Hoffmeyer, la semiótica y el naturalismo (2)

Felipe Aizpún

JHoffmeyerPresentar la causalidad semiótica como una solución al problema de la complejidad de los seres vivos y de la teleología inevitable en la Naturaleza exige una justificación muy bien argumentada. Veamos qué es lo que Hoffmeyer nos ofrece. De acuerdo con una interpretación semiótica del proceso evolutivo, nos dice el autor, la maquinaria molecular sirve para integrar la percepción sensitiva del mundo exterior en el mundo interior del organismo vivo tal como éste es descrito en su sistema genético. Añade además que la selección natural ayudará, sin duda, a perfeccionar los sistemas semióticos de interpretación del entorno, aumentando la capacidad de responder a una variedad de “signos” mediante la formación de nuevos y significativos “interpretantes”. Esta capacidad de hacer emerger nuevos procesos semióticos es lo que Hoffmeyer define como “libertad semiótica” un término que da título al trabajo y se constituye en el eje central de la explicación. La libertad semiótica (principio biológico por tanto “descubierto”, o mejor dicho “inventado” por Hoffmeyer) permite al organismo recibir nueva información del entorno y ello “normalmente tendría efectos adaptativos beneficiosos”. Como prueba de esta “libertad semiótica” Hoffmeyer aduce que es evidente que los organismos más avanzados disponen de recursos semióticos mucho más elaborados que los propios de organismos más elementales. La libertad semiótica nos permitiría, dice el autor, explicar la evolución emergente ya que posee una dinámica auto-amplificadora. Patrones de comunicación en la agrupación de células o el ensamblaje de individuos podrían haber aparecido como el simple resultado de los procesos de prueba y error dentro de la normal interacción y mantenerse durante largos períodos de tiempo. Si tales modelos fueron ventajosos para los organismos que los adquirieron, eventos mutacionales posteriores podrían haberlos incorporado a la estructura orgánica. En definitiva y en una palabra, “MAGIA”.

Lo primero que llama la atención del relato de Hoffmeyer es que, aparentemente, el proceso evolutivo se nos ofrece como un mecanismo de respuesta al entorno a través de modificaciones inducidas por el ambiente, lo cuál contradice de lleno el modelo darwinista basado en la mutación aleatoria y fortuita como mecanismo de cambio. El planteamiento es tan simplista como ineficaz ya que de ninguna forma parece razonable que simples respuestas adaptativas puedan generar aumentos de complejidad organizacional como los que nos presentan los seres vivos más desarrollados. Por otra parte el modelo carece por completo de una teoría de la forma que justifique la finalidad del proceso hacia la obtención de resultados funcionales concretos.

Esencialmente, el problema de este planteamiento estriba en que no solamente no encuentra una justificación para la emergencia de las novedades biológicas y mucho menos de las características específicas del ser humano que tanto nos distancian de nuestros supuestos ancestros biológicos, sino que además pretende presentar como causa aquello que, precisamente, necesitamos explicar. Básicamente lo que hace Hoffmeyer en su discurso es sustituir la emergencia de rasgos biológicos por la emergencia de procesos semióticos, lo cuál no deja de ser un enfoque diferente del problema pero nunca una respuesta a los interrogantes planteados. La emergencia de procesos semióticos demanda también una explicación en términos de causalidad y pretender que la libertad semiótica explica su emergencia es un fraude y en definitiva una mera tautología. Los sistemas semióticos emergen porque existe la libertad de emerger, carecen por lo tanto de causa, la “libertad” se nos ofrece como un sustitutivo del tan manido “azar” como si consagrar un principio de indeterminación emergentista no precisara de algún tipo de base empírica que nos ofreciera alguna garantía científica o racional de la propuesta. Hoffmeyer sugiere que los modelos de comunicación semiótica intracelular aparecen como consecuencia de procesos de “prueba y error” en el seno de una “normal interacción” pero no nos explica quienes son los agentes interactuantes ni porqué hemos de suponer que se pueden interpretar tales interacciones como mecanismos de prueba y error. Prueba y error es un mecanismo intencional que, manejado por agentes conscientes, está orientado a la obtención de resultados eficaces en vista de una función idealmente concebida y de un fin predeterminado. En definitiva queremos explicar la finalidad en la naturaleza y se nos ofrece como justificación la existencia de procesos teleológicos naturales, emergentes de manera fortuita “en libertad”. De nuevo una tautología sin escapatoria.

No hace mucho veíamos en estas páginas los problemas de John Maynard Smith para encontrar una justificación al problema de la emergencia de la información biológica y su impotencia para encajarla en un modelo naturalista, lo que le llevaba a proponer la selección natural como socorrido recurso explicativo. Hoffmeyer, en un artículo presentado en el mismo libro que el artículo analizado de Smith (no lo olvidemos) descarta la selección natural y el modelo darwinista pero se enreda en su propio galimatías naturalista sin encontrar una solución satisfactoria. La perspectiva semiótica es indudablemente enriquecedora, pero lejos de poderse presentar como una solución a los enigmas de la vida debe considerarse como un avance científico que nos adentra un poco más en sus misterios.

La biosemiótica nos enseña que muchos de los procesos biológicos están gobernados por mecanismos semióticos, es decir, respuestas moleculares asociadas a códigos orgánicos y que por lo tanto no se pueden explicar como eventos físico-químicos ya que implican actos de interpretación y traducción de determinados signos o mensajes biológicos. Además, muchos de los comportamientos moleculares parecen poder ser descritos como elecciones conscientes en seres que sabemos carecen de facultades cognitivas, como cuando una célula nada en la dirección donde se encuentran los nutrientes en un medio acuoso. La perspectiva semiótica nos ofrece muchas soluciones interpretativas a este tipo de eventos naturales, pero nos enfrenta a la necesidad de considerar los procesos semióticos como eventos que precisan inexcusablemente de una justificación en términos de causalidad.

Necesitamos saber de dónde surge la información prescriptiva en relación a una forma funcional y compleja, y necesitamos saber qué tipo de determinismo se establece en relación a la capacidad de la maquinaria molecular para ejecutar las instrucciones o interpretar los mensajes en dirección a la producción de un resultado funcional y la consecución de un objetivo de supervivencia y perfeccionamiento del organismo vivo.

Hoffmeyer falla por completo en su intento de ofrecernos las respuestas que precisamos. Convertir un enigma en la solución de otro es una mala alternativa. Si, tal como apuntaba Hoffmeyer, fuera de la “solución” semiótica resulta complicado evitar la inferencia de una causalidad inteligente, las explicaciones del propio Hoffmeyer, al menos a quien esto escribe, no pueden sino reconfortarle todavía más en la convicción racional en torno a las inferencias de diseño en la Naturaleza.

3 Respuestas para Hoffmeyer, la semiótica y el naturalismo (2)

  1. Para Felipe:
    Ya veo que es duro o imposible que un “sabio” de estos, amamantados con la leche del neo-darwinismo, salga de esas tinieblas a golpe de evidencias contradictorias con la ortodoxia.
    Estaba leyendo las estupideces que uno de estos pseudo-disidentes (M.Pigliucci) le manifestó a JonatanM en:

    http://www.uncommondescent.com/intelligent-design/the-value-of-probabilistic-arguments-in-the-debate-over-evolution/

    Pero aun siendo pesimista, estoy esperando a ver que conclusión has sacado de la lectura del trabajo de Shapiro ¿seguirá este hombre la huella de A.Flew?

    Espero que sí

  2. Me temo que no.
    El libro de Shapiro es sin duda del mayor interés y ya se ha ganado alguna reseña claramente negativa por parte de algún leal servidor de la ortodoxia, en la que se le acusa del grave pecado de (nada menos) que aristotelismo. El caso es que aunque Shapiro declara abiertamente su percepción teleológica de los procesos de la vida no llega en ningún momento a sacar conclusiones definitivas de sus hallazgos científicos y acaba quedando en tierra de nadie.
    En todo caso es un libro cuyo mayor interés es poner de manifiesto la naturaleza de los conocimientos científicos más actuales de la biología. A él dedicaremos un par de comentarios en breve, y confío en que una serie más detallada un poco más adelante. El libro lo merece.

  3. Así que Shapiro está en el mismo plan que en un libro suyo que leí del año 80 y pico. Ni fu ni fa, pero más cerca de fa-Darwin.

    El cambio de paradigma tiene que venir de algun acontecimiento político extraordinario. Y ya está a la vista en EEUU con los candidatos republicanos con más posibilidades, ambos amigos del ID (pero en casi todo lo demás esa ideología me produce escalofríos). Y con la ayuda de la crisis económica no es tan raro que ganen.

    Esperamos el artículo/s sobre Shapiro

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