Juan Arana, Antony Flew y el Diseño Inteligente (5)

Felipe Aizpún

De artefactos y entes naturales.

Pero hay otra crítica en el trabajo del profesor Collado que conecta también íntimamente con la exposición de Arana en la conferencia que da origen a esta serie y que merece ser atendida. Se refiere a los trabajos de Michael Behe y a su exposición de las características específicas de la maquinaria molecular puestas de relieve por la microbiología contemporánea, y que incluyen por supuesto sus apreciaciones en torno a la condición de complejidad irreducible de muchos de estos sistemas funcionales. De forma en cierto modo sorprendente Collado califica estas propuestas de Behe como de “abiertamente mecanicistas” y aduce que pretendería explicar todo lo que acontece en base a los elementos componentes de un sistema y sus interacciones según una perspectiva descrita como “bottom-up”.

El artículo de Collado se enmarca en una cierta visión crítica del DI y más concretamente de los argumentos tradicionales de diseño al estilo de Paley que nos ofrece habitualmente un destacado filósofo tomista norteamericano, Edward Feser (en la imagen), autor de libros que han alcanzado un cierto reconocimiento como “Aquinas” o “The last superstition”. Vaya por delante que sus opiniones han encontrado amplia
respuesta
en otros autores también tomistas y convencidos proponentes del DI como Jay Richards, Vincent Torley o Thomas Cudworth. Aunque ambas críticas (la de Feser y la de Collado) descansan sobre el carácter maquinístico de los artefactos moleculares y la composición del todo por sus partes en las formas vivas, las matizaciones de uno y otro son importantes por lo que requieren comentarios separados.

La crítica de Collado es la que resulta más difícil de entender. El mecanicismo es la posición intelectual que pretende que todo lo real puede ser suficientemente explicado por sus causas eficientes a partir de un estado de cosas inicial, que los entes complejos no son por tanto sino el resultado de una sucesiva agregación de partes que ha propiciado la emergencia de propiedades específicas, y en el mundo de la biología en concreto, que el diseño funcional de los seres vivos es una mera ilusión que no precisa de ninguna justificación causal adicional. He aquí la antítesis del DI. Este movimiento propugna exactamente lo contrario, a saber, que los seres vivos presentan un diseño funcional real que no puede justificarse por las causas eficientes o mecanismos materiales observables, y que una causa inteligente se hace imprescindible para explicar el principio inmanente de organización observable en los vivientes. El mecanicismo es reduccionista, el DI no; el mecanicismo contemporáneo es intrínsecamente materialista, el DI no. El mecanicismo es básicamente emergentista, el DI por el contrario se basa precisamente en sostener la falta de adecuación causal entre las leyes naturales conocidas y la aparición de propiedades y funciones en los seres vivos, como la agencia inteligente o la autoconciencia de los seres humanos, que demandan otra fuente de causalidad.

El mecanicismo es, efectivamente, una perspectiva que contempla únicamente mecanismos “bottom-up” o de causación ascendente (“upward causation”). El DI por el contrario para justificar la existencia real de diseño funcional efectivo, requiere formas de causación descendente (“downward causation”) de tal manera que niveles superiores de organización funcional y de complejidad prescriben los eventos a niveles inferiores, tal como normalmente conceden también otros autores no adscritos al movimiento y en especial los afines a la corriente de la biosemiótica como Barbieri o la escuela escandinava. No voy a extenderme en un tema que ya he tratado con cierta amplitud en los varios posts dedicados al tema de la forma biológica como causa formal y en los que de forma especial he señalado el proceso de desarrollo embrionario de los organismos pluricelulares como ejemplo paradigmático de evento de causación descendente, de la misma manera que el David de Miguel Ángel nos muestra el resultado de un proceso que no puede nunca ser suficientemente explicado como una mera sucesión de golpes de cincel sobre la piedra desentendiéndose del propósito y de la idea del artista que guía la acción material. El propio Dembski, para ejemplificar sus argumentos anteriormente expuestos recurre al proceso de creación de la pintura “la Gioconda” por su autor. Como resumen baste señalar que un proponente de una causa inteligente no parece que pueda ser “acusado” de proponer un proceso “bottom-up” ya que tal mecanismo de causación, por su propia naturaleza, hace superflua la necesidad de una causa externa.

Por su parte Feser ha incidido de forma repetitiva en los artículos de su (por otra parte) espléndido blog en su crítica al DI sobre la base de una supuesta confusión o error categorial consistente en achacar a los seres vivos la misma condición artefactual que los ingenios humanos, lo que implicaría desconocer la existencia de una teleología inmanente en los mismos a diferencia de la teleología impuesta desde fuera en los objetos materiales construidos por el hombre. Supuestamente la filosofía interna del discurso del DI desconocería la distinción tradicional habitual desde Aristóteles entre “naturaleza” y “arte”. Feser se apoya especialmente en unas palabras de Dembski que vienen a decir lo siguiente:

Tal como el arte de construir barcos no está en la madera que conforma el barco y el arte de hacer estatuas no está en la piedra de la que la estatua está hecha, igualmente la teoría del DI sostiene que el arte de construir la vida no está presente en la materia física que forma la vida, sino que (ésta) exige un diseñador”

La critica de Feser parece asemejarse claramente al comentario del profesor Arana, al manifestar que el DI requeriría un Dios que se aplicara de forma personal al armado de rutas metabólicas uniendo proteínas y nucleótidos. Resulta difícil entender cómo ni el uno ni el otro pueden haber llegado a tal conclusión. El sentido de las palabras de Dembski creo que queda perfectamente esclarecido a la luz de las exposiciones de su libro “The Design Revolution” y en especial del capítulo 23 que he citado anteriormente (post nº 4 de esta serie). No me repetiré; simplemente creo pertinente aclarar que no existe confusión alguna ya que la diferencia tradicional entre entes naturales y artefactos es patrimonio de todo pensador mínimamente avezado. Dembski no pretende contrariar la tradición, y en ningún caso pueden interpretarse sus palabras como el desconocimiento de la existencia de una finalidad natural inherente en los seres vivos. Lo que dice Dembski, creo que con bastante claridad, es que no está en la materia inanimada (de la que los propios seres vivos están formados) el potencial para generar espontáneamente los recursos informacionales y los procesos semióticos que gobiernan la dinámica agente de las formas vivas, que hace falta un input adicional, lo que él ha denominado “diferencia discernible”, y que la misma requiere una explicación inteligente. En el estilo discursivo sui generis de Wolfgang Smith, esa diferencia discernible no puede explicarse como efecto de un proceso espacio-temporal o causalidad horizontal, sino que exige una causación de naturaleza vertical, propia de un acto de ideación o conocimiento, que trasciende el ámbito de la historia y que emerge, aunque no sepamos cómo o cuándo, como un principio metafísico que define la naturaleza y esencia de los seres vivos. Las perspectivas de causalidad son, en definitiva, concausales.

No se me ocurre que en un planteamiento de esta naturaleza haya contradicción alguna con el modelo de pensamiento propio de la tradición aristotélico-tomista como Feser pretende, máxime si reflexionamos sobre el sentido de las palabras del pensador de Aquino en la quinta de sus vías, cuando establece que los seres que persiguen una finalidad sin tener conocimiento, necesariamente han de tender al fin dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia; o cuando nos dice en la cuestión 93 de su Suma Teologica (I, IIae, en torno a la Ley Eterna) que “Dios es creador de todas las cosas por su sabiduría, y respecto de esas cosas guarda una relación semejante a la del artífice respecto de sus artefactos”.

Pero hay más; quiero traer a colación un corto video disponible en Youtube y que recoge un pasaje de una conferencia del profesor Mariano Artigas en torno al argumento teleológico de la quinta vía. Para los que no estén al corriente, el profesor Artigas, físico y filósofo de reconocido prestigio internacional, fue fundador y máximo responsable de Ciencia Razón y Fe hasta su fallecimiento en 2006, y su obra constituye una aportación sobresaliente en el campo de la filosofía de la ciencia contemporánea. En dicha conferencia, el profesor Artigas declaraba expresamente que la biología moderna nos aporta una base empírica que refuerza la consistencia del argumento teleológico tradicional y citaba dos ejemplos entre muchos otros posibles, con exhibición de imágenes y citas concretas. Un ejemplo se refiere al proceso de replicación del ADN y a su exquisita complejidad. El segundo ejemplo se refiere al proceso de diferenciación celular, precisamente en el proceso de desarrollo embrionario, y a la forma en que la expresión de los genes en cada célula va conformando los distintos sistemas biológicos del organismo. Artigas consideraba que tales ejemplos constituyen por sí mismos y de forma directa, evidencia del “gobierno inteligente” de este mundo, base empírica que ilustra el significado concreto del argumento filosófico esgrimido por Santo Tomás. Decía Artigas:

“la cosmovisión científica actual resulta enormemente coherente con la conclusión del argumento teleológico, un gobierno divino del Universo, una racionalidad materializada, información, racionalidad materializada en estructuras físicas, químicas, biológicas, y realmente esto es, como mínimo, como mínimo, enormemente coherente con ese gobierno inteligente del mundo, con un plan.”

Lo de “como mínimo, como mínimo” suena enormemente comprometido, y es que parece evidente que Artigas no puede evitar encontrar la huella de una causa inteligente, no sólo en el comportamiento finalista de los organismos vivos contemplados como un todo, sino también en el entramado de los procesos íntimos de la vida y la “información” que los sustenta. Eso y no más (pero tampoco menos) es lo que constituye el argumento central del discurso del DI tal como queda de manifiesto en el excelente libro de Stephen C. Meyer “Signature in the Cell”.

Me apresuro a decir que el profesor Artigas mantuvo siempre en sus escritos una posición distante con relación al movimiento del DI; por el contrario demostró sus simpatías hacia los autores representativos del evolucionismo teísta con alguno de los cuáles compartió proyectos editoriales. Sin embargo, y como he dicho, este tipo de reflexiones es exactamente lo que constituye la esencia del mensaje de los autores del DI. Por eso, resulta difícil de entender que tales manifestaciones puedan ser compatibles con las palabras del profesor Arana en su conferencia, al establecer que los argumentos de inferencia de diseño basados en el conocimiento científico aportado por la biología moderna, constituyen un error filosófico y deben ser tenidos por algo “completamente distinto” del argumento de diseño tradicional.

En todo caso, hay que decir también que la idea de que los seres vivos no pueden confundirse con artefactos mecánicos no sólo no contradice sino que forma parte principal del discurso de algunos autores proponentes del DI; tal es el caso del filósofo de Notre Dame James Barham, quien se ha extendido sobre tal principio esencial, precisamente como un argumento en contra del modelo darwinista tradicional, en muchos de los artículos de su blog en “The best Schools”. Los seres vivos, nos dice Barham, no son máquinas, son agentes inteligentes. Los seres vivos presentan una capacidad maravillosa para reaccionar a los cambios ambientales, identificar las amenazas y poner en marcha mecanismos internos de señalización y respuesta, eventos de ingeniería genética molecular o procesos adaptativos basados en la plasticidad de sus fenotipos. Barham define tales conductas como “agencia inteligente” y considera que el paradigma naturalista tradicional, anclado precisamente en la metáfora maquinística carece de respuestas para este desafío conceptual.

Por último, se hace preciso matizar una diferencia que puede estar en la base del desconcierto producido por la reivindicación (no sólo de autores afines al DI sino de muchos otros más) del carácter artefactual y de la metáfora maquinística, pero referida no a los seres vivos contemplados como un todo, sino a una inmensa cantidad de mecanismos funcionales presentes en el interior de su intrincada biología, como es, por ejemplo, el caso del flagelo bacteriano elegido por Behe como ejemplo de sistema irreduciblemente complejo. Las células están plagadas de verdaderos artefactos moleculares. Quien mejor ha explicado el alcance de esta reflexión es quizás el biólogo italiano Marcello Barbieri en su estupendo libro “The Organic Codes”. En él sostiene que, en la distinción clásica tradicional entre artefactos y entes naturales, basada en la existencia de una finalidad inmanente o impuesta desde fuera, todos los elementos que son objeto de auténtica “fabricación” en el seno de la célula, empezando por las proteínas y alcanzando a las maquinarias biológicas complejas más sorprendentes, deben inscribirse en el apartado de “artefactos” porque de manera evidente son construidos mediante un proceso de agregación de partes, ejecutado por otra maquinaria molecular previamente construida, a partir de recursos informacionales específicos y adquiriendo una significación teleológica en el conjunto del organismo que las partes de las que están construidas por sí mismas no pueden justificar. En palabras de Barbieri tales artefactos moleculares están conformados “from without” y no “from within”, es decir, son conformados desde fuera, y no desde dentro, no se construyen a sí mismos en ningún caso.

Y es que el pensamiento filosófico tiene que acomodarse necesariamente a los avances en el conocimiento científico. A este respecto resulta de especial interés la reunión mantenida por eminentes científicos en Trinity en la primera quincena de este pasado mes de Julio para debatir la sempiterna cuestión ¿Qué es la Vida?. En dichas jornadas participó el archi-mediático Craig Venter que manifestaba lo siguiente:

“Todas las células vivientes que conocemos en este planeta son máquinas biológicas gobernadas por un “software ADN” y comprendidas por proteínas-robots, codificados por el ADN y que desempeñan funciones específicas.”

Maquinaria funcional, información prescriptiva, códigos genéticos, en definitiva, unas consideraciones que parecen legitimar suficientemente la necesidad de una explicación inteligente para el advenimiento en la historia del cosmos de tales entes. Al menos eso es lo que parecía haber concluido el filósofo británico Antony Flew, cuyos trabajos daban origen a la conferencia del profesor Arana y a este comentario. Una vez terminada esta amplia digresión, volvemos a Flew y a su concepción de la causalidad inteligente en el próximo post. (continuará)

3 Respuestas para Juan Arana, Antony Flew y el Diseño Inteligente (5)

  1. Saludos,

    desde la DI que consecuencias se preveen y/o problemas en estos estudios y tecnología que muestra este señor:
    http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=ogugvF72n70

    “Juan Manuel es físico y matemático, con doctorado en Física del MIT y postdoctorado en biología de Harvard, trabaja en las nuevas áreas de la Biología de Sistemas y Biología Sintética. Sus investigaciones han revelado cómo el ruido inherente a los circuitos intracelulares que controlan a los seres vivos producen comportamientos distintos en células idénticas ( libre albedrío en bacterias) y cómo el modelaje matemático de estos procesos permite diseñar circuitos genéticos artificiales para controlar procesos biológicos (bio-robots). Nos hablará de las posibilidades que abren estas nuevas áreas y sus impactos en la biotecnología, la medicina y en nuestro entendimiento de lo que significa ser humano.”

  2. Hola Man,
    en efecto los avances científicos apuntan de forma inequívoca a la idea de que los organismos no son simples robots que repiten comportamientos sino que además están dotados de una amplia capacidad de reconocimiento de cambios ambientales, señalización y respuestas. Tales respuestas se producen a menudo por mecanismos específicos de ingeniería genética natural, y se traducen en una amplia plasticidad fenotípica de carácter adaptativo. En la medida en que tales respuestas son específicas al cambio detectado se consideran ejemplos de “problem solving” lo que hace que muchos autores definan tales conductas como “agencia inteligente” Véanse por ejemplo los posts dedicados en este blog a James Barham o a Trewavas y la inteligencia de las plantas etc.
    La manera en cómo funcionan estos sistemas de respuesta ha conducido, como explica Juan Manuel en tu video a identificar sistemas lógicos de toma de decisiones a nivel celular y ha producido en los últimos años una colaboración profunda entre las disciplinas de la biología molecular y la ciencia informática.
    Somos muchos quienes creemos que tales sistemas biológicos tienen que haber sido el producto de un diseño inteligente y no el mero resultado de la acumulación de errores de transcripción genética.

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