Evolución en 65.5 millones de años ¿Es posible?

Por Edgar Ramirez

En marzo de 2010 revistas científicas y otros medios de divulgación científica han confirmado la extinción en masa de la gran mayoría de seres vivos en el planeta después del impacto de un meteorito en Yucatán; me surge la gran pregunta ¿Es capaz la evolución de crear miles de especies distintas y tan bien definidas partiendo de unas pocas especies supuestamente sobrevivientes, en 65 millones de años aunque muchos argumentos evolutivos se remontan algunos cientos de años antes de esta colisión, por ejemplo el supuesto salto de una especie del agua a la tierra hace de 385 a 400 millones de años? ¿Es posible que si le restamos unos cientos millones de años al proceso de evolución, este se reinicie desde cero o con tan pocas especies evolucionen a las miles de hoy en día en un tiempo relativamente corto?

Los escenarios contrarios a la vida en la historia del planeta están siendo confirmados. Un equipo internacional de 41 científicos, en el que participa la Universidad de Zaragoza (UNIZAR), confirma que la extinción masiva producida hace 65,5 millones de años, que acabó con la era de los dinosaurios, fue provocada por el impacto de un asteroide de 12 kilómetros de diámetro en la Península de Yucatán (México). El estudio aporta nuevas evidencias geológicas que fortalecen esta hipótesis.

El impacto de un gran asteroide contra los sedimentos ricos en azufre presentes en Chicxulub sigue siendo la causa más plausible de la extinción en masa en el límite K-T. Mapa de gravedad en 3D del cráter de Chicxulub (México). Mapa: David A. King / USRA / LPI.

En los años ’80 se realizaron los primeros estudios sobre la hipótesis de que un meteorito de grandes dimensiones se había estrellado contra la Tierra hace 65 millones de años, y había afectado a cerca del 70% de las especies animales y vegetales del planeta. En 1991 se descubría en Yucatán (México) el cráter de Chicxulub de más de 200 kilómetros de diámetro que coincidía con las extinciones. A pesar de las evidencias científicas, algunos sectores de la comunidad científica cuestionaban esta hipótesis del asteroide.

Para confirmarla, un grupo de 41 expertos de Europa, EE UU, México, Canadá y Japón presentan en el último número de la revista Science (ver también ScienceDaily 4 de marzo 2010) nuevos datos a partir del estudio de las perforaciones submarinas y de sitios continentales, así como del análisis de la literatura científica sobre el tema. Según los investigadores, las hipótesis alternativas no explican la abrupta extinción en masa.

“Tras combinar todos los datos disponibles a partir de diferentes disciplinas científicas, hemos concluido que un asteroide de gran tamaño que colisionó hace más de 65 millones de años en lo que es hoy México fue el principal causante de las extinciones en masa”, es decir del 75% de las especies de animales y plantas de la superficie del planeta y el 50% de las especies marinas. Confirma Peter Schulte, autor principal del estudio y profesor adjunto en la Universidad de Erlangen (Alemania).

Vale aclarar que a consecuencia de un cambio radical contrario para la vida; esta (vida) no puede gradualmente tornarse diferente, o acomodarse para su supervivencia; pues se supone que el cambio es gradual no es que de la noche a la mañana cambie un organismo. Un cambio climático brusco y repentino, u otro tipo de cataclismo. Imagine por un momento lo que implica solamente un cataclismo; pensemos en la caída de este meteorito en Yucatán de mas de 10 kilómetros de diámetro a la tierra, como lo afirman muchos científicos. Los modelos sugieren que el impacto en Chicxulub desató una energía un millón de veces superior a la de la mayor bomba nuclear jamás detonada. Un impacto de esta dimensión habría eyectado material a altas velocidades por todo el mundo y provocado terremotos superiores a 10 en la escala Richter, así como el colapso de plataformas continentales, deslizamientos de tierra, corrimientos, movimientos en masa y tsunamis. También habría creado una secuencia de depósitos gruesa y compleja cerca de Chicxulub.

Según Sean Gulick y Gail Christeson, investigadores en el Instituto de Austin de Geofísicas de la Universidad de Texas (EE UU), el asteroide habría aterrizado a más profundidad en el agua de lo que se pensaba hasta el momento, liberando más vapor de agua y aerosoles sulfúricos a la atmósfera.

“Esto podría haber incrementado la letalidad del impacto de dos formas: alterando el clima (los aerosoles sulfúricos en la capa atmosférica superior pueden ejercer un efecto de enfriamiento) y provocando una lluvia ácida (el vapor de agua puede facilitar la liberación de los aerosoles sulfúricos de la capa atmosférica inferior)”, asevera Gulick.

Imagine la temperatura inmediata a la que se elevaría la superficie de el planeta; algunos cálculos han sugerido que la temperatura se elevaría a tal grado que el mar cercano al impacto, herviría en su propio lecho y lo mas probable es que el resto de la superficie experimentaría por lo menos unos 500 grados centígrados, la esperanza de que una especie terrestre sobreviva en una cueva es prácticamente nula; pero como no se trata únicamente de sobrevivir al impacto; pues después hay que alimentarse para seguir sobreviviendo, sin embargo sí afuera de los supuestos refugios ya no existirían alimentos. A estos seres prehistóricos no les queda mas que la extinción puesto que luego el enfriamiento del planeta con llevaría a otro problema y de allí la no existencia de un proceso gradual que necesitaría millones de años para darse lo cual descarta la gran parte de argumentos evolutivos.

Únicamente una inmensa imaginación descabellada, puede concebir que las pretensiones darwinistas sean ciertas o al menos probables, sin ninguna prueba concluyente seria y rigurosa que los respalde en este sentido.

El registro fósil ha demostrado que un evento de extinción en masa, denominado límite K-T, tuvo lugar a lo largo y ancho del planeta hace unos 65,5 millones de años. Los geólogos lo utilizan para marcar el fin del periodo Cretácico y el inicio del periodo Paleógeno (antes conocido como el periodo Terciario).

Los tres investigadores de la Universidad de Zaragoza (UNIZAR) que han participado en este estudio son Laia Alegret, Ignacio Arenillas y José Antonio Arz, especialistas en el estudio de fósiles microscópicos (los foraminíferos) que ayudan a datar las rocas sedimentarias marinas que los contienen y a conocer sus ambientes de depósito. Los tres científicos han contribuido a la datación de las unidades sedimentarias relacionadas con el impacto meteorítico en el Golfo de México y el Caribe.

“Nuestra investigación se ha centrado en cuatro líneas: la datación precisa de los sedimentos ligados al impacto de Chicxulub y su correlación con el límite K-T; la intensidad y velocidad de las extinciones en torno al límite K-T (es decir, si la extinción fue catastrófica o gradual); la caracterización ambiental de los depósitos generados por el impacto de Chicxulub; y los bruscos cambios ambientales y climáticos que condicionaron la posterior radiación evolutiva de nuevas especies”, explica a SINC Ignacio Arenillas, uno de los autores españoles e investigador en el Departamento de Ciencias de la Tierra (Paleontología) de la UNIZAR.

Para corroborar la teoría impactista, la investigación española recogió resultados obtenidos en Europa, Sudamérica, el norte de África y en diversos sondeos oceánicos, desde la respuesta de las comunidades marinas a los cambios ambientales desencadenados, incluyendo la intensidad de las extinciones, hasta la radiación evolutiva posterior de nuevas especies.

“El estudio de los foraminíferos nos ha permitido correlacionar el impacto de Chicxulub y la extinción en masa del límite K-T. Además, hemos corroborado que su extinción fue catastrófica, es decir, acontecida en un intervalo de tiempo geológicamente instantáneo, y que por tanto sólo es explicable por la teoría impactista”, señala Arenillas.

Según los científicos españoles, la extinción se produjo “bruscamente” en un intervalo de tiempo ‘geológicamente instantáneo’ (en menos de uno o dos años). “Los principales cambios ambientales y climáticos, así como las radiaciones evolutivas, se produjeron tras el impacto meteorítico en el límite K-T y no antes, como sugerían algunas de las hipótesis rivales”, afirma el paleontólogo.

Ante la complejidad de demostrar los datos, Alegret, Arenillas y Arz confiesan que se encontraron con ciertos obstáculos como la adecuada interpretación de los datos geológicos y paleontológicos: “Había discrepancias de interpretación entre los partidarios de ambas hipótesis en torno a la naturaleza de los sedimentos ligados al impacto de Chicxulub en el Golfo de México, a su edad y, sobre todo, a la velocidad de las extinciones”.
Los tres micropaleontólogos españoles señalan a SINC que aportar evidencias “inequívocas” y datos clave que confirmaran definitivamente la teoría impactista fue “la labor más difícil”.

A lo largo de la historia la comunidad científica ha propuesto muchas hipótesis que han intentado explicar el evento de la extinción masiva. “La que más eco ha tenido es la de las causas múltiples, que no negaba la existencia de impactos meteoríticos o de otros factores de extinción (por ejemplo, descensos del nivel del mar), y proponía como principal causa el incremento de la actividad volcánica en el área del Deccan (en la actual India), hacia finales del Cretácico”, apunta Arenillas. La hipótesis del impacto de Chicxulub quedaba en un segundo puesto, ya que sugería que habría ocurrido hace 300.000 años antes de la extinción del límite K-T.

Según la hipótesis de causas múltiples, las Trampas de Deccan (volcanes inusualmente activos) provocaron un enfriamiento global y una lluvia ácida, principales causantes de la extinción en masa, y no el impacto de un gran meteorito en Chicxulub (México).

Sin embargo, para el equipo internacional esta teoría no es viable. La caracterización ambiental de los sedimentos producidos por el impacto en Chicxulub ha permitido demostrar que algunos mecanismos propuestos por la hipótesis multicausal, como el descenso de 1.000 metros en el nivel del mar en un corto espacio de tiempo, son “técnicamente imposibles”, asegura el paleontólogo.

Independientemente de lo que se diga del tema, lo importante es la evidencia que el planeta fue azotado por cataclismos una y otra vez, desde mucho antes de los 65.5 millones de años y probablemente también después de ellos el planeta haya experimentado cambios bruscos climáticos y todo ello son factores que no favorecen los argumentos evolucionistas sino que los complican aun, mas. En definitiva nuevamente surgen mas dudas razonables para confrontar las ideas evolutivas.

Notas: Confirmado: el impacto de un asteroide en la Tierra acabó con los dinosaurios http://www.plataformasinc.es/index.php/esl/Noticias/Confirmado-el-impacto-de-un-asteroide-en-la-Tierra-acabo-con-los-dinosaurios Asteroid Killed Off the Dinosaurs, Says International Scientific Panel http://www.sciencedaily.com/releases/2010/03/100304142242.htm

2 Respuestas para Evolución en 65.5 millones de años ¿Es posible?

  1. Interpretación darwinista de esa hipótesis, de ser confirmada:

    De ese cataclismo es seguro que al menos una bacteria sobrevivió. Sabido es que lo que los creacionistas llaman “explosión” cámbrica duró unos 5 millones de años, por lo que hubo sobrado tiempo para, a partir de una sola bacteria, formarse al azar un montón de filos, con todo tipo de complejidad reductible, una vez más. Había un montón de oxígeno que el meteorito no engulló, así que no hay el obstáculo que retrasó tanto tiempo a la mal llamada “explosión” cambrica. Si el azar necesita algo más que la simple SN, es decir, un principio material todavía no descubierto de “autoorganización” como el que puebla casi todos los planetas habitables de este multiverso (y si no, no habría tantos científicos viviendo de programas de búsqueda de vida extraterrestre como el de SETI), si no se ha descubierto -decía- ya se descubrirá en el futuro. Lo que no puede ser es que se metan los creacionistas ID´iots en este hueco con su diseñador inteligente.

    Y así se acaba todo el “aprieto” que les pone el meteorito a los darwinistas. Yo me mantengo en mi certeza (llámese de creacionista o como sea) de que “el azar no es ninguna causa, más bien es una ausencia de explicación”.

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