Evolucionismo versus Darwinismo

Por Felipe Aizpún

darwinCada vez que uno se manifiesta públicamente como escéptico del darwinismo corre el riesgo de verse sometido a una crítica sarcástica y despectiva, como si fuese un espécimen inculto e ignorante; se da por hecho que uno está negando el hecho evolutivo de plano y abogando por un creacionismo puro y duro en el que las especies, como si de un espectáculo circense se tratara, han ido apareciendo en sus hábitat respectivos como los conejos de la chistera de un mago de feria. La confusión por supuesto proviene de una imposición interesada ya que se ha pretendido, desde hace tiempo, que cualquier indicio que apunte a consolidar intuiciones en torno al hecho evolutivo deba ser asumido necesariamente como prueba de la consistencia de la hipótesis darwinista. Para el ciudadano de a pie evolución y darwinismo se identifican y este es un malentendido que debe ser aclarado.

El evolucionismo como intuición en relación a la aparición de las diferentes formas vivas es una idea ancestral y se remonta a los inicios del pensamiento clásico. Se trata de una línea de especulación presente ya en los trabajos de Anaximandro o Lucrecio (en su célebre poema “Sobre la Naturaleza”), y que algunos consideran está igualmente presente en la literatura oriental más arcaica en el seno del hinduismo o el taoísmo. En el siglo XVIII fue un tema abundantemente discutido en la literatura científica y en especial en el ambiente intelectual y renovador de la Francia ilustrada. Dos teorías antecesoras del darwinismo se construyeron así, el mutacionismo o saltacionismo y el transformismo gradual lamarckista.

Pierre Louis Moreau de Maupertuis fue un filósofo, matemático y astrónomo francés que vivió entre 1698 y 1759. Paradigma del hombre ilustrado, se ocupó de gran variedad de asuntos y propició el desarrollo de visiones racionalistas y naturalistas frente a intuiciones irracionales y dogmáticas. Se ocupó también de asuntos como la embriología, la genética y lo que después se conocería como biología. Maupertuis propugnó la idea de que las primeras formas de vida surgieron por generación espontánea, a partir de azarosas combinaciones de materia inerte, moléculas o gérmenes. A partir de estas formas originarias fenómenos fortuitos de mutación fueron propiciando de forma abrupta la emergencia de nuevas y más complejas formas de vida, las especies que actualmente conocemos. Maupertuis llegó incluso a postular la desaparición de los mutantes deficientes en lo que puede considerarse un antecedente claro del concepto darwiniano de selección natural, idea por otra parte generalmente conocida en su época como mecanismo de preservación de los rasgos específicos de los diferentes seres vivos. Desde una perspectiva materialista y mecanicista, consideraba este filósofo francés que podían encontrarse explicaciones puramente naturalistas para los fenómenos de la vida y que la Naturaleza era demasiado heterogénea para ser el producto de una obra de diseño.

Como podemos ver, en Maupertuis están ya, perfectamente identificados, todos los elementos del debate que estallaría un siglo más tarde con la publicación de la obra de Darwin: la búsqueda de respuestas naturalistas frente a la concepción del diseño en el cosmos y la Naturaleza, la generación espontánea (es decir, por procesos naturales) de la vida, la transformación de los seres vivos en nuevas especies a partir de otras, el azar como mecanismo del cambio mutante y la selección natural como mecanismo regulador. Por su parte, el caballero de Lamarck, considerado el “padre” de la biología en cuanto ciencia, constituye el más célebre teórico de los antecesores del evolucionismo gradualista moderno, y propugnaba la capacidad de los organismos para transmitir las novedades fenotípicas adquiridas, algo que, en especial a partir de Darwin, fue finalmente desechado como propuesta contradictoria con la evidencia.

Sea como fuere, el darwinismo dista mucho de poder ser identificado con el evolucionismo en términos teóricos; por el contrario, se trata únicamente de una propuesta concreta que pretende dar respuesta a algunos de los interrogantes que plantea el evolucionismo como inferencia especulativa. Pierre Paul Grassé, uno de los más significados representantes de la tradición evolucionista (no darwinista) francesa escribió que una vez asumido el evolucionismo como intuición, procedía atacar dos desafíos. Uno, definir los mecanismos de la evolución; dos, definir sus causas.

El darwinismo no es sino un intento frustrado de responder a estas dos interrogantes; otro más. Darwin propuso un mecanismo, la acumulación gradual de pequeñas variaciones sometidas al filtro de la selección natural para discriminar las mayores ventajas adaptativas. Propuso además como causa, el mero azar, la variación fortuita no guiada ni dirigida por causalidad intencional alguna.

Por eso, debe de quedar bien claro que la negación de las respuestas que ofreciera Charles Darwin al enigma evolutivo no representan en absoluto un rechazo del proceso en sí sino simplemente una desaprobación de las respuestas concretas al enigma de los mecanismos y las causas del proceso que nos ofreciera el célebre naturalista inglés; y un rechazo, que se postula perfectamente como científico, basado en el conocimiento profundo de la Naturaleza y del funcionamiento de los organismos vivos.

La confusión sin embargo persiste y está enormemente generalizada, por ejemplo en el ámbito intelectual anglosajón, donde el término “evolutionism” designa pacíficamente algo así como “proceso de cambio gradual y fortuito de las formas vivas por causas estrictamente naturales”. Eso hace que muchos autores, incluso los detractores más concienzudos del modelo neo-darwinista utilizan el término en la forma reseñada. Pongamos dos ejemplos. Uno de los libros más revolucionarios en su momento, allá por los ochenta del pasado siglo y que de forma más aplastante puso en evidencia la fragilidad del modelo darwinista fue el escrito por el científico australiano Michael Denton con el título “Evolution: a theory in crisis”. Otro libro crítico con el paradigma dominante, de gran relevancia y mucho más reciente, es el escrito por el biólogo estadounidense Michael Behe titulado “The Edge of Evolution”. Ambos autores, Denton y Behe, son profundos convencidos de la realidad del proceso evolutivo y creen en la descendencia encadenada de las formas vivas a partir de ancestros comunes. El segundo, Behe, es además uno de los proponentes principales del movimiento del Diseño Inteligente. Sin embargo, utilizan, como si de un valor consabido se tratara, el término “evolution” para referirse al modelo darwinista de cambio de los organismos vivos.

Es conveniente, sin embargo, reivindicar el uso del término evolución como una especulación abstracta y genérica que no implique mecanismos ni causas predeterminadas sino que se nos ofrezca como un enigma generoso que aguarda cualquier propuesta subsiguiente. En cumplimiento del compromiso naturalista metodológico sería más acertado acordar, y así es preciso reivindicarlo, que el evolucionismo, entendido como “cambio en el tiempo”, sea el campo común de nuestras pesquisas y que las distintas propuestas explicativas se nos presenten como modelos alternativos en liza por ofrecer la explicación al proceso de cambio más coherente y más conforme con la evidencia que la Naturaleza nos ofrece. Sin imposiciones dogmáticas, sin prejuicios cientificistas, sin descalificaciones arbitrarias ni negacionismos de cualquier índole.

3 Respuestas para Evolucionismo versus Darwinismo

  1. pues he aprendido algunas cosas de tu artículo. me sorprendió saber de Maupertuis, voy a meterlo en mi trabajo para ver que efecto causa, los ingleses somos soy orgullosos del legado de Darwin y será interesante ver la reacción de la gente cuando sepan que había un antecedente tan cercano a la teoría de Darwin y en Francia.
    para que no se piense que estoy siendo parte de el viejo resentimiento inglés hacia los franceses o viceversa tengo que agregar algo a mi sorpresa inicial. suelo pensar que la ciencia “dura” es acumulativa, de modo que Maupertuis ha de ser considerado como un antecedente de las ideas de Darwin pero por alguna razón no se le atribuye el crédito por la teoría completa. voy a investigar ése por qué.
    pensando en ello tengo algo más que decir. pienso que tu idea de que había varios modelos de evolución es correcta, la Teoría de la Evolución tiene una historia. sin embargo hasta donde entiendo la Teoría de la Evolución hoy en día es una teoría hegemónica, y por razones muy muy científicas y no dogmáticas. he estado leyendo digamos lo que hace que Evolución sea tenida por una teoría científica, sus pruebas…, y la verdad me parece contundente hasta el momento. como toda teoría tiene sus problemas, justo por ello es que se la tiene por científica y no por dogmática. y hasta dónde logro alcanzar a ver esta teoría ha ido superando sus objeciones: el descubrimiento del código genético; el hecho de que no hay ningún caso conocido de una especie no sujeta a la lucha por la existencia, que todos los cambios morfológicos y de funciones en los seres vivos parecen tener un correlato en sus unidades de herencia; que todos los seres vivos conocidos están hechos fundamentalmente de lo mismo… .
    he estado haciendo mi tarea y leyendo artículos de su página, estoy leyendo ese dossier que tienen de autores partidarios de DI y esforzándome por entender detalles, también estoy consultando otras fuentes. poco a poco me voy haciendo de una opinión, no tengo mucho tiempo pero me estoy esforzando.

    gracias por la atención de contestar mis mensajes, estoy aprendiendo mucho.

    Miley Lovfler

  2. Por supuesto que evolución y darwinismo no son sinónimos. Hoy la ciencia sabe que Darwin se equivocó en muchas cosas, porque en esa época no se tenían los datos que hoy se tienen. Pero, como todavía pareciera que no llegaron a dimensionar lo que fue Darwin para la ciencia, creo que con solo saber que fue el hombre que realizó el hallazgo científico más revolucionario de la historia de la humanidad. Nada menos que logró eliminar a cualquier tipo de divinidad como origen de los fenómenos naturales. Nada menos que eso. Pero es bastante gracioso ver cómo hay que retorcer la lógica y la seudociencia para tratar de justificar el diseño inteligente, que hasta el más ingenuo se da cuenta que no es otra cosa que el vulgar creacionismo disfrazado de ciencia.

  3. Carlos Vera,

    gracias por tu comentario.
    Por favor, cuando tengas algún argumento no dejes de compartirlo con nosotros.

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