La evolución y su papel en la biología

Por Felipe Aizpún

Una de las frases más famosas en el debate sobre la evolución es la que popularizara el gran biólogo de origen ucraniano Theodosius Dobzhansky: “En biología nada tiene sentido si no se considera bajo el prisma de la evolución”.

Nada conviene menos, sin embargo, al quehacer científico que encasillar y dirigir su labor desde la asunción previa de prejuicios y modelos explicativos no suficientemente demostrados. En este caso, el problema se agudiza cuando además se debe añadir al comentario de Dobzhansky que la idea de evolución preconizada no es otra cosa que “su” particular visión del hecho evolutivo, es decir, el paradigma darwinista elevado al rango de dogma racional inexpugnable. La pretensión de que el trabajo de los biólogos deba estar presidido por la interpretación de todos los hechos observados según la hipótesis darwinista de una evolución dirigida por mutaciones fortuitas y selección natural constituye una de esas servidumbres propias de la cultura instaurada en la comunidad científica y que ha sido retratada de forma magnífica por Thomas S. Kuhn en su irremplazable “La estructura de las revoluciones científicas”. Los paradigmas asumidos como dominantes en el seno de la comunidad científica se convierten en la guía de toda la labor de investigación y los hechos observados son acomodados al mismo, velis nolis, condicionando la labor de investigación hacia la obtención de conclusiones preconcebidas.

Pero esta imposición asfixiante del paradigma darwinista no se ha producido en la misma manera en todas las latitudes. Por razones históricas o de idiosincrasia, la comunidad científica francesa ha permanecido relativamente independiente en relación a la dominación del darwinismo como criterio explicativo de la realidad. En su seno han destacado por su brillantez científicos de prestigio internacional como Pierre-Paul Grassé o Rémy Chauvin quienes, fieles a la tradición evolucionista iniciada por Maupertuis o Lamarck entre otros, han contribuido de forma sobresaliente al desarrollo del conocimiento científico desde su profundo rechazo del modelo darwinista como explicación de un eventual proceso evolutivo. Tanto uno como el otro han dejado claro en sus escritos su profunda discrepancia con la pretensión de que la actividad investigadora de los profesionales de la biología deba estar condicionada o valorada en virtud de su concordancia con un esquema de pensamiento arbitrariamente impuesto.

Grassé, en concreto, establece con claridad que el ámbito natural de estudio del fenómeno evolutivo no es tanto la biología en sí misma sino la paleontología, es decir, el estudio e interpretación del registro fósil a la luz, lógicamente, del conocimiento independiente que la biología debe aportar. Entre tanto, la investigación en el campo de biología, así como sus aplicaciones biomédicas, pueden transcurrir plácidamente y generar un flujo enriquecedor de conocimiento, tanto más racionalmente consistente, cuanto más alejada esté la labor del investigador de condicionantes ideológicos ajenos a la esencia puramente científica de su trabajo.

El que este tipo de reflexiones recuperen el protagonismo en el panorama científico contemporáneo es siempre una buena noticia. En un artículo reciente el profesor de la Harvard University Steven Shapin escribe lo siguiente:

“He enseñado a muchos estudiantes talentosos tanto en USA como en el Reino Unido, que no podían dar una explicación coherente de la evolución por selección natural –la teleología sigue siendo enormemente popular- y aunque puede ser el caso, o no, que la evolución proporcione las bases conceptuales de la ciencia de la vida, lo que es cierto es que los biólogos no necesitan dominar una tal teoría para hacer un trabajo competente, por ejemplo, sobre la vida sexual de los gusanos marinos, la fotosíntesis en las algas, o la secuencia de nucleótidos de los genes del cáncer de mama. Muchos participantes en expertas prácticas modernas resultan ser no muy buenos para explicar los supuestos fundamentos de sus prácticas.”

Una declaración bien razonable, un mero ejercicio de sentido común; claro como el agua.

Una Respuesta para La evolución y su papel en la biología

  1. “la evolución ocupa un lugar especial y paradójico dentro de la biología como un todo. Mientras la mayoría de los biólogos podría probablemente estar de acuerdo con el dictum de Theodosius Dobzhansky de que , la mayoría puede conducir su trabajo felizmente sin referencia particular a las ideas evolucionarías. La `evolución’ pareciera ser la indispensable idea unificadora y, al mismo tiempo, una altamente superflua”. [Wilkins, Adam S. 2000. “Introduction (issue on Evolutionary Processes).” BioEssays, 22(12):1051-1052, December ]

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