Instinto Social en Darwin. Parte 3

originmanPor Fernando Ruiz Rey.

Conciencia moral.

Darwin está en verdad consciente del conflicto que se presenta entre los sentimientos sociales positivos – en parte heredados pero principalmente provenientes de la presión del grupo- y las tendencias egoístas del individuo, cuando retóricamente formula las preguntas: “¿Por qué un hombre siente que tiene que obedecer un deseo instintivo en vez de otro” ¿Por qué lamenta amargamente si ha cedido al fuerte sentido de autopreservación, y no ha arriesgado su vida para salvar a un compañero; o por qué lamenta haber robado comida cuando estaba intensamente hambriento?” (1:87)

Para encontrar respuesta a estos interrogantes, Darwin comienza explicando que aquellas acciones que se realizan casi sin pensar para salvar o ayudar a un vástago o miembro del grupo en peligro son debidas a un instinto social bien desarrollado. Estos actos no pueden llamarse en rigor morales por realizarse en forma impulsiva, sin mediar un momento reflexivo; aunque Darwin opina –en otro capítulo- que: “Además de amor y simpatía los animales exhiben otras cualidades que nosotros llamaríamos morales,” (1:78). El ejemplo que presenta el biólogo es el de un perro que se abstiene de robar comida en ausencia de su amo. Se podría decir que para Darwin este tipo de conducta animal es protomoral, porque el biólogo piensa que: “Un ser moral es capaz de comparar sus acciones o motivos pasados y futuros, y de aprobarlos o desaprobarlos.” (5.8 Pág. 88) Esta capacidad moral no puede atribuirse propiamente a los animales, pero sí al hombre que realiza estos actos…”deliberadamente después de una lucha con motivaciones opuestas, o por efecto de un hábito lentamente-ganado o, impulsivamente por un instinto.” (1:89) O sea, para Darwin en la base de los actos morales se encuentra el instinto o el hábito, que, a su vez se ha iniciado en la ejecución repetida de un instinto; en este caso del instinto social. Pero como la fuerza de ejecución de los actos sociales es de ordinario más débil que los instintos de auto-preservación, hambre, venganza, lujuria, hambre, etc. El hombre cede ante ellos y lo lamenta, y siente que debe lamentarlo; esta es la conciencia moral. Darwin señala: “El hombre difiere profundamente a este respecto de los animales inferiores.” (1:89)

La conciencia moral se desarrolla gracias al instinto social.

Darwin sostiene que los sentimientos de amor y simpatía se encuentran presentes en forma permanente en los animales que viven en grupos,…”sin el estímulo de ninguna pasión o deseo especial…..son infelices si son separados de ellos, y siempre felices en su compañía. Y así sucede con los seres humanos. Un hombre que no posea trazos de estos sentimientos sería un monstruo no natural.” (1:89) La presencia constante de estos sentimientos de amor y simpatía en el hombre permiten la aparición evolutiva de la conciencia moral. Esto es posible por el desarrollo del poder mental que permite que las imágenes de acciones pasadas se recuerden y se revisen en la mente; Darwin escribe: …”como el hombre no puede impedir que las impresiones antiguas pasen constantemente por su mente, se verá forzado a comparar las impresiones débiles, como por ejemplo el hambre pasada, o la venganza satisfecha, o el peligro evitado a costa de otros hombres, con el instinto de simpatía y de buenos deseos para sus compañeros, que están siempre presentes y en cierto grado activos en su mente. Entonces sentirá en su imaginación que un instinto más fuerte [y persistente como el instinto social] ha cedido a otro que ahora parece comparativamente débil; y entonces sentirá inevitablemente ese sentimiento de insatisfacción, [sentimiento de frustración] con el que todo hombre está dotado, como cualquier otro animal, para que sus instintos sean obedecidos.” (1:89) Con la frustración o insatisfacción generada al constatar que el importante instinto social ha cedido el paso a la satisfacción de otro que se presentó intensa, pero fugazmente, surge la conciencia. En este proceso dice Darwin: “El hombre se sentirá insatisfecho consigo mismo, y resolverá con más o menos fuerza actuar diferentemente en el futuro. Esta es la conciencia; porque la conciencia mira hacia atrás y juzga las acciones pasadas, induciendo esa especie de insatisfacción, que si débil llamamos lamentar y, si severa, remordimiento….Estas sensaciones [lamentar y remordimiento] –continúa Darwin- son sin duda diferentes a aquellas experimentadas cuando otros instintos o deseos no son satisfechos; puesto que cada instinto insatisfecho posee su propia sensación para la acción, como lo reconocemos con el hambre, la sed, etc.” (1:91) Con esta conciencia –e insatisfacción- que se presenta en el hombre derivada de su instinto social frustrado, adquiere, mediante una repetición prolongada –hábito-, …”un perfecto autocontrol [de modo que] sus deseos y pasiones cederán instantáneamente a sus simpatías sociales, sin más lucha entre ellos.” (1:91) Este hábito de auto-control,…”el hábito de auto-control –piensa Darwin-, como los otros hábitos, puede ser heredado. Así al fin el [hombre] llega a sentir, mediante el hábito adquirido, y quizás heredado, que es mejor para él, obedecer sus instintos más persistentes. El imperioso ‘debería’ [moral] parece implicar meramente la conciencia de la existencia de un instinto persistente….que sirve como guía, pero posible de desobedecer.” (1:92) La respuesta a las preguntas retóricas que se hace Darwin, mencionadas más arriba, acerca del por qué se obedece un instinto más que otro, es el instinto social frustrado, que permite, gracias al desarrollo del poder mental, la emergencia de la conciencia y con ella, el autocontrol. La aprobación o desaprobación del grupo refuerza el hábito de la conducta social. Si un hombre no tuviera simpatía para responder a las expectaciones de la comunidad, y no reprobara sus impulsos egoístas, “…entonces –dice Darwin– es esencialmente un mal hombre; y la única motivación limitadora que resta, es el temor al castigo, y la convicción de que a la larga será mejor para su propio interés egoísta considerar el bien de los demás más que el suyo propio.” (1:92)

Para aquellos que creen en Dios o dioses, afirma el naturalista, se agrega el temor al castigo divino. El bien y el mal de las acciones para Darwin, están referidos al bien general del grupo, sancionadas por la regla clave de la evolución: la selección natural. Sin duda Darwin considera al instinto social primario lo suficientemente fuerte y persistente para generar la conciencia moral. Pero esta posición dentro del contexto de la teoría regida por la selección natural, constituye un supuesto difícil de demostrar, ya que es frecuente observar en los pueblos primitivos –como el mismo Darwin lo documenta- conductas carentes de toda simpatía para miembros enfermos, envejecidos o considerados inservibles del grupo.

La conducta social se basa entonces para Darwin, fundamentalmente en el instinto de simpatía y el amor hacia los del grupo propio, reforzada por las expectaciones y normas de la comunidad. La conducta social, las virtudes, se dan en el contexto del grupo: fidelidad, coraje, veracidad, obediencia, etc.

En los pueblos no ‘civilizados’ estas virtudes, explica Darwin, no se extienden a los ajenos o enemigos, a ellos se miente, se esclaviza, se tortura y mata. Incluso estos pueblos, como ya hemos mencionado y citado por Darwin, aún a algunos miembros del propio grupo los eliminan, como es el caso del infanticidio de niñas, o los tratan como “esclavos”, como por ejemplo a las mujeres. Las acciones buenas y malas –según el biólogo- son “…consideradas por los salvajes, probablemente también por el hombre originario…. solamente aquellas que afectaban de manera obvia el bienestar de la tribu, no el de la especie, ni el del individuo particular. Esta conclusión concuerda bien con la creencia de que la así llamada moral es inicialmente derivada de los instintos sociales, porque ambos se relacionan primero exclusivamente con la comunidad.” (1:97).

Tenemos aquí un conflicto, el ‘objeto’ que cierne la selección natural es el individuo cuando se obedecen los instintos de autopreservación, y el grupo cuando se siguen los instintos sociales; este conflicto –como veremos posteriormente–, conduce a cambios radicales en la concepción del ‘objeto’ de la selección natural.

BIBLIOGRAFÍA

1. Darwin, Charles (1871). The Descent of Man and Selection in Relation to Sex. London: John Murray, Albemarle Street.

http://darwinonline.org.uk/content/frameset?itemID=F937.1&viewtype=side&pageseq=1

Nota: Las traducciones del inglés han sido hechas por el autor.

Fuente: La Evolución, una Teoría en Reseso. Fernando Ruiz Rey. OIACDI 2013 Este trabajo ha sido previamente publicado en psiquiatria.com en la Revista de Psiquiatría: “Teoría de la Evolución darwiniana.” Vol. 12, No 3 (2008)

Reproducido con permiso del autor y de psiquiatria.com (27/11/2013).

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