La Información Prescriptiva: De Von Neumann a David L. Abel

Por Felipe Aizpún

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Ya hemos mencionado en repetidas ocasiones que David L. Abel en sus diversos trabajos, a menudo con la destacable colaboración del profesor Jack T. Trevors de la Universidad de Guelph (Ontario, Canada), ha desarrollado el concepto de información prescriptiva, como una subespecie, junto con la información descriptiva, del género (perdón por la analogía) información funcional. Este a su vez viene a desmarcarse del concepto puramente estadístico y probabilístico, tan desafortunadamente exitoso en nuestros días, de la teoría de la información de Shannon. Los trabajos de Abel se refieren por supuesto al sentido prescriptivo de la información contenida en las secuencias genéticas de nuestro ADN.

Es importante reseñar que el concepto de información manejado por Abel debe desligarse, y así lo reclama con firmeza el propio Abel, de cualquier reminiscencia antropomórfica que pudiera querer hacer parecer la idea de información como una simple metáfora, como una descripción por mera analogía en relación o por cercanía al papel que la información, entendida como vehículo cultural de comunicación, tiene entre los seres racionales. Por el contrario, la información identificable en los mecanismos de la vida debe de ser considerada como un dato de la realidad independiente de la existencia de observador racional alguno. La información genética no es tal porque le hayamos asignado una identificación analógica, no es que nosotros la hayamos convertido en información transformando un recurso puramente físico en un concepto adaptado a la conveniencia de nuestro discurso, como un mero recurso explicativo. Por el contrario, nosotros como observadores racionales lo único que hacemos es descubrir y constatar el carácter de verdadera información y el papel que la misma desempeña en la programación y control de los mecanismos biológicos de los seres vivos.

Mucho antes de la aparición del primer observador racional, las formas vivas más elementales, desde el mismo inicio de la historia de la vida en nuestro planeta, presentaban ya la característica indeleble de sistemas semióticos, es decir, sistemas funcionales a partir de la existencia de signos y de intérpretes (maquinarias moleculares) capaces de construir artefactos, las proteínas, sobre las que descansa el peso del proceso metabólico de los seres vivos. No somos nosotros quienes hemos “creado” la idea de información genética, sino al contrario; es la información genética la que nos ha creado a nosotros. La información existía ya, por lo tanto, como una realidad diferenciada de la sustancia material que la contiene. Este concepto de información objetiva, se distingue así, y precede en el tiempo al concepto de información que estamos acostumbrados a manejar y que supone un proceso subjetivo de cognición y de comunicación entre seres racionales. Cualquiera que sea el origen y la causa de la información registrada en las secuencias del ADN de los primeros seres vivos, la existencia real, como un dato experimentable, de información, es un hecho incontestable.

Pero lo que hoy quiero traer a colación es que la existencia del carácter informacional en los mecanismos íntimos de la vida no es solamente una evidencia que se nos hace patente a partir del conocimiento profundo de la biología desarrollado en las últimas décadas. Para algunos, la existencia de un elemento informacional en los procesos de la vida era también, antes del descubrimiento del código genético, una necesidad racionalmente insoslayable.

Tal es el caso del eminente científico húngaro-estadounidense John von Neumann. Destacado matemático con importaciones aportaciones en el campo de la física cuántica, su interés por las ciencias de la computación, la cibernética o el análisis funcional le llevó a interesarse por la biología y en concreto por el carácter auto-replicante de los organismos vivos desarrollando el concepto de lo que hoy es conocido como máquinas de von Neumann o autómatas celulares.

Von Neumann se aplicó en estudiar, en términos puramente abstractos, la naturaleza del acto de la auto-replicación en los seres vivos y la lógica interna de un proceso de evolución caracterizado por el acrecimiento progresivo de complejidad en los mismos. Dos elementos resultaban imprescindibles y perfectamente identificables: la descripción simbólica por un lado, y la construcción material por otro. El desafío radicaba en entender cómo y porqué los organismos vivos tenían la capacidad de aumentar el umbral de la complejidad en vez de decaer o deshacerse. El argumento lógico a favor de la necesidad de la existencia de símbolos como elementos separados y diferenciados del proceso dinámico de construcción del organismo vivo era esencialmente informal y en gran medida puramente intuitivo.

El razonamiento de von Neumann se basaba en la comprensión de que el medio de comunicación que alimenta un autómata material es independiente del autómata en sí o de la función que realiza. Comprendió así que símbolos y materia o energía son categorías esenciales diferentes, y que ello se confirma en la distinción elemental entre software y hardware en el ámbito de los computadores y la informática. Ello le permitió predecir correctamente cómo podían replicarse las células con antelación al descubrimiento estrictamente científico de los mecanismos genéticos subyacentes a la copia y traducción de la información contenida en el ADN.

Von Neumann comprendió que el proceso de replicación celular sólo podía entenderse como un proceso de construcción a partir de una “descripción” del original que debía ser replicado, y mediante la ejecución de “instrucciones” que exigían ser interpretadas. Esto nos lleva al reconocimiento de que una descripción simbólica, cualquiera que sea su forma, tiene una estructura física diferente e independiente del resultado interpretativo de la misma. Leer la descripción supone interpretar su significado. Copiar una secuencia genética es una cosa, interpretarla para construir un organismo vivo diferente del original es algo bien distinto. En su época, la lógica de von Neumann resultaba verdaderamente iluminadora y permitía aventurar que la evolución “creativa” suponía algo más que una mera cadena de reacciones químicas fortuitas en un escenario de tiempo geológico inmensamente amplio. Era preciso que existiera una reserva de “memoria” informacional independiente del tiempo, que merced a mecanismos de interpretación y codificación y decodificación controlara el proceso dinámico de construcción y síntesis química inherente al hecho de vivir.

Von Neumann intuyó, de forma puramente abstracta, el carácter prescriptivo de la información genética. Por supuesto esto no hace sino desencadenar nuevas preguntas en mayor medida que aportar soluciones definitivas. Lo que cabe plantearse a renglón seguido es cuál es el origen y el sentido teleológico del proceso, de dónde y porqué surge la información y cómo han emergido las capacidades interpretativas de la maquinaria molecular interviniente en el proceso. Estas son, evidentemente, las preguntas que intentamos abordar desde el discurso del Diseño Inteligente. Von Neumann por su parte reconoció carecer por completo de explicación alguna en torno al origen del enigma. En concreto declaró: “Que tales complejas interacciones simplemente ocurran en el mundo es un misterio de primera magnitud”.

Medio siglo después, estimado profesor von Neumann, el misterio sigue sin resolverse, y no sé qué me hace pensar que si seguimos empeñados en proponer explicaciones puramente naturalistas al mismo, la cosa va para largo.

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