Información genética: ¿Cuánta hace falta?, ¿Dónde reside?

Por Felipe Aizpún

Hemos podido leer recientemente el artículo de Eric Werner (Oxford University) en torno a la información genética relevante para establecer las señas de identidad de las distintas especies. Muchas son las cuestiones que puede suscitar esa lectura. Apuntaremos aquí algunas de ellas con objeto de poner de manifiesto hasta qué punto el darwinismo ha sido capaz de presentarse, desde el profundo desconocimiento de los secretos de la vida, como la idea más genial jamás concebida por mente humana, condicionando dogmáticamente nuestra concepción de la vida y de la realidad.

El gran desafío para la ciencia de la biología es adaptarse al reconocimiento de que la vida no puede explicarse desde perspectivas reduccionistas pretendiendo que materia y energía son los únicos componentes de los seres vivos. La información, esa realidad formal que esquiva nuestra capacidad de aprehensión experimental, es el secreto de la vida y el desafío al que se enfrentan los investigadores. Hemos superado ya la errónea perspectiva consustancial al paradigma neo-darwinista (un gen-una-proteína-un rasgo); ahora, tal como indica Werner sabemos que existen dos niveles diferentes de jerarquía informacional y organizacional: los materiales de construcción por un lado, y los planos del proyecto por otro. Pero todavía cabe explorar la cuestión fundamental: ¿cuánta información es precisa para completar el desarrollo embrionario y el control de la vida adulta de un organismo superior?, ¿cabe toda esa información en el genoma?

Algunos comentaristas que han glosado el artículo de Werner nos aportan reflexiones del máximo interés que pasamos a analizar.

Pensemos en el desarrollo del sistema nervioso de un organismo humano adulto a partir de una célula primigenia. Es corrientemente aceptado el hecho de que un ser humano tiene al nacer aproximadamente 100 mil millones de neuronas (lo notaremos como 10*11, osea 10 elevado a 11). Cada neurona tiene un número variable de entre 1.000 y 10.000 conexiones o sinapsis con otras neuronas, a través de axones y dendritas mielinizadas por donde pasa el impulso nervioso. En el menor de los casos estamos hablando de 10*3 conexiones, lo que nos lleva a un mínimo total de conexiones en el cerebro humano de 10*14, o sea de unos 100 millones de millones de conexiones. Aunque nadie sabe a ciencia cierta cómo funciona este maravilloso entramado de conexiones, parece razonable pensar que el correcto funcionamiento del cerebro humano exige que dichas conexiones no se produzcan de forma fortuita o casual, ni que se produzca de manera caótica y desordenada; por el contrario, la exquisita organización funcional de todos nuestros sistemas biológicos invita a considerar que el establecimiento de la red de conexiones que garantiza la funcionalidad del cerebro y por lo tanto, que justifica nuestra facultad más específica, se lleva a cabo en el proceso de desarrollo embrionario según un esquema perfectamente predeterminado.

La cuestión que se plantea se puede formular de la siguiente manera: ¿en qué parte de la célula originaria, el cigoto, que dio origen a un determinado ser humano, residían los siguientes niveles de información?

  • A.Información sobre cuántas células debían desarrollarse como células nerviosas, y en concreto, cuántas como cada tipo de neurona, ya que el sistema nervioso tiene diferentes partes en las que hay diferentes tipos de neuronas.
  • B.Información sobre cómo conectar las distintas neuronas entre sí (una media de entre 1.000 y 10.000 conexiones por neurona). Esta fase del proceso implica consideraciones topológicas (algo así como el GPS del organismo) a la vez que temporales (la cuarta dimensión) que garantice la sincronización exacta del proceso con el desarrollo paralelo de otros sistemas del organismo afectados o relacionados por dichas conexiones.
  • C.Información por lo tanto del “body plan” o cuadro morfológico en construcción en su conjunto; algunas células devendrán neuronas en el cerebro, otras lo serán en la espina dorsal, algunas serán células del nervio óptico o en el propio ojo y sus partes etc.
  • D.Información y control temporal del desarrollo embriológico. Las células deben especializarse como células nerviosas en un determinado momento (mes, día, hora…) del proceso de desarrollo embrionario.

En definitiva, para muchos estudiosos no está claro que los 3 mil millones de pares de bases que conforman nuestro genoma tengan la capacidad de soportar la cantidad de información necesaria para la construcción de un organismo adulto y para el control de su actividad biológica a lo largo de sus años de vida.

Estas consideraciones deben hacernos comprender que nos encontramos todavía muy lejos de haber entendido los procesos de la vida y ser capaces de justificarlos en términos científicos. Con cada avance de la ciencia, el ridículo paradigma neo-darwinista basado en la acumulación de errores en el proceso de reproducción y en su filtro por ese portentoso hallazgo intelectual que es la selección natural (que todo lo explica, lo mismo una cosa que su contraria), se acerca un poco más, si cabe, al colapso definitivo. Nuevos modelos científicos se irán consolidando paulatinamente y nuevas intuiciones causales se derivarán de ellos; bienvenidos sean.

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