especial”, “nada más que”, y por ello, el fallecido Donald Mac Kay llamó al reduccionismo ontológico “nadamásqueísmo” (“nothing-buttery”).”
    Poole explica cómo daña este “nothingbuttery” a la misma ciencia, y se pregunta también cómo afecta a la relación entre ciencia y religión.
    Y termina: “Sólo cuando la fructífera herramienta científica del reduccionismo metodológico se contamina con la noción metafísica del “nadamasqueísmo” surgen tensiones con la religión. Sin embargo, tal reduccionismo ontológico no forma parte de la misma ciencia. El lugar que ocupa entre sus practicantes no se debe a que sea inherente a la ciencia, ni a que la ciencia conduzca a él, sino a que fue introducido de contrabando desde el principio del debate.”
    [El ensayo de Poole, publicado en Ciencia y Fe en diálogo. Documentos Faraday volumen II, Fliedner Ediciones, de la Fundación Federico Fliedner, Madrid, 2012.]

  6. Post scriptum.
    Cayetano: o sea, que, sin saberlo, filosofas. Como el que habalaba en prosa sin proponérselo ni advertirlo.

  7. Cayetano
    Me desconcierta tu último comentario ya que básicamente no veo ninguna contradicción con lo que yo he traído a colación en mi artículo. Lo que sí veo cierta contradicción con tus propios comentarios en otros post; por ejemplo tu reivindicación de eventos cuánticos como “demostración” de la existencia del azar por un lado y la exacta capacidad predictiva de la mecánica cuántica que aquí exaltas por otro. Hombre, ni lo uno ni lo otro, al fin y al cabo, el problema de la medición es el problema central de la física cuántica y el que perturba el determinismo intrínseco de los sistemas…
    De todas formas no ha sido mi intención polemizar sobre física cuántica sino simplemente limitarme a comentar algunos hechos que representan una novedad en relación a un modelo tradicional que resulta insuficiente para explicar la realidad. Lo que pasa es que la realidad que ahora descubrimos a través de la física cuántica no solamente exige nuevos modelos científicos que den cuenta de ella sino también nuevas perspectivas filosóficas que nos ayuden a entender, además de “cómo” se comportan las cosas, “qué” son las cosas.
    Esto no es una manía recurrente mía, la física cuántica presenta una diversidad de interpretaciones científicas (la de Copenhage, la de Bohm, la de von Neumann, la de multiversos etc.) unas son básicamente deterministas, otras indeterministas, otras ni fu ni fa, y por supuesto, exige también una ontología apropiada que nos ayude a entender mejor lo que observamos.
    Por eso, insisto, ¿cuál es el problema?
    Quizás es que no me he expresado con claridad, o que no hayas entendido bien lo que expongo. Por ejemplo, Pigliucci no dice que las ondas no sean reales, simplemente protesta de que algunos colegas parecen decir que las cosas corpóreas no son reales, que no es lo mismo…

  8. Me parece un error la propuesta de Pigliucci. Que los metafisicos estudien ciencia no es la solución. Modelos metafisicos de la realidad hay varios desde la época de los griegos. De hecho, la mecanica cuantica dices te acerca a uno de Platón. Mucho mejor para la humanidad sería que los científicos estudien metafísica (o al menos epistemología) entonces limitándose a la Ciencia producirían mejores resultados.

  9. No veo la contradicción, existe el azar y está demostrado que existe y también se puede demostrar que la mecánica cuántica es perfectamente capaz de hacer predicciones que se pueden comprobar como verdaderas, son dos hechos. En cuanto al problema de la medida: “¿que es lo que podemos llegar a conocer sobre un sistema cuántico? En cuanto al estado del sistema, podemos predecir su evolución futura si conocemos el estado inicial. Para que podamos hacer semejante predicción hace falta, como mínimo, que durante esa evolución no se realice ninguna medida sobre el sistema” [Ramon Lapiedra “Las carencias de la Realidad. La conciencia, el Universo y la mécanica cuántica” pg. 41] y esto es así porque al medir estamos interactuando con la función de onda, es como poner una raqueta para medir la trayectoria de una pelota de tenis … no podremos seguir midiendo porque hemos alterado su trayectoria sólo que, en este caso, “… no es que no se puedan encontrar, es que no existen los antecedentes cuyo conocimiento nos permita prever con certeza el resultado de un acto de medida” [Ramon Lapiedra “Las carencias de la Realidad. La conciencia, el Universo y la mécanica cuántica” pg. 47] Osea que no es que no se pueda medir sino que el acto de medida, en si, altera la función de onda.

    Bueno, ya he especificado que no he leído a Pigliucci por lo que puede que me equivoque pero la cita “Lo que la moderna física nos dice es que no hay cosas, simplemente hay estructuras, o para ser más precisos, que las estructuras son ontológicamente prioritarias con relación a lo que llamamos cosas” no me sugiere eso que usted explica sino más bien que existe una estructura subyacente más allá de la propia onda o de la propia energía (que es lo que nosotros percibimos como cosas) y no se puede afirmar
    que la estructura sea la que forma la onda sino la onda la que posee una estructura que queda definida por la previa existencia de la onda (energía o cosa).

    En cuanto a la alusión de Fernando, yo no tengo ningún problema con la filosofía el problema es cuando se pretende demostrar filosofando lo que puede y debe ser demostrado en la realidad. En cuanto a la religión es precisamente lo contrario a la ciencia y tienen necesariamente que surgir tensiones cuando la realidad no se ajusta a lo que algunos hombres han imaginado y transmitido como dogmas inmutables e intocables; no es un problema de la ciencia es un problema de desajuste entre la religión y la realidad pero afecta a la ciencia en la medida en que las religiones tengan poder para imponer su censura.

  10. Blas,
    de acuerdo, y de hecho Pigliucci es un ardiente defensor de que los científicos conozcan y valoren la dimensión filosófica del conocimiento racional

  11. Cayetano
    de acuerdo con la cita de Ramón Lapiedra; a eso exactamente me refería al hablar del problema de la medida.
    En cuanto a lo que dice Pigliucci, por supuesto estamos todos para opinar…

  12. Cayetano

    “no es un problema de la ciencia es un problema de desajuste entre la religión y la realidad pero afecta a la ciencia en la medida en que las religiones tengan poder para imponer su censura.”

    Lo mismo que dices se puede decir del cientificismo: Los problemas surgen cuando los talibanes materialistas se empeñan en ajustar la realidad a sus creencias. El enfrentamiento existe porque no hay diferencia entre la pandilla Dawkins y la de los ayatolas (de cualquier religión). No hay oídos para escuchar, sino “verdades incuestionables” que defender a muerte.

    Curiosamente, Pagliucci parece ser más tolerante.

  13. 2 afirmaciones de Cayetano:
    – “…el problema es cuando se pretende demostrar filosofando lo que puede y debe ser demostrado en la realidad.” AMÉN.
    – “En cuanto a la religión es precisamente lo contrario a la ciencia.” ¿Lo contrario? ¿Cómo lo contrario? ¿Hablamos seriamente de Ciencia y Fe, o Ciencia y Religión, o Razón y Fe? ¿Hablamos de su compatibilidad, o hablamos del conflicto entre Ciencia y cientificismo, entre Ciencia y naturalismo materialista? No sé si nos apartaríamos de lo que este blog trata (probablemente no tanto), pero me parece que esa afirmación de dos contrarios la explica sin duda la manera sincopada y apresurada que el estilo bloguero implica, pero merece matizarse para que sobre el asunto pueda debatirse con fruto. Así, “a lo bruto”, es indigerible.

  14. Arturo, no se a quien más se refiere cuando dice “cientificismo” pero, por lo que respecta a Dawkins, no estoy completamente de acuerdo con todo lo que el opina pero, desde luego, si que le aseguro que creer, lo que se dice creer, no cree en nada.

  15. Cayetano, a ver si somos consecuentes. Dawkins cree fervientemente que los universos aparecen por el caprichoso antojo de las fluctuaciones cuánticas, por ejemplo. La religión cientificista asume la peregrina creencia de que todo es físico, es decir, cuantificable. Ese es el dogma al que se tienen que atener sus devotos creyentes si no quieren ser excolmulgados.

  16. Un saludo,

    Simplemente quisiera comentar que me causa un poco de curiosidad que en este artículo se asocie emergentismo con reduccionismo, cuando en realidad son conceptos que se contraponen.

    Hoy es bastante sabido que en el ámbito de las ciencias hace años que ya se ha ido dejando de lado el antiguo paradigma mecanista, para dar paso a nociones muchos más dinámicas y holísticas de la realidad. Con el auge de las ciencias de la complejidad, la física no lineal, teoría del caos, entre otras, hoy en la academia efectivamente se tiene consciencia que para explicar satisfactoriamente muchos procesos naturales, se requiere tener una visión global de la realidad, que no solo considere sus partes, sino también las interrelaciones entre las mismas, la información, etc.

    Incluso, la misma evolución hoy en día es vista como un fenómeno altamente complejo, el cual es muy difícil (si acaso imposible) de cuadrar en el antiguo paradigma mecanicista.

    Manuel D. Morales

  17. Pues mire Arturo, me voy a permitir tomar prestadas las palabras de un Premio Novel experto en termodinámica: “Una solución trivial es el vacío: ni materia ni gravitación … Podemos representar este vacío como un vacío fluctuante, que produce masas ligeras o pesadas. Cuando la masa producida alcanza un valor del orden de cincuenta veces la ‘masa de Plank’, el vacío se vuelve inestable y se transforma en un sistema materia-gravitación, es decir, en un universo.” [Ilya Prigogine “El Nacimiento del Tiempo” pg. 69] y las de un Doctor en Física por cuatro Universidades “… un Universo que, con su espacio-tiempo como escenario, surgió presumiblemente de una fluctuación de la espuma cuántica primigenia, donde no había ni espacio ni tiempo. Un tipo de fluctuación de energía total nula que ha preservado hasta hoy esa nulidad, de acuerdo con el principio de la conservación de la energía total.” [Ramon Lapiedra “Las carencias de la Realidad. La conciencia, el Universo y la mécanica cuántica” pg. 241]

    Y como aclaración, esto me parece perfectamente correcto:

    “¡La energía total del Universo ha sido y es cero! La razón de ellos es la siguiente: el contenido material del universo supone una energía positiva, … a cuya energía hay que añadir aún la energía positiva de la radiación que llena los amplios espacios siderales, más la energía oscura. … el campo gravitatorio tiene una energía negativa. En el Cosmos hay efectivamente un campo gravitatorio por doquier. Ocurre entonces que la energía negativa de este campo compensa exactamente la energía positiva de la materia, la radiación y la energía oscuras para dar ahora y antes una energía total del Cosmos nula. … Así pues, el mundo podría haber salido de la nada energética sin violar por ello el principio de conservación de la energía: la energía total del Cosmos habría sido cero en el instante inicial y, al conservarse, habría continuado y continuará siendo cero.”[Ramon Lapiedra “Las carencias de la Realidad. La conciencia, el Universo y la mécanica cuántica” pg. 237]

    Quedo a la espera de su explicación sobre el origen del Universo de la que espero que, haciendo honor a sus palabras, explique este de modo satisfactorio.

  18. Cayetano

    Existe una obsesión psicológica de parte de los materialistas a la que yo no me voy a suscribir, esto es, creer que algún día llegarán a encontrar la formulación universal. Ni hoy, ni mañana, ni en mil millones de años. Eso es parte del misterio y el encanto de existir.

    Las citas que me refieres están muy bien para un libro de ciencia ficción. Del mismo modo que lo están las fantasías de la teoría de cuerdas. Muy bonitos argumentos y elaboraciones matemáticas que han resultado ser falsas. Así que no me presumas de OPINIONES nobeles. Los premios no hacen que las teorías sean ciertas. Eso lo supo hasta el propio Einstein.

    Yo no tengo una teoría al respecto y no presumo de tenerla (y si alguien la propone contribuirá a hacerme reír un poco; Platón sigue y seguirá teniendo razón: percibimos sombras nada más). Trato de encontrar sentido y construirme una idea de la realidad. Así que vivo la misma incertidumbre que todos a excepción de quienes creen saber cuál es la verdad.

  19. Hola Manuel
    Gracias por el comentario; en efecto, son cuestiones de gran importancia en el debate.
    Una visión sistémica u organísmica de muchos aspectos de la realidad va poco a poco desplazando a una visión reduccionista y mecanicista incapaz de dar cuenta de la misma. El problema que provoca ello es el problema de la causación. Desde una concepción naturalista-materialista se ha propuesta el concepto de la auto-organización, pero este concepto es una idea vacía, una tautología sin contenido. En realidad nada puede organizarse a sí mismo, nada puede ser causa y efecto de sí mismo a un tiempo. Por eso muchos vemos en la organización de las cosas en la Naturaleza y su finalidad o teleología intrínseca una huella indeleble de diseño intencional.
    Además, algunos aspectos de la Naturaleza y en especial, las características específicamente humanas como la racionalidad, la auto-consciencia, o el libre albedrío, presentan caracteres no reducibles a la mera materialidad; de ahí el eterno problema de la mente y el problema. También ello provoca el problema de la causación. Para justificar estas características tan particulares del ser humano, (aunque también habría que preguntarse por las facultades mentales de otros animales, como el enigma de los instintos a veces fascinantes de muchos de ellos), los comprometidos con el modelo naturalista-materialista han propuesto la idea del emergentismo. De nuevo el emergentismo es una idea sin contenido, no describe principio causal ni mecanismo de causación alguno. Por eso Pigliucci considera el emergentismo una forma de reduccionismo siempre que se considere la mente como una realidad subordinada y derivada de la fisiología del organismo.
    Frente a la explicación emergentista (el efecto sin causa) muchos creemos que la condición racional del ser humano exige una causalidad inteligente, un agente creador y un propósito.

  20. Cayetano
    la física actual está llena de hipótesis que trascienden la capacidad de verificación. El propio big-bang constituye una teoría que está lejos de haberse verfificado plenamente. Con más razón, las teorías que pretenden dar explicaciones más allá del horizonte espacio-temporal conocido han de tenerse por meras especulaciones que difícilmente pueden presentarse como datos de la ciencia. Entre las propuestas especulativas no verificables hemos de incluir cosas como la inflación cósmica, las teorías de cuerdas, las supercompañeras, la energía oscura etc etc.
    La energia oscura es una “invención” para cuadrar las cuentas y no al revés.Nada sabemos a ciencia cierta sobre la energía oscura.
    Nadie sabe cómo surgió el Universo ni de donde y el que pretenda saberlo es un impostor.
    El vació cuántico (la “espuma” cuántica primigenia de Lapiedra) es en última instancia una “creación” racional, una entidad sujeta a leyes, matemáticamente representables, y como tal requiere también una justificación racional y una causa.

  21. “espuma”, “sopa”…
    No parecen terminos y conceptos muy científicos, aunque sí sean simpáticos y hogareños.
    Pero seguimos preguntándonos quién cocinó la sopa y mezcló sus ingredientes (incluido el adecuado toque de sal) y de dónde vino la espuma.
    Los nóbeles y docutores honoris causa por varias universidades pueden ser como aquel cuatrilingüe del que decía (¿quién? ¿era Ortega?) que era tonto en cuatro idiomas.
    “…el mundo podría haber salido de la nada energética sin violar por ello el principio de conservación de la energía…”
    Yo no sé si el mundo puede surgir de la nada (energética) sin violar ese principio, pero que de la nada nada sale “por sí misma”, que lo muerto no se da vida a sí mismo, que la conciencia no se ha autoconcienciado desde la previa inconsciencia, que todo eso no necesite de un agente externo, sí que contraría todos los principios de la razón.
    Claro que como no soy ni nobel, ni doctor honoris causa, ni físico cuántico, sé que es una temeridad entrar en estos jardines tan abstrusos.
    A lo mejor por eso, a los que estamos en un nivel mucho más modesto de conocimiento, nos recetan estas sopas y nos embadurnan con estas espumas.

  22. Sin duda, Felipe, nadie sabe como surgió el Universo pero desde luego una explicación basada en lo que se conoce que existe en la realidad y, por lo tanto, es posible es mucho más razonable que las elucubraciones sobre una “inteligencia” de la que, insisto, no tiene ni la más mínima prueba de que pudiera existir y que tampoco es capaz de definir de un modo comprensible.

    En cuanto a usted, Fernando, lo dijo Jose Ortega y Gasset después de una discusión con Salvador de Madariaga a quien se refirió como un “tonto en cinco idiomas”; con esto queda aclarado lo que usted no tenía claro, el resto, como ya lo conoce todo, sería una perdida de tiempo discutirlo.

  23. Cayetano,
    lo que pasa es que la disyuntiva resulta improcedente. La invocación de una causa inteligente no tiene nada que ver con el hecho de que no sepamos el origen físico del cosmos. Tiene que ver con la existencia de seres inteligentes en el Universo, con la emergencia de la vida en un Universo inanimado y con el conocimiento profundo de los vericuetos de la vida, de su compleja organizaciñón y de todas las huellas de una agencia inteligente discernibles en la Naturaleza.
    Claro que tengo pruebas de su existencia, su obra es la prueba, cada ser vivo exige su presencia para justificar su propia existencia. En cuanto a su definición es muy sencilla. Se trata de un SER INTELIGENTE. Claro que seguramente podemos pensar en más atributos pero este desde luego no falla.

  24. Cayetano: protesto. Escure usted el bulto.
    Y no me respeta si cree perder el tiempo discutiendo conmigo. Lo que atribuye sin duda a que no me considera usted a su nivel. (“Mira que no saber que eran Ortega y Gasset -los dos- los protagonistas de la anécdota con D. Salvador.”)
    ¿Que yo lo tengo ya todo claro? ¡Qué más quisiera yo!
    Eso sí, como le decía, parto de algunas cosas claras y elementales que en mi comentario sentaba y sobre las que me gustaría saber si las comparte o no. Por ejemplo:
    . De la nada nada sale.
    . (Al menos) en el ámbito de la realidad material, natural, lo muerto no se da a sí mismo la vida. (O sea, que podría usted decir: el creyente podrá atribuirlo a un milagro, pero fuera de la superstición religiosa, en el campo sano y sensato del discurso puramente racional, racionalista si se quiere, y en el plano de lo razonable, ni los muertos resucitan ni la materia muerta se hace viva.)
    . Lo diseñado requiere diseñador.
    . No deja de ser tarea verdaderamente científica la demolición por medio de la razón y de la experimentación de una teoría científica aunque no se ofrezca teoría alternativa.
    . Un Ser inteligente puede no ser el autor del universo, ele spacio y el tiempo, y no puedo probar su existencia, sus propósitos y su creación con métodos de la ciencia experimental, pero la hipótesis no es irracional ni no razonable.
    Saludos,

  25. Cayetano de nuevo presumiendo su arrogancia dando por sentado lo que los materialistas llevan al menos tres siglos tratando de demostrar:

    “El fisicalismo da vida” – ¿Sí? ¿cómo?
    “El fisicalismo se regenera a sí mismo” – ¿Sí? ¿cómo? si para empezar no saben describir de dónde salieron esas leyes, esas fuerzas y esa organización ta precisa.
    “El fisicalismo es el que piensa” – ¿Sí? ¿cómo?

    Por supuesto habrá que ser indulgentes contigo, ya que careces de libre albedrío (supongo que la gravedad es quien se expresa por ti).

    A mí no me convencen los premios nobeles por habérselos otorgado, sino por su pensamiento si es evidente y convincente. Sólo hay que recordar a personajes como Antonio Egas Moniz o Konrad Lorenz. ¿Qué tal el eugenismo darwinista o el conductismo skineriano? Falaces y rotundamente equivocadas aproximaciones fisicalistas a la realidad. La “sopa cuántica” a veces se contamina con esa calaña de bichos materialistas.

  26. Osea, Felipe, como hay seres inteligentes tienen que tener una causa inteligente, no veo donde encuentra usted esta necesidad, máxime cuando los sistemas complejos han demostrado como pueden surgir comportamientos emergentes de elementos simples; esto de lo que usted habla, Felipe, es religión, usted sencillamente lo cree así y eso no tiene nada de malo pero tampoco tiene nada de ciencia.

    En cuanto a sus preguntas, Fernando:

    – En cuanto a la “nada” que es exactamente “nada” yo no se siquiera si existe fuera de la imaginación; lo más próximo a la “nada” que existe, quiero decir lo que hay cuando no hay nada, es el “vacío” y ese vacío no es inerte y de el si que puede surgir materia incausada, de esto hablan esos físicos a los que usted parece despreciar.

    – En cuanto a la “vida”, la división entre vivo y no-vivo es arbitraria; de un virus se considera que no es un ser vivo y sin embargo es capaz de replicarse aunque no de autoreplicarse. Existen complicadas estructuras no-vivas y parece mucho más probable que de complicadas estructuras químicas no-vivas surgiera la posibilidad de autoreplicarse (que es todo lo que se requiere para hablar de vida) que la existencia de un creador del que no existe ni la más mínima prueba.

    – En cuanto al “diseño”, lo que requiere es intención, la diferencia entre lo diseñado y no diseñado no es ninguna característica intrínseca sino la intención de un “diseñador” de tal cosa sea así y no de otro modo; por lo tanto para demostrar “diseño” primero hace falta demostrar que existe un “diseñador”.

    – Por supuesto que es perfectamente lícita la demolición de una teoría científica pero por medio de su contrastación con la realidad, la razón es capaz de proporcionar las heurísticas que conduzcan al mejor camino para diseñar los experimentos más eficaces que puedan falsar una teoría, pero la razón por si sola no prueba nada, las pruebas se contrastan con la realidad y es la realidad la que vuelve la hipótesis racional y no al revés. La falsación de una parte de la teoría conlleva su rectificación pero para que sea sustituida hace falta, necesariamente, otra teoría más correcta; midiéndose la corrección en los términos que he expuesto en otras ocasiones y que si fuera necesario puedo repetir.

    – En cuanto a si la idea de un dios es racional, pues eso depende de hasta donde se considera que debe llegar el uso de la razón, mi opinión es muy estricta en este sentido y, consecuentemente, para mi no es racional; mi opinión es que ninguna creencia es racional por más que tengamos que convivir con muchas de ellas en la vida diaria ya que no todo puede ser demostrado o no siempre puede ser demostrado de manera satisfactoria.

    En cuanto a la intervención de Arturo no tengo inconveniente en contestarla cuando sea formulada de un modo mínimamente educado.

  27. Dice don Cayetano:
    “En cuanto al “diseño”, lo que requiere es intención, la diferencia entre lo diseñado y no diseñado no es ninguna característica intrínseca sino la intención de un “diseñador” de tal cosa sea así y no de otro modo; por lo tanto para demostrar “diseño” primero hace falta demostrar que existe un “diseñador”.”

    Pues yo discurro diferentemente a partir del “por lo tanto”: cuando constato algo diseñado ya sé que hay un diseñador. A lo mejor no sé quién es, pero que lo hay es patente. A lo mejor no sé por qué diseñó, o cómo, o cuál es su propósito, o cómo es ese diseñador, pero que lo diseñado per se demuestra, muestra y hace patente a un diseñador, me parece de cajón.
    Si veo un crucigrama sé que lo ha diseñado-discurrido un “crucigramista” (valga el palabro) aunque nos epa que es de Ocon de Oro.
    A usted lo que le pasa es que se resiste a admitir un diseñador-dios.
    Pues dígalo claramente, hombre.
    Ustedes reprochan que hay religión y un dios en el diseñador inteligente.
    Pues me parece más evidente que se resisten a admitir el diseño por el prejuicio (anticientífico) a abrir la puerta a un Dios diseñador (que el DI tampoco predica).

  28. Dice Cayetano:
    “En cuanto a si la idea de un dios es racional, pues eso depende de hasta donde se considera que debe llegar el uso de la razón, mi opinión es muy estricta en este sentido y, consecuentemente, para mi no es racional; mi opinión es que ninguna creencia es racional por más que tengamos que convivir con muchas de ellas en la vida diaria ya que no todo puede ser demostrado o no siempre puede ser demostrado de manera satisfactoria.”

    A lo mejor si usamos “razonable” e “irracional” en lugar de racional nos ponemos de acuerdo.
    A mí me parece que un Ser omnisciente y omnipotente, no contingente sino necesario y ajeno al tiempo y al espacio puede, por ejemplo, hacer milagros. Si hay esa clase de Ser, que es el autor de las leyes naturales, entonces puede derogarlas o suspenderlas. Eso no es irracional y es razonable. No digo ni afirmo ni la existencia de ese Ser ni tampoco la realidad de milagros. No lo hago.
    Lo que digo es que si quien afirma que hay milagros me da como explicación la de que ese milagro que suspende o contradice una ley natural es un Ser necesario y creador del universo regido por sus leyes naturales que él diseñó, me está dando una explicación que será verdad o no pero que no es irracional.
    Puede no ser verdad, pero no es una explicación irracional ni irrazonable.
    Lo que sería irrazonable es atribuir la posibilidad de hacer milagros a Cayetano Ripoll. O a mí.
    Eso sí sería irrazonable e irracional. Y una memez.
    No sería razonable, sería irracional, atribuir la creación del universo y su diseño a quien no tuviera aquellas propiedades.Eso sí que sería menos consistente, tendría menos sentido, sería más irrazonable.
    Pero que haya un Ser fuera del tiempo que diera el ser a otros seres a partir de la nada eso está fuera de nuestra razón pero no es contrario a ella.
    Las creencias a lo mejor no son racionales, en el sentido de convicciones a las que se adhiere uno previo el ejercicio de la sola razón (excluidas la intuición -femenina o no-, y otras formas de conocimiento por el sentimiento, la pasión, las vísceras), pero las creencias las hay más razonables que otras.
    Y si por creencia racional nos referimos a una creencia que es compatible con la razón, un Creador Diseñador inteligente preternatural es perfectamente compatible con la razón.
    Creer en el ratoncito pérez no es racional en este sentido. Creer en un dios creador sí lo es.
    En este blog -por lo que yo leo- no se hace religión ni Religión.
    Lo que es bueno es que los detractores del DI tampoco lo hagan.

  29. En cuanto al comentario de Cayetano:

    La arrogancia no es muestra de educación. Así que cuando tengas la humildad de dejar de venirnos a adoctrinar y tengas mayor disposición de escuchar, recibirás el mismo trato.

  30. Cayetano
    Tu argumento sobre la ilegitimidad de las inferencias de diseño se repite en tus comentarios a pesar de haber sido refutado suficientemente. La constancia es una virtud, sin duda, la tozudez no tanto. La impermeabilidad al razonamiento, una pena. El argumento viene a decir que no se puede atribuir “algo” a la acción de un ser inteligente si previamente no se ha podido demostrar la existencia de ese ente inteligente que invocamos. Argumento esgrimido como ya hemos dicho otras veces por el bueno de Hume y contestado suficientemente por sus propios contemporáneos.
    El argumento es esencialmente circular ya que, ¿cómo podemos saber que alguien es inteligente? Obviamente solo lo podemos saber por sus obras. Consideramos inteligente a todo ser agente que deja rastro de una conducta inteligente. La inteligencia es esencialmente creativa por lo que sus huellas pueden ser identificadas por seres racionales como nosotros de forma indubitada. La inteligencia se nos aparece ÚNICAMENTE a través de las obras del agente. La inteligencia es una facultad que se hace evidente por sus realizaciones.
    El descubrimiento de las cuevas de Altamira nos trajo de inmediato la convicción de que aquellas pinturas rupestres fueron obra humana. No necesitábamos indagar si habían existido seres humanos en aquel paraje para poder atribuir aquella obra de arte al hombre. La obra exigía una causación inteligente por sí misma, sin remisión a otro tipo de circunstancias o de información adicional.
    Cualquier obra de arte resplandece por sí sola como muestra de una creación inteligente aunque nada sepamos de su autor.
    SI CREES QUE PUEDES ARGUMENTAR LO CONTRARIO DE UNA FORMA CONSISTENTE QUE NO SEA SIMPLEMENTE REPETIR UNA “POSE” INTELECTUAL QUE NO FORMA EN ABSOLUTO PARTE DEL REPERTORIO DE VERDADES CIENTÍFICAS CONSAGRADAS (NI SIQUIERA POR EL ESTABLISHMENT MATERIALSITA CONTEMPORÁNEO) CON SUMO GUSTO LAS LEEREMOS.

  31. Mire, Fernando, yo puedo ver figuras en las manchas de tinta, en las nubes, en las estrellas o en las rocas y eso sólo demuestra la existencia de un observador inteligente no la de un diseñador.

    Mire, Felipe, no se que considera usted “refutar” pero no parece posible refutar la negación de existencia de un ser o propiedad sin ser omnisciente, lo que usted podría es aportar pruebas consistentes y contrastables en la realidad que apunten en el sentido de que su hipótesis es verosímil y falsable y, bueno, esto tampoco lo ha hecho.

    En cuanto al arte, aquí tiene un par de tests con los que puede “falsar” de forma, algo simple, pero medible su hipótesis:

    http://reverent.org/true_art_or_fake_art.html
    http://reverent.org/an_artist_or_an_ape.html

    No obstante, si le molesto, lo dejo ahora mismo y punto.

  32. Por lo que me atañe, en cuanto a la identificación del ser inteligente a partir de la huella de inteligencia en sus obras creo que huelga todo comentario.

    Para los que se interesen por una huella inteligente y creativa en los albores de la humanidad, no se pierdan este link a una de las obras de arte mas fascinantes de la prehistoria, la cueva de Chauvet en Francia.
    http://www.culture.gouv.fr/culture/arcnat/chauvet/en/

    lo interesante es que a pesar de estar datada hace más de 30.000 años, las pinturas están consideradas como de un valor artístico ( es decir, reveladoras de una capacidad creativa e inteligente) muy superior a la de muchas otras pinturas datadas miles de años después, lo que parece sostener la hipótesis de que la inteligencia humana no ha sido una facultad que haya ido evolucionando paso a paso por acumulación de errores genéticos, sino una facultas específica del ser humano que se da, o no se da.

  33. ¡Cayetano trae grandes noticias para nuestra autoestima!:
    “Mire, Fernando, yo puedo ver figuras en las manchas de tinta, en las nubes, en las estrellas o en las rocas y eso sólo demuestra la existencia de un observador inteligente no la de un diseñador.”
    Si leo un soneto de Quevedo (o de Shakespeare, o de Cervantes), ¡la inteligencia la pongo yo!
    Y lo mismo si descifro un elegante y brillante teorema matemático.
    ¡Es mi inteligente observación la que cuenta!

  34. Veo, Felipe, que anda muy poco enterado de la biología evolutiva que tanto critica, nuestros antepasados comenzaron a inmigrar desde África hace unos 90.000 años por lo que, los que pintaron sus cuevas pudieron ser Homo Sapiens Sapiens u Homo Sapiens Neanderthalensis, dado que del 35000 al 28000 (en que desaparecieron) estaban en recesión y dado que a pesar de que, dada su configuración y capacidad craneal, ambos poseían una inteligencia similar pero no se conocen representaciones artísticas de Neanderthales, le puedo decir (sin haber leído ninguna otra prueba adicional) que lo más posible es que aquellos que pintaron sus cuevas entre el 30.340 y el 32.410 eran hombres como usted y como yo, la uniformidad genética entre los Homo Sapiens es hoy de un 99,9% y las variaciones que se han podido producir en 35.000 años son muy pequeñas.

    Por otro lado tenemos pruebas fehacientes de que los hombres dibujan lo que ven y conocemos los tipos de dibujos que hacemos por lo que si vemos un dibujo, que sigue este patrón conocido, la heurística más acertada es pensar que ha sido hecho por un hombre inteligente (y en este caso si que está bien empleado inteligente). No obstante esto puede ser una prueba para muchos pero nunca ha sido suficiente para los paleoantropólogos que siempre requieren pruebas adicionales para afirmar que la factura es humana.

    Que yo sepa, Fernando, Quevedo, Shakespeare y Cervantes eran hombres que tenían la intención de escribir y el lenguaje que emplean tiene una serie de patrones de los que, previamente, conocemos su existencia; cuando esto no es así (como fue el caso de los Ogham o los Quipus) es imposible distinguir la intencionalidad e inferir si responden o no a un diseño.

    Resumiendo, ambos ejemplos lo son de patrones previamente conocidos como emitidos por un ser inteligente del que se conoce su existencia y la intención de emitir esos comportamientos en ese sentido y no en otro.

  35. Cayetano,
    ¿Y no será que la especie humana, como todas las demás conocidas, aparece de forma abrupta y luego se mantiene en el tiempo sin cambios apreciables, ya sabes, la estasis y todo eso…?

    Está bien, eso de los paloeantropólogos, no vaya a ser que al final lo haya pintado un mono, (o sea simplemente un “fake” en vez de una obra de arte), ¡Hay que asegurarse!

    Y volviendo a la pregunta sin respuesta,
    ¿hay alguna forma de saber si un ser es inteligente, que no sea por la huella de inteligencia empleada en la confección de una obra o en el desempeño de una tarea? Porque si no la hay, entonces no tendremos más remedio que admitir que la huella inteligente es un patrón objetivo detectable en las cosas que nos habla de sus causas.

  36. Me extenderé un poco.
    Como se sabe, los proyectos SETI, llevan funcionando unos 40 años y tienen por objeto detectar señales en el espacio que respondan a patrones objetivos de complejidad o significación racional. Tales programas parten de la asunción pacífica, no controvertida y extendida en toda la comunidad científica (a excepción de Cayetano Ripoll) de que la inteligencia (en este caso extraterrestre) se manifiesta mediante patrones discenrnibles con independencia del conocimiento previo del ente causante de los mismos.

    De hecho la idea de que atribuimos una causa inteligente a las cosas SÓLO porque conocemos patrones similares previamente es perfectamente insostenible. De hecho no cabría aplicarla a las manifestaciones artísticas de hace miles de años en épocas de cuyos habitantes carecemos de noticia suficiente. Además es un razonamiento que conculca de pleno la lógica humeana de la causalidad. No se puede reivindicar a Hume y su contrario a la vez con objeto de discutir las inferencias de diseño.
    Pero es que además, la atribución de una causa inteligente a una obra fruto de una inteligencia creadora es perfectamente justificable sin necesidad de remitirnos a patrones semejantes. Son intuiciones que hasta un niño puede demostrar. Sabemos que las pinturas rupestres no son obra de un simio, no porque la experiencia así nos lo apunte sino porque el simio carece de la inteligencia creadora y racional que tenemos los humanos, y porque las obras pictóricas son una manifestación de tal inteligencia.
    Hay muchas cosas que hacemos los humanos que también hacen los simios; pero hay cosas que SABEMOS que no pueden hacer ellos, porque son construcciones creativas propias de una facultad de la que ellos carecen. Y podemos identificar los patrones pertinentes de forma objetiva e instantánea, sin remisión a estudios estadísticos o históricos.

  37. Lo que dice Felipe es contundentemente simple, abrumadoramente lógico, casi un axioma… ¿por qué es tan difícil de aceptar?

  38. Pues mire, Felipe, ya lo he explicado antes (en otras entradas de su blog) pero parece que no lo recuerda así que lo repetiré aun a riesgo de que me vuelva a acusar de repetirme: No hay modo de medir la inteligencia, lo más aproximado es decir que “la inteligencia es lo que miden los test de inteligencia” y estos, en el mejor de los casos, lo que miden son las respuestas a una serie de problemas planteados y su comparación con la media de las soluciones correctas obtenidas por el grupo al que pertenece el individuo. Por lo tanto, emplear inteligencia en sentido genérico, es extremadamente ambiguo y confuso. Cualquier individuo (humano o no humano) sería más o menos inteligente en comparación con lo observado de forma subjetiva para la media de los individuos de la especie humana, como ni se conoce ni se puede obtener tal media porque los problemas de referencia siempre están sujetos a sesgos culturales y, hasta ahora, ha resultado imposible establecer test interculturales fiables, pues es un término coloquial sin ningún valor objetivo.

    En cuanto a SETI lo que se buscan son patrones conocidos como inteligentes porque sabemos que nosotros los emitimos con intención: “… we look for something produced by intelligence (at least here on Earth). We attempt to find evidence of another civilization’s technology …” osea “… buscamos algo producido por la inteligencia (por lo menos aquí en la Tierra). Tratamos de encontrar pruebas de la tecnología de otra civilización …”. Usted mismo puede consultarlo aquí: http://setiquest.org/

    Por lo que respecta a Hume, es usted el que constantemente, y sin motivo, me atribuye la intención de emplear su “filosofía” yo ya le he dicho, en otras ocasiones, que usar la filosofía de la ciencia de Hume hoy sería como usar la teoría atómica de Democrito o la física de Aristóteles, un absurdo.

  39. Felipe contesta ya con todo acierto y poco más puedo añadir en relación con la alergia de algunos a reconocer el diseño donde éste se manifiesta.
    [Quien tenga acceso a Alvin Plantinga, Where the conflict really lies, Science, Religion & Naturalism, Oxford University Press, 2011, encontrará en su página 27 una divertida “deconstrucción” del idéntico planteamiento que hace Richard Dawkins -y de su cerrazón a admitir inteligencia en lo inteligentemente diseñado-, con un ejemplo basado en la localización de un tractor en un lejano planeta al que llega una expedición interestelar de la NASA. Ante ese descubrimiento el capitán de la expedición exclama: “¡Debe haber seres inteligentes en este planeta. Mirad este tractor!. A lo que el estudiante de segundo de filosofía que viaja en la expedición dice: “No corras tanto. No has explicado nada. Una vida inteligente capaz de fabricar este tractor es de una complejidad al menos como la del tractor fabricado, así que te falta dar una explicación mejor de ese diseñador antes de hacer esa afirmación”. El aprendiz de filósofo es embarcado en el primer cohete de vuelta a completar sus estudios de filosofía.]
    Añado algo aún.
    En realidad, Cayetano nos sigue dando más de lo mismo.
    Es más doctrina naturalista y materialista, aplicada esta vez a la refutación del diseño no humano.
    Cuando un materialista discurre sobre el diseño inteligente, o sobre la inteligencia detectable en la naturaleza, su planteamiento es:
    “Puesto que no hay más que materia, puesto que no hay más realidad que la natural y puesto que no hay más inteligencia que la que ha emergido naturalmente a partir de la materia misma, no hay más inteligencia que la humana y no es posible “toparse” con frutos de la inteligencia que no sea la humana, la que el hombre proyecte sobre la realidad. Por tanto, lo que -sólo aparentemente- se nos ofrece como algo inteligentemente diseñado es en realidad el fruto de una azarosa mutación de la materia inerte y tonta.” (Incluido usted lector que se cree tan inteligente, habría que añadir).
    Pero eso es un prejuicio filosófico o metafísico. “Puesto que…”
    Eso excluye la sensatez de toda indagación sobre una inteligencia extraterrestre (como señala Felipe) y por supuesto de toda inteligencia sobrenatural o, en general, no humana.
    Así que se nos añade: “Y si no me pruebas (ojo: “y sólo me vale la prueba o verificación de la ciencia empírica, la experimental”) quién y cómo es el Diseñador, no me vale el argumento del diseño.”
    Lo que con esto se quiere hacer es descalificar “de saque”, “sacar del partido” a quienes hacen objeciones racionales y estrictamente científicas a los postulados (precientíficos) del naturalismo cientificista.
    Quien así discurre (el señor Ripoll, por ejemplo) lo que hace es pedir a quienes demuestren que la teoría neodarwinista está derrotada por la ciencia misma (la ciencia, no la religión), pedirles digo una prueba imposible (una probatio diabolica) de manera que cuando fracasen, puedan ser los objetores descalificados en su acertada crítica anterior. Esa prueba imposible es la de la prueba, mediante los métodos de la ciencia experimental, del Diseñador no humano mediante métodos de la ciencia experimental.
    Pero esa pretensión es tramposa (dicho sea con el debido respeto).
    Cuando resulta que la razón humana crea o inventa las matemáticas y luego resulta que se encuentra con que en el universo esas matemáticas rigen el funcionamiento del universo, son la razón que explica esa realidad material lo que ha ocurrido es que se ha producido un encuentro, una conjunción de mi inteligencia con la inteligencia presente en ese universo. El Universo se rige por leyes y regularidades que descubrimos con nuestra inteligencia racional y al descubrirlas y reconocerlas, constatamos que no son fruto del azar, del capricho, de la suerte.

  40. 1. Es decir, Cayetano, que la inteligencia se mide a partir de las obras o de las producciones del individuo cuya inteligencia queremos medir. De la misma manera, entiendo que esa respuesta corrobora lo que vengo manteniendo, que sólo podemos afirmar de un ser que es inteligente en virtud de sus obras.
    2. Aquí llegados cabe reflexionar sobre una segunda cuestión; si los patrones de las obras o acciones del individuo son reconocidos como obra de un ser inteligente ÚNICAMENTE por comparación con obras de otros seres ya reconocidos como inteligentes, o por el contrario si podemos establecer la huella de una acción inteligente por sí misma, de manera objetiva, aunque no conozcamos a sus hipotéticos autores ni tengamos noticia previa de su existencia. Si eligiésemos la primera opción nos encontraríamos con un argumento circular; las obras inteligentes lo son porque se parecen a las ejecutadas por otros seres de inteligencia contrastada previamente, pero como decimos en el punto 1, sólo podemos acreditar previamente que un ser es inteligente a partir de sus obras. No funciona.
    3. Por el contrario, la idea de que las cosas pueden tener la huella intrínseca de una causación inteligente parece ser un principio generalmente admitido. Volvemos al programa SETI; tal como queda en evidencia en tu respuesta el SETI es un proyecto que permite identificar patrones reconocibles como causados por un ser inteligente procedentes de lugares o ámbitos desconocidos donde no tenemos ninguna noticia de la existencia de seres inteligentes. Por lo tanto, no parece que nadie parezca dispuesto a dudar de la fuente inteligente en que se originaron tales patrones por el mero hecho de que la existencia de sus hipotéticos autores no haya sido previamente demostrada por otros medios. Por el contrario, lo que estos programas asumen es que los propios patrones detectados deben de tomarse como PRUEBA de la existencia de seres inteligentes desconocidos.
    4. A partir de estas premisas cabe preguntarse ¿podemos encontrar en la Naturaleza patrones funcionales y de organización similares a los que los seres humanos solemos “inventar” con nuestra inteligencia creadora? Parece ser que sí. Por ejemplo, el código genético es el más celebrado de todos ellos ya que remeda de forma perfecta nuestros modos de almacenar y transmitir información mediante un sistema simbólico material. Otro ejemplo tan controvertido como famoso es el flagelo bacterial que funciona sobre los mismos principios que un motor fuera borda ideado por el hombre. Igualmente podemos pensar en los sistemas de ecolocalización de animales como el murciélago o las ballenas dentadas (bio- sonar). Podemos recordar igualmente multitud de artefactos moleculares de extraordinaria y óptima eficiencia como por ejemplo el complejo ATP-sintasa responsable de la producción de energía celular.
    5. Conclusión; la inferencia de diseño a partir de la complejidad y especificidad funcional observable en los organismos vivos es, cuando menos, legítima y coherente con el conocimiento científico más avanzado y los criterios epistemológicos generalmente admitidos.

  41. Pues no, Felipe, la inteligencia no se mide a partir de las obras o de las producciones del individuo cuya inteligencia queremos medir. La inteligencia no se puede medir, lo que se mide son las respuestas a una serie de problemas planteados a un conjunto de individuos que pertenezcan a un grupo local y culturalmente homogéneo, se busca la media y se estima el lugar que ocupan las respuestas de cada uno de los individuos de la muestra comparadas con las de los demás; a esto le llamamos inteligencia. Que, como debería quedar claro, es un valor relativo. La inteligencia, considerada en sentido general, es un termino coloquial, una abstracción que empleamos para denominar una serie de respuestas conductuales que se ha observado que se suelen dan de forma conjunta en los seres humanos aunque no necesariamente se den exclusivamente en los seres humanos.

    Por otro lado, usted puede inferir todo lo que quiera, faltaría más, lo que no puede obviar es que la inferencia no es prueba de nada sino una herramienta útil para formular hipótesis que deben ser contrastadas con “pruebas” de verdad, en la realidad; la inferencia sin pruebas es, simplemente, un ejercicio intelectual y, en este sentido, el reconocimiento de patrones (que es una característica muy desarrollada en los humanos) se da cuando existen y cuando no existen y, por lo tanto, el único modo valido de confirmar su “impresión” de que existe un patrón es demostrar que existe una causa o causas o serie causal que produce dicho patrón, y esto es valido tanto para usted como para el proyecto SETI, con la diferencia de que ellos no necesitan de este tipo de aclaraciones.

  42. Pues mire, Fernando, es cierto, es perfectamente cierto que yo no conozco ninguna “inteligencia” sin el concurso de materia (o materia-energía), realmente nadie la conoce; pero si ustedes están hablando de una “inteligencia” fuera del universo, ajena al universo, indetectable, pues entonces no están hablando de ciencia y, en ese caso, podré estar o no de acuerdo con que tal cosa pudiera existir pero no tengo ninguna objeción a que ustedes “crean” en lo que les parezca más conveniente; mi objeción principal es que pretendan vestir esas “creencias” de “ciencia”.

  43. Hola Arturo
    disculpa la tardanza en la respuesta,
    la verdad es que yo tampoco he podido con él, el articulito se las trae.
    Parece ser otron intento ,(aunque más sofisticado), de dar una respuesta fisicalista y materialisdta al problema de la consciencia, y al problema de la forma.
    Lo que pasa es que reducir el problema de la consciencia a una explicación meramente fisicalista en forma de evento descriptible como un proceso en base física supone de partida un error conceptual. Al fin y al cabo es que, a diferencia del pensamiento que si puede definirse como un proceso, como una actividad cerebral, la consciencia, como el conocimiento, son datos intemporales,
    instantáneos, no sujetos al devenir temporal.
    Igualmente, el modelo tiene el problema de siempre. Me parece bien recordar la capacidad de la información para recogerse en forma de campos magnéticos y todo eso, pero lo que falta por explicar es de dónde procede la información novedosa.
    En cuanto a la forma, de nuevo hay que decirlo, la información es siempre intencional, y esa intencionalidad se refiere a la forma biológica como universal y a eso tampoco hay respuestas fisicalistas. Ese es un tema fundamental tal como estoy intentando explicar en la serie de 4 posts sobre la forma como causa formal actualmente en “antena”

  44. Cayetano,
    Lo que medimos es la inteligencia del agente a través de sus respuestas conductuales. Lo demás es pura prestidigitación dialéctica.
    Pues claro que la medición es relativa, faltaría más. Todas las mediciones son relativas porque usamos patrones arbitrarios para medir. Por ejemplo, la longitud de un objeto la medimos en relación a un patrón arbitrario que es una barra de iridio que consideramos representa más o menos la diezmillonésima parte del cuadrante de la esfera terrestre. A partir de ahí hemos cogido la décima parte de ese patrón y hemos construido, también arbitrariamente, un cubo con esa medida de lado y al líquido que cabe dentro le llamamos litro y lo usamos como patrón de medida de volumen. Y a lo que pesa un litro de agua le llamamos Kilo. Toda la física es una ciencia de la medición y toda medición descansa sobre patrones arbitrarios. Tan es así, que ni siquiera los sistemas de medición son universales ni mucho menos sino un mero fenómeno cultural. Otros usan patrones no reducibles a los nuestros como la milla, la pulgada, el galón, la libra…
    En cuanto al método científico, hombre Cayetano, que no vamos a descubrir nada nuevo. La inferencia, bien inductiva, bien abductiva, es la forma como avanza el conocimiento. El razonamiento deductivo es completamente inútil porque no aporta conocimiento novedoso, y las “pruebas” apodícticas no existen en ciencia. El conocimiento no está hecho de certezas sino de convicciones etc etc.

  45. Pues no, Felipe, no hay “prestidigitación dialéctica” hay una serie de precisiones que usted ha pasado por alto para llegar a una conclusión apresurada e incorrecta.

    1) Tomamos un grupo cultural y localmente homogéneo
    2) Les presentamos una serie de problemas
    3) Hallamos la media de sus resultados y decidimos arbitrariamente que la media es 100 (o 1 según hablemos de cociente o coeficiente, lo mismo da).
    4) Tomamos los resultados de un individuo y estimamos si está por encima 101 o por debajo 99 de la media.

    No existe ningún otro modo de medir la inteligencia. El mismo individuo en otro grupo obtendría medidas diferentes porque la media lo es siempre con relación al grupo y por eso el grupo debe ser homogéneo culturalmente y de la misma zona geográfica. Esto no es un capricho ya que, a groso modo, un individuo de ciudad responderá muy bien a los problemas de metro y autobús pero muy mal a los relacionados con vacas y gallinas y al contrario. Es por esto que no existe un método universal que se pueda aplicar en cualquier circunstancia y es por esto que no existe la posibilidad de medir la inteligencia; y estas objeciones no son metodológicas sino que aparecen como conclusiones empíricas del uso de este tipo de herramientas durante decenas de años en los que se han ido aplicando las correcciones necesarias y las debidas medidas para evitar sesgos.

    Y la “inferencia” no es la forma como avanza el conocimiento, por lo menos no lo es desde que el paradigma positivista fue descartado, siendo precisamente esto que usted expone su principal fallo metodológico. Hoy en día la ciencia avanza empleando como marco teórico metodológico formas mejoradas de la “discusión critica” original de expuesta por Popper, expuesta que no inventada: falsación, pruebas contrastables en la realidad, predicciones fiables anticipadas por la teoría, … Ya se que usted no le gusta que esto sea así y también se que es la “enésima” vez que lo expongo pero esto es lo que hay y no va a ser de otro modo por más que usted se niegue a reconocerlo.

  46. Me reitero en mi comentario 42, o cómo razonar la legitimidad de la inferencia de diseño.
    El resto, ya los lectores tienen material suficiente para opinar.

  47. Pues a mi me ha que dado una duda. Si la inteligencia no se puede medir como dice Cayetano ¿Cómo sabe que existe?; tal vez cree que no existe, no se…
    Tal y como yo lo entiendo, la inteligencia es la capacidad de resolver un problema de forma intencionada. Me parece que sí existe. El hombre se ha planteado retos como el de navegar o volar y los ha resuelto. Es evidente que ha habido intención de resolver esos problemas.
    Supongo que para el señor Cayetano las manifestaciones de inteligencia que podemos ver en la naturaleza no son tales ya que no hay ninguna intención. Como diría el chavo del ocho, se hacen sin querer queriendo.

  48. Forlán
    No te quede ninguna duda.
    Lo que cuenta Cayetano es pura palabrería no hay más que leer sus propias palabras. Veamos:

    1) Tomamos un grupo cultural y localmente homogéneo
2) Les presentamos una serie de problemas
3) Hallamos la media de sus resultados y decidimos arbitrariamente que la media es 100 (o 1 según hablemos de cociente o coeficiente, lo mismo da).
4) Tomamos los resultados de un individuo y estimamos si está por encima 101 o por debajo 99 de la media.
    O sea, tomamos un grupo de personas inteligentes y les sometemos a pruebas para medir su inteligencia. “Hallamos la media de sus resultados” quiere decir que verificamos el acierto con el que cada uno ha resuelto las cuestiones planteadas que exigen un ejercicio de respuesta racional.
    Si hemos hallado la media de sus resultados quiere decir que previamente hemos podido medir los resultados de cada uno en términos absolutos ya que si no, no existe media alguna. Esos resultados absolutos individuales son la medida de la inteligencia de cada uno.
    Es muy simple, si planteo 100 preguntas y le doy un punto a cada pregunta correcta en un test de inteligencia, el número de respuestas acertadas por cada uno es el resultado absoluto obtenido por cada examinante, y es una cierta medida de un coeficiente intellectual.
    Como bien dices la realización de la prueba implica la creencia en la existencia de una facultad denominada inteligencia que además consideramos perfectamente medible. Más aún, y tal como se plantea en mi esquema de razonamiento, la inteligencia solo se detecta y solo se mide a partir de las conductas racionales, intencionales y creativas del agente.

  49. No veo para qué tanto enredo:

    La inteligencia (del latín intellegentĭa) es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas. El diccionario de la Real Academia Española de la lengua define la inteligencia, entre otras acepciones como la “capacidad para entender o comprender” y como la “capacidad para resolver problemas”.

    La inteligencia parece estar ligada a otras funciones mentales como la percepción, o capacidad de recibir información, y la memoria, o capacidad de almacenarla.

    1. Existe un universo inteligible.
    2. Existen seres que lo inteligen.
    3. La inteligencia en el universo explica a los seres que lo inteligen (la materia no es inteligente aunque sí inteligible).
    4. La materia no puede explicar la inteligencia, pero la inteligencia sí puede explicar a la materia.
    5. El materialismo es una ideología patética producto de la mente fantasiosa de personajes como Charles Darwin.

    Es mejor que el señor Cayetano no se moleste en responder si no se quiere exponer a una de mis usuales contestaciones maleducadas.

  50. Arturo, yo estoy plenamente de acuerdo con tu planteamiento, pero también estoy plenamente convencido de que sólo el respeto y la educación deben presidir un debate que de otro modo estaría condenado a extinguirse en perjuicio de todos

    ¡cuento contigo!

  51. No será necesario Arturo, Cayetano ya ha contestado a lo que plantean (tanto usted como Felipe) varias veces y de varios modos, no tiene caso seguir insistiendo, supongo que habrá más ocasiones para continuar la discusión.

  52. Entiendo que el Diseño Inteligente, como método científico, sirve básicamente para detectar o descubrir si determinado objeto de estudio (cualquiera sea) fue causado u originado por un agente inteligente. NO es un sistema para evaluar y medir cuantitativamente el nivel de inteligencia de dicho agente. Se trata simplemente de separar la paja del trigo: qué cosas pueden ser originadas por causas y fuerzas puramente naturales, regidas por las conocidas leyes y propiedades constantes de la física y la química; y qué otras cosas solamente pueden tener un origen inteligente, sin la necesidad de determinar cuánta inteligencia hubiera estado involucrada.

    Por lo que el argumento de Cayetano acerca de la medición de la inteligencia, no refuta nada ni está en contradicción con el DI.

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